El oro ha sido muy relevante en la historia
de la humanidad. Ha sido, sigue siendo, un símbolo de poder y riqueza, asociado
también a la divinidad. El dorado en el cristianismo simboliza la gloria de
Dios, la eternidad. Así el dorado se utiliza en vestimentas y ornamentos para
solemnizar festividades importantes como la Navidad o la Pascua. A su vez, el
dorado representa la pureza y lo duradero, y es en este sentido en el que se
usan los anillos en el matrimonio.
El oro fue el refugio frente a los vaivenes
de las monedas de los diferentes países, así se creó para garantizar su
solvencia el patrón oro. Consistía, el patrón oro, en establecer el valor de la
moneda de un país en relación a la cantidad de oro que este poseía. Así era, ya
no lo es. En 1944 se aprobaron los Acuerdos de Bretton Woods – su nombre
proviene de la localidad en donde se celebraron las reuniones, Bretton Woods,
en Nuevo Hampshire, Estados Unidos – en los que se establecieron las políticas
económicas mundiales que estuvieron vigentes hasta 1971. En aquellos acuerdos
se decidió la creación del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional,
utilizando el dólar estadounidense como moneda de referencia internacional.
Ambas organizaciones empezaron a funcionar en 1946.
Desde la década de los 70 del siglo pasado el
valor del dinero no está vinculado a una cantidad física de oro, sino a la
confianza en el banco central que lo emite, la política económica, la inflación
y el mercado. Esto puede suponer, en los casos extremos, que una emisión
excesiva de dinero en circulación puede conducir a la hiperinflación y a la
pérdida del poder adquisitivo ya que se produce un aumento descontrolado de los
precios, superando el 50 por ciento mensual, según los expertos.
Resulta curioso que la confianza sea una de
las bases sobre la que se asienta la economía de los países, una confianza que
puede desaparecer de forma casi inmediata por obra de grandes consorcios
financieros que pueden desprestigiar a un banco central o un país en función de
sus intereses espurios.
Tras la II Guerra Mundial se puso en marcha
un modelo que denominaron Estado del Bienestar en el que los gobiernos
intervenían en la economía con el fin de redistribuir la riqueza y garantizar
servicios sociales básicos como la sanidad, educación, pensiones… Ese modelo
fue desarticulado a finales de los años 70 del siglo pasado y principios de los
80. Esos cambios económicos y el resurgimiento del liberalismo tuvo como
grandes adalides a Ronald Reagan, presidente de Estados Unidos entre 1981 y
1989, a Margaret Thatcher, primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990, que contaron con el apoyo impagable
de Karol Józef Wojtyla, Papa entre 1978 y 2005.
Hay dos ejemplos muy esclarecedores, uno de
ellos promovido por Ronald Reagan y el otro por Margaret Thatcher.
Reagan eliminó casi todos los controles
bancarios en 1982 al firmar la Ley de Instituciones Depositarias Garn-St.
Germain. Esa normativa permitió a los bancos desregular los ahorros y permitió
préstamos comerciales e inversiones de mayor riesgo. Eliminaron la relación
préstamo-valor y permitieron préstamos de alto riesgo, en ocasiones del 100 por
cien del valor de la compra. A su vez esa desregulación facilitó el aumento de
la deuda privada a unos niveles exagerados. Lo que al principio parecía una
ayuda se convirtió en un problema a medio plazo, pensemos en la crisis de
2007-08.
Por su parte, Margaret Thatcher puso en
marcha la Ley de Vivienda de 1980, la cual permitió que más de dos millones de
viviendas públicas pasasen a manos privadas. Esta medida provocó la escasez de
viviendas de alquiler social que aun se arrastra hoy. No podemos pensar que fue
una medida social, ni mucho menos. El objetivo era fomentar lo que se denominó
un «capitalismo popular» y una «democracia de propietarios». Dicho de otra
manera, fue una medida política que detrás de ella escondía una realidad muy simple,
quien es propietario de algo tiene miedo a perderlo y es menos receptivo a
cambios sociales y económicos. Esto se unió al acoso y derribo que Thatcher
realizó con los sindicatos, especialmente con los mineros.
Con todo esto, y mucho más, nos hemos cargado
el Estado del Bienestar, o estamos camino de ello. En España no nos libramos de
esta corriente, acentuada ahora con la presencia cada vez más relevante de la
extrema derecha en los círculos del poder político.
