16 abr 2026

La autovía de La Espina a Tineo, qué tiene su historia, primera promesa electoral.

 

 

    

Los políticos ya vislumbran las elecciones autonómicas y municipales. Se desperezan de su letargo. Ensayan sonrisas, saludos, caricias a niños, e incluso sacan a pasear a su familia y desempolvan promesas no cumplidas o se inventan proyectos que nadie pidió o que no sirven para nada. De todo hay.

  Hace unos días, el consejero de Movilidad, Alejando Calvo, anunció que el Gobierno de Asturias ejecutará el tramo de autovía entre La Espina (Salas) y Tineo. Calvo fue muy categórico, «se hará sí o sí». No fue menos rotundo al mencionar los plazos. El proyecto se redactará en 2027 y el inició de las obras en 2028.

  Les recuerdo que en mayo, probablemente, tengamos elecciones autonómicas y municipales. Una pregunta: ¿Y sí hay cambio de gobierno en Asturias? Tal vez estaría bien que todos los partidos con representación parlamentaria en la Junta se comprometieran a ejecutar la obra.

  Dicho queda.

  La idea de esta infraestructura no es nada nuevo, tiene su historia. Se la cuento.

  Siendo presidente de Asturias Sergio Marqués y consejero de Fomento Juan José Tielve, se realizó un proyecto para la carretera entre El Crucero (Tineo) y La Espina (Salas). Estamos hablando de 1999. La obra tenía un presupuesto de 900 millones de pesetas, equivalentes a unos 5 409 108 euros. Todo parecía muy bonito, pero… los vecinos de El Pedregal, La Millariega y La Pereda se opusieron a la obra. Alegaban que la carretera partiría las fincas, las destrozaría al tiempo que dificultaría su trabajo. Entre esos tres pueblos, afirmaron los vecinos, tenían unas 3 000 cabezas de ganado. Reclamaban que se hiciese por el terreno público situado en la ladera, alejado de las tierras de labor y los pueblos.

  Esos vecinos no estaban nada contentos con el alcalde, en aquellos momentos Roberto Fernández, por no apoyarlos de forma expresa y aun menos con Sergio Marqués y Tielve que ni siquiera los recibieron.

  Los vecinos de esos tres pueblos afectados crearon una asociación, denominada Asociación de Afectados por el Trazado de la vía El Crucero-La Espina, integrada por unas treinta personas.

  Los cambios de gobierno en las elecciones celebradas el 13 de junio de 1999 conllevaron que los nuevos cargos públicos se mostrasen proclives a las demandas vecinales.

  El día 21 de julio de 1999, el alcalde de Tineo, Jesús Rodríguez, junto a concejales y vecinos impidieron el comienzo de las obras de la carretera. Un día antes, el 20 de julio, hubo un Pleno Municipal en el Ayuntamiento de Tineo en el que se aprobó por unanimidad solicitar a la consejería la paralización de las obras. Tenían representación municipal PP, PSOE, URAS y PAS.

  La corporación municipal y algunos vecinos tuvieron que ir a declarar al juzgado por haber cortado la carretera.

  El nuevo consejero de Infraestructuras, Juan Ramón García Secades, paralizó las obras. Se comprometió, en enero de 2000, a iniciar las obras de mejora de esa carretera en junio con un presupuesto de 434 millones de pesetas, 2 404 048 euros. Secades afirmó que iba a incluir ese tramo  en el Plan de Carreteras del Principado, un plan a diez años vista con un trazado que iría ceñido a la falda de la montaña y que tendría las características de una vía rápida.

  Vaya, la iniciativa del consejero Alejandro Calvo no parece tan novedosa, aunque él eleva el órdago y de vía rápida nada, una autovía.

  Todo parecía marchar bien, pues no. En mayo de 2000 anuncian que el inicio de las obras será en septiembre. Según informó Claudio Álvarez Rodríguez, director General de Carreteras, la intervención sería mínima retocando ligeramente las curvas y el firme tendría dos capas.

  Nunca  llueve a gusto de todos. El Partido Popular tildó de ridículo el presupuesto de 434 millones de pesetas y presentó en el Ayuntamiento de Tineo una moción pidiendo que el tramo La Espina a Tineo se prolongase hasta Galicia y fuese la primera calzada de una autovía. Petición rechazada por Unidad Campesina y PSOE.

  Ven, el PP se vio en la obligación de subir aun más la apuesta. Por prometer que no falte.

  Al final la obra se hizo.

  Pasados los años, desgraciadamente en esa carretera hubo accidentes de coches, incluso con fallecidos. Los vecinos de esos pueblos se han quejado de la peligrosidad de la carretera y han demandado soluciones.

  Llega en un momento en que los ciudadanos vemos estas iniciativas como propaganda política, es inevitable. En las anteriores elecciones autonómicas el PSOE tuvo unos resultados poco satisfactorios en el occidente, con las del próximo año deben de estar preocupados, no me extraña. El número uno por la circunscripción occidental no estuvo a la altura y a la vista de como le van las cosas en esta legislatura, el resultado, de volver a presentarlo, no parece que vaya a ser mejor.

  Imagino que el consejero de Movilidad conocía esta pequeña historia. Esperemos que en esta ocasión se ejecute una obra a la que no se opongan los vecinos y, sobre todo, que cumpla su función de mejora de las comunicaciones en esta tierra tan necesitada de ellas.

  En el suroccidente de Asturias estamos acostumbrados a los incumplimientos. Hemos escuchado tantas promesas que se quedaron en nada que ahora no nos creemos ninguna.

  Al repasar la hemeroteca de La Nueva España me entró una enorme tristeza. Hace ventiséis años ya se hablaba, por ejemplo, de la autovía Oviedo-La Espina, en este caso es para llorar y no parar. Incluso la idea de la Ciudad del Motor para Tineo iniciaba su andadura hacia la nada. Perdida de población y falta de empleos eran noticia periodística. ¿De que seguimos hablando hoy? De lo mismo, del envejecimiento y perdida de población, de la falta de empleos, agravado por el cierre de las minas y la térmica de Soto de la Barca.

  El suroccidente está quedando reducido a un territorio muy apetecible para explotar sus recursos naturales para generar energía eléctrica sin apenas crear puestos de trabajo. No avanzamos.

  Las carreteras están muy bien, son imprescindibles, pero mejor aun es la creación de puestos de trabajo estable.

  Señor consejero, no la cague.