22 jun 2026

No hablemos de la Justicia, hablemos de jueces.

 


  Intento comprender lo que sucede a mí alrededor, máxime en la política ya que condiciona nuestra vida. Aquellos que dicen que no les interesa o no se han enterado de como se regula la vida de los ciudadanos son unos ingenuos, por decirlo con mucha prudencia.

  Las democracias lo son en tanto los ciudadanos participan de la vida pública, y no solo por medio del voto. La voz de los ciudadanos tienen que escucharla aquellos que tienen el mandato democrático de organizar, velar y mejorar la vida colectiva, y digo la voz, no las voces y los improperios.

  Esto que parece obvio parece que se ha olvidado, especialmente por obra y desgracia de las redes sociales, y hay que repetirlo constantemente aunque uno parezca un tonto de remate.

  Otro «olvido» es el de la división de poderes. Dos de ellos, el poder legislativo y el ejecutivo, son elegidos, los primeros por los ciudadanos, diputados y senadores, el segundo por los diputados, el gobierno, el tercero, el judicial, es otro cantar.

  Los jueces y magistrados, en España, son elegidos por oposición pública y méritos. Las oposiciones a estos cuerpos son difíciles, pero hay otra forma de acceso que es por un turno específico para juristas de reconocida competencia y con años de experiencia. Este segundo caso  puede llegar a ser más arbitrario.

  Los jueces tienen un órgano constitucional, el Consejo General de Poder Judicial (CGPJ), encargado de garantizar la independencia del poder judicial y tiene competencias de carácter administrativo, de selección, disciplinario y de inspección. El CGPJ se encarga de gestionar y aprobar los destinos, ascensos, traslados y situaciones administrativas de todos los jueces y magistrados en España. Comprenderán que no es cosa menor, como diría M. Rajoy.

  Los miembros del CGPJ, los vocales, son nombrados por un período de cinco años. Doce vocales son jueces o magistrados, propuestos entre candidatos que cuenten con el aval de asociaciones judiciales o al menos veinticinco jueces en activo. Ocho vocales son juristas de reconocida competencia. Deben ser abogados, fiscales o profesores de universidad con más de quince años de ejercicio profesional. Estos veinte vocales son designados por el Parlamento (Congreso y Senado) por mayoría de tres quintos, es decir, al menos tienen que tener el apoyo de 210 diputados y 159 senadores.

  Este sistema de elección lo soporta fácilmente el papel, pero la realidad es muy diferente. Las tensiones para su renovación se vieron no hace tanto. En julio de 2024 se renovó el CGPJ tras más de cinco años de retraso. Las discrepancias entre PP y PSOE hicieron imposible el acuerdo. ¿Motivos? Políticos, sin duda. ¿Eso significará que cada uno de los elegidos se verá más comprometido que nunca con el partido que lo nombró? A la realidad me remito.

  Permítanme una aclaración que en estos momentos me parece relevante. Vean. Si acceden a la página oficial del Consejo General de Poder Judicial y van a ver las funciones que tiene asignadas se encuentran con el vacío, con la nada. Hay una nota que dice: «No hay información disponible». Tal cual.

  Si nos vamos al Tribunal Constitucional más de lo mismo. El Partido Popular mantiene paralizada la renovación de ese tribunal.

  La justicia, así en minúsculas, hoy está en entredicho y entre una parte de la sociedad está muy mal vista. Hay actuaciones y sentencias judiciales que resultan incomprensibles. Desde luego se justifican con bastantes folios de términos en muchas ocasiones sorprendentes para la mayoría de los ciudadanos ya que utilizan un lenguaje decimonónico y trasnochado. Da la sensación de que tras ello hay una intención de envolver en el oscurantismo las decisiones judiciales, a la vez que su inconcreción, en demasiados casos, abre la puerta a que los juicios se eternicen.

