21 feb. 2012

Discursos para el miedo




Comentario para el programa Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (21/02/2012)


Los temores, los miedos, han acompañado al ser humano desde sus orígenes.  El miedo a los fenómenos naturales, a otros animales, al hambre y como no, a la muerte han llenado nuestra historia. Para sobreponernos a todas esas vicisitudes hemos creado a los dioses y con ellos la existencia ha sido más llevadera para millones de personas.
Muchos miedos nos son inherentes, otros son sobrevenidos y nos vienen impuestos.

El poder, de cualquier época, ha utilizado el miedo como arma de control de esclavos, siervos, súbditos o ciudadanos y casi siempre ese miedo terrenal se ha acompañado del celestial.
La globalización de la información ha puesto en manos de los poderes económicos, políticos y religiosos unos medios de transmisión del pánico impensables no hace mucho tiempo.
Solo con escuchar los informativos televisivos, de cualquier cadena, podemos comprobar esto que les digo. Todo son noticias de peligros: economías en quiebra, amenazas terroristas, locos matando  a diestro y siniestro, etc. etc.

Nos están metiendo el miedo en el cuerpo permanentemente. Los políticos nos intimidan con medidas draconianas que aceptamos de buen grado o si no el caos. Los empresarios augurando más despidos en caso que no nos apretemos aún más el cinturón. Los curas condenándonos al infierno por disfrutar con el sexo, hetero u homo, y ya no les cuento si hablamos del aborto o la eutanasia. Miedo, miedo.

Cuando salimos a la calle miramos desconfiados a un lado y otro. Peligros indefinidos nos acechan, puede ser un delincuente, un terrorista, o vayan ustedes a saber.  El caso es que los gobiernos, los bancos y hasta los aparcamientos de coches están atiborrados de cámaras de videovigilancia. Todos somos delincuentes en potencia.

El miedo nos está llevando a creer que los que piensan diferente, los que tienen un color de piel distinta a la nuestra, son los causantes de nuestros males. El miedo y el odio se dan la mano, y a ello contribuyen demasiado los políticos. Solo hay que recordar declaraciones de Alicia Sánchez, presidenta del PP en Cataluña, sobre los inmigrantes o las de uno de mis diputados favoritos, Durán i Lleida, sobre el mismo tema o sobre los gays o los andaluces.
El señor Mayor Oreja tampoco se queda corto en eso de asustar. Hablando de ETA nos dice que estamos en el “preludio de un desafío brutal” ¿A esto cómo se le llama? Vamos, no se si pretende meternos un poco de canguelo, ahora que acojonarnos sí que quiere.
Cuando oímos a Botín explicar las reformas que necesita el país ¿asusta o no?  Él, desde luego, no quiere que se le menten las que necesitan los bancos. A otro que da alegría escuchar es a Arturo Fernández, vicepresidente de la CEOE, al hablar de contratar y descontratar, de rigidez y flexibilidad.

Esto solo por referirme al hogar patrio, si nos vamos a las Américas, bueno a la única que hay, Estados Unidos de América eso ya son palabras mayores. Eso sí que es acojonar al personal.

No debemos consentir que estos profetas del miedo nos inoculen sus angustias y terrores. El miedo cuando nos atenaza nos impide ver con claridad, pensar, y eso es lo que quieren. No lo consintamos. Pensemos por nosotros mismos y digámosles a esos terroristas de la mente que no lo van a conseguir. Vivir con miedo no es vivir.

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Discursos para el miedo por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

1 comentario:

  1. Yo llevo diciendo esto mismo desde hace tiempo,es decir, que entre los políticos y los medios de comunicación nos meten miedo. Todo son mensajes negativos, noticias desastrosas y todo para adormecer al pueblo, para que estemos tan atenazados que cualquier cosa que nos digan lo aceptemos sin rechistar. Es una comedura de coco brutal para que no digamos nada y sigamos sus directrices agachando la cabeza.Todo el mundo teme perder su empleo, todo el mundo tiene miedo de atques terroristas de cualquier índole.Lo cierto es que asi no se puede vivir.

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