16 abr. 2018

UGT y CC.OO. toman posición en Cataluña

CC.OO. y UGT han tomado posición en Cataluña. Y eso está bien, todos lo hacemos.

Su presencia en la manifestación para exigir la excarcelación de los políticos independentistas les ha generado polémicas internas. El lema oficial de la marcha era: “Por los derechos y las libertades, por la democracia y la cohesión, ¡os queremos en casa!”.

Toda una declaración de intenciones.

El cúmulo de despropósitos ha sido monumental, tanto por parte de los independentistas como del PP de Mariano Rajoy. Los independentistas nunca tendrían que haber tomado las decisiones del 6 y 7 de septiembre pasado, que reafirmaron el 1 de octubre, y el gobierno no tendría que haber judicializado este tema político. No cabe duda que han vulnerado las leyes y eso tiene consecuencias legales. Otra cosa es la prisión preventiva y la imputación por rebelión, ambas me parecen una barbaridad.

Unos y otros siguen atrincherados.

Vuelvo al eslogan de la manifestación de ayer. Eso de los derechos y las libertades es una apelación a los sentimientos que camuflan lo particular en lo general. Otro tanto hacen con los términos democracia y cohesión. Si no fuera una democracia ¿podrían manifestarse? ¿Cohesión de quién? Evidentemente de los partidarios de la independencia que no están en su mejor momento. Rematan con ese “os queremos en casa” con lo que realmente quieren decir libres de todo cargo y eso es otro cantar.

El secretario general de UGT, Camil Ros, ha justificado su presencia en la concentración porque “la mayoría de la sociedad catalana cree que la prisión preventiva no está justificada”. Dijo más: “La mayoría de la sociedad catalana también cree que no es momento de 155 ni de unilateralidad. No es momento de juicios ni de detenciones”. 

Lo cual significa que Camil Ros piensa que no cometieron ningún delito. Pues mire, no. Se está pasando por el arco de triunfo la legislación española, sí esa que es común a todo el Estado, y eso incluye Cataluña. Y mire señor Ros, eso no son formas en una democracia, lo ponga como lo ponga.

Por su parte, el secretario general de CC.OO. Catalunya, Javier Pacheco manifestó que “estamos aquí hoy otra vez para intentar reclamar la construcción de espacios de cohesión y convivencia en Catalunya para construir una democracia más fuerte y que trabaje contra los elementos de represión e involución democrática de las decisiones que se están tomando política y jurídicamente”.

¿Cohesionar la sociedad catalana o cohesionar a los independentistas? Me quedan dudas razonables. Según los independentistas en España no hay democracia y para construir en democracia, como dice Javier Pacheco, hay que hacerlo desde opciones democráticas y no reventando las reglas de juego. Igual andan un poco perdidos.

Pacheco aclara aún más su apoyo: “La controversia con los sindicatos en la manifestación de hoy no tiene carácter identitario, tiene condición de clase”. 

¿Condición de clase? Sorprendente.

Para rematar Javier Pacheco subrayó el carácter transversal de la concentración. 

Pues a mí eso de la transversalidad me empieza a sonar inconsistencia, a volubilidad, pero será cosa mía.

Uno y otro olvidaron mencionar, al menos no lo he visto reflejado en la prensa, el tema de la formación de gobierno. Tampoco he visto otro tipo de reclamaciones, aunque es normal, no tocaba.

Sus razones no me convencen. Han metido a sus sindicatos en el berenjenal que no debían. Ayer no defendían los intereses de los ciudadanos.

Termino con un párrafo del libro República luminosa de Andrés Barba. Lo he sacado totalmente de contexto, perdón por ello, pero creo que puede definir muy bien parte de lo que está pasando: 

“Habíamos aprendido a hacer cosas con la mano derecha sin que lo supiera la mano izquierda, y al hacerlo no solo nos habíamos dado cuenta de que no nos resultaba tan difícil, sino de algo aún más temible: que no nos sentíamos tan mal al fin y al cabo”.

