No sé si llamarlo batiburrillo o caos mental
a lo que tengo y padezco. Incluso no sé sí achacarlo a la edad. De todo puede
haber un poco o un mucho. Entiendo este mundo, lo que se puede, pero no acabo
de comprenderlo.
Ven, mucha incomprensión y cacao mental.
El mundo lo han puesto patas arriba unos
pocos. Trump es el máximo exponente público, pero son muchos los que le
acompañan en la locura que solo tiene un objetivo: el dinero. Han decidido
ganar aún mucho más por la vía más rápida y violenta. Es la ley del más fuerte,
amigo. Y a ese carro se han sumado muchos, demasiados, que se consideran
ecuánimes y buenas personas. Han aceptado la violencia, también la verbal, como
herramienta para alcanzar unos fines que consideran lícitos y justificados.
Ante esto la cabeza me explota. Justifican, o
no le dan mayor importancia, a la guerra desatada por Rusia en Ucrania. El
genocidio israelí en Gaza se defiende por la presencia entre los palestinos del
Hamas. Olvidan que el grupo terrorista fue financiado con el consentimiento del
gobierno de Netanyahu. Las amenazas de ocupación de Groenlandia se lo tomaron
como una bravuconada más de Trump, tanto que la mayoría de los países de la UE
se pusieron de lado. EEUU secuestró al dictador venezolano Maduro y prácticamente
los dirigentes mundiales callaron. El presidente estadounidense amenazó a
Canadá y México y se lo tomaron como otra broma estúpida de ese lunático
demente. Cuba siempre está en la mira de ese tipo que preside el país más
poderoso del mundo, por su armamento no por otra cosa, y da igual. Nadie dice
nada. La última, la más sonada y peligrosa hasta ahora, ha sido el ataque a
Irán. Quitando a Sánchez el resto de los dirigentes de la UE se han callado. No
importa que Trump dijera hace un año que habían acabado con la industria
nuclear iraní o que se sumó al ataque ya que Israel iba a atacar. La cosa no
acabó ahí, Israel bombardea en el Líbano con la disculpa de que allí tiene su
sede los terroristas de Hezbolá. Ya hablan de ocupación terrestre.
Las consecuencias de la guerra en Irán están
repercutiendo en la estabilidad mundial. Miren si la cosa está mal que Ursula
von der Leyen, la Presidenta de la Comisión Europea, dijo que nos olvidemos de
lo que conocíamos hasta ahora, refiriéndose al derecho internacional y las
negociaciones para solventar problemas, de eso nada, ahora el que los tenga más
grandes es el que manda. Oigan, me refiero a los misiles, aunque no solo. Pues
a esta buena señora no le leyeron la cartilla en condiciones. Peor es lo del
Secretario General de la OTAN, Mark Rutte. Este hombre es un bufón que ríe las
gracias al matón de Trump. En eso de reírle las gracias al yanqui también
estuvo el canciller alemán, Friedrich Merz, mientras se metía con Pedro
Sánchez.
La actitud de esos dirigentes ha dejado mucho
que desear, y no es que se postrarán ante el «naranjito», que también, es que
han dejado en muy mal lugar a la UE, a Europa y el papel que se suponía que
representaba de moderación, concordia y apuesta decidida por la paz.
Estas cosas alteran mis neuronas y me
encienden.
Mirando al panorama nacional la cosa no
mejora. Abascal, Feijóo, Ayuso y Aznar forman un cuarteto que se apuntan a
todos los bombardeos, nunca mejor dicho, de los de Estados Unidos, desde luego,
sin hacerle ascos a los de Israel. Todo sea por defender la cultura
judeo-cristiana, que dicen ellos. Pues vaya cultura de mierda que se basa en la
aniquilación de otros seres humanos.
Seamos sinceros, lo que más les importa es la
pasta que les dan los grupos de presión israelís.
Volvemos a recordar aquel «No a la guerra» de
2003 en la guerra en Irak. Para muchos españoles la imagen del «Trío de las
Azores», Tony Blair, George Bush y José María Aznar, los dos últimos con los
pies subidos a una mesa, son inolvidables. El belicoso Aznar sigue sin pedir
perdón y nuevamente quiere que España se involucre en otra guerra inventada por
Trump para mayor gloria, y sobre todo dólares, de USA.
No me digan que no es para que las neuronas
se vuelvan locas.
Vale, son dirigentes políticos españoles y
mundiales, pero ¿y los ciudadanos de este país?. Pues hay que joderse con una
parte de ellos. Quieren que España se alíe con Estados Unidos e Israel en una
guerra no declarada y que a todas luces beneficia a esos dos países. Esos
españolitos tan aguerridos se han olvidado de los atentados de Atocha del 11 de
marzo de 2004.
Esto me produce una desazón de la que no me
libro. ¿Cómo puede haber ciudadanos españoles que prefieran una guerra, de
efectos todavía inimaginables, qué no sabemos cuánto va a durar y, sobre todo,
cuántos muertos va a costar?. Esos españoles belicosos optan por la muerte
antes qué por las negociaciones y el respeto a las leyes internacionales. Se
han olvidado de dos guerras mundiales con millones de muertos. Las guerras
nunca solucionan nada. Pueden esconder los problemas un tiempo, pero acaban
saliendo a la luz. No, los muertos no se olvidan. ¿Alguien en su sano juicio
puede pensar que los palestinos supervivientes de las masacres israelís van a
olvidar ese genocidio?. Hezbolá no desaparecerá.
En España se vivió una Guerra Civil y durante
muchos años asistimos a la barbarie y asesinatos de ETA. ¿Ya se nos olvidó el
sufrimiento por tantas muertes de compatriotas? Parece que si.
Un querido amigo me comentaba, creo que
acertadamente, que los recuerdos permanecen durante tres o cuatro generaciones
como mucho, luego esa memoria reciente se difumina. Valga de ejemplo como entre
los más jóvenes la figura de Franco es vista con cierta benevolencia, o mucha
en demasiados casos. El revisionismo histórico está calando en esa cuarta
generación a la que le queda muy lejos, que ni siquiera han estudiado en los
libros de Historia o han oído hablar de el dictador Francisco Franco.
A poco que se piense en ello cualquier
persona con un mínimo de sensatez, de sentido democrático y conocimiento
histórico, no puede apoyar por activa o pasiva las justificaciones del
fascismo, pues de eso estamos hablando.
Me preocupa mucho la deriva que están tomando
muchos ciudadanos españoles y su apoyo a las extremas derechas ya que con ello
están dividiendo la sociedad y haciendo tambalear los principios democráticos.
Eso es muy serio.
Esta severa inquietud me hace más beligerante
hacia los que atentan contra la democracia, pero siempre desde la democracia
para la democracia. La pasividad nos conduce a ese mundo oscuro, tenebroso, en
el que nos quieren volver a meter. Mi cabeza será un caos, andará liada por
esos batiburrillos, pero no pierdo el norte, ese norte está en la democracia,
el respeto a las leyes, y sobre todo en la vida.