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19 abr 2023

Un hospital devaluado, el Carmen y Severo Ochoa




Publicado en La Nueva España 19 abril 2023

  La sanidad pública española está mostrando sus debilidades. Esa sanidad que decíamos era la mejor del mundo hoy la denostamos y criticamos con furor. ¿Es para tanto? Seguramente no, pero tiene problemas muy serios sobre los que reflexionar y, sobre todo, a los que hay que buscar soluciones.
  Hablando en general es muy fácil caer en demagogias baratas, por eso voy a concretar en el Hospital Carmen y Severo Ochoa, el hospital comarcal del suroccidente asturiano. Este hospital, perteneciente al área sanitaria II da asistencia a los ciudadanos de los concejos de Allande, Cangas del Narcea, Degaña, Ibias y Tineo, unos veinticuatro mil habitantes. Se inauguró en 1986 cubriendo la atención sanitaria de más de cuarenta mil personas. Un dato más, es una de las comarcas españolas que más población ha perdido y donde está más envejecida. No voy a hablarles de empleo, comunicaciones, etc.
  La perdida de población ha influido de forma determinante en la atención sanitaria que recibimos y así, desde hace mucho tiempo, el Carmen y Severo Ochoa sufre carencias importantes. Hemos de reconocer que en escasas ocasiones hemos levantado la voz para reclamar una atención sanitaria adecuada, que además se nos había prometido.
  Desde el ámbito político municipal no han hecho nada, les resulta un tema muy complejo y del cual lo ignoran todo.
  El último desastre, pues de tal se trata, fue la no renovación de su contrato de cuatro médicos del servicio de medicina interna. Los motivos fueron de carácter interno, de sobra conocidos por los responsables que no hicieron nada por solucionarlo. Al final hicieron un apaño y han tenido que forzar a internistas del HUCA a cubrir esas bajas. El problema fue muy serio y no trascendió a la calle. La mala gestión fue la causante del desastre.
  La plaza de cardiología ha estado durante mucho tiempo vacante y era atendida por los internistas. En estos momentos está ocupada por una cardióloga, pero tiene reducción de jornada por lo que sólo trabaja día y medio a la semana. No parece mucho, la verdad.
  No son estas las únicas deficiencias. El hospital Carmen y Severo Ochoa tiene un urólogo que trabaja de lunes a viernes, los fines de semana no hay especialista, como tampoco los hay en los servicios de oftalmología y otorrinolaringología. Tres servicios solo cubiertos cinco días a la semana. ¿Quién cubre las urgencias de estos servicios? ¿Se les deriva al HUCA?
  Estos problemas vienen arrastrándose desde hace años y desde luego los causantes son los gestores.
  Cualquier baja que se produce tarda muchísimo en cubrirse. El área sanitaria II es, sin duda, la peor tratada de toda Asturias. Profesionales, no sólo sanitarios, son reacios a trabajar en el suroccidente, debido a la distancia con respecto al centro de Asturias, que no es tanta, si no al mal estado de las comunicaciones y especialmente a la escasez de servicios de todo tipo en estos concejos. A estas cuestiones se unía, hasta hace poco tiempo, las pésimas condiciones de los contratos.
  La escasez de profesionales también afecta a los centros de salud. Así por ejemplo hemos visto a los vecinos de Navelgas protestar porque no se cubría una plaza médica y otra de enfermería. Los problemas para conseguir pediatra también es motivo de queja. Es cierto que faltan profesionales pero el suroccidente queda siempre para el final. Para muestra un botón, el área fue la última en  tener disponible una uvi móvil. Está operativa desde febrero de 2022.
  Cuando a principios de año se hizo pública la plantilla orgánica del SESPA para Tinéu se mantenían dos fisioterapeutas. Una barbaridad. La lista de espera para ser atendidos era en aquel momento de meses, llegando hasta el año. Había unos 180 pacientes provenientes de especializada esperando ser atendidos y unos 40 de primaria. Con dos fisios la lista de espera crece y crece y crece.
  Ahora nos hablan de una unidad de rehabilitación de pacientes con ictus para el hospital comarcal y que más adelante este mismo equipo atenderá en Tineo. En fin.
  La escusa - nunca mencionada, faltaría más – que provoca estas situaciones es muy clara : poca población. Esa justificación no escrita puede ser aceptada por quienes no viven aquí, pero es claramente una injusticia social. Pagamos impuestos pero no se atienden las necesidades básicas de forma adecuada.
  Otro desaguisado más es el de la seguridad en el Hospital Carmen y Severo Ochoa. Han reducido la plantilla de personal e seguridad quedando sin ella por las noches y en determinado horario de tarde. Así están y estarán hasta finales de mayo.
  La falta de profesionales de la medicina es un mal de todo el país. Miles de sanitarios desempeñan su vida laboral fuera de nuestras fronteras, estamos dilapidando el dinero que cuesta su formación y sobre todo perdemos a unos profesionales muy cualificados e imprescindibles en la sociedad. Pues si el mal es general en el suroccidente es aún peor.
  Desde la puesta en marcha del Hospital Carmen y Severo Ochoa han pasado un buen número de gerentes por él, la inmensa mayoría han sido meras marionetas de la consejería de Sanidad. El deterioro de la situación en estos últimos años es notoria. Cuando un gerente no se implica con la comarca, carece de una mínima empatía con los profesionales y con los ciudadanos las cosas solo pueden ir a peor. Así ha sido. Como ciudadano quiero un profesional atento a las necesidades y que de forma activa busque y encuentre soluciones.
  Cuando a los consejeros de Sanidad y presidentes varios se les llena la boca hablando de la sanidad pública asturiana en el suroccidente esbozamos una sonrisa irónica y ya sabemos que nos tocarán las migajas.

