30 sept 2026

Muchas preguntas con muchas respuestas, pero también muchas incógnitas

 


  La Respuesta es el último libro publicado por el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga. El autor, además de su faceta profesional, desarrolla una intensa labor de divulgador y sus libros tienen un enorme éxito, lo cual es muy relevante por los temas que trata.

  En esta ocasión intenta responder a la pregunta del por qué el homo sapiens es tan diferente del resto de los animales. Una de las claves, según el autor, es nuestra capacidad para relacionarnos, somos seres sociales, aunque ¡quién lo diría viendo lo que estamos viendo! El fomento del individualismo está modificando de forma peligrosa la convivencia en el mundo.

  Arsuaga, junto con el resto de los científicos, deja claro que el origen de los homínidos, de nuestra especie, está en África, cuestión que tendría que ser suficiente para que quienes hablan de identidad, singularidad, etc. se callaran la boca y dejasen de creerse únicos.

  El autor explica el largo proceso evolutivo de los homínidos y para ello habla de yacimientos arqueológicos, biología, medicina, genética… sin olvidar las cuestiones sociales. Analiza los cambios anatómicos y los compara con otros homínidos y otras especies. Deja claro que la evolución hasta llegar a nosotros, los sapiens – muchas veces no lo parecemos- no ha sido lineal. Nos lo narra como si fuera una historia contada por un viejo al calor del fuego. Arsuaga se dirige directamente al lector y le interpela. Acabo de decir que explica, no es del todo cierto. Desembrolla muchas cuestiones con el nivel de conocimientos que hoy se tiene, pero quedan muchos interrogantes sin respuesta, de momento.

  El bipedismo, por ejemplo, no tiene una única explicación que convenza a los científicos de forma clara. ¿Cómo es posible que aquellos homínidos se pusieran en pie? Consecuencia de ese bipedismo es el cambio realizado en la pelvis de las hembras, una cuestión morfológica muy interesante. También son muy sugerentes las explicaciones de la evolución del cerebro y su ingente consumo de energía, que algunos científicos relacionan con el consumo de proteínas y el uso del fuego. Ese desarrollo craneal trajo consigo el desarrollo de herramientas. En este sentido recordar que los neanderthales tenían más capacidad craneal que los sapiens y, sin embargo, los primeros desaparecieron.

  El autor rechaza esa idea difundida por el cine y algunos pseudocientíficos de que no utilizamos el cien por cien de nuestro cerebro. Así dice:  «Si no lo empleáramos al 100% (como cualquier otro órgano) la selección natural no habría favorecido un aumento de su tamaño como el que ha tenido lugar en nuestra evolución». Lo afirma un científico, no uno  de tantos mercachifles como andan sueltos.

  Siguiendo con el cerebro nos dice que «Nuestro tubo digestivo es más corto que el de los grandes simios, luego es posible que los humanos fueran reduciendo su tubo digestivo al tiempo que su cerebro aumentaba de tamaño».

  La evolución anatómica tuvo otros efectos no menos relevantes como es la socialización que en un principio tendría como fin la supervivencia. Arsuaga se interroga sobre en qué momento surge el conocimiento del yo o la conciencia. Temas muy complejos sobre los que ya se preguntaba Sócrates y que siguen siendo temas de estudio de la filosofía. Arsuaga destaca que «memoria, visión de futuro y autocontrol son atributos de nuestra especie».

  Según avanza el libro las cuestiones filosóficas, permítanme la expresión, adquieren mayor importancia. Así la vejez es otro de los temas sobre el que se interroga. El anhelo de los humanos de vivir muchos años, incluso hay quienes aspiran a la inmortalidad, no es suficiente para Juan Luis Arsuaga. Se trata de como se viven esos años, de la calidad de vida que se tenga y para ello recomienda la actividad, sin olvidarse de la capacidad de disfrutar. No se trata de biología, de genética, si no también de la forma de vivir la vida. Por cierto, nos recuerda algo que es evidente pero que olvidamos: «la vejez no es una enfermedad sino muchas». Vamos, que eso de que tenía 90 años, estaba muy y se murió es una tontería, ruego me perdonen, pero es la cruda realidad.

  A lo largo de las páginas de La respuesta Arsuaga va desgranando ideas que todos podemos comprender. Así deja bien claro que «Lo que se conoce como providencia divina, es decir, la acción directa de Dios en el mundo, no es aceptable para un científico». Desde luego los integristas de todo tipo rechazan esta idea ya que esas personas no necesitan ningún tipo de confirmación científica y reducen sus conocimientos a la fe, antítesis de la ciencia. Afirma el autor que el sentido común es el peor enemigo del científico. Menudo jarro de agua fría para los que hablamos del sentido común como si fuese una verdad absoluta. Pensándolo bien, Arsuaga tiene razón ya que ese sentido común ¿de qué se nutre? La inmensa mayoría de las veces de creencias u opiniones sin rigor científico.

  Otra perla científica que nos deja es que un uno por ciento en proteínas es lo que diferencia a un humano de un chimpancé. Hay algún espécimen, por ejemplo en el Congreso de los Diputados, que no se diferencia en absoluto.

  Voy a compensar eso del uno por ciento con una diferencia importante: el sudor. Los demás animales se refrigeran jadeando, nosotros lo hacemos transpirando, eso hace que dependamos del agua.

  «Un ser humano no se explica si no le ponemos una herramienta en la mano y un fuego en el centro del campamento. Las herramientas y el fuego forma por lo tanto parte de nuestra definición de especie». Arsuaga dixit.

  Tenemos que recordar que el pulgar oponible, es decir que ese dedo puede tocar con la yema la punta de los otros, junto con el bipedismo y el aumento de la capacidad craneal fueron piezas clave para el desarrollo de los homínidos. La postura bípeda y la mano hábil se produjeron, más o menos, a la vez.

  La fecundidad de nuestra especie, mayor que la de los grandes simios, puede haber sido una de las razones de nuestro éxito evolutivo.

  Arsuaga también dedica unas páginas a la Inteligencia Artificial.

  La respuesta es un libro científico asequible en gran parte, no toda, al menos para mí. Arsuaga simplifica y pone ejemplos para la mayor compresión, así y todo hubo momentos que me superaron, pero no por ello deje el libro. No pasa nada por leer esas explicaciones por encima. Es muy interesante y clarificador. A las personas que les guste la prehistoria, la Historia, la evolución desde el rigor científico lo leerá con agrado. Reconozco que lagunas que tenía de mi etapa de estudiante me las clarificó Juan Luis Arsuaga con sus libros.