Hubo una cuestión que el tiempo casi me hizo
olvidar y que se ajusta a esta ola liberal: la venta de oro de una parte
importante de las reservas de España. Se produjo en 2007, gobernaba José Luis
Rodríguez Zapatero y su ministro de Economía era Pedro Solbes Mira. Transcribo
una parte de la sesión celebrada en el Senado a este respecto que me parece
esclarecedora.
En el Diario de Sesiones del Senado, en la
Sesión del Pleno celebrada el miércoles 6 de junio de 2007, Javier
Sánchez-Simón Muñoz, del Grupo Parlamentario Popular en el Senado, preguntó si
el Gobierno conocía la razón por la que el Banco de España vendió en los meses
de marzo y abril de 2007 el veinte por ciento de las reservas de oro
existentes. La respuesta se la dio el Vicepresidente Segundo del Gobierno y
Ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes.
El Vicepresidente afirmó que «Las ventas a
las que alude su señoría en su pregunta se han realizado en coordinación con
los demás bancos centrales… por el que se pretende, vender oro, activo no
rentable, y reinvertirlo en bonos de renta fija que sí tienen rentabilidad. Esa
es la razón por la que el Banco Central Español, de acuerdo con el Banco
Central Europeo, ha adoptado estas decisiones».
El senador Popular respondió: «entre el año
2004 y mayo de 2007 se ha pasado de 16,8 millones de onzas troy a 9,9 millones,
algo menos del 60 por ciento de lo que había, pero a su vez se ha reducido más
de un 20 por ciento en estos cuatro meses». La onza troy es la unidad de medida
estándar internacional para el peso de metales preciosos (oro, plata, platino,
paladio) equivalente a 31,1035 gramos.
Según el senador solo Portugal, Grecia y
España -sobre todo España- efectuaron importantes ventas de divisas.
En su réplica el vicepresidente dijo: «En
primer lugar, porque, como he indicado anteriormente, el oro, que en el pasado
jugó su papel, ya no lo juega en el momento actual; ya no es un activo
rentable. En segundo lugar, porque las reservas del Banco de España en estos
momentos deben tener como objetivo fundamental el maximizar su rentabilidad.
Tampoco tenemos las mismas necesidades de reserva que tuvimos en el pasado,
entre otras razones, porque nuestra moneda es el euro, que juega un papel de
reserva fundamental en los intercambios internacionales, y es la segunda moneda
del mundo en el momento actual y con un papel creciente; y, en tercer lugar,
porque nuestro comercio exterior con la zona euro, que es la zona en la que
llevamos a cabo el 70 por ciento de nuestras operaciones, no necesita
existencia de reservas». Termina el ministro diciendo: «En todo caso, la
revalorización del oro se mantiene; la solvencia del sistema financiero, que es
lo que pretende, está garantizada y el saneamiento del sector público es la
mejor garantía de que las cosas vayan bien».
Las palabras de Solbes siguen al pie de la
letra lo dicho por los liberales, a nadie preocupó. Se aprecia también en los
comentarios del senador del PP que no hace sangre. Solbes y el gobierno de
Zapatero se sumaron a la ola especulativa al querer rentabilizar al máximo las
reservas del Banco de España e invertirlo en bonos de renta fija.
La venta supuso al final un 32 % de las
reservas que hoy valdrían más de un 130 % del precio pagado entonces. ¿Tendría
esto algo que ver con el conocimiento de la crisis que se avecinaba y que ya
estaba anunciada? Tal vez.
El precio del oro se encuentra en estos
momentos en los máximos históricos. En lo que va de año la reserva de oro sigue
siendo importante y estratégica para los estados en un entorno geopolítico y
financiero tan inestable. No genera dividendos ni intereses, pero ahora,
curiosamente, se trata de un componente importante para proteger la riqueza y
diversificar reservas frente a la depreciación de las monedas fiducidiarias,
sobre todo frente al dólar estadounidense. Los bancos centrales están
realizando compras masivas de oro, sigue siendo una inversión de refugio seguro
y las grandes fortunas siguen acaparándolo.
La venta de oro no fue una buena idea. No
hace falta ser economista para saberlo. El oro era y es un valor seguro en una
economía de mercado, al igual que las propiedades, sobre todo inmobiliarias,
que por mucho que se diga en su contra quien tiene mucho dinero las adquiere,
llámense fondos de inversión estadounidenses o bancos, incluidos los españoles.
Es así de simple, lo demás son cuentos. ¡Es el mercado, amigos!