Selecciono mis lecturas en las librerías,
medios de comunicación y, como no, en la biblioteca pública de Tineo. En esta
ocasión no ha sido así. Tomé la decisión no por el autor, si no en contra de
otro escritor. Me podrán tachar de lo que les apetezca, pero en este caso lo
considero justificado.
Imagino que la mayoría de ustedes se
enteraron de la controversia surgida tras la negativa de David Uclés de
participar en unas jornadas sobre la Guerra Civil Española tituladas «1936: La
guerra que todos perdimos» organizadas por el escritor Arturo Pérez-Reverte en
la Fundacción Cajasol de Sevilla. Uclés se negó a compatir mesa con José María
Aznar y el exdirigente de Vox Iván Espinosa de los Monteros. Su negativa, que
publicitó, sentó muy mal a Pérez-Reverte y supuso que otros invitados
secundasen su postura. Los medios de comunicación y redes sociales se hicieron
eco de la noticia y se levantó una gran polvareda. Ante el desplante
Pérez-Reverte puso a Uclés de vuelta y media, llegando a decir que era
«sectario» e «ignorante» y otras lindezas por el estilo. Tuve la sensación de
que quería descreditarlo en todos los ámbitos, incluidos el literario. No me
gustó nada. Pérez-Reverte va de equidistante cuando no lo es, en absoluto.
Es engreido y prepotente, a sus escritos
y dichos me remito. Esto me llevó a leer, y comprar, la última novela de Uclés,
titulada La ciudad de las luces muertas.
Hace unas semanas les di mi opinión, nunca
son críticas literarias, sobre su anterior novela: La península de las casas
vacías. No me entusiasmó. Me sorprende que para esa novela empleara un
montón de años, creo recordar que unos quince, y ahora publique esta, aunque
parece que tardó cinco años. Es un hombre polifacético. Escribe canciones,
canta… Con La ciudad de las luces
muertas recibió el premio Nadal de este año.
Nuevamente recurre al realismo mágico, parece
encaminado a instalarse en él. Bueno, realmente quien sabe que sendas tomará,
probablemente ni él lo sabe.
La novela se sitúa en la Barcelona de
posguerra, durante veinticuatro horas de un día. La luz se va y la ciudad queda
en la oscuridad total. En la búsqueda nuevamente de la luz se inicia una estela
literaria en la que aparecen varias decenas de escritores, incluso Picasso y
Dalí tienen su hueco. Por la novela desfilan Ana María Matute, Vargas Llosa,
Terenci Moix, Antonio Machado… pero también personas vivas como Eduardo Mendoza
o Rosalía. Todos ellos han formado parte de la vida cultural de Barcelona, ciudad
que en algunos momentos llegó a ser uno de los focos culturales y literarios
más importantes, y no solo de España. Parece que el autor quiso realizarles un
homenaje, a ellos y a la ciudad. No es de extrañar, el escritor vivió en
Barcelona con la ayuda de la beca Montserrat Roig con el fin de investigar el
legado artístico de la ciudad. El resultado parece ser esta novela.
Los personajes-personas van apareciendo, en
los diversos capítulos, juntos en grupos de dos, tres o cuatro o más, aunque no
hubieran coincidido en el tiempo. No hay un nexo que los una. No hay una trama
que amalgame a los personajes, es más, la mayoría podrían leerse de forma
independiente sin problema alguno.
Realismo mágico y surrealismo se dan la mano.
David Uclés es joven, 36 años, y parece que
va embalado. Comprendo que tiene que aprovechar la ola, pero… ¡Qué sabré yo!
Tengo la sensación de que su obra, de momento, tiene poco del autor y mucho de
otros. Creo que anda a la búsqueda de una identidad que todavía no encontró.
La verdad es que no me motivó. Le di la
oportunidad, que no suelo hacerlo, y lo leí enterito. Ni fu ni fa. Su realismo
mágico me parece forzado, sí, tal vez más surrealista que otra cosa. No me
hagan caso y leánlo.
Estoy casi seguro que Pérez-Reverte no
consiguió lo que pretendía.
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