23 oct 2026

Cuando la sinrazón se apodera del mundo

  

  Intento comprender el mundo, no lo consigo. No me refiero a los problemas irresolutos de la humanidad, no es eso. Hasta no hace tantos años las relaciones sociales, las internacionales e incluso la geopolítica parecían tener unas reglas más o menos consensuadas, eso se fue al garete.

  Esforzarse racionalmente en encontrar explicaciones a los acontecimientos actuales es tiempo perdido, imperan las pasiones, los sentimientos desbocados, la irreflexión más absoluta y así no se puede. Es imposible hablar con tranquilidad con aquellos que están anclados en el negacionismo y que en lo político han escorado, o siempre estuvieron ahí, hacia la extrema derecha.

  El ejemplo más evidente es la situación de EEUU con la presidencia de Donald Trump, tal parece que un virus afectó las mentes de los estadounidenses y los acabó de volver gilipollas del todo, y digo del todo ya que una gran parte de los ciudadanos de Estados Unidos siempre se movió por los cauces de un conservadurismo muy extremo, pero hasta el primer advenimiento de Trump parecía que esas fuerzas estaban controladas y encapsuladas. Los yanquis siempre han estado condicionados por medios de comunicación muy potentes y por unas sectas religiosas ultra conservadoras muy agresivas. El individualismo de la etapa de la Conquista del Oeste caló en la sociedad hasta llegar a convertirse en una de las señas de identidad de ese país.

  El intento de acceder a la vicepresidencia de EEUU por parte de Sarah Palin, siendo aspirante a la presidencia John McCain, con el apoyo del Tea Party modificó la forma de hacer política en EEUU, pasando a ser muy agresiva y visceral. La llegada a la Casa Blanca de Barack Obama y Joe Biden exaltó los ánimos, aún más, de los grupos reaccionarios, tanto políticos como religiosos. Cadenas de televisión como la Fox se encargaron de caldear más el ambiente. Con ese caldo de cultivo el partido republicano se escoró hacia la ultraderecha, llegando a su cenit con la presentación de Trump a las elecciones presidenciales y el acceso al Despacho Oval. El partido republicano en ese momento ya estaba fagocitado por Trump que lo convirtió en una marioneta que movía a su antojo. Se instaló en el país una locura colectiva que llegó al paroxismo cuando Donald perdió las elecciones, ante Biden, e instigó a sus huestes a tomar el Congreso. Con el regreso de Trump a la Casa Blanca las cosas no han hecho más que empeorar, no solo para los estadounidenses, para todo los países del mundo. Trump está demostrando ser un desequilibrado autoritario, despótico, ignorante, agresivo, sin educación, lo podemos situar en el fascismo de nuevo cuño, pero fascismo.    

  ¿Cómo es posible que tantos millones de ciudadanos apoyen a un tipo como ese? Es de sobra conocido el papel que han tenido las grandes empresas tecnológicas con su apoyo, mejor dicho los dueños de esas empresas: Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sundar Pichai y Sam Altman, por nombrar a los más conocidos. Da igual, tienen el raciocinio… no saben donde lo tienen.

  Latinoamérica está siendo tomada por las huestes de extrema derecha: la Argentina de Milei, El Salvador con Nayib Bukele, José Antonio Kast en Chile, Abelardo de la Espriella en Colombia, en Ecuador Daniel Noboa y en Perú Keiko Fujimori.

 En Brasil Flàvio Bolsonaro ganó la primera vuelta a Lula da Silva, veremos como acaban el 25 de octubre, cuando se celebra la segunda vuelta.

  Donald Trump estuvo, directa o indirectamente, apoyando a esos candidatos. Otro ejemplo de ese apoyo es el de Nasry Asfura, candidato conservador respaldado por Trump en Honduras. En Costa Rica el apoyo a Laura Fernández fue más discreto.

  El presidente estadounidense considera a Latinoamérica el patio de atrás de su «casa» y no está dispuesto a que nadie le moleste. Es cierto que esta intromisión de Estados Unidos no es de ahora, desde la presidencia de Monroe – quinto presidente de los Estados Unidos entre 1817 hasta 1825- para acá siempre ha estado presente en los aconteceres de esos países.

