Hay personajes que forman parte del acervo de
muchos lectores, me refiero al detective sin nombre creado por Eduardo Mendoza.
Han pasado once años desde su última aparición y ya teníamos ganas de
reencontrarnos. Ha vuelto a poner en marcha sus dotes detectivescas en La
intriga del funeral inconveniente, título muy clarificador.
Todo comienza con un funeral de un
desconocido al que asiste un tipo que quiere ser periodista y al que le
encargan la necrológica. Se la publican y se lía. Este es el comienzo de una
intriga e investigaciones disparatadas en el que no faltan los enredos
financieros.
El humor es clave en esta novela, al igual
que en gran parte de la obra de Mendoza. No se queda ahí, refleja la sociedad
barcelonesa con ironía y un punto de mala leche que viene muy bien. Las
situaciones en las que se ven involucrados los personajes resultan humorísticas
por ridículas, o viceversa. Podemos decir, para resumir, que es una novela
negra con humor.
Eduardo Mendoza es uno de los grandes
retratistas de la ciudad de Barcelona. Sus personajes se mueven por sus calles
y alternan las zonas pijas con las más marginales. Los desarrapados siempre
tienen su espacio en esa Barcelona mendoziana. Son personajes que
practican la amistad y la «honradez» de forma más sincera que los pijos
poderosos.
Otra de las características de su obra son
los nombres de los personajes. El autor ha reconocido muchas veces que los
personajes no avanzan hasta que no les encuentra el nombre apropiado. Una vez
más se puede comprobar en La intriga del funeral inconveniente que los
nombres dan entidad a esos personajes, así tenemos a Ramoncito Valenzuela,
Manolito el Sentencioso o el Tigre Malo. Entre los personajes no podía faltar
Cándida, hermana del detective sin nombre, a la que la vida no la trató
demasiado bien, vamos, que la maltrató, y aún así sobrevivió. Llega a
convertirse en un personaje entrañable.
Soy un admirador de Eduardo Mendoza desde que
leí La verdad sobre el caso Savolta. Un inciso. Se trata de una novela
policíaca ambientada en Barcelona entre 1917-19. Pistolerismo empresarial y
conflictos entre obreros y patrones alrededor de una trama de corrupción y
asesinatos. Un novelón. Se lo recomiendo si no lo han leído. Una de las mejores
novelas del siglo XX en España, para mí, desde luego.
La intriga del funeral inconveniente empezó,
para mi gusto, un poco más floja de lo que esperaba, pero fue cogiendo ritmo, o
yo se lo cogí. El detective sin nombre aparece bien avanzada la trama y con su
llegada el humor y la ironía coge carrerilla. Es un personaje tan definido que
tiene vida propia y llena las páginas de sonrisas. No se trata de una novela
para desternillarse, pero no te quitas la sonrisa, a lo cual ayuda mucho la
ironía que se gasta Mendoza.
Perdonen, pero hoy les voy a contar menos que
otros días, no se cuentan las obras de Eduardo Mendoza, se leen.
Hablando de ironía, imagino que se habrán
enterado de la que se montó por unas declaraciones que realizó Eduardo Mendoza
en relación con el Día del Libro y la Diada de Sant Jordi en Cataluña. El
escritor dijo que debía denominarse Día del Libro y afirmó que el santo «no
tiene nada que ver con los libros ni con los escritores». ¡Menuda liaron
algunos! Hubo hasta quienes propusieron no comprar sus libros e incluso
quemarlos públicamente. Los ideólogos de tan infame propuesta fueron
nacionalistas catalanes, que muy incultos y poco leídos deben de ser. No es que
fuera una ironía, que lo fue, pero al mismo tiempo una verdad como la catedral
de Barcelona.
Al hilo de esto último he visto con asombro y
perplejidad como en Asturias hay quienes propusieron, creo que desde hace dos
años, que el Día del Libro en Asturias pase a denominarse San Xurde y en vez de
regalar un libro y una rosa aquí se regale un libro y una rosca, eso sí, puede
ser dulce o salada. Perdonen, pero ¡manda bemoles!. Me parece a mí que la
religión, cualquiera, y los libros no casan demasiado bien. No deja de ser una
copia mala de lo que se hace en Cataluña y con un pretendido carácter nacionaliegu
que nada tiene que ver con Asturias ni con los libros.
Hoy soy más atrevido y como ya mencioné, les recomiendo La intriga del funeral inconveniente, El misterio de la cripta embruja, casi empiecen por este, y no dejen de leer La verdad sobre el caso Savolta.