Mostrando entradas con la etiqueta confinamiento coronavirus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta confinamiento coronavirus. Mostrar todas las entradas

24 may 2020

¡Más qué manifestaciones!

  En octubre de 1922 los squadristas convergieron en Roma, fue la traca final que permitió a Mussolini acceder al poder. Ese resultado no fue fruto de la improvisación.

  El movimiento fascista italiano encontró en los ex soldados de la Primera Guerra Mundial los apoyos que necesitaba. Unos gobiernos y políticos desastrosos, un país sumido en la pobreza y una clase trabajadora muy motivada tras la Revolución Rusa fueron ingredientes que coadyuvaron al advenimiento del fascismo.

  Las escuadras de acción se encargaron de amedrentar, apalear y asesinar a quienes se le ponían por delante. La demagogia populista sentimental variable fue su único ideario político. Caló en las clases más desfavorecidas a la par que se convirtió en el ariete de empresarios y ricos terratenientes.

  Con su llegada al poder eliminaron las libertades individuales y cualquier atisbo democrático. Italia se metió en la Segunda Guerra Mundial al lado de los nazis y la historia acabó con Benito Mussolini y Claretta Petacci, su amante, fusilados, sus cuerpos maltratados y colgados boca abajo.

  Todo lo que hicieron fue en nombre del pueblo italiano, por el honor de la patria y para devolver a Italia a su esplendor pasado.

  España tuvo sus imitadores en José Antonio Primo de Rivera y la Falange Española de las JONS, aunque se les adelantaron los militares con Franco a la cabeza.

  En España el régimen autoritario personalista con una impronta fascista muy marcada inició su andadura con la terrible Guerra Civil, la no menos sangrienta postguerra y a cuarenta años de dictadura.

  La dictadura franquista acabó con las libertades individuales, políticas y sindicales. Una pequeña camarilla de terratenientes, militares, curas y empresarios, a los que se sumaron los pícaros advenedizos, convirtieron España en su latifundio particular.

  Los franquistas no necesitaron cacerolas con los fusiles tuvieron suficiente.

  Franco murió en su cama.

  Quienes sí dieron cacerolazos fueron las mujeres y niños pudientes en Chile durante el gobierno de Salvador Allende. En 1971 realizaron una marcha, cacerola en ristre, que se fue extendiendo por el país, se las denominó las “marchas de las cacerolas”.

  El final ya lo saben. Pinochet dio un golpe de estado; Allende fue asesinado; se abolieron los partidos políticos y los sindicatos; limitaron la libertad de expresión; las torturas y los desaparecidos, miles, fue la norma para rebatir a los adversarios.

  En lo económico aplicaron las recetas ultraliberales de Milton Friedman que puso en manos de las grandes multinacionales la economía del país. Redujeron el gasto público, no privatizaron el aire de milagro y el milagro chileno fue haciendo agua con el tiempo.

  Estos también dieron un golpe de estado por el bien del país, por su honor y mayor gloria.

  Augusto Pinochet murió en su cama.

  Ahora, en España, en plena crisis sanitaria y en contra de toda racionalidad, los que llevan toda la vida refunfuñando contra las protestas y manifestaciones de trabajadores, se están echando a la calle. Hablan de libertad, de gobierno dictatorial… ver para creer. ¡Lo dice la extrema derecha! Son muchos los que desde su ceguera, desmemoria o ignorancia histórica están dando su apoyo a estas manifestaciones antidemocráticas. Manifestaciones que tienen un único objetivo: cargarse un gobierno democrático.

  Por favor, no me vengan con historias.

  En ese manifiesto que circula entre la extrema derecha y la derecha, firmado por varios intelectuales, quedan claras las intenciones de toda esta movida. El escrito da idea del nivel intelectual de los firmantes, entre ellos está Sánchez Dragó. Piden la “DIMISIÓN del Gobierno de Pedro Sánchez y encargo de la Presidencia por S.M. el Rey a una personalidad independiente con respaldo de todos los partidos constitucionalistas de las Cortes Generales. Gobierno técnico y de gestión que haga frente a la crisis sanitaria y a sus terribles consecuencias económicas y sociales. Convocatoria de elecciones nacionales un años después”.

  Esto me recuerda al golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Ah, claro, a los mayores se les olvidó y los más jóvenes no saben de qué les hablo. Pues estudien la Historia de España. A lo que iba. Aquel día se presentó el general Alfonso Armada en el Congreso para hablar con Tejero y acordar un gobierno de concentración con políticos de todos los partidos, eso sí, con Armada de presidente del Gobierno. En fin.

  Además, esos intelectuales de pacotilla flaco favor le están haciendo al Rey.

  No tienen ningún empacho en utilizar términos que les son totalmente ajenos. Tampoco es novedoso. Ya Mussolini y José Antonio se nutrieron del vocabulario e ideas socialistas y comunistas. No les duele hablar de lo mal que lo está pasando la clase media, pero... ¿no habían desaparecido las clases?

  Ignorantes y atrevidos.

