14 may 2026

La guerra cultural se disfraza de patriotismo

 

  

    Las guerras culturales no son algo novedoso. Tal y como entendemos hoy este concepto tiene su origen en 1991, con la publicación del libro Culture Wars: The Struggle to Define America, del sociólogo James Davison Hunter. Se trata de una estrategia política que tiene como objetivo polarizar y asentarse unas ideas, conservadoras, en la sociedad.  Entre los apologetas de esa guerra cultural está Steve Bannon, exasesor de Trump, que ya mantuvo contactos con Vox en 2017. Bannon afirma que la batalla antes que política tiene que ser cultural, pues en ello están la extrema derecha y la derecha más extrema.

  El reciente viaje a México de la presidenta de Madrid, Isabel Natividad Díaz Ayuso (INDA) está siendo una escaramuza dentro de esa guerra cultural. INDA muy dada a meterse en todos los charcos no dudó, antes de su viaje, en denominar a México como un «narcoestado». Eso es hacer amigos. Lo sucedido es de sobra conocido, al igual que las hilarantes explicaciones que está dando ya desde Madrid. Esta esperpéntica historia ha servido para que se hayan polarizado las opiniones a favor y en contra. Objetivo cumplido, INDA.

  Entre quienes se muestran a favor he leído el artículo España como coartada, de Paula Álvarez Tamés, en La Nueva España. Ya de entrada la primera en los dientes. Según la autora de ese artículo la polémica entre Claudia Sheinbaum e Isabel Natividad Díaz Ayuso es una estrategia para «convertir a España en un enemigo simbólico útil para distraer la opinión pública mexicana de problemas mucho más graves y mucho más actuales». Paula Álvarez es secretaria del Consejo de Españoles Residentes en el Extranjero del Consulado de Nueva York. ¡Menuda representación! Se le olvida qué quien inició la polémica fue INDA, no la presidenta de México.

  Tras esa entrada tan «cordial» continua resaltando los problemas que aquejan a México, así habla de homicidios, inseguridad, narcotráfico. Es evidente que Álvarez Tamés está tomando una posición política que nada tiene de diplomática.

  Pasa más adelante a explicar que la conquista de México solo fue posible gracias a que una parte de los pueblos indígenas se aliaron con los españoles contra los mexica, el pueblo más poderoso de Mesoamérica, y así lograron conquistarlos. Vale, eso fue así, simplificando. «La colonización española tuvo violencia, explotación y abusos», como ella dice sería absurdo negarlo, pero… y ahora llegan los paños calientes ya que los españoles pusieron fin a prácticas brutales, crearon universidades, hospitales… dice Paula Álvarez. Pues también es verdad, pero de ahí a insinuar o afirmar que los colonizadores fueron buenos chicos hay un abismo y nunca hay que olvidar el precio que pagaron los pueblos indígenas.

  Claro, no podía faltar la comparación con el modelo anglosajón de colonización, que tampoco fue nada ejemplarizante, desde luego, pero este argumento sirve una vez más para intentar limpiar la imagen de la española.

  La afirmación del mestizaje entre españoles e indígenas tiene mucho de invento. No fue algo espontáneo y fruto de buena intención, para nada. Si bien es cierto que desde muy pronto hubo mujeres españolas que se embarcaron hacia los nuevos territorios, su número siempre fue bajo en comparación con el de hombres. Creo que ese es un motivo suficiente para entender, en parte, ese mestizaje.

  El cierre del artículo tampoco se queda corto a la hora de insultar a un Gobierno y un país. La autora de tan desafortunado artículo afirma que: «México merece algo mejor que vivir atrapado en un resentimiento cuidadosamente alimentado desde el poder. Merece dirigentes preocupados por resolver los problemas de los mexicanos vivos y no obsesionados con reescribir eternamente el siglo S. XVI. Porque ningún mexicano teme hoy salir a la calle por culpa de Hernán Cortés. Pero millones sí viven con miedo por culpa de los fracasos políticos del presente» ¡Toma ya! ¿Cómo tiene la osadía de realizar esos comentarios? No tiene precio como incendiaria de las relaciones internacionales. Flaco favor hace si sus comentarios son siempre así en el desempeño del cargo que ostenta en el Consulado de Nueva York.

  No ha sido la única que ha salido en defensa de los desmanes lingüísticos de INDA, son insultos, para hablar con propiedad.

  Hay un revisionismo histórico que no tiene la intención de aportar más luces a la Historia, se trata de un revisionismo ideológico que pervierte la Historia y que tiene como objetivo provocar esas guerras culturales.

  Resulta absolutamente absurdo y manipulador analizar la Historia con la visión actual, tanto de las ideas, principios, la moral o la ética, es un anacronismo. La Historia hay que comprenderla, incluso criticarla, pero nunca juzgarla. Las circunstancias, el contexto en el que se producen los hechos es fundamental para su comprensión. No hay que hacer recaer la culpa en unos u otros, se trata de comprender los motivos que causaron determinadas actuaciones.

  Me parece una incongruencia, por ser moderado, que se reclame perdón por comportamientos de hace tres o cuatro siglos. Es, sin duda alguna, un intento de manipular y apelar a un nacionalismo identitario. Lo mismo sucede con aquellos que justifican los desmanes y barbaridades cometidas hace siglos comparándolos con los de otros países o los beneficios que puedan haber existido.

  No hay duda de que las colonizaciones fueron nefastas para los pueblos colonizados. Esos territorios no solo fueron explotados, si no que supuso la pérdida de culturas milenarias, aunque algunas fueran muy violentas. A esto se suma la descomunal mortalidad, bien provocada por las guerras de ocupación, bien por la transmisión de enfermedades desconocidas. Para América se habla de que el 90 % de la población indígena desapareció como consecuencia de la colonización.

  El fenómeno de la colonización duró hasta finales de la II Guerra Mundial y se prolongó, en África y Asia, hasta la década de los sesenta del siglo pasado. La descolonización trajo severas consecuencias para los países que se vieron abandonados prácticamente a su suerte. Se crearon fronteras arbitrarias, pensemos en la creación del estado de Israel o la separación entre la India y Pakistán. Los colonizadores desmantelaron las escasas industrias que habían servido para esquilmar los recursos de esos países y no les apoyaron en nada. Actualmente hay un neocolonialismo económico que sigue impidiendo el desarrollo de esos países englobados en el Tercer Mundo, a los que siguen explotando sus recursos, sobre todo minerales, y que a su vez son consumidores de lo que nos sobra, en muchas ocasiones se lo venden en malas condiciones, incluidos los medicamentos.

  Los países del «Primer Mundo», no deja de ser un eufemismo, nos sentimos muy ofendidos cuando los ciudadanos de esos estados emigran hacia los nuestros con el fin de huir de las guerras, consentidas e incluso fomentadas desde los nuestros, o sencillamente buscan tener una vida digna. No tenemos pudor y vergüenza y los despreciamos o sencillamente hay desaprensivos que los explotan ahora en nuestros países.

  Las ultraderechas continuarán sus guerras culturales ya que les están dando unos réditos electorales muy importantes, han alcanzado el gobierno de varios países. Una de las últimas batallas que han planteado es la que enfrenta a pensionistas y jóvenes, está calando también este mensaje.

 Mientras tengamos personas como INDA que han demostrado hasta el hartazgo su ignorancia, maldad y falta de humanidad y que son apoyadas mayoritariamente no habrá forma de tener unos debates sosegados en la sociedad. No les interesa, detrás de esas guerras culturales está el control del poder, de los medios de comunicación y como siempre, el dinero, pero ellos hablan de patriotismo.