 

 

                                                                                       

 

1 sept 2022

Doctor Abella, una vida en el hospital Carmen y Severo Ochoa

 

 

Publicado en La Nueva España 1de septiembre de 2022

  Llegó el momento inevitable. Toda una vida dedicada a un trabajo intenso y absorbente y va a poner fin a cuarenta y cuatro años de profesión, de los cuales treinta y seis en el hospital comarcal Carmen y Severo Ocho de Cangas del Narcea. Se retira, más bien lo retiran, tengo la sensación que por él aún seguiría. Se encuentra bien y se le ve muy bien. Es el doctor Rodolfo Abella Blanco (Oviedo, 1952), jefe de servicio de traumatología de ese hospital.
  Rodolfo Abella es un hombre apasionado por su profesión. Los años no le han hecho perder empuje y da un poco de envidia verle con esa vitalidad a sus setenta años.
  Tiene en su cabeza la historia del hospital. Lleva en él desde el primer momento, se inauguró el 27 de junio de 1986. Recuerda que en aquellos primeros momentos se encontró con todo por hacer y carecía de personal necesario para cubrir el servicio de traumatología. Así y todo lo puso en marcha y ese esfuerzo inicial y ver como se iba consolidando su equipo sirvió para que el doctor Abella reforzase sus lazos afectivos y profesionales con el hospital, tanto que han durado esos treinta y seis años.
  No es poco cosa la estabilidad que ha conseguido en su servicio. El hospital Carmen y Severo Ochoa se caracteriza por tener una movilidad muy elevada en su personal, mantener la continuidad de los facultativos es complicado y, sin embargo, Abella lo ha conseguido. Ha logrado otra cosa aún más difícil, que ese equipo le respete y aprecie.
  Rodolfo Abella es un hombre agradecido y así resalta el apoyo que tuvo en todo momento del doctor Antonio Murcia, entre otros. Asimismo señala el trabajo tan importante que llevan a cabo los médicos de familia y a pesar de ello considera que los tratan como a parias de la medicina.
  Les voy a confesar algo que no es conocido fuera del ámbito hospitalario, el doctor Abella ha sido uno de los pilares de este hospital, y no me estoy refiriendo al aspecto clínico. Su valentía a la hora de hacer frente a decisiones políticas alejadas de las sanitarias es reconocida por quienes conocen los entresijos del centro sanitario.
  Le pregunto, no podía ser de otra manera, por la actualidad de su servicio y del hospital en general. Está bastante satisfecho ya que actualmente operan mucho más. La pandemia tuvo sus efectos negativos, pero ahora están trabajando a un ritmo muy alto.
  En líneas generales considera que el hospital Carmen y Severo Ocho cuenta con una cartera de servicios adecuada, aunque menciona dos carencias que considera importantes, la falta de un servicio específico de gastroenterología y otro de cardiología. Una población tan envejecida como la comarcal se ve más afectada por patologías de esas especialidades.
  Le comento la preocupación existente entre la población por lo que consideramos incumplimientos para enviar médicos de sustitución con el fin de cubrir las necesidades, tal y como se había prometido por los responsables políticos, y confirma que es cierto que se están produciendo. Así pone de manifiesto que algunos servicios están desatendidos, puesto que solamente cuentan con un especialista, como es el caso de Urología y Otorrinolaringología. Cuando descansan o se produce una baja no se presta la atención y los pacientes tienen que ser derivados al HUCA.
  Como buen conocedor del hospital destaca que no se cubren las plazas de la plantilla orgánica y sigue dándose preferencia a otros hospitales con plantillas más holgadas.
