Las lombrices son un elemento fundamental
en la trama de la novela Humus de Gaspard Koenig, traducida por Lydia
Vázquez Jiménez.
La novela tiene dos personajes principales,
Arthur y Kevin. El primero de familia burguesa, el segundo de origen humilde.
Coinciden estudiando en la Escuela de Agronomía de París donde se hacen amigos.
Más adelante se separarán por desavenencias de los métodos para lograr un
objetivo común: salvar la tierra.
Arthur se va al campo junto con su compañera
Anne para rehabilitar una granja de su abuelo. Quiere recuperar el suelo por
medios regenerativos, sin ayuda de productos químicos o de máquinas. Por su
parte Kevin se convierte en empresario gracias a un método de compostaje a gran
escala en el que intervienen las lombrices y la tecnología.
En la novela se alternan los capítulos que
siguen a Arthur y a Kevin, así el autor nos da una visión diferente de las
maneras de enfrentarse a las agresiones que hacemos al planeta. Se puede hacer
una lectura ecológico política y también filosófica. El autor cuela
disquisiciones filosóficas, pero no hay problema, son de esa filosofía de andar
por casa en zapatillas. No pretende descifrarnos la Crítica de la razón pura de
Kant.
Los intentos por recuperar los terrenos de su
abuelo fracasan uno tras otro. La desesperación le lleva a ir radicalizándose
hasta llegar a convertirse en un «apóstol» de las soluciones más virulentas.
Kevin,
sin embargo, es más realista y en principio está dispuesto a apoyarse en el
sector tecnológico y a tener socios capitalistas. No renuncia a los beneficios
económicos.
La novela en principio puede parecer un
alegato a favor de los ecologistas, pero según avanzamos en su lectura los
personajes toman decisiones que a mí me parecieron absurdas y alocadas, por lo
que, sobre todo con el final, Humus se convierte en un discurso
antiecologistas ya que ambos protagonistas acaban siendo ecoanarquistas
violentos. Es una posible interpretación, hay más, seguro.
La verdad es que me desconcertó el libro. Fue
degenerando hacia un esperpento alocado que me pareció sobrecargado. El autor
no propone soluciones, no da recetas. Imagino que quiere que los lectores nos
planteemos los temas medio ambientales y que la novela sirva de acicate. Pues
conmigo no lo consiguió. Puede parecer irónico, incluso humorístico o
directamente absurdo, en mi caso no logró ni lo uno, ni lo otro, ni lo de más
allá. Seguro que es mi problema, no di la talla. Culpa mía. Ya saben, cada
lector es un mundo. Ustedes léanlo y así tendrán su opinión.
Por cierto, los personajes femeninos no salen
bien parados, todo lo contrario. Son mujeres interesadas, nada fiables y
tramposas. No, no quedan nada bien.
Me asaltaron las dudas acerca de mi
interpretación de Humus así que busqué quien es Gaspard Koenig. El autor
es filósofo y ensayista. Cuando Christine Lagarde fue ministra de Economía de
Sarkozy escribía sus discursos. Creó un grupo de elaboración de ideas llamado
Generación Libre. Trabajó en el Banco Europeo para la Reconstrucción y el
Desarrollo e incluso quiso presentarse a las elecciones en 2022, pero no logró
los apoyos necesarios. He visto que se define como liberal. Eso explica muchas
cosas.
El final es un absurdo apoteósico. Un
desmadre que si pretendía destacar los peligros de la radicalización
ideológica, que puedo entender, no me gustó nada.
La novela fue muy bien recibida en Francia y
alaban su humor, que no vi. Lo dicho, seguramente no estuve a la altura de la
novela y me sobrepasó. En fin.
No me hagan caso, búsquenla en su biblioteca
pública y sí les apetece, léanla.