23 jul. 2017

Lanzarote, la isla de los volcanes y de César Manrique


Anda extraviado. Unos cascos le aíslan un poco más. De vez en cuando mira el móvil. Levanta la cabeza, observa el entorno y no pestañea. Su cara parece una máscara enfadada. No demuestra el menor interés por lo que hay a su alrededor.

Estamos en el Parque Nacional de Timanfaya, en Lanzarote. El autobús que adentra a los turistas por ese espectáculo natural no motiva en absoluto al joven alemán. Sus padres delatan su nacionalidad. El extraviado tendrá unos quince o dieciséis años. Seguro que tiene un mundo interior muy rico.


Timanfaya me parece espectacular. No conozco nada igual. Lo que hoy vemos son los resultados más visibles de las erupciones del siglo XVII y XVIII. No se trata de un solo volcán, son más de veinticinco. Alguno conserva su cono en muy buen estado.

Hay personas, las conozco, a las que no les gusta nada esta isla. La aridez les horroriza. A mí me encanta. Resulta imposible abstraerse y no pensar en películas de ciencia ficción espacial.


Las lenguas de lava que llegaron hasta el mar son preciosas. Las “montañas” peladas o con una incipiente vegetación me cautivan. Parece imposible que nada puede sobrevivir en esos terrenos y, sin embargo, ahí están, dando su punto de color verde y amarillo en un mar de marrones, ocres, rojizos, negros. Especies arbustivas como la tabaiba o el verode se están haciendo con su espacio en las zonas volcánicas más antiguas, en la más recientes son los líquenes y briofitos los colonizadores.

Deseaba conocer esta isla, hace ya mucho tiempo, por tres motivos: el Timanfaya, el original cultivo de la vid y, cómo no, por la obra de César Manrique. Hoy, tras el paso de los años y las visitas, me siguen pareciendo tres buenos motivos para seguir visitándola.


Por un lado la obra de la naturaleza en Timanfaya, en toda la isla; por otro la labor de adaptación del hombre a un espacio hostil y lograr sacarle partido y por último, pero no menos importante, la visión de una persona: César Manrique. En unos momentos en los que hablar de desarrollo sostenible, preservación de la naturaleza, etc., etc. era cuando menos raro, Manrique logró llevar sus planteamientos a la práctica. Su empeño, y el de otras personas que le apoyaron, hicieron posible que la isla no haya sido arrasada como otras.


Lanzarote mantendrá ese encanto especial en tanto no se deje llevar por la desmesura inmobiliaria. Antes de cometer locuras - espero que no les ataque el mal de la avaricia extrema -  tal vez piensen un momento en César Manrique y en José Saramago.





Licencia de Creative Commons
Lanzarote, la isla de los volcanes y de César Manrique by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

20 jul. 2017

No sé cómo era




No sé cómo era. Ya no lo sabré. Se murió.

Parecía no necesitar a nadie. ¿Sería verdad? Nunca lo sabremos. Se murió.

¿Qué le gustaba? No lo sé. Se murió.

¿Qué le inquietaba? No sé. Se murió.

¿Qué…? Qué más da. Está muerto.

Estaba sólo. Lo dejamos sólo. Ya no tiene remedio. Se murió.

No supimos nada de su vida. Tampoco de su muerte.

¿Cómo murió? No lo sé. Se murió.


Licencia de Creative Commons
No sé cómo era by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

17 jul. 2017

Sol y libros


No fallan. Son cómo un reloj. Algo más de las ocho y media de la tarde. Ya han cenado. Británicos. Están sentados en un apartado sofá del gran vestíbulo del hotel.

Se escucha, atenuada, la música del piano del bar del otro lado. Es un piano de cola. Puedo tararear la canción que oigo, es muy popular. La luz ambiental es tenue, acogedora. Hay una salida a una enorme terraza – todo es grande - con vistas al mar.

El bar tiene dos estanterías, pues sí, también grandes, ¡qué digo! muy grandes, repletas de libros. Es imposible llegar a las baldas más altas. Cualquier huésped puede cogerlos y ponerse a leer. Hay libros hasta por los pasillos de acceso a las habitaciones.


Vuelvo a la pareja de británicos. Que sí, lo son. Ella lee en papel, él en libro electrónico. No varían la rutina. No lo dije, son mayores. Dicho así es no decir nada: son ancianos. Mejor así. No veo lo que leen. Están absortos en la lectura y lo que sucede a su alrededor les importa un pito. Lo tienen muy visto. Ahí les dejo a lo suyo. Me voy al bar.