  Esos juicios «raros» afectan directamente a miembros del partido socialista o familiares del presidente Pedro Sánchez. La causa contra el hermano de Sánchez resulta inexplicable para muchos expertos, al igual que la imputación a Begoña Gómez, esposa del presidente. En este último caso las actuaciones de Peinado resultan cuando menos estrambóticas. El CGPJ le va a abrir un expediente, después de dos años de marear la perdiz. La presidenta del CGPJ desempató con su voto de calidad  para llevarlo adelante, pero todo ello fue por por manifestar en una resolución judicial que los policías que sirven de escolta a la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, podrían ayudarla a huir de la justicia. En fin, por todo lo demás… Un gran número de ciudadanos estamos de Peinado hasta… muchos puntos suspensivos.

  El otro caso, sin parangón, fue el del Fiscal General del Estado. Con una sentencia que no demostró nada los jueces de la Sala Segunda, de lo Penal, del Tribunal Supremo lo condenaron. De rositas se fueron Miguel Ángel Rodríguez, quien confesó que había difundido el mensaje a los medios y que el tribunal atribuyó al Fiscal General, sin prueba alguna. El novio de Isabel Natividad Díaz Ayuso, Alberto González Amador, quien provocó todo el lío y que no demostró nada en sus acusaciones contra el Fiscal se fue tan tranquilo. En el juicio las declaraciones, bajo juramento, de varios periodistas no fueron admitidas por el tribunal. El no creerlos implicó que habían mentido, en ese caso el tribunal tendría que imputarlos por mentir bajo juramento. No lo hizo.

  Hoy han salido las sentencias de Ábalos, Koldo y Aldama. Veinticuatro años para Ábalos, diecinueve para Koldo y cuatro para Aldama, que no ingresará en prisión dada su colaboración con el tribunal. Del dinero que se embolsó Aldama nada de nada, se lo queda casi en su integridad. Sorprende la severidad de las sentencias de los dos primeros, una pena por asesinato puede ir entre los veinte y los veinticinco años. La sentencia de Aldama no tiene un pase. Este tribunal ha creado un precedente nefasto. A partir de este momento cualquiera que cometa un delito si delata a los partícipes sabe que los tribunales van a ser muy generosos con ellos. Aldama se aprovechó de sus contactos con Ábalos y Koldo, hizo muchos millones y se los queda. ¿Es comprensible? No, no, no. Eso sí, le imponen que no vuelva a delinquir y que haga servicios a la comunidad durante un año. Cuesta trabajo mantener la compostura ante tamaño dislate. Por cierto, ¿cuanto dinero han localizado a Ábalos y Koldo? Unas miserias. ¡Vaya chorizos de poco pelo! Fueron unos chorizos, no hay duda, pero esta sentencia es algo más. Le han puesto una alfombra roja a Cerdán, como escupa para arriba se va con las manos en los bolsillos.

  Y no se trata de estas sentencias e imputaciones, hay que hacer una comparativa con el funcionamiento de los jueces con casos de otros políticos no de izquierdas. Pensemos en el caso de los Pujol, Zaplana, Rato… Por cierto, qué sabemos de Montoro, de la familia de Feijóo, de los retrasos en los casos del novio de Ayuso, de… Los jueces, demasiados, no son ciegos ni sordos. Actúan en función de unos parámetros alejados de la imparcialidad y en esta España se han convertido en actores políticos.

  No hay que ser ingenuos, las leyes se hacen para mantener la paz social, vale, pero bajo las directrices de los más poderosos para defender sus intereses, esa es la percepción que surge de las desigualdades en su aplicación y diseño.

  Comprendo que los seguidores más radicales de las derechas extremas estén entusiasmados con todos estos juicios, pero cualquiera que utilice la razón verá que algunas actuaciones judiciales se extralimitan y tienen un interés político. No dudo que existen unas actuaciones mediáticas, políticas y judiciales encaminadas a derrocar a este gobierno. No es la primera vez que convergen, pero nunca lo hicieron con esta agresividad que está desestabilizando la democracia.

  Esta temporada me acuerdo mucho del «sindicato del crimen».

 

 

 

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