11 may 2026

El oro dejó de ser importante para España, Solbes dixit

 

  El oro ha sido muy relevante en la historia de la humanidad. Ha sido, sigue siendo, un símbolo de poder y riqueza, asociado también a la divinidad. El dorado en el cristianismo simboliza la gloria de Dios, la eternidad. Así el dorado se utiliza en vestimentas y ornamentos para solemnizar festividades importantes como la Navidad o la Pascua. A su vez, el dorado representa la pureza y lo duradero, y es en este sentido en el que se usan los anillos en el matrimonio.

  El oro fue el refugio frente a los vaivenes de las monedas de los diferentes países, así se creó para garantizar su solvencia el patrón oro. Consistía, el patrón oro, en establecer el valor de la moneda de un país en relación a la cantidad de oro que este poseía. Así era, ya no lo es. En 1944 se aprobaron los Acuerdos de Bretton Woods – su nombre proviene de la localidad en donde se celebraron las reuniones, Bretton Woods, en Nuevo Hampshire, Estados Unidos – en los que se establecieron las políticas económicas mundiales que estuvieron vigentes hasta 1971. En aquellos acuerdos se decidió la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, utilizando el dólar estadounidense como moneda de referencia internacional. Ambas organizaciones empezaron a funcionar en 1946.

  Desde la década de los 70 del siglo pasado el valor del dinero no está vinculado a una cantidad física de oro, sino a la confianza en el banco central que lo emite, la política económica, la inflación y el mercado. Esto puede suponer, en los casos extremos, que una emisión excesiva de dinero en circulación puede conducir a la hiperinflación y a la pérdida del poder adquisitivo ya que se produce un aumento descontrolado de los precios, superando el 50 por ciento mensual, según los expertos.

  Resulta curioso que la confianza sea una de las bases sobre la que se asienta la economía de los países, una confianza que puede desaparecer de forma casi inmediata por obra de grandes consorcios financieros que pueden desprestigiar a un banco central o un país en función de sus intereses espurios.

  Tras la II Guerra Mundial se puso en marcha un modelo que denominaron Estado del Bienestar en el que los gobiernos intervenían en la economía con el fin de redistribuir la riqueza y garantizar servicios sociales básicos como la sanidad, educación, pensiones… Ese modelo fue desarticulado a finales de los años 70 del siglo pasado y principios de los 80. Esos cambios económicos y el resurgimiento del liberalismo tuvo como grandes adalides a Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos entre 1981 y 1989, a Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido entre 1979  y 1990, que contaron con el apoyo impagable de Karol Józef Wojtyla, Papa entre 1978 y 2005.

  Hay dos ejemplos muy esclarecedores, uno de ellos promovido por Ronald Reagan y el otro por Margaret Thatcher.

  Reagan eliminó casi todos los controles bancarios en 1982 al firmar la Ley de Instituciones Depositarias Garn-St. Germain. Esa normativa permitió a los bancos desregular los ahorros y permitió préstamos comerciales e inversiones de mayor riesgo. Eliminaron la relación préstamo-valor y permitieron préstamos de alto riesgo, en ocasiones del 100 por cien del valor de la compra. A su vez esa desregulación facilitó el aumento de la deuda privada a unos niveles exagerados. Lo que al principio parecía una ayuda se convirtió en un problema a medio plazo, pensemos en la crisis de 2007-08.

  Por su parte, Margaret Thatcher puso en marcha la Ley de Vivienda de 1980, la cual permitió que más de dos millones de viviendas públicas pasasen a manos privadas. Esta medida provocó la escasez de viviendas de alquiler social que aun se arrastra hoy. No podemos pensar que fue una medida social, ni mucho menos. El objetivo era fomentar lo que se denominó un «capitalismo popular» y una «democracia de propietarios». Dicho de otra manera, fue una medida política que detrás de ella escondía una realidad muy simple, quien es propietario de algo tiene miedo a perderlo y es menos receptivo a cambios sociales y económicos. Esto se unió al acoso y derribo que Thatcher realizó con los sindicatos, especialmente con los mineros.

  Con todo esto, y mucho más, nos hemos cargado el Estado del Bienestar, o estamos camino de ello. En España no nos libramos de esta corriente, acentuada ahora con la presencia cada vez más relevante de la extrema derecha en los círculos del poder político.

