22 may. 2018

Vale todo

La defensa de las convicciones no tiene que llevar aparejado una fidelidad absoluta y eterna a ninguna idea o persona. Podemos matizar nuestras certezas e incluso tirarlas por la borda si ya no nos sirven. En política también.

Hay quienes aguantan lo que les echen. No les importan los virajes de 180 grados, las mentiras o lo corruptos que sean “los suyos”, ellos están ahí para defenderlos. No ejercen la crítica ni en privado ni en público. Callan, aplauden y a cambio esperan recibir una dádiva. En política sobre todo.

La estructura piramidal de los partidos no deja margen para las discrepancias. A los que disienten demasiado solo les queda la opción de irse, entonces se convierten en unos traidores apestados. En política es así.

Pues vale, lo tomas o lo dejas. A nadie se obliga. Sin cohesión no hay partidos políticos. Guste o no.

Otra cosa son los comportamientos políticos de los ciudadanos. La política abduce a las masas. No se apuren, no voy a hablar de filosofía ni mucho menos de psicología de masas, faltaría más.

La realidad del país, si lo prefieren de España, indica que fuerzas incomprensibles, al menos para mí, están fagocitando la poca capacidad crítica que teníamos. No voy a hablarles de Puigdemont, Torra y compañía que podrían escribir una enciclopedia explicándolo. Ni tan siquiera de Iglesias-Montero y Monedero que nos pueden dar una visión más moderna. Tampoco de Sánchez que podría adentrarnos en un mundo esotérico con resucitación incluida y menos aún de Rivera que nos podría ilustrar sobre Marta Sánchez. Me quedo, me voy a quedar –póngale ritmo- con Rajoy y el Partido Popular.

Lo del Partido Popular pasará a los libros de politología. Nunca ninguna democracia ha soportado tanto. Creo que ya hemos sobrepasado con creces a la Italia de la omertà y nos hemos pasado a la vox populi española. Allí, en Italia, opera la Cosa Nosta, aquí la sua cosa. En política vale todo.

Tienen un sentido patrimonialista de las instituciones y los poderes públicos. Su acendrado individualismo les lleva a fusionar lo público y lo privado con un objetivo que está muy alejado del interés general. La res publica es la herramienta necesaria para medrar individualmente, de ahí que cuando están en la oposición se aletarguen.

Hoy nos cuentan que Eduardo Zaplana ha sido detenido por blanqueo de capitales y por delito fiscal. Les recuerdo que Zaplana fue alcalde de Benidorm, presidente de la Generalitat Valenciana, ministro de Trabajo y Asuntos Sociales con Azanar, portavoz del Gobierno y portavoz en el Congreso de los Diputados. Ahí es nada. 

Y por si esto fuera poco Enrique Fernández de Moya, secretario de Estado de Hacienda ha sido citado como investigado por posibles delitos de prevaricación administrativa continuada, falsedad en documento mercantil, malversación de caudales públicos continuado y cohecho y tráfico de influencias durante su etapa como alcalde de Jaén.

Las encuestas les siguen otorgando millones de votos lo que dota al PP de unos poderes indescifrables.

Aún veremos más. No importa, vale todo. Joder, qué tragedia más esperpéntica.

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