No sé que hago bajo la sombrilla. El sol juega al escondite con las nubes y el viento las zigzaguea.

Estoy cansado de la posición decúbito supina y me doy un paseo por la zona.

Las tumbonas de las piscinas están ocupadas por ingleses – mayoría – alemanes, algunos franceses y españoles.

No hay que ser un gran observador para comprobar quienes son los recién llegados, el color de la piel los delata. A los del brexit se les nota mucho. Su aspecto lechoso o encerado se va tornando sonrosado primero, luego cambian al color langostino cocido y al final, y con mucho tesón, pasan al tono churrasco pasado.

Los móviles no faltan. Algunos dormitan, otros roncan y muchos leen. Sí, leen. Periódicos, revistas, libros.

Doy otra vuelta y voy haciendo recuento. A los españoles los detecto enseguida. Ya saben, nuestro tono de voz nos delata. Entre los compatriotas solo encuentro una lectora, los demás se dedican al acto contemplativo o en su defecto a aporrear el móvil.

Seguidores del papel y del libro electrónico se reparten en esa Babilonia de tumbonas. Hay muchos lectores, la mayoría lo son. Entre ellos destacan los hijos de la Pérfida Albión.

El hábito lector se tiene o no se tiene. No le demos vueltas, en España se lee poco.

Licencia de Creative Commons
Sol y libros by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

2 jul. 2017

La crisis terminó, vámonos de vacaciones


La realidad me hace estrellarme muchas veces. Me sorprende, me desconcierta.

No hemos salido de la crisis y las últimas reformas laborales nos han empobrecido. El paro sigue en unas cifras horribles y las coberturas sociales son mínimas. Si hablamos de los jóvenes es para echarse a llorar. No tienen trabajo y sus expectativas de futuro son poco halagüeñas. El número de personas en riesgo de eso que han llamado exclusión social va en aumento. Los salarios han bajado de tal manera que ya hay trabajadores que no pueden vivir con lo que cobran. La lista se puede alargar pero no merece la pena, la conocemos de sobra ¿o no?

Si lo anterior fuera cierto no deberíamos encontrarnos con titulares de prensa que digan que “los asturianos dan por superada la crisis y se van de vacaciones igual que en 2008”.

Recuerdo que fue ese año cuando estalló la crisis. Podríamos entender que nuestra situación es similar a la del 2008: bancos a punto de quebrar, la deuda pública por las nubes, políticos mintiéndonos – no han dejado de hacerlo - etc… ¿O no era esa la situación?

Vuelvo al titular. ¿De verdad creemos que la crisis está superada? Contratos que pocas veces llegan a los mil euros, precariedad laboral… ¿alguien se lo traga?

El discurso gubernamental de que la economía va bien está calando.

Ven, no comprendo la realidad.

Es cierto que se nota que la gente viaja más pero de ahí deducir que la crisis está superada es mucho decir. Claro, esto lo pienso yo que estoy alejado de la realidad.

Siempre nos queda la posibilidad de pedir un crédito.

Otro titular de prensa decía hace unos días que “más de 50.000 asturianos pagarán sus vacaciones a plazos”. Luego puntualizaba que serán “56.593, pagarán a plazos los 1.651 euros por persona que, de media, les costarán las vacaciones este verano”.

Tengo que aclarar que no consta la fuente de esta información.

Leí, por algún lado que no recuerdo, que ya se estaba gestando la siguiente crisis. Pues va ser que igual tienen razón.

Trabajo, salarios dignos, vacaciones. Así debería ser. Contratos en precario, salarios miserables, créditos para ir de vacaciones. Así es.

Aceptación, adaptación y sálvese el que pueda son caballos desbocados que no sabemos dónde ni cuándo reventarán.

No me hagan caso, ya saben que la realidad y yo andamos por caminos distintos. Por cierto, me voy de vacaciones.

Licencia de Creative Commons
La crisis terminó, vámonos de vacaciones by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

28 jun. 2017

Cuando el bolo de Tineo cambió a celta

Publicado en La Nueva España el 28 de junio de 2017

Hubo un tiempo en el que el Bolo Celta se llamaba Bolo de Tineo. Fue en 1991 cuando se cambió la denominación y esa modificación tuvo sus más y sus menos.

Los Bolos de Tineo se enmarcan entre las modalidades en las que predomina la fuerza sobre la habilidad en los lanzamientos de las bolas. Así lo manifiesta Gerardo Ruiz Alonso - profesor de educación física, estudioso de los deportes tradicionales asturianos y de forma especial de los bolos -. Tiene varios libros publicados sobre este tema y en ellos pueden ver como se juega.


