Hemos escuchado el término posverdad
infinidad de veces y hemos aprendido que con él se están refiriendo a la
distorsión de realidad en la que priman
las emociones y creencias personales frente a los hechos objetivos, los datos e
incluso la ciencia. No es exactamente lo mismo que mentir, pero está muy cerca.
Podemos afirmar, parafraseando a Golpes Bajos, que son malos tiempos para la
verdad.
Pues esta verdad de Perogrullo se acentúa en
épocas electorales, ya estamos inmersos en una. Es campo abonado para las
posverdades y lo bulos, pero también para los cotilleos. Voy a dejarme llevar
por esa corriente y les cuento algunos. Eso sí, no les puedo afirmar que sean
ciertos, tampoco falsos y tal vez sean todo lo contrario. Para curarme en
salud, les informo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia,
producto de mi mente a la que no le mando demasiado.
Pongamos, por ejemplo, un lugar de cuyo
nombre me acuerdo, pero no diré, ya que es fruto de mi imaginación, en el que
un partido, que se dice progresista, elige a una candidata. Ella lo es, dicen
algunos, aunque no hay constancia y ni siquiera lo parece, dicen otros. La
eligieron no por sus cualidades, que seguro que las tendrá, según se comenta en
los mentideros, si no por ser más o menos conocida. ¡Qué sabré yo! Hablo por lo
que escucho.
Hay quienes confunden trabajo con servicio a
los ciudadanos, pues muy mal, uno se hace por dinero y el otro por un
compromiso con el servicio público, dice uno más prudente, o eso parece.
Metidos en esta charleta de bar, estamos en
un bar y yo me pongo a la escucha, hay quienes afirman que las motivaciones son
personales, muy personales. Afirman categóricos, los que eso dicen, que lo que
quiere es joder a quien será su contrincante ya que le cae fatal. Otros lo
niegan y algunos callan. Se dicen más cosas, pero este narrador no las pondrá
negro sobre blanco.
Casi se quitan la palabra unos a otros, con
lo que mi escucha se hace más difícil.
Uno que no había intervenido hasta ese
momento asegura que, sea cual sea el resultado, se van a producir muchos
choques de trenes. Cuestión de carácter y de las ganas que se tienen. Algo
había escuchado yo, pero no sabía que era para tanto. Tranquilidad, se verá.
Se dice, se comenta, que la decisión de
ponerla en cabeza viene de la capital, donde hay personal que sigue teniendo
mando en la plaza. Hay quienes lo niegan y afirman que fue una decisión por
unanimidad. Aquí salta el «enterao»: claro, por eso dimitieron tres miembros de
la ejecutiva de ese partido. Silencio. Es más, una de las que lo dejó, sí, una
y dos más, pues esa una tuvo unas palabras muy claras con el resto. Vamos,
siguió el «enterao», que los mandó a la mierda. ¿Quién fue? ¿Quién fue? No
suelta prenda.
Yo, como narrador omnisciente, ni confirmo ni
desmiento, pero si o no, vayan ustedes a saber.
Les recuerdo que esto son cotilleos de bar,
que es donde el que esto transcribe lo oyó y escuchó.
Los de ese partido han corrido para anunciar
a bombo y platillo la buena nueva, según para quien. Ya saben, sobre gustos…
Incluso, se dice, se comenta, que ya está la lista confeccionada. Más de uno
quiere volver y lo mejor es estarse calladito, no vaya a ser... ¿Será cierto
que la pareja de la susodicha va en la lista? pregunta uno. No hombre, no puede
ser, es de los otros de toda la vida. El más conciliador les recrimina tan mala
baba. Otro entra al trapo, pues tampoco sería tan raro. ¿Fue alguna vez – se
refieren a él- en alguna lista? Quedan dudas. A mí no me preguntaron, pero
tampoco sabría responderles, ¿o sí?.
Este humilde junta palabras, muchas veces
mal puestas, ni puede confirmar ni desmentir tales cotilleos, así los tomo.
Uno, osea yo, no sabe hasta donde llega la verdad, lo imaginado o la mentira.
En fin.
En estos momentos, el narrador, osea yo
mismo, ve como más de un parroquiano pone la oreja.
Cuando los chismorreos toman un camino no se
sabe donde pueden acabar. Se comenta, se dice, que el partenaire de la
candidata anda ya a la busca y captura del voto. ¡Pues anda que no se da prisa
ni nada! comenta uno con sonrisa malévola. Cosas del amor, responde otro. Todos
ríen. El que sigue pareciendo más prudente sentencia que no siempre por mucho
correr se llega más pronto.
¿Se dan cuenta? Son malos. La verdad es que
no, se entretienen, están jubilados y de ahora en adelante tienen tema de
conversación hasta mayo.
El «enterao» proclama, a quien quiera
escuchar, todos lo quieren, que hay un ganadero, un importante ganadero, que va
de dos. Salta uno raudo: ya lo tentaron
en varias ocasiones y no fue. Pues esta vez quien sabe. El mismo «enterao»
afirma que ese ganadero apoyó a la candidata con ahínco. ¿Será verdad? Chi
lo sa.
Dos de los presentes preguntan al tiempo lo
mismo: ¿y la que creímos que iba a ser la candidata? De tres, ¿y eso? Cosas de
la vida. Uno de los que estuvo callado hasta ese momento dice, aunque no sabe
sí esa es la explicación: no quería ir de one y con lo del
presupuesto... Todos se miran. ¿Qué pasó?. Pues que la avisaron de que
era importante su presencia en el Pleno y no apareció, estaba de vacaciones. Un
¡ah! grupal salió de sus bocas. Pues igual algo que ver tuvo. No sé, contesta
el informante de tal cosa, pero eso sí, afirma, se cabrearon mucho sus
«compañeros» por su ausencia.
La cosa siguió un rato, pero como la
expectación aumentaba y el resto de las voces del bar casi enmudecieron,
dejaron el tema. La verdad es que me quedé con ganas de más. Esto de los
cotilleos es adictivo. Seguro que habrá muchos más.
Recuerden, esto no es más que un divertimento
de bar. ¿Coincidirá con parte de lo acontecido? ¿Quién sabe? Al fin y al cabo
son cotilleos y ya sabemos lo que eso significa. Sí me enteró de otros se los
cuento, o no.
Me desperté con una buena sudada,
desconcertado, sin saber si lo anterior fue un chismorreo escuchado en un bar o
fruto de mi sueño. No sé qué será mejor, por aquello de que el sueño de la
razón produce monstruos. Joder, y la realidad también.