  La democrática Europa no se ha salvado de la ola extremista. Alemania ha sido el último país  en subirse a ese tsunami. Alternativa para Alemania, de extrema derecha, en el país germano los partidos nazis están prohibidos, ganó en Sajonia-Anhalt. Da mucho miedo.

  En Francia la ultraderechista Marine Le Pen es la favorita de cara a las próximas elecciones presidenciales.

  En Italia Giorgia Meloni disimula más, pero no deja de ser de una extrema derecha fascistoide.

  En Países Bajos el Partido por la Libertad, de Geert Wilders, estuvo un año en el poder. Formó una coalición con tres partidos de derechas que rompieron en 2025. Geert Wilders tenia un plan de línea dura contra el asilo de migrantes. Así y todo se mantiene como el segundo partido más votado del país.

  En Austria en 2024 el FPÖ, partido xenófobo, ganó las elecciones pero no logró gobernar y ahora ronda el 40% en las encuestas.

  En Hungría tras la derrota de Viktor Orbán ningún partido de izquierdas logró escaños en el Parlamento. El actual primer ministro, Péter Magyar, mantiene la política conservadora en el país, pero ya no se enfrenta a la UE (Unión Europea) como lo hacía Orbán.

  En Polonia el partido ultra Ley y Justicia perdió el poder en 2023, gobernaba desde el 2015. Actualmente Donald Tusk gobierna en una coalición de centroderecha liberal, europeísta y demócrata.

  Se ve que a la larga las extremas derechas no solucionan nada, pero hasta que los ciudadanos lo comprueban pasa mucho tiempo, demasiado.

  Los dirigentes de la extrema derecha son faltones, desde luego nada demócratas, y poco inteligentes, o demasiados listos, pero para ellos y los suyos, los poderosos. A los ejemplos de Trump me remito, que sirve de maestro para el resto de autoritarios de extrema derecha. La reciente visita de Milei a España demostró, una vez más, que ese hombre tiene serios problemas, no importa, ya los tenía antes de las elecciones y le votaron. Trump azuzó a los magas a invadir el Congreso, lo hicieron, y ganó las siguientes elecciones.

  España, que siempre llega tarde a casi todo, en esta ocasión no lo fue menos. Me refiero a la presencia de la extrema derecha en los órganos de poder político. Llegaron tarde, pero lo han hecho con fuerza. El apoyo de los ciudadanos a esos partidos se está incrementando de forma notable. El PP, uno de los partidos conservadores europeos más escorados a la derecha, con la presencia de Vox se ha ido derechizando muchos más, tanto que hoy apenas se diferencian uno del otro.

  La convocatoria de elecciones para el 29 de noviembre está incrementado la polarización, solo hay que echar una ojeada a las redes sociales; los medios de comunicación conservadores y de derechas han elevado el tono exponencialmente y sí hasta ahora daban palos al Gobierno y especialmente a Pedro Sánchez, lo de ahora es impresionante. Los insultos se han convertido en la norma de las extremas derechas, incluyo al PP.

  PP-Vox van destapando las medidas que van a llevar adelante cuando lleguen al Gobierno, las encuestan afirman que gobernarán, incluso hay algunas que les dan más de doscientos diputados. Luego prodrán decir que no engañaron a nadie, y tendrán razón. Están tan seguros, y crecidos, que ya no se esconden para decir en público qué decisiones van a tomar y qué cambios van a realizar en la legislación. Ya no esconden, Vox lo hace sin tapujos, afirman que van a modificar las pensiones y apuestan por un modelo mixto de financiación, una parte la abona la empresa y otra los trabajadores con aportaciones personales a planes de pensiones privados. No creo que haya que dar explicaciones de lo que eso supone, aunque visto que hay trabajadores con salarios mínimos que les parece bien, pues… que se enteren.

  Los gobiernos de coalición entre PP y Vox en las comunidades autónomas ya están tomando decisiones que afectan a los ciudadanos de manera negativa. Baste un par de ejemplos chuscos: la financiación de la tauromaquia y la de curas en los hospitales. El ejemplo de recortes es la Comunidad de Madrid, en la que a pesar de todo su presidenta sigue concitando grandes apoyos.

