Reconciliar significa, según la RAE, «volver
a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos». Dicho esto imagino
que muchos de ustedes se habrán dado cuenta de que voy a hablarles de Reconciliación,
memorias de Juan Carlos I. Sí, lo leí.
Aunque el libro está escrito en primera
persona Juan Carlos no es el autor, está escrito por Laurence Debray, hija del
conocido filósofo francés Régis Debray y de la antropóloga franco-venezolana
Elizabeth Burgos. Escrita inicialmente en francés está traducida por Elizabeth
Burgos y Karin Taylhardat. Tiene 512 páginas.
Juan Carlos I reinó de 1975 a 2014. En 2020
salió de España para irse a vivir a Emiratos Árabes Unidos.
Con estas memorias quiere explicar las
actuaciones que considera más importantes en su reinado, entiéndase bien, en
las que él es el protagonista, el artífice de esos logros.
Quiere dejar claro que atacándole a él se
perjudica a la Corona y al Estado, a la unidad del país y su democracia. Vamos,
que él es la democracia. Pone la puntilla afirmando que el actual Gobierno
parece alegrase de la situación y es el responsable que tiende a enfrentar a
unos con otros.
De sus escándalos financieros no es culpable
de nada. Todo es mentira o lo liaron en embrollos financieros. A modo de
disculpa dice que «ninguna institución es irreprochable, ni tampoco ninguno de
sus miembros». Asunto resuelto.
Por lo que se refiere a Franco no permitía
que nadie le criticara delante de él. Afirma, sin pudor alguno, que del
dictador heredamos la seguridad social y los embalses. Ni lo uno ni los otros
fueron idea de Franco. Miente.
Intenta colarnos la idea de que tenía todo en
su cabeza todo lo que quería hacer desde el primer momento. Así antes de los 70
del siglo pasado ya tenía claro en «su fuero interno» que la democracia era la
única vía de futuro. En esos años lo único que le preocupaba era llegar a
reinar. Su infinita clarividencia le permitió avisar a los presidentes en sus
primeros años de reinado que Cataluña era más difícil de gestionar que el País
Vasco. Alucinante.
Niega que hubiese pedido dinero al sha de
Irán para ayudar a Adolfo Suárez en sus primeras elecciones. Existe copia de
esa carta y hasta un medio tan poco sospechosos de ser antimonárquico como el
periódico ABC se hizo eco de esa información.
No tuvo empacho en decir que se puede
considerar que la Transición comenzó, subrepticiamente, con la llegada al poder
de los tecnócratas del Opus Dei. En fin.
A lo largo del cuento, perdón de las
memorias, se cuelga todas las medallas. Así cuando firmó la Constitución se
dijo, para él, no publicamente -lo comprendo, le habrían corrido a gorrazos-
repito, se dijo «Yo he cumplido mi misión, ahora le toca a los políticos».
Respecto al 23 F, de 1981, el fallido golpe
de Estado de Tejero, un poco de palabrería y que Alfonso Armada le traicionó y
poco más. Por cierto, de Armada dice que tenía una brillante carrera militar y
destaca entre sus méritos que se alistó al ejército franquista a los dieciseis
años para combatir a la República y que combatió con la División Azul en la
Segunda Guerra Mundial. Para los demócratas ese curriculum es más que
vergonzoso.
Una trayectoria muy similar tuvo Milans del
Bosch, quien sacó los tanques a la calle en Valencia el 23 F, al que le
otorgaron la Cruz de Hierro, máxima distinción nazi.
No explica los motivos por los que aquella
fatídica noche del 23 F su mensaje a la nación no se emitió hasta la 1:15,
cuando tenía intención de hacerlo a las 22:30. Otro asunto liquidado sin
explicar nada. Afirma que tiene dudas y preguntas sobre ese día. Lamentable.
La implicación de Francia en la lucha contra
ETA ¿a que no saben quien lo hizo posible? Exacto, a Juan Carlos. ¿Y la entrada
en la Comunidad Econóica Europea, hoy Unión Europea? A él, a Juan Carlos. ¿Y
las Olimpiadas de 1992 en Barcelona? Cosa de Juan Carlos, quien ya tuvo una
visión muchísimoas años antes. ¿Y la Expo de Sevilla? ¿Acaso lo dudan? Juan
Carlos, Juan Carlos. Es más el supervisaba que los trabajos fueran bien en la
ciudad hispalense. Lo controlaba todo y gracias a él salió bien. Perdonen, pero
¡hay que joderse!
De sus relaciones extramatrimoniales solo
menciona a la que le salió muy mal, la de Corina, a la cual no nombra en ningún
momento, del resto de sus líos de faldas nada de nada.
Otro cotilleo, de Lady Di dice que le pareció
fría, taciturna y distante. No me extraña, con la familia que emparentó y que
tenía que bregar no era para dar saltos de alegría.
De la reina Sofía, a la que siempre llama
Sofi, habla bien, pero con distancia. Dice que es una buena profesional, que la
respeta y aprecia, pero eso sí, de amor ni mú.
Volviéndose a los logros que se adjudica
entre ellos están el Centro de Arte Reina Sofía, el Museo de las Colecciones
Reales y que el Museo Thyssen-Bornemiza quedándose en Madrid fue cosa suya.
Está super orgulloso de haber hecho tanto por
España y los españoles. Según él pocos reyes europeos, por no decir ninguno,
hicieron tanto por su reino. Remata que con estas memorias quiere dar su visión
de la historia, la que vivió y forjó. ¡Olé!
No sé lo que hubieramos hecho sin él. Juan
Carlos, nuestro «padrecito» ha demostrado vivir en una realidad paralela. No
aclaró nada, tampoco lo esperaba. Es un egocéntrico que se aprovechó de su
cargo a todos los niveles. Ni una sola palabra de la fortuna que posee, ya
publicada hace años, y estimada en más de 2 000 millones de dólares. De su vida
disoluta, ya pública, pasó de largo. De su actuación el 23 F más de lo mismo.
Del trato preferente de Hacienda ni se acordó.
Los españoles no le debemos nada. De manera
soterrada nos culpa a los ciudadanos y al Gobierno actual de su salida de
España por no saber valorarlo.
Juan Carlos I pasará a la Historia como otro
Borbón más: mujeriego, tragón, bebedor y avaricioso.
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