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15 abr. 2018

A lo que usted llama tribu otros le llamamos sociedad



“Pero, hechas las sumas y las restas, estoy convencido de que ambos prestaron un gran servicio a la cultura de la libertad”. Y se refiere a Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Esbozo una sonrisa, triste y escéptica.

El autor de esta frase es Mario Vargas Llosa, y está publicada en su libro La llamada de la tribu. Se trata de “un libro autobiográfico. Describe mi propia historia intelectual y política…”.

Puedo entender que le ayudaran a convertirse en un liberal, pero de ahí a decir que prestaron un gran servicio a la libertad me parece a mí que hay un buen trecho. Su legado, el de ambos, dejó mucho que desear.

Reagan y Thatcher fueron fieles seguidores de los dictados económicos de la Escuela de Chicago. Ambos redujeron los impuestos directos sobre las rentas. Rebajaron los controles sobre el sistema financiero y  las grandes empresas. Hicieron todo lo posible por anular el poder de las organizaciones obreras y las negociaciones colectivas. Disminuyeron los gastos sociales. Con sus medidas se incrementó la pobreza y las desigualdades sociales. Privatizaron todo lo que pudieron y más. Ronald Reagan prohibió el aborto, impuso las teorías creacionistas en las escuelas estatales y durante su mandato se produjo la crisis de ahorros y préstamos que costó al estado miles de millones de dólares.

Si estos son los referentes de Vargas Llosa se los puede quedar. Por cierto, son muchos los que achacan a aquellas políticas liberalizadoras – y no corregidas- de Thatcher y Reagan la crisis del 2008.

Tengo la sensación que eso de ser liberal va parejo al dinero y el poder, los que no tienen ni uno ni otro, y siempre van juntos, lo son de boquilla.

El título del libro, La llamada de la tribu, me parece un poco faltón. No se trata de “abdicar de la individualidad soberana para adquirir la de la colectividad y ser nada más que una parte de la tribu” como dice Vargas Llosa. No son términos antagónicos.

Derechos individuales  e intereses sociales van unidos. Cuando se antepone unos a otros todo va mal. Está demostrado que aquello de laissez fair, laissez passer no funciona para el conjunto de los ciudadanos. Creo más adecuado hablar de ciudadanos que individuos. El término individuos, tan querido por los liberales, me lleva a pensar en personas aisladas, el de ciudadanos me remite a personas con derechos individuales en sociedad. Y “sociedad” nada tiene que ver con comunismo.

No es lo mismo muchedumbre, turba, tribu, revolución, movimiento social o sociedad. Repito, no me gusta el título.

“El espíritu tribal, fuente del nacionalismo, ha sido el causante, con el fanatismo religioso, de las mayores matanzas en la historia de la humanidad”. Pues tiene usted razón don Mario. De ese nacionalismo hacen gala muchos liberales y usted me podría contestar que esos no son auténticos liberales.

El ensayo, tras una introducción que sirve de explicación y motivación, pasa a repasar la vida y la obra de siete autores que le han influido en sus planteamientos intelectuales y políticos: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich August von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Belin y Jean-François Revel.
Por cierto, Vargas Llosa, tan liberal, utiliza los títulos nobiliarios para referirse a Sir Isaiah Berlin y Sir Karl Popper. Liberalidad sí, pero la realeza es la realeza.

Mario Vargas Llosa recuerda sus orígenes socialistas y cómo gracias a estos pensadores su pensamiento político transmutó al liberalismo. En ello tuvo mucho que ver el desarrollo político en Cuba.

No son solo breves biografías y exposiciones de los planteamientos de los “siete magníficos” de Vargas Llosa, él está muy presente. Además de los halagos saca a relucir las “miserias” de cada uno de ellos, con lo cual los acerca más al lector y a la par logra el objetivo de reforzar su aseveración de que el liberalismo no está en posesión de ninguna verdad ni es infalible, contraponiéndose así al socialismo al que considera dogmático y casi providencialista.

