24 ene. 2017

El trumpazo de Donald

Los deseos enturbian la razón y luego llegan los desengaños. Este básico razonamiento lo dejamos de lado cuando hablamos de política – no estaría mal que solo fuese en esas ocasiones -. Pues eso mismo nos ha sucedido con Donald Trump, presidente del imperio. La señora Hillary no es que fuese la panacea.

Da igual lo que se diga ahora. Somos tan demócratas que aceptamos los resultados en Estados Unidos.

Joder, claro que los aceptamos: no nos queda otro remedio. Además fueron los estadounidenses quienes votaron, no nosotros. También podrían decir que cada país es soberano y no nos competen sus decisiones. Pues miren, no. Allí deciden, aquí se acata. El imperio es el imperio y como tal solo puede existir uno. En las ocasiones que hubo dos ya se sabe como acabaron.

El hombre del tupé ya es todo poderoso. Sobre todo, y también, por ser el comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo mundial. Lo de los coreanos del norte, iraníes, rusos, chinos y demás no les llegan entre todos ellos ni a la suela de los zapatos en eso de armamento y tecnología militar.
Para abreviar, como Donald apriete el botón rojo – según dice – se acabaron los problemas.

Se decía que iba a templar tras ganar las elecciones. ¡Y una leche! Cada declaración, cada tuit fue una carga de profundidad. Y llegó la toma de posesión. Nuevas esperanzas. Hará un discurso de Estado, dijeron. ¡Y una mierda! Fue retrógrado, populista, demagógico, amenazador, nacionalista, proteccionista. ¡Acojonadito me dejó!

Aunque tampoco nada nuevo. Más descarnado pero en la línea del imperio.

No hizo otra cosa que reverdecer la Doctrina Monroe: “América para los americanos”. Así, para abreviar.

Hubo más lindezas. Toda la perorata fue antológica.

Recurrió a otro de los pilares del expansionismo de EEUU: la doctrina del Destino Manifiesto. Aquello de las virtudes del país y sus ciudadanos, del mundo a su imagen y la protección divina.

Me remito al discurso del presidente Trump: “No buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie, sino hacerlo brillar como un ejemplo –nosotros brillaremos- para que todo el mundo lo siga”.

Esperen que hay más: “No debe haber temor. Estamos protegidos y siempre estaremos protegidos. Estaremos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestro Ejército y las fuerzas del orden. Y, lo que es más importante, estaremos protegidos por Dios”.

Ole, ole y ole. Nada nuevo.

Las apelaciones al proteccionismo, mezcladas con un populismo barato y mentiroso fueron constantes: “Durante muchas décadas, hemos enriquecido la industria extranjera a expensas de la estadounidense, subvencionando los ejércitos de otros países mientras permitíamos el muy triste deterioro de nuestro Ejército. Hemos defendido las fronteras de otras naciones mientras nos negábamos a defender las nuestras y gastado miles de millones de dólares en el exterior mientras las infraestructuras en Estados Unidos han decaído”.

Demagogia, mentiras, populismo y belicismo juntos.

Estas parrafadas son muy curiosas, sobre todo teniendo en cuenta lo que dijo al poco de iniciar su discurso: “Juntos vamos a decidir el curso de Estados Unidos y del mundo para los próximos años”.
Miedo, mucho miedo me da. Ninguna novedad, pero dicho así, a cara perro, asusta más.

“Juntos haremos a Estados Unidos fuerte de nuevo. Haremos a Estados Unidos rico de nuevo. Haremos a Estados Unidos orgulloso de nuevo. Haremos a Estados Unidos seguro de nuevo. Y sí, juntos haremos a Estados Unidos grande de nuevo”.

Profundo, muy profundo. Ni por casualidad introduce un mensaje racional y prudente.

“Sacaremos a nuestro pueblo de las prestaciones sociales y lo pondremos a trabajar de nuevo, reconstruyendo nuestro país con manos estadounidenses y trabajo estadounidense”.

Les recuerdo que no estaba en campaña, lo dijo en su discurso de investidura como presidente.

Su primera medida ejecutiva fue animar y permitir que los estados eliminen los aspectos que consideren más costosos de la aplicación de la reforma sanitaria de Obama. Y aprovechando la ocasión decretó el 20 de enero como Día Nacional del Patriotismo.
Ven, no engañó a nadie.

Siguiendo por esa senda de cumplimientos va a sacar a EEUU del tratado de libre comercio con México y Canadá. Los trabajadores de esos países lo van a agradecer. No sé si las empresas yanquis lo harán.

Otro tanto piensa hacer con el Acuerdo Transpacífico. Los chinos, japoneses y demás países asiáticos se estarán frotando las manos.

En el interior ya anunció rebajas de impuestos a empresas y particulares y, por si esto fuera poco, la supresión de hasta un 75 por ciento de la normativa reguladora.
Los de la Asociación Nacional del Rifle deben estar encantados. Ahora, más que nunca, sus problemas los van a solucionar a tiros.

Al Presidente Trump le sobra la OTAN, no necesita a Europa ni al resto del mundo. Hasta ahora tenía como disculpa para sus correrías bélicas a la NATO, Trump quiere cabalgar en solitario.
Pues bien.

Llenará EEUU de obras, gastará más en armas, se hará más rico y dejará un déficit público exagerado. Tranquilos, ya nos colocarán otros productos financieros tóxicos.

El mundo está jodido, ya lo estaba antes de llegar él, ahora lo estará aún más. No es una exageración. Ya hemos visto como los líderes de la ultraderecha europea se ha reunido en Coblenza (Alemania). Allí el ultra holandés Geert Wilders dijo: "Ayer, una nueva América; hoy, Coblenza, y mañana, una nueva Europa". Más claro imposible.

Meten miedo.

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