  Feijóo dejó claro en su entrevista en la Cadena Ser que va a plantear debates sociales entorno a dos cuestiones que creíamos cerradas: el aborto y la eutanasia. La entrevista no tiene desperdicio, se ve el nivel de este señor.

  Ambos partidos de extrema derecha, PP-Vox, afirman que realizarán reducciones drásticas de los impuestos, pero en ningún momento dicen como van a mantener, no ya incrementar, el gasto en los servicios públicos como la sanidad, educación… Por favor, el argumento de que con menos carga impositiva se incrementa la recaudación es mentira, está más que demostrado. La Curva de Laffer es una teoría engañosa, comprobado.

  La recaudación crece cuando se incrementa el empleo y con él el consumo, luego está la inflación y su control y unas cuantas variables más. No soy economista. Lo que está claro es que las bajadas de impuestos benefician a las rentas más altas y eso significa recortes en los servicios públicos, ya que en caso de no realizar esos recortes el incremento del déficit público se dispararía. Por favor, ahora no me digan que con este gobierno el déficit se ha disparado, cierto, pero… Pero no olvidemos los gastos extraordinarios realizados a consecuencia de la pandemia de Covid-19, desastres climáticos como el volcán de Palma o la Dana de Valencia, la guerra de Ucrania, los aranceles de Trump, que supusieron unos desembolsos muy importantes con el fin de apoyar a los ciudadanos y los sectores productivos. Eso fue otro cantar.

  Todo eso no importa. Ya nadie se acuerda que la crisis de 2008 se llevó por delante a muchas empresas y estranguló económicamente a muchas familias ya que no tuvieron apoyo del gobierno de M. Rajoy. Eso sí, para los bancos no hubo problemas en inyectarles más de setenta y seis mil millones de euros.

  La vivienda se ha convertido en un enorme problema para los ciudadanos, sobre todo para los jóvenes. Los precios, tanto de la vivienda nueva como de los alquileres, está por las nubes. No hay duda de que en los últimos años no se prestó la atención que se merecía y se dejó de construir vivienda pública. Hay que recordar que el Gobierno central marca las directrices generales, pero las competencias en vivienda son autonómicas. Desde luego, eso no exonera de la responsabilidad del Gobierno que no estuvo a la altura de las necesidades. Dicho esto, ahora todos proponen construir miles de viviendas, el PP habla de un millón. Pues vale, pero no se construyen en dos meses. Otra cuestión es si van a ser de carácter público o privado. Ya hemos visto como pisos de titularidad pública pasaron a manos de fondos de inversión en Madrid por obra y gracia de Ana Botella, a la sazón esposa de Aznar. A esto abría que añadir que esos fondos de inversión elevaron los precios y alquileres astronómicamente, cuando los habían comprado a precio de saldo. Por cierto, uno de los hijos de esta parejita, Botella-Aznar, tienen, que yo sepa, un hijo que se dedica a estas cosas de las inmobiliarias. ¡Qué no harán unos padres por sus hijos!

  ¿Se acuerdan de la burbuja inmobiliaria? Claro que si. Madrid estaba rodeado por grúas, la costa mediterránea, de arriba a abajo, también estaba plagada de ellas, ¿bajaron los precios de las viviendas o de los alquileres? No, no lo hicieron. Ya pasamos por eso y vimos los resultados. Repito, no bajaron los precios, al contrario. Los pelotazos se contaron por miles.

  Retomo el inicio del artículo, no entiendo lo que está pasando, me cuesta creerlo aunque lo entienda. ¿La gente tiene muy mala memoria o qué les pasa? Ya hemos visto las políticas económicas del PP y sus consecuencias para los ciudadanos, para el conjunto, no para unos pocos, los de siempre. Ahora es mucho peor, Vox es un partido ultraliberal o anarcoliberal, como Milei. Va a obligar, si obligar, al PP a tomar medidas mucho más radicales y por lo tanto más perjudiciales para todos. Oigan, déjense de mirarse para el ombligo e infórmense de lo que está pasando en EEUU y Argentina, pues eso es lo que nos van a aplicar. ¿Es lo qué quieren? ¿De verdad lo quieren?

  Por favor, piensen con la cabeza, es con lo único que pensamos, las tripas tienen una función final: evacuar la mierda que producimos. No la caguemos.