12 feb 2026

Las lombrices pueden salvar el mundo

 


    Las lombrices son un elemento fundamental en la trama de la novela Humus de Gaspard Koenig, traducida por Lydia Vázquez Jiménez.
  La novela tiene dos personajes principales, Arthur y Kevin. El primero de familia burguesa, el segundo de origen humilde. Coinciden estudiando en la Escuela de Agronomía de París donde se hacen amigos. Más adelante se separarán por desavenencias de los métodos para lograr un objetivo común: salvar la tierra.
  Arthur se va al campo junto con su compañera Anne para rehabilitar una granja de su abuelo. Quiere recuperar el suelo por medios regenerativos, sin ayuda de productos químicos o de máquinas. Por su parte Kevin se convierte en empresario gracias a un método de compostaje a gran escala en el que intervienen las lombrices y la tecnología.
  En la novela se alternan los capítulos que siguen a Arthur y a Kevin, así el autor nos da una visión diferente de las maneras de enfrentarse a las agresiones que hacemos al planeta. Se puede hacer una lectura ecológico política y también filosófica. El autor cuela disquisiciones filosóficas, pero no hay problema, son de esa filosofía de andar por casa en zapatillas. No pretende descifrarnos la Crítica de la razón pura de Kant.
  Los intentos por recuperar los terrenos de su abuelo fracasan uno tras otro. La desesperación le lleva a ir radicalizándose hasta llegar a convertirse en un «apóstol» de las soluciones más virulentas.
  Kevin, sin embargo, es más realista y en principio está dispuesto a apoyarse en el sector tecnológico y a tener socios capitalistas. No renuncia a los beneficios económicos.
  La novela en principio puede parecer un alegato a favor de los ecologistas, pero según avanzamos en su lectura los personajes toman decisiones que a mí me parecieron absurdas y alocadas, por lo que, sobre todo con el final, Humus se convierte en un discurso antiecologistas ya que ambos protagonistas acaban siendo ecoanarquistas violentos. Es una posible interpretación, hay más, seguro.
  La verdad es que me desconcertó el libro. Fue degenerando hacia un esperpento alocado que me pareció sobrecargado. El autor no propone soluciones, no da recetas. Imagino que quiere que los lectores nos planteemos los temas medio ambientales y que la novela sirva de acicate. Pues conmigo no lo consiguió. Puede parecer irónico, incluso humorístico o directamente absurdo, en mi caso no logró ni lo uno, ni lo otro, ni lo de más allá. Seguro que es mi problema, no di la talla. Culpa mía. Ya saben, cada lector es un mundo. Ustedes léanlo y así tendrán su opinión.
  Por cierto, los personajes femeninos no salen bien parados, todo lo contrario. Son mujeres interesadas, nada fiables y tramposas. No, no quedan nada bien.
  Me asaltaron las dudas acerca de mi interpretación de Humus así que busqué quien es Gaspard Koenig. El autor es filósofo y ensayista. Cuando Christine Lagarde fue ministra de Economía de Sarkozy escribía sus discursos. Creó un grupo de elaboración de ideas llamado Generación Libre. Trabajó en el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo e incluso quiso presentarse a las elecciones en 2022, pero no logró los apoyos necesarios. He visto que se define como liberal. Eso explica muchas cosas.
  El final es un absurdo apoteósico. Un desmadre que si pretendía destacar los peligros de la radicalización ideológica, que puedo entender, no me gustó nada.
  La novela fue muy bien recibida en Francia y alaban su humor, que no vi. Lo dicho, seguramente no estuve a la altura de la novela y me sobrepasó. En fin.
  No me hagan caso, búsquenla en su biblioteca pública y sí les apetece, léanla.

 

 

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