14 oct. 2014

La más obscena de las orgías


No faltaba nadie. Allí estaban todos. El revoltijo era total. Ninguno era extraño. Todos estaban al disfrute total y no tenían nada que esconder.

Cada uno era hijo de una madre pero nadie conocía a su padre.

Era un club selecto. Muy pocos eran los elegidos. Antes de entrar en el círculo había que pasar un largo período de pruebas. No todos valían.

Lascivia, impudicia, lujuria, obscenidad o deshonestidad debían constar como  méritos incuestionables para aquellos que deseaban restregarse en ese lodazal carnal. Si alguno mostraba algún resquicio dudoso, debía aportar, además, un largo expediente de avaro, mezquino y sobre todo de cara dura.

Cuantos placeres disfrutaron. En solitario, en compañía, todos juntos.

Nada les era ajeno. Siempre tenían a su alcance la posibilidad de regodearse. No existió placer que les fuera prohibido.

Deseaban y obtenían.

Su origen no les importaba. Había algo que les unía. ¿Quién se lo iba a decir? Algo tan simple les colmaba de placeres.

Como con la heroína, cada vez necesitaban más.

Nadie podía imaginar que tantos se corrieran esas juergas orgiásticas y nadie se enterase. Mientras menos estuviesen enterados de sus disfrutes, mejor, más les seguiría tocando a ellos.

Hombres, casi todos, de formas públicas que parecían “intachables”, cuando llegaba la hora de la verdad, se convertían en los actores más depravados de película porno barata.  Solo era importante la cantidad, el disfrute soez, chabacano y obsceno de una orgía asquerosa.

Sus jugos corporales lo inundaron todo y cada vez el cenagal adquirió mayores dimensiones.

Nunca habíamos asistido a una orgía tan obscena. Por primera vez fuimos conscientes de la mierda que pueden llegar a almacenar algunos.

Lo cojonudo de todo esto es que estas orgías las hemos pagado todos.

Los usuarios de las tarjetas “negras” de Caja Madrid son unos actores pornos de lo más asqueroso y barriobajero.

Mientras pedían dinero para el rescate del banco, ellos seguían pagando farturas impresionantes, vacaciones, hoteles y hasta las putas. Los hubo tan miserables que pagaban con esa tarjeta en sus propios establecimientos y otros muchos fueron tan rateros que sacaban dinero con ellas para sus gastos de bolsillo.

Nunca pensé que una orgía pudiese llegar a darme el asco que me ha dado esta.

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