10 may. 2011

La milonga de la lucha de clases


Lo que nos faltaba. Miren que hay gente trasnochada, obsoleta y, permítanme la expresión, fuera de bolos. ¡Pero alma de Dios! a quien se le ocurre hablar a estas alturas de lucha de clases.
Nada, que no se enteran. A la que les dejamos sueltos, van y la lían. Oiga, que el artículo 38 de la Constitución ya nos dice que estamos en una economía de mercado. Además nos recuerda que los poderes públicos la garantizarán y protegerán de acuerdo con la economía general y, en su caso, pero sólo en su caso, se hablará de planificar. Como el caso no se ha dado ni se va a dar, pues viva la economía de mercado. Lucha de clases y mercado son incompatibles.

Tolérenme una pequeña licencia. La lucha de clases, siendo muy escueto, explica la existencia de conflictos sociales. Eso justificado desde una terminología arcaica, claro. Es más, podríamos decir -y no es que lo diga yo, lo dicen los arcaicos- que en el seno de las relaciones de producción el individuo está determinado por la división del trabajo. Vaya, menudo lenguaje. Todavía hay más. Ya verán que desfase. Lo que quiere decir, simplificando al máximo, es que aquellos que desarrollan una misma actividad y por tanto están sometidos a unas iguales condiciones, son los que forman una clase social.
Esto no se lo creen ni quienes lo mantienen. Vamos, que no se lo tragan ni los chinos.

Las clases sociales están determinadas por el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. No tienen razón. No la pueden tener. Si es que no se entiende nada, ¡cómo van a tener razón!

Estas teorías absurdas se desmontan fácilmente, hablando de las democracias occidentales y en concreto de España. ¿No es cierto que la clase media es la más amplia en nuestro país? Sí. Prosigamos. ¿Cómo se pueden utilizar unas teorías del siglo XIX para explicar la sociedad del XXI? ¿No es verdad que esas teorías llevadas a la práctica llevaron a muchos países al borde del abismo? Por favor, léase la URSS. Cierto. Rigurosamente cierto.
Así podríamos seguir hasta el infinito. La realidad nos ha demostrado que la lucha de clases es una falacia de mentes decimonónicas. Aún así, hay gentes que piensan y razonan otra cosa. Pobrecitos ellos. No saben lo que dicen.
Pero claro, en el camino se nos han olvidado algunas cosas. No existen las clases sociales, pero sí existen cada vez más diferencias entre los muy ricos y los muy pobres.
La clase media ha ampliado su base como jamás en la historia. Vaya, ahora sí que existe esa clase, vaya que sí.

No existen clases sociales ya que eso lleva parejo un concepto internacional nada bueno para los intereses financieros y económicos. Todos aceptamos la globalización económica pero se ha olvidado la internacionalización de los derechos de los trabajadores e incluso de los derechos humanos. Menuda contradicción.
Justificaciones baratas. No sigas por ese camino. Qué me importan a mí los demás. Yo me las apaño solo. Clases, que narices de clases. Tonterías. No necesito a ninguna clase para nada. ¡Anda ya¡

Vale ya de monsergas. Es mentira que los poderes financieros marquen la política mundial. Es falso que haya individuos que tengan más dinero que presupuesto muchos países del mundo. Es una farsa que los desplazados del mundo lo hagan por necesidades económicas. Es una patraña, como todos sabemos, que existan diferencias económicas insalvables entre unos y otros individuos, entre unos y otros países. ¿Verdad que es un cuento? Sí ustedes responden que sí hay diferencias, entonces y para entender lo que pasa en el mundo, hablen de clases sociales. No les queda más remedio. En caso contrario acepten aquello de que “la lucha de clases en el siglo XXI es una milonga que no se cree ni en China” Amén, Bono dixit.
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La milonga de la lucha de clases por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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