  El doctor Abella es consciente de las peculiaridades de la población a la que atiende este hospital, envejecida, dispersa y sin transporte público que los acerque al hospital, lo cual hace que el compromiso e implicación de los médicos sea mayor si cabe. Es más, afirma que en ese hospital realizan una medicina social debido a las condiciones socioeconómicas de la comarca, no siempre comprendidas desde la capital.
  El hospital del suroccidente siempre fue el último de la fila, lo dice el doctor y yo lo secundo. La adecuación tecnológica ha sido un problema constante a lo largo de los años, aunque es cierto que se ha mejorado mucho.
  En su dilatada carrera le llegaron cantos de sirena que nunca escuchó, es carne de quirófano. Aceptó, en su momento, el cargo de Presidente de la Sociedad Asturiana de Traumatología, pero hasta ahí llegó.
  Tiene una espina clavada muy hondo y que aún supura: la huelga de médicos de 2012. La recuerda con dolor y se sintió agraviado profesionalmente, al igual que sus compañeros, y no guarda un grato recuerdo de quien fuera consejero de sanidad en aquellas fechas.
  Va a tener una jubilación muy ocupada. El espectro de sus aficiones es amplio: lectura, filosofía, derecho o economía están entre sus preferencias. Pero entre todas destaca la música, especialmente la ópera. Habla francés, espera retomar y mejorar su inglés, y ampliar su nivel de ruso. ¡Cómo lo leen, ruso! Me sorprende y le pido que me aclare ese interés.
  Lo del ruso le viene por un tío carnal que fue niño de la guerra y además tiene tres primas que nacieron en la actual Ucrania. Estuvo en Rusia, todavía URSS, realizando dos cursos de ruso en Leningrado y allí conoció a la escritora Monserrat Roig, de quién fue amigo. Rodolfo Abella es una caja de sorpresas.
  Cuarenta y cuatro años de carrera profesional y setenta años de vida dan para mucho más y él los ha pasado con nota.
  El 1 de septiembre sus compañeros realizarán un pequeño acto de despedida en el hospital; el día 5 será su última jornada laboral y el 11 de noviembre, en el Parador de Corias, se celebrará una cena homenaje.
  Termino con una reflexión que realizó al final de nuestra larga, y muy amena conversación: « Los médicos están muy comprometidos con este hospital y eso tienen que tenerlo claro la población y los políticos. Yo creo que los médicos de este hospital dieron mucho y lo siguen dando con gran generosidad por su parte. Eso hay que compensarlo de alguna manera, la población con cariño y apoyo y la administración con su cuidado. Que no nos tengan descuidados de la mano de Dios. No digo que los de Cangas cobren más que otros, pero que cuando se estropee un aparato que no nos tengan ahí sufriendo a la población y a nosotros».
  Feliz jubilación y mejor vida, doctor.

 

                                                                                            

13 jun 2017

La donación de Amancio Ortega nos divide

La donación de equipos oncológicos a la sanidad pública por parte de Amancio Ortega ha supuesto una confrontación entre los ciudadanos. Esos 320 millones han provocado agrios enfrentamientos, insultos y desprecios entre partidarios y detractores en las redes sociales, medios de comunicación y lugares públicos.

Opiniones como la del chulesco Carlos Herrera, y otras de igual tipo, no me merecen ningún respeto.

Antes de seguir quiero decir que yo acepto esa donación. Lo contrario sería tonto. Desde luego no es cuestión de devolverla.

Dicho esto, continúo.

No voy a hablar de cómo Amancio Ortega se ha convertido en una de las personas más ricas del mundo. No voy a discutir sobre la deslocalización de sus empresas. No voy a opinar sobre sus impuestos o los de sus empresas. No voy a comentar si en sus fábricas hay o no explotación infantil. No voy a considerar si tiene su fortuna en paraísos fiscales o no. No voy a averiguar si tiene intereses en empresas sanitarias o no. No me voy a plantear si esta donación lleva pareja una desgravación fiscal o no.

