21 abr 2026

Libros, bibliotecas y Rufián

 


 

  El Día del Libro ¿para qué?. Se trata de un objeto incómodo de manejar, sobre todo en la cama. Coge polvo. Sus cubiertas y páginas con el tiempo amarillean y se quedan feos. Ocupan mucho espacio, claro, cuando tienes miles, cosa infrecuente. A lo largo de la Historia han dado muchos quebraderos de cabeza, tantos que algunos lectores impenitentes la perdieron. Han sido, los libros, causa de disputas, ¿entonces a qué viene celebrar un día especial para ellos?

  A finales del 2025 una que se dice influyente – ya sé qué queda más chic influencer, pero paso- dijo que no le gusta leer libros y que «no eres mejor persona por leer». Vale, le doy la razón, pero tal vez se puede ser más tonta por no hacerlo.

  Se montó el follón en las redes sociales. Pues no sé porqué, con darse un paseo por ellas se comprueba que el nivel de comprensión lectora y de escritura es el qué es. Vamos, muy pobre en gran medida.

  Si nos remitimos al estudio Hábitos de lectura y compra de libros en España 2025 de la Federación de Gremios de Editores de España, da la sensación de que somos un país de lectores impenitentes. Veamos. El total de lectores en cualquier soporte es del 69,8%. Quienes viajan regularmente en metro, por ejemplo, podrán comprobar que la mayoría del pasaje va leyendo libros en su móvil, ¿a que sí? Pues eso.

  Vayamos a otros datos de ese estudio.

  El total de lectores frecuentes es del 51,5%. Puntualicemos. Lee todos o casi todos los días el 32,1%. Vaya, el bajón es importante. Quienes leen una o dos veces por semana son el 19,4%. No parecen datos tan excelentes, ¿verdad?

  Más datos.

  Entre los lectores ocasionales, leen una vez al mes un 6,9%. Que lean alguna vez al trimestres son un 7,8%. No son datos para dar saltos de alegría.

  El total de no lectores es de un 33,8%. Sin comentarios.

  Por muchas vueltas que le demos los datos son malos y la realidad peor. No sé ustedes, pero en mi entorno no abundan los lectores, independientemente de su nivel académico.

  Como éramos pocos llegó Gabriel Rufián y la lió. Su señoría dijo: «Yo prefiero llenar TikTok que bibliotecas» Y se quedó tan pancho. Me cae bien, sabe lo que tiene que decir para generar polémica y aplausos en las redes sociales, pero en esta ocasión se pasó de frenada.

  Comparar las bibliotecas, públicas añado, con la red social TikTok significa no diferenciar entre lo importante y lo accesorio. No se solivianten, me gustan y uso las redes sociales. Esa red podrá tener los millones de seguidores que quiera, pero eso no resta un ápice la trascendencia y relevancia de la más pequeña de las bibliotecas públicas. Mientras haya un solo lector que acuda a esa biblioteca la esencia del ser humano estará presente en este mundo cada día más desnortado. Las bibliotecas públicas, los libros que albergan, son el reducto inexpugnable del conocimiento que hemos atesorado tras miles de años de evolución. Reducir nuestra vida a TikTok es renunciar a la capacidad de pensar de manera individual, sin cortapisas ni imposiciones, en libertad.

  La afirmación de Rufián, en este caso, es tan efímera e intrascendente como la inmensa mayoría de los mensajes que nos llegan por esa vía. No se me ocurriría equiparar a todo TikTok con un solo libro, con uno solo. El acto de escribirlo y después leerlo supone un esfuerzo intelectual del que carece esa red que dicen «social», no me refiero a la complejidad técnica.

  La afirmación de Rufián puso al libro en las redes, como también lo hizo la «equivocación» de Pablo Motos y Sonsoles Ónega respecto al IVA de los libros. Suponíamos que esta gente estaría mejor informada, pues no. Si no saben que el IVA de los libros es el 4% ¿qué sabrán de temas de más enjundia?

  No estoy en contra de las redes sociales, pero a la vista está el uso, el mal uso que de ellas se hace.  Las redes sociales se alimentan de mentira y bulos. Son las causantes de que haya hikikomoris de las redes. Los  hikikomori son aquellas personas, mayoritariamente jóvenes, que se recluyen en sus hogares y evitan todo contacto social por más de seis meses. Se trata de un fenómeno originado en Japón.

  La lectura de libros, aun siendo una actividad solitaria, provoca la estimulación de nuestro cerebro, motor de nuestra humanidad, pero es más que ese alimento cerebral, alborotan nuestros sentimientos, cualidad de la que carecen el resto de los animales. Los libros nos inundan de imágenes, que son diferentes en cada lector, todo lo contrario que TikTok que nos lo da todo enlatado. Las redes sociales nos llevan al scrolling, ya saben, el pasar a lo loco las páginas digitales sin pausa para fijarnos en nada, con un libro eso no se puede hacer, afortunadamente.

  Sin libros no existiría ni TikTok ni el resto de los avances tecnológicos. Desde luego que en internet hay información muy seria y se ha convertido en la gran biblioteca virtual, pero esa no es la que se consume normalmente, donde esté la carnaza que ofrecen las redes que se quité lo demás.

  No quiero dejar de lado la gran ocurrencia que han tenido, no sé quien, de celebrar el Día del Libro en Asturias regalando libros y una rosca, eso sí, dulce o salada. Quieren que ese día internacional pase a denominarse San Xurde. ¿Esto les suena? Miren, ya que nos ponemos copiones identitarios yo propongo que en vez de rosca, dulce o salada, se regalen bollos preñaos, como el que se hace por el suroccidente con chorizu y tocín, redondo, grande y sabroso.

  Para algunos, no tantos, el Día del Libro son todos los días. Su consumo no atonta, todo lo contrario.