Aviso a navegantes, este artículo no trata
del Canis lupus, va de la empresa más longeva de la humanidad y de cómo
se accede a su dirección. Vamos, que trata de la Iglesia católica y de como
eligen al papa, y de eso va El pastor y los lobos de Santiago
Roncagliolo.
El libro recoge el ascenso de Robert Francis
Prevost al papado. No es un ensayo. Se trata de un libro de no ficción contado
como si fuera una novela de intriga en la que el autor introduce reflexiones
personales y nos cuenta algunas cosas muy íntimas, y traumáticas, de su vida.
Así nos cuenta Roncagliolo que intentó ser sacerdote cuando tenía veinte años,
pero los jesuitas no lo aceptaron. A pesar del tiempo pasado me da la sensación
que el tema religioso le sigue pesando. Vean una afirmación que realiza: «La fe
en Dios es necesariamente la creencia en algo que nunca podremos probar. No
podemos demostrar que existe un ser omnipotente y tiene un plan. Pero tampoco
que no. Por eso los regímenes políticos ascienden y caen, pero el catolicismo
lleva en pie más de dos siglos».
Robert F. Prevost nació en Chicago. Es un
sacerdote agustino. En 1982 fue enviado como misionero al Perú donde vivió
varios años. Tiene también la nacionalidad peruana. Llegó a ser prior de los
agustinos.
El pastor y los lobos recoge los casos
de pederastia que se produjeron en el Perú y de los grupúsculos que dentro de
la Iglesia católica se comportan como mafias. Con esos poderes en la sombra se
tuvo que enfrentar Prevost en su estancia en el país. Destaca la lucha, pues de
tal se trató, entre Prevost y el Sodalicio de Vida Cristiana, grupo, aunque
podemos decir secta, fundada en Perú por Luis Fernando Figari en 1971. Dos
periodistas, Paola Ugaz y Pedro Salinas, investigaron el Sodalicio y
descubrieron que fue acusado de pederastia por varios jóvenes. Prevost
investigó las acusaciones y puso la información a disposición del papa
Francisco. Una semana antes de fallecer Francisco disolvió el Sodalicio. Estos hechos
convirtieron a esa organización en enemiga de Robert Prevost, tanto que
intentaron por todos los medios que no fuese nombrado papa, incluidas calumnias
que fueron comprobadas por orden de Francisco y no encontraron nada en su
contra.
El Sodalicio, aunque disuelto oficialmente,
conserva un gran poder, sobre todo económico que no ha podido ser desmantelado.
Según Roncagliolo mantenían una relación de apoyo mutuo con el Opus Dei.
En el libro también se menciona a otro
depredador sexual, Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.
Estas son algunas de las cosas que cuenta
Santiago Roncagliolo.
El autor dice que Prevost es un hombre que
sabe escuchar y es poco dado a dar explicaciones, pero por ello no deja de
actuar. En palabras del autor, Prevost «nunca se imponía. Tampoco se cansaba.
Escuchaba mucho y trabajaba en silencio».
La elección como papa de Robert Prevost no
fue sencilla. Los enemigos que se creó, no por su voluntad, en Perú pusieron
toda la carne en el asador para impedirlo, como dije anteriormente. No fueron
los únicos en su contra, incluso desde EEUU hubo quienes torpedearon la
elección.
Roncagliolo deja claro el papel fundamental
que ejerció el papa Francisco para que Prevost fuera su sucesor, así dice:
«Para asegurar su legado, Francisco había mantenido una ingente creación de
cardenales, un quince por ciento más de los que había en 2013. muchos de los
ciento treinta y tres que llegaron para votar no hablaban italiano, ni siquiera
habían tenido tiempo de conocerse entre sí».
A la vista de esto, parece que tuvo más que
ver en la designación de Robert Prevost Francisco que el Espíritu Santo. No se
trata de una frase que me invento, el autor del libro afirma que la elección de
León XIV había comenzado a gestarse siete años antes, durante el viaje del papa
Francisco a Chile. En todo caso, el Espíritu Santo no puso ninguna objeción.
Santiago Roncagliolo cuenta algunos de los
escarceos que hubo dentro del cónclave, que aunque se supone que las reuniones
son secretas, siempre acaba saliendo parte de los debates a la prensa.
El autor contrapone la figura de Juan Pablo
II con algunos detalles de sobra conocidos como la cruzada de ese papa contra
los teólogos de la liberación. Nos recuerda la canonización súper rápida del
fundados del Opus Dei o la protección a Marcial Maciel. Tampoco tuvo empacho
Juan Pablo II en salir al balcón junto al sanguinario dictador Augusto
Pinochet.
Santiago Roncagliolo toma partido, vena si
no: «Dentro de las muchas alternativas, yo escojo creer que Prevost es un
hombre bueno, que ha dedicado su vida a atender a gente que sufre, pero un
hombre al fin y al cabo. Y la iglesia católica es una institución humana,
contradictoria como las demás, igual de débil y de fuerte, tan capaz de lo
mejor como de lo peor».
No hay duda de sus ideas y afinidades.
El libro se lee como una novela, es
entretenido y como en el fondo no dejan de ser cotilleos sobre curas pues miel
sobre hojuelas.