No es un libro extenso, 313 páginas. No agota y no requiriere unos conocimientos previos exagerados. Me gustó aunque no comparto sus opiniones.

Pues nada, para tener opinión sobre La llamada de la tribu no les queda otro remedio que leerlo. Y ya saben, lo tendrán disponible en su biblioteca pública o librería más cercana.

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13 abr. 2018

El diamante Cristina Cifuentes

Vamos a poner claras las cosas: Cristina Cifuentes tiene razón. No está imputada y no falsificó su currículum.

De momento, no está imputada ni por la historieta del máster ni por otra causa. Eso sí, el juez que lleva el caso Púnica no archiva la causa contra la que fuera jefa de los Servicios Jurídicos de la Asamblea de Madrid por la adjudicación del contrato de restauración y cafetería de la Cámara madrileña al empresario Arturo Fernández. En esa adjudicación participó Cristina Cifuentes. Para los acólitos, de momento no lo está.

Tampoco falsificó su currículum... ¿o sí?

Cristina Cifuentes empezó su carrera política muy joven, a los dieciséis años, allá por 1980. Ya sabemos lo absorbente que es ese trabajo. Hacerse un currículum profesional supone un esfuerzo añadido. Es tan complicado que son muchos los políticos que ante la dificultad que significa compaginar uno y otro se han decantado por lo más lucrativo: la política. En ella sólo es necesario ir ascendiendo en la escala de Mohs.

Sigo. Cifuentes consiguió su primer cargo público en 1991. Ya le debieron ver maneras.

Según informa eldiario.es la Asamblea de Madrid edita cada cuatro años un libro en el que se recogen detalles de la legislatura y quiénes son los diputados que la han formado y allí se expone una biografía de cada uno de ellos. Pues bien, según este periódico digital –y no ha sido desmentido- el currículum de Cristina Cifuentes mutó unas cuantas veces.

Los acólitos podrán decir que eso no es delito. Cierto, pero raro es un montón. La cuestión está en cómo llegó a hacerse con ese currículum.

Tras la primera denuncia de eldiario.es Cifuentes apareció en Onda Cero y en 13TV. Eso sí, lo hizo tras la rueda de prensa del rector de la URJC (Universidad Rey Juan Carlos), Javier Ramos, el catedrático Enrique Álvarez y el profesor Pablo Chico. Basándose en esa rueda de prensa, al día siguiente, en vídeo nocturno, volvió dar sus explicaciones y enseñó unas actas.

Por favor, ¡qué vídeo! A los acólitos seguro que les encantó y aplaudieron a rabiar. A mí me dejó maravillado. El tono de voz, la forma prepotente de explicarse… ¡qué digo! la chulería con la que habló me dejó claro que tiene una cara más dura que un diamante. La frasecita cantarina y empalagosa “A los que queréis que me vaya, no me voyyy, me quedooo, me voyy a quedarr, voy a seguir siendo vuestra presidenta” me pareció impúdica.

Al igual que el diamante, Cristiana Cifuentes creo que tiene defectos estructurales y que su tenacidad no le servirá de nada.

Tras un prolongado silencio llegó su comparecencia en la Asamblea de Madrid. Desbordó chulería. Puso en marcha el ventilador y los suyos disfrutaron con sus respuestas. La aplaudieron con entusiasmo. No les importaron los datos que se habían ido descubriendo. Cómo les pareció escasa la claque que tienen en la Asamblea remolcaron más de treinta alcaldes a los que se unieron varios portavoces del PP. Fue un espectáculo… vergonzoso.

Días más tarde asistimos a otro acto de “desagravio” con Cristina Cifuentes. La convención del PP en Sevilla. Allí los militantes del Partido Popular puestos en pie ovacionaron la mentira, el despropósito y tal vez el delito. Me resultó triste y patético.