Según este autor “los bolos de Tineo tienen sus propias características que los diferencia bien de los otros”. Ruiz Alonso nos dice que también se jugaban en los concejos vecinos, aunque con algunas diferencias, y a pesar de ellos los incluye dentro de la familia de los bolos de Tineo.

La llegada de José Luis Boto a la presidencia de la Federación Española de Bolos, en 1988, supuso un empuje para su práctica – nunca se dejó de jugar -  y fue la pieza clave para el cambio de denominación del Bolo de Tineo a Bolo Celta.

Tras 25 años en el cargo, Boto tuvo una salida problemática de la Federación y su gestión anduvo por los tribunales. Pero esa es otra historia. Por cierto, José Luis Boto es tinetense.

El cambio de nombre trajo consigo que el tema se debatiera en el Pleno Municipal del 10 de junio de 1992. Una moción del PP llevó al terreno político está cuestión.

Una aclaración: las mociones presentadas al Pleno tienen que ser aprobadas antes de su debate.

El PP se hace eco de las informaciones aparecidas en la prensa de aquellos días y afirman que: “Se ha podido saber que tal cambio de denominación parece responder a una “exigencia” de la Federación Nacional de Bolos”. La pretensión de los populares era que el Pleno Municipal manifestase su aprobación o rechazo a tal cambio.

Los socialistas apoyan la moción de los populares y en el grupo de Unidad Campesina, independientes, la opinión no es unánime entre todos sus concejales.

Un concejal de Unidad Campesina señala “que sería una pena perjudicar el citado deporte con un afán excesivamente localista. La Federación pudiera tratar de potenciar competiciones locales y hacer competiciones de nivel supralocal, por lo que muestra su intención de abstenerse”. Dicho esto, el concejal abandona el Pleno.

Si les digo la verdad, eso de localismo me hace gracia. Se lo explico: Unidad Campesina era un grupo político independiente local.

Otro concejal de Unidad Campesina señaló que el Ayuntamiento no tienen competencias y que se abstendrían, eso sí “aunque sería conveniente que por la Federación se pudiera estudiar la posibilidad de que aunque la denominación fuese “Bolos Celtas” figurase una alusión a la “modalidad Tineo”.
Esta misma propuesta es la que realizó Gerardo Ruiz Alonso en sus publicaciones.

Tras la discusión pasaron a la votación: votos a favor de la moción el PP y PSOE y abstención de Unidad Campesina. De esta manera quedó “informada favorablemente la moción en el sentido de oponerse al cambio de denominación de la modalidad de “Bolos de Tineo”.

A partir de este momento entran en el debate propiamente dicho.

El alcalde, de Unidad Campesina, informa que “el presidente de la Federación Nacional le comentó que se cambiaría el nombre del deporte, pasando de Bolos de Modalidad Tineo a Bolos Celta Tineo, para posibilitar la ampliación del deporte y unificar el que se practica en diversas partes de España, evitando así suspicacias localistas, por lo que a su juicio debería pedirse una explicación por escrito a la Federación de bolos”.

Vaya, ¿es cosa mía o me parece que está diciendo que el presidente de la Federación le engañó? Les recuerdo que José Luis Boto, el presidente,  es tinetense.

Les aseguro que el localismo no se manifestó sólo por parte de Tineo, otros concejos no estaban por la labor de competir en un juego que incluyese ese topónimo.

Al final se produjo una votación unánime, de los doce concejales presentes – la Corporación era, y es de momento, de diecisiete miembros - y acordaron “dirigirse a la Federación Española de bolos, solicitando se rectifique la variación de nombre del juego llamado “Bolos de Tineo”, pasando a llamarse “Bolos Celtas”, para volver a su denominación tradicional en la que figure el nombre de Tineo con el fin de conservar la tradición del Concejo…”.

Esa petición no sirvió para nada, el juego sigue denominándose Bolo Celta.

Desde la óptica de hoy puede resultar curioso lo sucedido. Algunos plantearon el tema como una mejora y abandono de lo que podría entenderse como localismo, en la actualidad esa propuesta, probablemente, sería desechada en base al énfasis que se pone en lo local para desmarcarse de lo global.

Los años han pasado y en el concetson se sigue jugando a los Bolos de Tineo, a pesar de los pesares.

Licencia de Creative Commons
Cuando el bolo de Tineo cambió a celta by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.