  Hubo una cuestión que el tiempo casi me hizo olvidar y que se ajusta a esta ola liberal: la venta de oro de una parte importante de las reservas de España. Se produjo en 2007, gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero y su ministro de Economía era Pedro Solbes Mira. Transcribo una parte de la sesión celebrada en el Senado a este respecto que me parece esclarecedora.

  En el Diario de Sesiones del Senado, en la Sesión del Pleno celebrada el miércoles 6 de junio de 2007, Javier Sánchez-Simón Muñoz, del Grupo Parlamentario Popular en el Senado, preguntó si el Gobierno conocía la razón por la que el Banco de España vendió en los meses de marzo y abril de 2007 el veinte por ciento de las reservas de oro existentes. La respuesta se la dio el Vicepresidente Segundo del Gobierno y Ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes.

  El Vicepresidente afirmó que «Las ventas a las que alude su señoría en su pregunta se han realizado en coordinación con los demás bancos centrales… por el que se pretende, vender oro, activo no rentable, y reinvertirlo en bonos de renta fija que sí tienen rentabilidad. Esa es la razón por la que el Banco Central Español, de acuerdo con el Banco Central Europeo, ha adoptado estas decisiones».

  El senador Popular respondió: «entre el año 2004 y mayo de 2007 se ha pasado de 16,8 millones de onzas troy a 9,9 millones, algo menos del 60 por ciento de lo que había, pero a su vez se ha reducido más de un 20 por ciento en estos cuatro meses». La onza troy es la unidad de medida estándar internacional para el peso de metales preciosos (oro, plata, platino, paladio) equivalente a 31,1035 gramos.

 Según el senador solo Portugal, Grecia y España -sobre todo España- efectuaron importantes ventas de divisas.

  En su réplica el vicepresidente dijo: «En primer lugar, porque, como he indicado anteriormente, el oro, que en el pasado jugó su papel, ya no lo juega en el momento actual; ya no es un activo rentable. En segundo lugar, porque las reservas del Banco de España en estos momentos deben tener como objetivo fundamental el maximizar su rentabilidad. Tampoco tenemos las mismas necesidades de reserva que tuvimos en el pasado, entre otras razones, porque nuestra moneda es el euro, que juega un papel de reserva fundamental en los intercambios internacionales, y es la segunda moneda del mundo en el momento actual y con un papel creciente; y, en tercer lugar, porque nuestro comercio exterior con la zona euro, que es la zona en la que llevamos a cabo el 70 por ciento de nuestras operaciones, no necesita existencia de reservas». Termina el ministro diciendo: «En todo caso, la revalorización del oro se mantiene; la solvencia del sistema financiero, que es lo que pretende, está garantizada y el saneamiento del sector público es la mejor garantía de que las cosas vayan bien».

  Las palabras de Solbes siguen al pie de la letra lo dicho por los liberales, a nadie preocupó. Se aprecia también en los comentarios del senador del PP que no hace sangre. Solbes y el gobierno de Zapatero se sumaron a la ola especulativa al querer rentabilizar al máximo las reservas del Banco de España e invertirlo en bonos de renta fija.

 La venta supuso al final un 32 % de las reservas que hoy valdrían más de un 130 % del precio pagado entonces. ¿Tendría esto algo que ver con el conocimiento de la crisis que se avecinaba y que ya estaba anunciada? Tal vez.

  El precio del oro se encuentra en estos momentos en los máximos históricos. En lo que va de año la reserva de oro sigue siendo importante y estratégica para los estados en un entorno geopolítico y financiero tan inestable. No genera dividendos ni intereses, pero ahora, curiosamente, se trata de un componente importante para proteger la riqueza y diversificar reservas frente a la depreciación de las monedas fiducidiarias, sobre todo frente al dólar estadounidense. Los bancos centrales están realizando compras masivas de oro, sigue siendo una inversión de refugio seguro y las grandes fortunas siguen acaparándolo.

  La venta de oro no fue una buena idea. No hace falta ser economista para saberlo. El oro era y es un valor seguro en una economía de mercado, al igual que las propiedades, sobre todo inmobiliarias, que por mucho que se diga en su contra quien tiene mucho dinero las adquiere, llámense fondos de inversión estadounidenses o bancos, incluidos los españoles. Es así de simple, lo demás son cuentos. ¡Es el mercado, amigos!