Voy a dejar de lado todo eso y las demás cuestiones colaterales.

Pienso que los servicios públicos son buenos y necesarios. La sanidad, la educación, las pensiones, entre otros, son servicios públicos imprescindibles. Estos servicios tienen que ser financiados con los presupuestos generales del Estado y la fuente de ingresos más importante, con enorme diferencia, deben ser los impuestos directos.

En esto no tengo dudas.

Hay quienes argumentan que no hay dinero suficiente. No estoy de acuerdo. La confección de los presupuestos generales o autonómicos clarifica la importancia que se da a unas cuestiones u otras.

Puede que si alguien ha llegado hasta aquí se muestre en desacuerdo con esta opinión. Permítanme que les recuerde algo que sucedió hace unos días: la aprobación de los Presupuestos Generales para el 2017. El Gobierno para sacarlos adelante realizó enormes concesiones económicas al PNV, en mucha menor medida a Nueva Canarias y aún menos a Foro Asturias. Ese reparto no fue en función de las necesidades sociales, se realizó por necesidad e interés del Gobierno. Por lo tanto si no hay dinero para determinadas necesidades es porque el Gobierno decide gastarlo de otra manera. Los mismo es aplicable a los gobiernos autonómicos.

Hay quienes razonan que con los equipos donados se detectarán muchos cánceres y eso salvará vidas humanas. Cierto. Ahora se me ocurre una pregunta: ¿por su falta se pueden haber perdido vidas?

Quienes se manifiestan a favor de la donación de Amancio Ortega claman por más aportaciones de este tipo. No estoy de acuerdo. Amancio Ortega es multimillonario desde hace muchos años y hasta ahora nunca hizo ninguna donación de este tipo. En España hay muchos millonarios que no hacen donaciones. Y además, vuelvo al principio, los servicios públicos tienen que cubrirse con los presupuestos y no con la voluntad de uno o unos individuos.

Nuestra salud no puede estar a la espera de una donación particular.

Se achaca a quienes no les parece bien la donación que no piensan, que no pensamos, en los enfermos. Estoy totalmente en desacuerdo. Pienso en los enfermos, yo puedo ser cualquier día uno de ellos, y por esa misma razón quiero una sanidad bien dotada de personal y equipamientos.

Repito, quiero una sanidad pública cubierta por los presupuestos generales con dinero proveniente de los impuestos directos. No quiero que la salud de los ciudadanos dependa de la voluntad de algunos individuos.

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12 may 2015

Mis queridas enfermeras


Suena el timbre. Pasa un poco de la una de la madrugada. Al poco rato se oyen unas pisadas y una puerta que se abre. No pasa mucho tiempo y el timbre vuelve a sonar. Más movimiento en el pasillo.

Se hace el silencio.

Timbre. Son las tres. En alguna habitación hay ajetreo. Entradas y salidas. Pisadas rápidas, firmes. Una cama se desplaza. Conversan pero no se entiende nada. Diez minutos más tarde vuelve la calma.

Timbre, timbre, timbre.

Ha habido contagio. Pasos. Puertas que se abren y se cierran. Desplazan algo. Mi oído se afina. Un quejido. En otra habitación alguien habla muy alto. Trasiego. No sé que pasa. Nada bueno.

Los ruidos se van diluyendo en la noche. Solo queda un rurún de alguna máquina lejana.

El agotamiento cierra mis ojos.

La puerta se abre. Buenos días. Allí está. Seis y diez de la mañana. La enfermera viene preparada para extraer sangre. No olvida la medicación. La rutina del día comienza.

La noche ha sido movida, como muchas, pero las seis de la mañana, o un poco antes, es la hora en que el hospital se activa a pleno rendimiento.

Sangre, temperatura, tensión, orina, medicación. No hay habitación ocupada que no reciba su visita. Los protocolos se cumplen.
Cuando lleguen las visitas médicas todo estará listo.
Cogerán vías, sondarán, curarán heridas que solo con mirarlas a la mayoría nos impresionan. Las de quirófano o cuidados intensivos son la vanguardia de la enfermería.

Ahí están mis queridas enfermeras.

La actividad no disminuye. Los turnos se suceden y el trabajo no se acaba nunca.
El número de pacientes siempre es muy similar, el personal que nos atiende cada vez es menos. Jornadas agotadoras, pocos descansos y no hablemos de los salarios.

