3 mar 2026

Lectura beligerante

 


  Selecciono mis lecturas en las librerías, medios de comunicación y, como no, en la biblioteca pública de Tineo. En esta ocasión no ha sido así. Tomé la decisión no por el autor, si no en contra de otro escritor. Me podrán tachar de lo que les apetezca, pero en este caso lo considero justificado.
  Imagino que la mayoría de ustedes se enteraron de la controversia surgida tras la negativa de David Uclés de participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil Española tituladas «1936: La guerra que todos perdimos» organizadas por el escritor Arturo Pérez-Reverte en la Fundacción Cajasol de Sevilla. Uclés se negó a compatir mesa con José María Aznar y el exdirigente de Vox Iván Espinosa de los Monteros. Su negativa, que publicitó, sentó muy mal a Pérez-Reverte y supuso que otros invitados secundasen su postura. Los medios de comunicación y redes sociales se hicieron eco de la noticia y se levantó una gran polvareda. Ante el desplante Pérez-Reverte puso a Uclés de vuelta y media, llegando a decir que era «sectario» e «ignorante» y otras lindezas por el estilo. Tuve la sensación de que quería descreditarlo en todos los ámbitos, incluidos el literario. No me gustó nada. Pérez-Reverte va de equidistante cuando no lo es, en absoluto. Es  engreido y prepotente, a sus escritos y dichos me remito. Esto me llevó a leer, y comprar, la última novela de Uclés, titulada La ciudad de las luces muertas.
  Hace unas semanas les di mi opinión, nunca son críticas literarias, sobre su anterior novela: La península de las casas vacías. No me entusiasmó. Me sorprende que para esa novela empleara un montón de años, creo recordar que unos quince, y ahora publique esta, aunque parece que tardó cinco años. Es un hombre polifacético. Escribe canciones, canta… Con  La ciudad de las luces muertas recibió el premio Nadal de este año.
  Nuevamente recurre al realismo mágico, parece encaminado a instalarse en él. Bueno, realmente quien sabe que sendas tomará, probablemente ni él lo sabe.
  La novela se sitúa en la Barcelona de posguerra, durante veinticuatro horas de un día. La luz se va y la ciudad queda en la oscuridad total. En la búsqueda nuevamente de la luz se inicia una estela literaria en la que aparecen varias decenas de escritores, incluso Picasso y Dalí tienen su hueco. Por la novela desfilan Ana María Matute, Vargas Llosa, Terenci Moix, Antonio Machado… pero también personas vivas como Eduardo Mendoza o Rosalía. Todos ellos han formado parte de la vida cultural de Barcelona, ciudad que en algunos momentos llegó a ser uno de los focos culturales y literarios más importantes, y no solo de España. Parece que el autor quiso realizarles un homenaje, a ellos y a la ciudad. No es de extrañar, el escritor vivió en Barcelona con la ayuda de la beca Montserrat Roig con el fin de investigar el legado artístico de la ciudad. El resultado parece ser esta novela.
  Los personajes-personas van apareciendo, en los diversos capítulos, juntos en grupos de dos, tres o cuatro o más, aunque no hubieran coincidido en el tiempo. No hay un nexo que los una. No hay una trama que amalgame a los personajes, es más, la mayoría podrían leerse de forma independiente sin problema alguno.
  Realismo mágico y surrealismo se dan la mano.
  David Uclés es joven, 36 años, y parece que va embalado. Comprendo que tiene que aprovechar la ola, pero… ¡Qué sabré yo! Tengo la sensación de que su obra, de momento, tiene poco del autor y mucho de otros. Creo que anda a la búsqueda de una identidad que todavía no encontró.
  La verdad es que no me motivó. Le di la oportunidad, que no suelo hacerlo, y lo leí enterito. Ni fu ni fa. Su realismo mágico me parece forzado, sí, tal vez más surrealista que otra cosa. No me hagan caso y leánlo.
  Estoy casi seguro que Pérez-Reverte no consiguió lo que pretendía.

 


 

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