La Primera Guerra Mundial (1914-18) acabó con
la vida de 22 millones de personas; en la II Guerra Mundial (1939-45) la cifra
de muertos se estima entre 70 y 80 millones de muertos, seguramente en ambas
fueron bastantes más. Cifras escalofriantes en aquel momento y que algunos
pensamos que lo siguen siendo, otros, sin embargo, ni piensan en ello.
Después de 1945 los países y los dirigentes
políticos quedaron noqueados y tomaron decisiones para que no volviese a
suceder nada igual. Las políticas llevadas a cabo pusieron a los ciudadanos a
un nivel que nunca tuvieron. Los gobiernos tenían que atender las necesidades
ciudadanas y crear unos servicios públicos de calidad y para todos. De ahí
surgió la sociedad del bienestar impulsada por los partidos socialdemócratas,
políticas a las que se sumaron, en gran medida, los demócratas cristianos.
En aquellos años se empezaron a establecer
unas leyes internacionales por las que regirse con el fin de evitar nuevos
conflictos armados. El papel hegemónico de Estados Unidos era claro con el
contrapeso de la URSS. Los gobiernos se sometían con mejor o peor gana al
derecho internacional y las empresas estaban sometidas a controles tanto por
parte de los bancos centrales como por los estados.
Desde luego, problemas los hubo, y muchos, no
pinto un mundo ideal, no lo era, pero desde luego parece un poco mejor que el
actual. La globalización empresarial se vendió como una mejora para el mundo
cuando comprobamos que la realidad es que las multinacionales han adquirido un
poder inmenso. Nunca los empresarios fueron tan poderosos. Los bancos se
transformaron en empresas que gestionan fondos de inversión fuera de todo
control y que les proporciona ingentes cantidades de dinero. Los últimos en
llegar a la orgía de dinero son los empresarios tecnológicos que se están
adueñando de bancos, medios de producción a todos los niveles, medios de
comunicación y que además se enfrentan a los gobiernos sin temor alguno.
No, nunca se vivió en un mundo idílico. Hasta
no hace muchos años comprobábamos como las generaciones iban mejorando y el
ascensor social funcionaba, se acabó la alegría en la casa del pobre.
¿A qué viene todo esto? Pues ni yo mismo lo
sé. Un recordatorio de como era el mundo, imperfecto, cruel con los más
débiles, pero con alguna esperanza. Hoy la sensación de retroceso y de pérdida
de un futuro mejor emponzoña la sociedad.
Basta de divagaciones simplonas. Vayamos a un
caso concreto que demuestra el poder de las multinacionales y como los
políticos se pliegan a sus intereses. Me refiero al caso de Costco en Asturias.
Para quienes no conozcan a Costco les diré
que es una cadena internacional de hipermercados con formato de club de
precios. Imagino que habrá quienes no sepan que significa eso de club de
precios, se lo cuento. Eso del club de precios quiere decir que hay que hacerse
socios pagando una cantidad anual, en el caso de Costco es de 30 euros.
Sus partidarios dicen que la empresa
estadounidense tiene precios bajos, pero eso sí, con productos en formato
mayorista lo cual significa grandes cantidades o formato. Además de
alimentación tiene artículos de todo tipo. Tendrá gasolinera, taller de
neumáticos, centro de óptica y auditivo e imagino que alguna cafetería.
Desde el gobierno asturiano, especialmente
desde la parte de IU, no querían darles los permisos pertinentes por no
ajustarse a la legislación vigente. El alcalde de Siero, en cuyos terrenos se
quiere construir, puso el grito en el cielo por la negativa. Ni corto ni
perezoso hizo un «trump», ya saben ponerse en plan amenazante y matón – me lo
acabo de inventar y sí, es muy simplón- y así Ángel García, «Cepi», amenazó con
crear una candidatura ajena a su partido, el PSOE. Oigan, mano de santo, el
gobierno asturiano se la envaina y le da el visto bueno.
Ya ven, las tácticas matonistas han calado en
todos los partidos y hasta un mindundi como «Cepi» acogota al gobierno
autonómico por su falta de coraje. Menuda bajada de pantalones. La
multinacional presiona al alcalde y este al gobierno. Más claro agua.
De estos ejemplos hay muchos. Otras empresas
son más diplomáticas, pero igual de efectivas. Ahí tenemos a Amazon ubicada
también en Siero. ¿Casualidad? Para nada, «Cepi» es un gran conseguidor. La
empresa necesitaba una conexión con la autovía y en cuatro días la tenían. Unos
veinticuatro millones de euros. Los vecinos del suroccidente llevamos años
exigiendo la finalización de la autovía Oviedo-La Espina y si quieres arroz
Catalina.
Miren, en Tineo hubo una moción de censura
con motivo de la construcción del primer parque eólico de Asturias, según
fuentes bien informadas la empresa tuvo algo que ver.
Los comerciantes no están muy satisfechos con
la decisión. Todos los políticos manifiestan su apoyo al pequeño comercio, al
de cercanías, pero saben que cada vez que se abre una gran superficie comercial
muchos pequeños comercios cierran. Ya sé que es así en todos los lados, pero
que se callen y no suelten mentiras. Asturias para una población de un millón
de habitantes tiene un montón de hipermercados y centros comerciales. No los
voy a contar.
Me sorprendió que entre sus partidarios
estuviese, está, el secretario general de UGT de Asturias, Francisco Javier
Fernández Lanero. En varias ocasiones manifestó su apoyo a Cotsco. Lo considera
un proyecto estratégico – hay que joderse con él- y no tiene pudor al decir que
«no es incompatible con seguir protegiendo al pequeño comercio» Perdonen pero
¡menudos güevazos tiene!
Ven, con estos pequeños ejemplos podemos
comprobar como el poder de las multinacionales no lo frenan los gobiernos. La
sociedad del bienestar se está yendo al carajo.
Estoy convencido que esos políticos
«conseguidores» acabarán en las nóminas de alguna de esas empresas. ¿A alguien
le extrañaría que «Cepi» terminara su vida laboral en una de ellas? A mí no.
No tengo dudas, echaremos de menos aquella
sociedad imperfecta del bienestar. Esperemos no volver a liarla con un
conflicto de grandes dimensiones para aprender.
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