Unas sonreirán más, otras menos, unas serán mejores que otras, pero ahí están, tratando con la más miserable de las condiciones humanas: la enfermedad y la muerte.
Ellas, las enfermeras –siguen siendo mayoría- y enfermeros, están las veinticuatro horas del día al lado del enfermo. Son esa correa de transmisión imprescindible entre los médicos especialistas y la buena curación de un paciente o, en el peor de los casos, la muerte digna.

El personal sanitario público en su conjunto, desde el médico al celador o personal de mantenimiento, merecen todo mi respeto y admiración. Cuando los he necesitado han estado ahí y se han comportado como lo que son: unos profesionales. La enfermedad y la muerte de sus semejantes es su trabajo, nunca justamente valorado y recompensado. Tampoco les importa, les puede más su vocación y sentido del deber.

En los momentos complicados de una enfermedad es cuando vemos como la figura de las enfermeras y enfermeros se agiganta en los hospitales. Habrá, como no, quienes tengan sus quejas ¡ya les quisiera ver yo haciendo ese trabajo!

Hoy, 12 de mayo, es el Día Internacional de la Enfermería, mis felicitaciones y todo mi cariño para ellos.

En lo personal solo puedo decir: gracias, gracias, gracias por estar y hacer vuestro trabajo.

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4 mar 2014

El céntimo de mala fe


Viñeta de El Roto del 1 de marzo de 2014

Comentario para Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (04/03/2014)

Nadie es responsable. Todos miran al de más arriba. Las comunidades autónomas al gobierno central y este a la Comisión Europea.
Llevan diez años gravándonos con un impuesto ilegal y ahora nadie quiere saber nada de nada. Típico y nada extraño.

Nos dijeron que era un “céntimo sanitario” y todos a callar. Primero por ser un céntimo – ¡que no es nada! - y luego por dedicarse a las cosas de la salud. Al final, y céntimo a céntimo, se ha llegado a la nada despreciable cifra de más de 13.000 millones de euros recaudados en España.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea no ha tenido dudas y tachó al Gobierno español y al de Cataluña, ambos demandados, como actuantes de mala fe. Para entendernos, que han tenido muy mala leche al seguir aplicando el impuesto puesto que en 2001 la propia Comisión Europea ya había advertido al gobierno y en 2003 abrió un procedimiento contra España.

Lo sabían y continuaron. Los gobiernos autonómicos también lo sabían y no por ello dejaron de cobrarlo.

El tribunal europeo dice que ahora hay que devolver el dinero. No se apuren, solo podrán reclamar sus céntimos aquellas personas que tengan las facturas de pago. Vamos, que la inmensa mayoría no lo podremos exigir.

El tema se reduce a que todas las administraciones eran conscientes de que estaban aplicando un impuesto ilegal –había precedentes- y siguieron haciéndolo. Lo pagamos y ahora no nos lo van a devolver. Eso sí, está bien empleado, ha sido en nuestro sistema sanitario.

Eso del céntimo sanitario no es real, no se trata de un céntimo. En el caso de Asturias la tasa es de 4,8 céntimos para la gasolina y 4 céntimos para el gasóleo, por litro, claro. Eso ha supuesto que los gobiernos asturianos hayan recaudado por esta vía unos 363 millones de euros.

Asturias asumió las competencias en materia de sanidad en el último momento: el 22 de diciembre de 2001, tenía que ser antes de final de ese año. El Principado se hizo cargo de la sanidad pública a cambio de 939 millones de euros. Bueno, eso no es cierto, aceptó 156.012 millones de pesetas, el euro no era moneda oficial aún.

En esa cantidad no estaba incluido el nuevo HUCA, ni mucho menos el nuevo hospital de Mieres. La firma de la transferencia parece ser que se tomó como “una victoria imperfecta” en su momento y muchos tildaron ese acuerdo de rácano e insuficiente.

El presupuesto, prorrogado, para Asturias en 2014 es de unos 3.800 millones de euros, de los cuales 1.400 se destinan a sanidad.
No hay problema. El tema está resuelto. El Ministerio de Hacienda nos recordó que el céntimo sanitario fue derogado en 2012 y que desde enero de 2013 está integrado en el marco general del Impuesto de Hidrocarburos.
Así que si alguien esperaba que bajase la gasolina, pues ya sabe, de eso nada de nada.