Las informaciones contrastadas, las declaraciones del propio rector de la URJC, las de Enrique Álvarez, las afirmaciones de las profesoras que confirmaron, ante la policía, que sus firmas estaban falsificadas no les importan. Joder, el presidente del PP de León, Juan Martínez Majo, dijo: “Vale, no tiene el máster. ¿Cuál es el problema?” Así, con dos cojones, y se queda tan tranquilo. Todo fue un montaje, claro.

Cada día surge algo nuevo. Se descubrió que diputados de otros partidos han mentido sobre su currículum y al PP se le abrieron los cielos. Los acólitos hacen bien en criticarles esa mentira. Oigan, no pierdan de vista que Cristina Cifuentes fue participe lucrativa, como gusta decir ahora, de algo presuntamente ilegal. Sabe que no se presentó a nada, que le han regalado un máster por ser quien era. No es solo una mentira en un currículum, es mucho más.

La URJC cada día lo deja más claro y ella sigue ahí, echando balones fuera. La universidad ha suspendido al “director” del dichoso máster, Enrique Álvarez, pero no pasa nada. Todo ha sido culpa de la universidad, eso dicen los acólitos y la propia Cifuentes. Y no se cortan. Por cierto, ¿y el rector de la URJC a qué espera para dimitir?

A pesar de las informaciones que conocemos, con los datos ofrecidos por la propia universidad, sabiendo que el caso ya está en la fiscalía, con todo eso y más, el gobierno de M. Rajoy no tiene opinión sobre si Cristina Cifuentes debe o no dimitir. Así lo afirmó, hoy 13 de septiembre, el ministro de Educación y portavoz Íñigo Méndez de Vigo. Hay que tener mucho morro. Es impresentable. ¿Se creen que somos gilipollas?

A estas alturas solo los que tienen algo que perder o los que esperan ganar algo, dentro del PP,  pueden creer a Cristina Cifuentes. El despropósito, las mentiras, la desfachatez es de tal envergadura que están dispuestos a cargarse el prestigio de esa universidad. Les importan un pimiento los alumnos y los profesores que cumplen con sus obligaciones.

La democracia española necesita mirárselo, todos debemos mirárnoslo. El Partido Popular hace mucho tiempo que estaría fuera del gobierno en Alemania, Francia, Inglaterra… aquí sigue por obra y gracia de los votos y de su imperturbable desvergüenza.

Ah, para que no queden dudas: todos los que mintieron, me da igual el partido, son también unos desvergonzados y deben dimitir ya. No esperen a que lo haga Cristina Cifuentes.

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10 abr. 2018

El corredor del Narcea no es hoy más seguro

Publicado en La Nueva España el 10 de abril de 2018


Ya lo dice el refrán: en casa del pobre, dura poco la alegría.

Para quien no lo sepa en diciembre comenzaron las obras de reparación del Corredor del Narcea entre La Florida (Tineo) y Cangas del Narcea. Unos días después las paralizaron.  Levantaron tramos de la carretera y así los dejaron. Semanas después los asfaltaron pero sin pintar ninguna de las líneas horizontales por lo que conducir de noche era peligroso. Más tarde colocaron algunos reflectantes en la mediana de la carretera. Y así quedó.

Hace una semana vimos que estaban pintando líneas. Nuestro gozo en un pozo. Solo las pintaron en los cruces de La Florida, en el del polígono de Tebongo y en el Puente del Infierno. Eso sí, con limitaciones de 40 kilómetros hora.

También colocaron más reflectantes, algunos de los cuales se los han llevado ya las ruedas de los coches.

No, hoy no viajamos más seguros por este tramo de carretera.


Para rematar la faena han prohibido adelantar entre el cruce de La Florida y el Puente del Infierno. No eran muchos los tramos habilitados para ello, ahora no hay ninguno. Las señales que permitían adelantar han sido tapadas y solo están visibles las de prohibido adelantar. Encontrarse con un vehículo lento por esa zona puede convertirse en un verdadero suplicio.

