16 mar 2026

Batiburrillo mental

 

  No sé si llamarlo batiburrillo o caos mental a lo que tengo y padezco. Incluso no sé sí achacarlo a la edad. De todo puede haber un poco o un mucho. Entiendo este mundo, lo que se puede, pero no acabo de comprenderlo.
  Ven, mucha incomprensión y cacao mental.
  El mundo lo han puesto patas arriba unos pocos. Trump es el máximo exponente público, pero son muchos los que le acompañan en la locura que solo tiene un objetivo: el dinero. Han decidido ganar aún mucho más por la vía más rápida y violenta. Es la ley del más fuerte, amigo. Y a ese carro se han sumado muchos, demasiados, que se consideran ecuánimes y buenas personas. Han aceptado la violencia, también la verbal, como herramienta para alcanzar unos fines que consideran lícitos y justificados.
  Ante esto la cabeza me explota. Justifican, o no le dan mayor importancia, a la guerra desatada por Rusia en Ucrania. El genocidio israelí en Gaza se defiende por la presencia entre los palestinos del Hamas. Olvidan que el grupo terrorista fue financiado con el consentimiento del gobierno de Netanyahu. Las amenazas de ocupación de Groenlandia se lo tomaron como una bravuconada más de Trump, tanto que la mayoría de los países de la UE se pusieron de lado. EEUU secuestró al dictador venezolano Maduro y prácticamente los dirigentes mundiales callaron. El presidente estadounidense amenazó a Canadá y México y se lo tomaron como otra broma estúpida de ese lunático demente. Cuba siempre está en la mira de ese tipo que preside el país más poderoso del mundo, por su armamento no por otra cosa, y da igual. Nadie dice nada. La última, la más sonada y peligrosa hasta ahora, ha sido el ataque a Irán. Quitando a Sánchez el resto de los dirigentes de la UE se han callado. No importa que Trump dijera hace un año que habían acabado con la industria nuclear iraní o que se sumó al ataque ya que Israel iba a atacar. La cosa no acabó ahí, Israel bombardea en el Líbano con la disculpa de que allí tiene su sede los terroristas de Hezbolá. Ya hablan de ocupación terrestre.
  Las consecuencias de la guerra en Irán están repercutiendo en la estabilidad mundial. Miren si la cosa está mal que Ursula von der Leyen, la Presidenta de la Comisión Europea, dijo que nos olvidemos de lo que conocíamos hasta ahora, refiriéndose al derecho internacional y las negociaciones para solventar problemas, de eso nada, ahora el que los tenga más grandes es el que manda. Oigan, me refiero a los misiles, aunque no solo. Pues a esta buena señora no le leyeron la cartilla en condiciones. Peor es lo del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte. Este hombre es un bufón que ríe las gracias al matón de Trump. En eso de reírle las gracias al yanqui también estuvo el canciller alemán, Friedrich Merz, mientras se metía con Pedro Sánchez.
  La actitud de esos dirigentes ha dejado mucho que desear, y no es que se postrarán ante el «naranjito», que también, es que han dejado en muy mal lugar a la UE, a Europa y el papel que se suponía que representaba de moderación, concordia y apuesta decidida por la paz.
  Estas cosas alteran mis neuronas y me encienden.
  Mirando al panorama nacional la cosa no mejora. Abascal, Feijóo, Ayuso y Aznar forman un cuarteto que se apuntan a todos los bombardeos, nunca mejor dicho, de los de Estados Unidos, desde luego, sin hacerle ascos a los de Israel. Todo sea por defender la cultura judeo-cristiana, que dicen ellos. Pues vaya cultura de mierda que se basa en la aniquilación de otros seres humanos.
  Seamos sinceros, lo que más les importa es la pasta que les dan los grupos de presión israelís.
  Volvemos a recordar aquel «No a la guerra» de 2003 en la guerra en Irak. Para muchos españoles la imagen del «Trío de las Azores», Tony Blair, George Bush y José María Aznar, los dos últimos con los pies subidos a una mesa, son inolvidables. El belicoso Aznar sigue sin pedir perdón y nuevamente quiere que España se involucre en otra guerra inventada por Trump para mayor gloria, y sobre todo dólares, de USA.
  No me digan que no es para que las neuronas se vuelvan locas.
  Vale, son dirigentes políticos españoles y mundiales, pero ¿y los ciudadanos de este país?. Pues hay que joderse con una parte de ellos. Quieren que España se alíe con Estados Unidos e Israel en una guerra no declarada y que a todas luces beneficia a esos dos países. Esos españolitos tan aguerridos se han olvidado de los atentados de Atocha del 11 de marzo de 2004.
  Esto me produce una desazón de la que no me libro. ¿Cómo puede haber ciudadanos españoles que prefieran una guerra, de efectos todavía inimaginables, qué no sabemos cuánto va a durar y, sobre todo, cuántos muertos va a costar?. Esos españoles belicosos optan por la muerte antes qué por las negociaciones y el respeto a las leyes internacionales. Se han olvidado de dos guerras mundiales con millones de muertos. Las guerras nunca solucionan nada. Pueden esconder los problemas un tiempo, pero acaban saliendo a la luz. No, los muertos no se olvidan. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que los palestinos supervivientes de las masacres israelís van a olvidar ese genocidio?. Hezbolá no desaparecerá.
  En España se vivió una Guerra Civil y durante muchos años asistimos a la barbarie y asesinatos de ETA. ¿Ya se nos olvidó el sufrimiento por tantas muertes de compatriotas? Parece que si.
  Un querido amigo me comentaba, creo que acertadamente, que los recuerdos permanecen durante tres o cuatro generaciones como mucho, luego esa memoria reciente se difumina. Valga de ejemplo como entre los más jóvenes la figura de Franco es vista con cierta benevolencia, o mucha en demasiados casos. El revisionismo histórico está calando en esa cuarta generación a la que le queda muy lejos, que ni siquiera han estudiado en los libros de Historia o han oído hablar de el dictador Francisco Franco.
  A poco que se piense en ello cualquier persona con un mínimo de sensatez, de sentido democrático y conocimiento histórico, no puede apoyar por activa o pasiva las justificaciones del fascismo, pues de eso estamos hablando.
  Me preocupa mucho la deriva que están tomando muchos ciudadanos españoles y su apoyo a las extremas derechas ya que con ello están dividiendo la sociedad y haciendo tambalear los principios democráticos. Eso es muy serio.
  Esta severa inquietud me hace más beligerante hacia los que atentan contra la democracia, pero siempre desde la democracia para la democracia. La pasividad nos conduce a ese mundo oscuro, tenebroso, en el que nos quieren volver a meter. Mi cabeza será un caos, andará liada por esos batiburrillos, pero no pierdo el norte, ese norte está en la democracia, el respeto a las leyes, y sobre todo en la vida.