Trump amenaza la paz mundial. No es una
exageración. Habrá quienes afirmen, al calor del secuestro de Maduro, que hizo
lo necesario para derrocar a un dictador. Vale, lo dejo para más adelante.
Donald Trump anhelaba el premio Nobel de la
Paz con rabieta infantil, no fue y espero que no sea, aunque visto el papelón
del presidente de la FIFA (Fédération Internationale de Football Association),
Gianni Infantino, que creo un Premio de la Paz de la FIFA ex profeso para él
puede pasar cualquier cosa. No sé porqué me extraño, se lo dieron a María
Corina Machado, de extrema derecha que no veía con malos ojos la invasión de
EEUU de Venezuela. Pues ya lo consiguió. ¿Qué méritos tiene para aspirar al
Nobel de la Paz? Veamos.
En este primer año de mandato mandó
bombardear, en marzo, a los rebeldes hutíes en Yemen. En junio atacaron
instalaciones nucleares iraníes. En septiembre atacaron a 34 botes en aguas
internacionales que se suponía que iban cargadas con drogas. En noviembre Trump
ordenó ataques aéreos contra terroristas de ISIS en Somalia. En diciembre
realizaron bombardeos en Siria y en Nigeria, este último lo justificó acusando
a IS (Estado Islámico) de perseguir y asesinar a cristianos.
Desde su llegada a la presidencia estuvo
apoyando a Putin en la invasión de Ucrania. Aparentemente se está alejando de
un Putin que les está toreando. No es extraño, los negociadores estadounidenses
en este y otros conflictos, oriente próximo especialmente, son Steven Witkoff,
empresario inmobiliario, amigo y compañero de gol de Donald Trump. El otro
negociador es Jared Kushner, su yerno. Está todo dicho.
Trump entiende la política como un negocio
personal, de sus amiguetes y de quienes le apoyan hasta que dejan de hacerlo.
Ah, no puedo pasar de largo por las
implicaciones de Trump en el caso Esptein. Por mucho que tachen en los informes
no lograrán borrar de la cabeza de los ciudadanos al presidente estadounidense
con chicas muy jóvenes.
El primer mandato de Donald Trump fue
bastante agresivo, pero nada comparado con sus políticas de ahora. Tras perder
las elecciones presidenciales con Baiden alentó el asalto al Congreso
estadounidense el 6 de enero de 2021 y se fue de rositas. Las causas contra
Trump se fueron amontonando en los juzgados. Fue declarado culpable de 34
cargos de falsificación de registros comerciales. Fue acusado de pagar a una
actriz porno para silenciar sus relaciones. Su abogado personal, Michael Cohen,
pagó a Stormy Daniels, la actriz porno, 130 000 dólares. La lista sigue.
Acusado por un jurado investigador federal en Miami por tener documentos
clasificados de defensa nacional que no quería devolver. Se le acusó de
conspirar para anular las elecciones de 2020 que perdió contra Biden. Tiene más
por ahí. A millones de estadounidenses no les importó y lo alzaron a la
presidencia. Llegó resabiado y con ganas de pasar facturas.
A grandes rasgos, estas son las «virtudes» de
Donald Trump para gobernar EEUU.
Y llegó el turno a Venezuela. Muchos creíamos
que se iba a producir algún tipo de actuación contra el gobierno de Maduro, así
que tampoco es una gran novedad. Por cierto, les aclaro que para mí Maduro es
un dictador y que en las últimas elecciones hubo pucherazo. Dicho esto, el
ataque a instalaciones militares venezolanas y el secuestro de Maduro es una
agresión injustificable. Trump despreció, una vez más, el derecho internacional
así como las leyes de su país. La injerencia estadounidense es inaceptable
desde cualquier punto de vista legal y democrático. A esos efectos no importa
que Maduro fuese un dictador, Estados Unidos no puede violentar de forma
unilateral ni a Venezuela ni a ningún país del mundo. Sí, ya sé que no es la
primera vez, pero en esta ocasión las formas y las explicaciones del presidente
estadounidense resultan más groseras, burdas y repulsivas.
Escuchar las explicaciones y justificaciones
que dio para el ataque a Venezuela fue un acto de soberbia, egocentrismo y
desprecio a la inteligencia. Él mismo dejo claro que su interés es por el
petróleo no por la democracia, de la que no habló en un solo momento. No se
cortó al dejar de lado a Corina Machado y, de momento, dejar a la que hasta
ahora era la vicepresindenta venezolana Delcy Rodríguez. No, no era por el
narcotráfico. No, no era por la democracia. Era por el petróleo así como el
oro, la bauxita y otros minerales.
Trump sacó pecho diciendo que había sido una
operación militar impresionante, nunca vista, pues me parece que al cocer
menguó. Por lo que se va sabiendo contaron con ayuda interior. No hubo defensa
antiaérea, no hubo nada de nada, situación impensable si no estuviese pactado.
Que además se quede al frente del gobierno venezolano, de momento, la
vicepresidenta de Maduro, es muy clarificador.
Trump, menos lobos caperucito.
Venezuela va a ser gestionada desde
Washington con un gobierno marioneta, eso dice Trump. Pues no va a ser así. En
todo caso serán los directivos de las grandes empresas petroleras quienes
gestionarán el país desde la sombra. Trump pone al ejército para que nadie se
mueva.