Nos dijeron que después de Semana Santa comenzarían las obras y va a ser verdad. Seguro que todo esto lo han hecho ante la inminencia del reinicio de las obras. Ya veremos lo que tardan. Oigan, tapar esas señales es cosa de unas horas. De momento los usuarios de esa vía llevamos fastidiados una semana y lo que vendrá.

No hay nada como la previsión para ejecutar las obras (léase con ironía).


Ah, otro detalle. En el cruce de La Florida, dirección Tineo, donde antes había un ceda el paso ahora pusieron un stop. Eso es muy peligroso y lo sabemos muy bien los que transitamos por ahí. Frenar el coche y salir normalmente supone que otro coche que venga en dirección contraria te puede alcanzar ya que salen de una curva cercana sin visibilidad.

Prácticamente no han empezado la obra y no quiero pensar lo que puede suceder de ahora en adelante.

Una duda nos asalta a muchos. Como dije más arriba, levantaron algunas zonas del asfalto donde consideraban que era más necesario para dar más consistencia al firme que echarán más adelante. Lo dijeron los que saben y lo aceptamos. Hoy vemos como está el tramo después del túnel de Villanueva, en dirección a Cangas del Narcea, que además de meter miedo es peligroso. Esta era y es una zona muy deteriorada y no se tocó. Habrá una o más razones pero está destrozada. Por cierto, justamente al salir del túnel se está formando un socavón de cuidado y eso que lo asfaltaron no hace mucho tiempo.

La carretera está ahí para verla. La obra dará para más comentarios.

El argayo de Caso me recordó al que sufrimos a la altura de Porciles (Salas). Tardaron ocho meses en volver a abrirnos la carretera. Deseo a los casinos que tengas más suerte.

No hay forma, nos tratan como a ciudadanos de cuarta. El suroccidente les importa un pito. Si no fuera de mala educación ¿saben a dónde les mandaría? Pues eso.

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El procés visto por Santi Vila

Publicado en La Nueva España el 7 de abril de 2018

Lo de Cataluña está desmadrado. No es algo reciente. En los últimos años la espiral de desencuentros entre el gobierno de Cataluña y el de Madrid ha ido en aumento. El desafío se concretó en la aprobación de la ley de referéndum de independencia, el pasado mes de septiembre, y se llevó a la práctica con las votaciones del 1 de octubre. Y todo ello saltándose las advertencias de los letrados de la Cámara catalana, el Tribunal Constitucional o la Fiscalía.

La decisión del juez Llanera de encarcelar a algunos de los máximos representantes del independentismo ha calentado aún más la situación. La detención de Carles Puigdemont ha llevado el agua a ebullición.

El hartazgo por la “cuestión catalana” es inmenso. El encastillamiento de unos y otros está deteriorando la convivencia en España y los problemas de los ciudadanos se están dejando de lado.

A estas alturas creo que todos tenemos claro que apelar a los nacionalismos es convocar al enfrentamiento.
No todos vemos el procés de la misma forma. Las publicaciones se multiplican y aún veremos muchas más. Ahora Santi Vila nos da su versión de lo sucedido en “De héroes y traidores”.

Santiago Vila es militante del PDeCAT (Pardido Demócrata Europeo Catalán). Ha sido diputado en el Parlamento catalán entre 2006 y 2013 y alcalde de Figueras entre 2007 y 2012. Ejerció de conseller de Territorio y Sostenibilidad, conseller de Cultura y conseller de Empresa y Conocimiento de la Generalitat. Es decir, estuvo en el núcleo de la toma de decisiones. Y no menos importante, es doctor en Historia Contemporánea.

Daré un repaso a algunas de sus afirmaciones en ese libro.