En resumen: nos estuvieron cobrando un impuesto ilegal y cuando la cosa se puso fea, lo legalizaron con otro nombre. Nadie se ha responsabilizado, ni se va a responsabilizar, pero ustedes y yo lo hemos estado pagando y lo vamos a seguir haciendo.

Todo sea por nuestra salud.

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6 nov 2012

¿Peligra nuestra salud?


Comentario para el programa Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (6/11/2012)


Repago, euro por receta, modificación de la cartera de servicios, emigrantes excluidos, privatización de servicios, ahora de hospitales, y vayan ustedes a saber que más. Nos están dejando la sanidad pública hecha unos zorros. ¿Razones?: el dinero.
Todo esto lo hacen por nosotros, por el futuro de la sanidad, por su sostenibilidad. No puede ser de otra forma.

¿Qué responsabilidad tienen los gestores sanitarios de que la población cada vez utilice más este servicio público? ¿Qué culpa tienen ellos de que deseemos vivir más años en buen estado físico? Tampoco es cosa suya que los fármacos suban de precio ni que cada dos por tres mejore la tecnología sanitaria. Desde luego que no.

Muchos años y  mucho dinero costó alcanzar una sanidad universal, que no gratuita. Creíamos que la salud de los ciudadanos era uno de los pilares  sobre los que se asentaba la sociedad y ahora comprobamos que no es así. Estábamos equivocados, es la economía.
Las cuentas tienen que cuadrar. En función de las  cifras se toman las decisiones. Pero no hay problema, para cuidar nuestra salud están las clínicas privadas, así que si falla lo público, ya saben. Todos hemos visto que funcionan muy bien. Eso sí, hay que poder pagarlas.

Y hablando de sanidad y salud, ya volvemos a las andadas con el hospital comarcal Carmen y Severo Ochoa. La verdad es que no se ha dicho nada nuevo. Todo sabido. La diferencia, en esta ocasión, es que los facultativos han declarado de forma pública, y prácticamente unánime, su temor por el futuro de este centro sanitario. A partir de ahí los partidos políticos han entrado en liza, unos para decir y otros para desdecir.

Miren, lo único que hasta hoy es firme y no parece que haya discusión sobre ello es que el hospital comarcal Carmen y Severo Ochoa pasa a formar parte del área sanitaria de Oviedo y la gerencia estará allí. En segundo lugar, y lo dijo por escrito la consejería de Salud, de lo que se trata es de “una nueva organización en el conjunto de la red asistencial que tiene como objetivo la mejora de la calidad y la eficiencia de los hospitales comarcales. Se trata de un sistema de colaboración en el que los profesionales y los pacientes se podrán compartir entre los centros de una forma ágil y eficiente…”

Lo que creo es que con estas medidas sí que van a cambiar, y mucho, las cosas. La gerencia estará en Oviedo y no tendrá la información diaria y directa de lo que sucede en el Suroccidente. Desconocerán la realidad ya que no la vivirán y todas sus medidas estarán tomadas en base a estadísticas y presupuestos. No tendrán conocimiento personal de nuestra sociedad, economía, geografía o climatología, temas que condicionan nuestra vida y salud. No escucharán directamente nuestras necesidades,  carencias y los temores. Solo verán números, no personas. Y eso no me parece ni bueno ni deseable.

En segundo lugar, compartiremos profesionales con el HUCA y estará bien pero en ocasiones tendremos que desplazarnos a ese hospital para ser atendidos. Lo ha dicho la consejería: “los pacientes se podrán compartir entre los centros” ¿En qué casos? ¿Cuándo? Los gastos añadidos ¿quien los asume? ¿Quién visitará a esos pacientes? Son muchas las dudas que nos  surgen. ¿Esto es mejor? Realmente no suena bien.
Ya sé que podrían contestarme que este hospital estaba previsto que atendiese a más población que la que hoy tenemos, que las comunicaciones por carretera han mejorado, etc. etc. Pueden decirme eso y lo que quieran y yo les podría hablar de gastos inútiles, inversiones incomprensibles, falta de control y no acabaríamos nunca.

Al final todo queda reducido a que los responsables políticos y sanitarios creen que estaremos mejor con los cambios y los ciudadanos pensamos todo lo contrario. Esta situación me entristece y causa profunda inquietud: si somos nosotros  los que estamos acertados no habremos ganado nada.

Disfruten de la vida y por favor, no se pongan malitos.

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