El precedente es terrorífico. No ha sido la
primera vez que USA interfiere en los asuntos del continente americano, Chile,
Panamá, Argentina, Granada… en esta ocasión Trump desempolvó la Doctrina Monroe
y lo que eso supone. La Doctrina Monroe, denominada así por el Presidente
estadounidense James Monroe, de 1823, dice que los Estados Unidos garantizan la
independencia no solo de su país, si no de todo el continente americano. Hay
que ponerla en el contexto de los avances de la descolonización. Desde luego
tenía trampa. No se trataba de proteger al resto de los embrionarios estados
americanos, si no de protegerse a sí mismo y ejercer como policía en la zona.
Ya estaban dejando claras sus aspiraciones de dominación. Más adelante el
presidente Roosevelt ampliará esa Doctrina Monroe con un corolario, denominado
corolario Roosevelt, en el que se manifiesta que Estados Unidos tiene prioridad
o primacía sobre los demás. Trump, faltaría más, también lanzó al mundo su
corolario, el Corolario Trump. No tuvo empacho en decir que desde que accedió
al cargo de presidente ha llevado adelante una política agresiva y aboga por la
paz mediante la fuerza. La prioridad es Estados Unidos. Las medidas económicas
mediante aranceles van en ese sentido, como también lo hace la lucha contra el
tráfico de drogas, aunque sea por medios ilegales y sin demostrar nada, como
está sucediendo.
No hay que olvidar que en el origen de
Estados Unidos tuvieron un papel muy relevante las sectas religiosas, que hoy
mantienen un gran poder y son uno de los pilares sobre los que se apoya Trump.
De ahí surgen ideas tan peligrosas como la «Doctrina del destino manifiesto»
que sirve de base ideológica, que no jurídica, para justificar las injerencias
estadounidenses por todo el mundo, especialmente en lo que denominan «el patio
trasero de EEUU» que no es otro que América Latina.
Trump ha puesto encima de la mesa estas
«doctrinas» de forma descarada, lo cual no quiere decir que los anteriores
presidentes, republicanos y demócratas, las hubieran olvidado. En septiembre de
2002, el gobierno de Estados Unidos hizo pública su Estrategia de Seguridad
Nacional (ESN), también denominada «Doctrina de Bush». Esa estrategia sirvió
para realizar ataques preventivos para neutralizar las supuestas amenazas a la
seguridad de Estados Unidos. Desde luego tiene su vertiente económica y a todo
eso se le rodeo de ideas más digeribles como expandir la democracia, el libre
mercado, la lucha contra la corrupción y defender los derechos humanos.
Hasta no hace mucho considerábamos que EEUU
era el guardián del mundo, hoy parece más un peligro que otra cosa.
Donald Trump dejó atrás las promesas y lanzó
a su ejército a la acción. El ataque a Venezuela, con el secuestro de su
presidente, Nicolás Maduro y su mujer, fue un golpe de Estado en toda regla. Le
importó un comino la legislación internacional y la de su propio país. Se veía
venir, los ataques a las lanchas de supuestos narcotraficantes así como la
presencia del mayor portaviones de USA en aguas cercanas a Venezuela no
auguraban nada bueno, pero al final nos sorprendió a todos.
La oposición venezolana, los partidos de
derechas y extrema derecha del mundo, o casi, aplaudieron la caída del
dictador, que no fue tal caída si no un secuestro. Todos se las daban muy
felices, pero habló Trump y quedó claro, lo repitió un montón de veces, que lo
importante era y es el petróleo, eso de la democracia y elecciones ya veremos
para cuando.
Trump realizó un discurso triunfalista, un
auto panegírico insufrible que descolocó a quienes le habían apoyado en el
primer momento, como es el caso del Partido Popular español. Feijóo, Ayuso y
demás hooligans hicieron, una vez más, un ridículo estrepitoso. No fueron los
únicos, votantes y militantes del PP apoyaron la injerencia estadounidense sin
pensar en sus consecuencias. Hasta los venezolanos emigrados a España y que
viven en Madrid mostraron su alegría al grito de «Pedro Sánchez hijo puta». Sin
comentarios. Curiosamente, Marine Le Pen se mostró en contra de la decisión de
Trump de forma clara. Curioso. Las extremas derechas españolas andan siempre
fuera de juego.
A todas estas, la Unión Europea se calla de
forma vergonzosa. No pinta nada en el escenario mundial, a su frente, al igual
que en la OTAN, hay unos peleles timoratos que solo saben arrodillarse ante ese
ser repulsivo y perverso que es Trump.
Vistos los resultados de su ataque a
Venezuela ahora se lanza por Groenlandia y la UE callada. Inicialmente hablan
de comprar Groenlandia, pero y ¿si la ocupan militarmente?, ya tienen una base
allí, ¿qué hará la OTAN y la UE? ¿Después atacará Colombia, Canadá…?
Todo indica que se está produciendo una
reestructuración de los equilibrios mundiales. Trump parece que está dispuesto
a repartirse el mundo con Rusia y China, el resto de los países meras comparsas
y suministradores de bienes y dependientes de esos países-imperios.
Me cuesta mucho trabajo comprender a quienes
aplauden la barbaridades de Trump. Es un matón ignorante, sin vergüenza ni
pudor al que los más obtusos aplauden sus salidas de tono y malas formas.
No tengo dudas de que Donald Trump amenaza la
paz del mundo. Veremos si los estadounidenses son capaces de pararlo en las
urnas.
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