Refiriéndose a la sesiones del parlamento catalán del 6 y 7 de septiembre de 2017 dice de ellas “… la sesión probablemente más triste de la historia del parlamentarismo catalán contemporáneo… Ana Gabriel, rindió homenaje a “la gente que luchó contra el régimen del 78 y que fue torturada y encarcelada por hacerlo”. Lo más chocante es que todas estas voces revolucionarias consideran del todo compatible su retórica antisistema con formar parte de él, disfrutando sin rubor de sus prebendas, coches oficiales y salarios”.

Menudo recadito. No será el único. Tendrá más detalles con otros compañeros de viaje.

Curiosamente, unas páginas más adelante se siente orgulloso “de haber participado activamente en la movilización política del 1 de octubre”. Para redondear esgrime que ese referéndum “comenzó como un pulso político entre gobiernos”.

El resultado fue que unos movilizaron a una parte de los catalanes y los otros a las fuerzas de orden público.
El libro es, además, una justificación de los actos del autor y una exposición de sus planteamientos políticos.
Según Vila fue acusado de traidor por los suyos al “haber defendido hasta el último minuto la insuficiente legitimidad democrática para llevar a cabo una declaración de independencia de Cataluña…”

Santi Vila me desconcierta: “Que la política catalana abandonara la senda del pactismo y se echara al monte fue una opción, no una obligación”.  Reconoce que “en Cataluña, el Gobierno de Puigdemont está atrapado por la movilización en las calles y el extremismo de izquierdas en el Parlament, y en Madrid, el Gobierno de Rajoy está confortablemente sitiado por la extrema derecha de siempre”. Eso no le lleva a la equidistancia, que quede claro.

El encarcelamiento de Puigdemont ha movilizado a los Comités de Defensa de la República que han sacado a la calle a miles de personas. Imagino que Santi Vila estará francamente preocupado a tenor de lo que dice en su libro: “Los disparates que se leían en las redes sociales sobre la constitución de comités de defensa de la República, aunque no merecía ninguna credibilidad, evidentemente resultaban inquietantes para cualquier persona sensata”.

Los independentistas han cargado de sentimentalismo la política catalana – lo cual reconoce Vila - y de todo quieren hacer una gesta heroica: “nótese que los argumentos apelaban siempre a la razón, finalmente buscaban impactar e ir directos al corazón”.

A Marta Rovira, hoy en Suiza, le dedica unas emotivas palabras: “…es también una mujer intensa, irascible y fanatizada, como se ha podido comprobar más tarde a través de sus contundentes declaraciones públicas, poco dada a las dudas y matices, y menos aún al uso de la moderación como guía”.

La descripción de la reunión del 25 de octubre en el Palacio de la Generalitat no tiene desperdicio: “Durante la espera, el solemne Patio de los Naranjos no dejó de llenarse de corrillos políticos, asesores, periodistas afines y otros tertulianos y personajillos para mí desconocidos hasta aquella tarde y que, al parecer, formaban parte de la inteligencia del procés. Poco a poco llegaron también los representantes de Ómnium y de la Assemblea Nacional Catalana (ANC)…”

En esa reunión se pretendía ir a una convocatoria electoral, cosa que no sucedió. Allí Puigdemont, según Vila, argumentó que “no me veo siendo un presidente virtual, de un país virtual, en una sociedad anímica e institucionalmente devastada”. Aún dijo más: “Me niego a ir por el mundo, repartiendo tarjetas de una república inexistente”.

Si esto es así me parece que Carles Puigdemont tiene un serio problema de doble personalidad.

Esa reunión, cínica y desagradable en palabras de Santi Vila, debió estar muy animada: “A pesar de los lamentos de Marta Rovira, que entre sollozos, lágrimas y aullidos habló de decepción, desconfianza e incluso traición, lo cierto es que el sarao acabó con la decisión de convocar elecciones”.

No tengo nada que añadir.

