La Respuesta es el último libro publicado
por el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga. El autor, además de su faceta
profesional, desarrolla una intensa labor de divulgador y sus libros tienen un
enorme éxito, lo cual es muy relevante por los temas que trata.
En esta ocasión intenta responder a la
pregunta del por qué el homo sapiens es tan diferente del resto de los
animales. Una de las claves, según el autor, es nuestra capacidad para
relacionarnos, somos seres sociales, aunque ¡quién lo diría viendo lo que
estamos viendo! El fomento del individualismo está modificando de forma
peligrosa la convivencia en el mundo.
Arsuaga, junto con el resto de los
científicos, deja claro que el origen de los homínidos, de nuestra especie,
está en África, cuestión que tendría que ser suficiente para que quienes hablan
de identidad, singularidad, etc. se callaran la boca y dejasen de creerse
únicos.
El autor explica el largo proceso evolutivo
de los homínidos y para ello habla de yacimientos arqueológicos, biología,
medicina, genética… sin olvidar las cuestiones sociales. Analiza los cambios
anatómicos y los compara con otros homínidos y otras especies. Deja claro que
la evolución hasta llegar a nosotros, los sapiens – muchas veces no lo
parecemos- no ha sido lineal. Nos lo narra como si fuera una historia contada
por un viejo al calor del fuego. Arsuaga se dirige directamente al lector y le
interpela. Acabo de decir que explica, no es del todo cierto. Desembrolla
muchas cuestiones con el nivel de conocimientos que hoy se tiene, pero quedan
muchos interrogantes sin respuesta, de momento.
El bipedismo, por ejemplo, no tiene una única
explicación que convenza a los científicos de forma clara. ¿Cómo es posible que
aquellos homínidos se pusieran en pie? Consecuencia de ese bipedismo es el
cambio realizado en la pelvis de las hembras, una cuestión morfológica muy
interesante. También son muy sugerentes las explicaciones de la evolución del cerebro
y su ingente consumo de energía, que algunos científicos relacionan con el
consumo de proteínas y el uso del fuego. Ese desarrollo craneal trajo consigo
el desarrollo de herramientas. En este sentido recordar que los neanderthales
tenían más capacidad craneal que los sapiens y, sin embargo, los primeros
desaparecieron.
El autor rechaza esa idea difundida por el
cine y algunos pseudocientíficos de que no utilizamos el cien por cien de
nuestro cerebro. Así dice: «Si no lo
empleáramos al 100% (como cualquier otro órgano) la selección natural no habría
favorecido un aumento de su tamaño como el que ha tenido lugar en nuestra
evolución». Lo afirma un científico, no uno
de tantos mercachifles como andan sueltos.
Siguiendo con el cerebro nos dice que
«Nuestro tubo digestivo es más corto que el de los grandes simios, luego es
posible que los humanos fueran reduciendo su tubo digestivo al tiempo que su
cerebro aumentaba de tamaño».
La evolución anatómica tuvo otros efectos no
menos relevantes como es la socialización que en un principio tendría como fin
la supervivencia. Arsuaga se interroga sobre en qué momento surge el
conocimiento del yo o la conciencia. Temas muy complejos sobre los que ya se
preguntaba Sócrates y que siguen siendo temas de estudio de la filosofía.
Arsuaga destaca que «memoria, visión de futuro y autocontrol son atributos de
nuestra especie».
Según avanza el libro las cuestiones
filosóficas, permítanme la expresión, adquieren mayor importancia. Así la vejez
es otro de los temas sobre el que se interroga. El anhelo de los humanos de
vivir muchos años, incluso hay quienes aspiran a la inmortalidad, no es
suficiente para Juan Luis Arsuaga. Se trata de como se viven esos años, de la
calidad de vida que se tenga y para ello recomienda la actividad, sin olvidarse
de la capacidad de disfrutar. No se trata de biología, de genética, si no
también de la forma de vivir la vida. Por cierto, nos recuerda algo que es
evidente pero que olvidamos: «la vejez no es una enfermedad sino muchas». Vamos,
que eso de que tenía 90 años, estaba muy y se murió es una tontería, ruego me
perdonen, pero es la cruda realidad.
A lo largo de las páginas de La respuesta
Arsuaga va desgranando ideas que todos podemos comprender. Así deja bien claro
que «Lo que se conoce como providencia divina, es decir, la acción directa de
Dios en el mundo, no es aceptable para un científico». Desde luego los
integristas de todo tipo rechazan esta idea ya que esas personas no necesitan
ningún tipo de confirmación científica y reducen sus conocimientos a la fe,
antítesis de la ciencia. Afirma el autor que el sentido común es el peor
enemigo del científico. Menudo jarro de agua fría para los que hablamos del
sentido común como si fuese una verdad absoluta. Pensándolo bien, Arsuaga tiene
razón ya que ese sentido común ¿de qué se nutre? La inmensa mayoría de las
veces de creencias u opiniones sin rigor científico.
Otra perla científica que nos deja es que un
uno por ciento en proteínas es lo que diferencia a un humano de un chimpancé.
Hay algún espécimen, por ejemplo en el Congreso de los Diputados, que no se
diferencia en absoluto.
Voy a compensar eso del uno por ciento con
una diferencia importante: el sudor. Los demás animales se refrigeran jadeando,
nosotros lo hacemos transpirando, eso hace que dependamos del agua.
«Un ser humano no se explica si no le ponemos
una herramienta en la mano y un fuego en el centro del campamento. Las
herramientas y el fuego forma por lo tanto parte de nuestra definición de
especie». Arsuaga dixit.
Tenemos que recordar que el pulgar oponible,
es decir que ese dedo puede tocar con la yema la punta de los otros, junto con
el bipedismo y el aumento de la capacidad craneal fueron piezas clave para el
desarrollo de los homínidos. La postura bípeda y la mano hábil se produjeron,
más o menos, a la vez.
La fecundidad de nuestra especie, mayor que
la de los grandes simios, puede haber sido una de las razones de nuestro éxito
evolutivo.
Arsuaga también dedica unas páginas a la
Inteligencia Artificial.
La respuesta es un libro científico asequible en gran parte, no toda, al menos para mí. Arsuaga simplifica y pone ejemplos para la mayor compresión, así y todo hubo momentos que me superaron, pero no por ello deje el libro. No pasa nada por leer esas explicaciones por encima. Es muy interesante y clarificador. A las personas que les guste la prehistoria, la Historia, la evolución desde el rigor científico lo leerá con agrado. Reconozco que lagunas que tenía de mi etapa de estudiante me las clarificó Juan Luis Arsuaga con sus libros.