Vila tiene detalles con varios de los protagonistas del procés. De Puigdemont, al cual aprecia, dice que “no soportaba las reuniones de partido ni empalizó nunca demasiado con la mayoría de los dirigentes del PDeCAT”. Tiene también sus detalles con Junqueras: “Días y días de conversaciones con él mantienen aún hoy en mí la duda de quién es realmente Oriol Junqueras y cuál es su proyecto personal y político para Cataluña”. Y eso que había propuesto a Junqueras un pacto de no agresión en el que él, Santi Vila, sería elegido candidato a la presidencia por el PDeCAT y “Oriol, si no hacemos el burro, ¡en tres meses serás presidente!”. Daba por descontado que ERC ganaría las elecciones.

Se acuerda del PP y de Rajoy, faltaría más, y cómo no de la “lista de retrasos e incumplimientos en materia de infraestructuras…”. ¿Se creen que son los únicos?

Estoy de acuerdo con Vila en la falta de capacidad política para intentar llegar a acuerdos. La indolencia de Rajoy es conocida.

Santi Vila imputa cinco errores al soberanismo: la marginación de la política profesional, el problema de la herencia, la deriva hacia postulados de la izquierda populista, la lectura errónea del resultado de las elecciones del 27 de septiembre de 2015 y lo que denomina idus de marzo en Navidades, es decir, la sustitución de Artur Mas por Carles Puigdemont cuando “la abnegada camarilla de los conjurados facilitó al nuevo president la lista de los consellers y altos cargos a nombrar, el programa de gobierno y los compromisos a implementar, y lo más importante, la determinación a seguir adelante con el procés”.

Por cierto, Vila considera “sinceramente que la opinión pública y publicada en Cataluña ha sido injusta y desproporcionada con Jordi Pujol y sus errores”.

Pasa más adelante a enumerar las ocasiones, ventanas en su terminología, que se han perdido para llegar a encuentros entre los gobiernos de Madrid y Cataluña. Reparte responsabilidades pero barre para su casa, faltaría más.

Y llega a las soluciones. ¿Novedades? Ninguna.

Hay un aspecto, dice, que hay que abordar en el futuro inmediato: “Y no es otro que el derecho de los catalanes a votar”. Esto me suena.

Tiene más recetas: “Participar de nuevo en el proyecto de España debe ser compatible con el reconocimiento de Cataluña como nación…” También me suena.

La desigualdad entre Madrid y Barcelona debe corregirse: “Resuelto el agravio de Barcelona, no tengo ninguna duda de que se habrá dado un paso importante para la resolución del agravio con Cataluña”. Vaya, vaya. No es Cataluña, es Barcelona. Aclarado queda.

Eso sí, avisa a navegantes: “Cronificado el malestar, la ciudad se verá abocada a la decadencia y a quedar en manos de gobiernos municipales populistas y de izquierdistas”.

Luego comienza el relato de agravios, que se pueden resumir en que la Generalitat asuma la recaudación tributaria, que se reduzca el déficit fiscal y que se desencallen las inversiones en infraestructuras.

Nos recuerda que todo empezó con la negativa de Rajoy a negociar un nuevo pacto fiscal en 2012.

Nos define lo que él entiende por catalanismo político: “la libertad de empresa y el compromiso con la creación de riqueza deben ser una prioridad estratégica, mucho más trascendente que la simple ampliación acumulativa de la cartera de prestaciones sociales”.

En lo personal ha vuelto a dar clases y además es gerente de una empresa.

No tengo muy claro lo que pensarán sus antiguos correligionarios y compañeros del procés de este libro.

A mí me da igual lo que ahora expliquen unos y otros. No deberíamos haber llegado a la situación en la que nos encontramos. Los gobiernos han sido los causantes y todos lo estamos pagando, no solo los catalanes. Rajoy ha trasladado su responsabilidad a los juzgados con el aplauso de Ciudadanos. Los independentistas siguen a lo suyo. Catalunya en Comú-Podem pues no sé que decirles y el PSC en su línea, que ni ellos saben cuál es.

Nos queda mucho por ver.



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