  Oír a la extrema derecha hablar de libertad resulta irónico a la par que trágico. La extrema derecha es un movimiento político autoritario que deviene dictadura. Sólo conocen el ordeno y mando. Todos los desafectos con su causa son reprimidos con violencia. La extrema derecha siempre acaba poniéndose al lado de los poderosos y acaba siendo el brazo ejecutor del más extremo y corrupto capitalismo.
  Esa gente, cuando alcanza el poder político, lo utilizan para saltarse las leyes que ellos mismos crean y a su sombra esquilman las arcas del Estado y realizan negocios sin control alguno.

  Absténgase de sacarme a colación la dictadura estalinista, maoista o castrista. Estoy hablando de la extrema derecha y los fascistas.

  La extrema derecha, con el apoyo de la derecha del PP, está, una vez más, polarizando el país. El lamentable espectáculo que están ofreciendo es indigno, zafio, insolidario, chulesco y peligroso.

  Es tragicómico ver como un movimiento que se desplaza en coches de alta gama es aplaudido por los más desfavorecidos y la clase media.

Licencia de Creative Commons
¡Más qué manifestaciones! by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

14 may 2020

Pijos en la calle

  Ya tengo una edad en la que los recuerdos se pierden en la lejanía. De chavalete, allá por Gijón, llamábamos pijos a la gente de dinero o a los que aparentaban tenerlo. Se reunían en la Plaza del Parchís y en la Plazuela de San Miguel, principalmente. Estaban cortados por el mismo patrón. Pelo engominado ellos, náuticos, jersey de pico en los hombros, polos del cocodrilo, Levis. Ya se hacen a la idea. Ellas con vestiditos, en su defecto también Levis, sandalias muy fashion, mucho rubito de bote, media melenita… Tanto ellas como ellos con un hablar muy fisno. No les faltaban litros de colonia cara. A los que no éramos de su clase ni nos miraban.

  Eran gente de orden. Ese tipo de gente que no te encontrabas en una manifestación. Es más, las repudiaban. Aquellas algaradas callejeras, tal cosa eran para ellos, suponían la ruptura de un orden en el que se encontraban muy a gusto.

  Los años han pasado, los pijos siguen siéndolo y sus miradas sólo las reservan para los suyos. Todo sigue igual. ¿Todo? Pues va a ser que no.
  Los pijos se han echado a la calle. ¡Qué sí! ¡Qué los pijos le han cogido gustillo a las manifestaciones!

  Ver para creer.

  Están tan ofendiditos con el Gobierno de Sánchez que no les ha quedado otro remedio que echarse a la calle. Eso sí, para defenderse de la opresión del gobierno comunistabolivariano. Gentes del barrio de Salamanca en Madrid, o de otros barrios pijos de España, han cambiado los aplausos de las ocho por caceroladas. La mayoría debe ser la primera vez que cogen una en sus manos. Da gusto verlos cacerola en ristre y bandera a los hombros.

  Me han conmovido hasta lo más profundo de mí ser.

  Los pijos no necesitan permiso para manifestarse, las calles son suyas. El estado de alarma recorta sus derechos individuales, su protesta es legítima, no necesitan autorización alguna.
  Los pijos subvirtiendo el orden, ¡quién nos lo iba a decir! pero claro, no es el suyo. Cuando menos lo esperemos los veremos en las barricadas.

  En otro tiempo se hizo famoso el Cojo Manteca – miléniales acudir a san Google – hoy tenemos otro símbolo de las protestas callejeras en ese hombre que golpea una señal con un palo de golf.

  Los libros de historia hablarán de los pijos revolucionarios. Esto es el acabose. 


Licencia de Creative Commons
Pijos en la calle by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

13 may 2020

Para qué vamos a cambiar


  En más de una ocasión he manifestado mis deseos de qué se produjeran cambios en nuestra forma de vida. Siempre matizo e incluso ironizo y acabo viéndolo como una aspiración inalcanzable. Pues bien, no vamos a cambiar. No lo digo por pesimismo, es por constatación.

  Es cierto que la mayoría de la población ha cumplido las normas del confinamiento, ahora bien, ¿cuántos lo han hecho por imposición? ¿cuántos lo harían por voluntad propia?

  Escuchando a los políticos y a muchos medios de comunicación parece que hemos sido un ejemplo de prudencia, solidaridad, civismo y no sé cuántas cosas más. ¡Hasta hemos salido a las ventanas! Eso sí, copiando a los italianos que por aquí no somos muy dados a inventar. Ah, también se han confeccionado mascarillas por las casas. Venga, sí, hay personal que hizo cosas interesantes y guapas.

  Miren, la idiocia es una puñetera enfermedad, luego están los que entrenan para idiotas. De estos últimos hemos visto un montón. En lo peor del contagio afloraron los desaprensivos y por ahí siguen. Alrededor de ochocientas mil sanciones han puesto por incumplir el estado de alarma desde el 14 de marzo. Calculen las infracciones que no se han detectado.

  No somos muy dados a cumplir normas cívicas. ¡Qué digo! alardeamos de saltarlas. Ni siquiera en esta ocasión, en la que nos puede ir la vida, algunos son capaces de actuar de forma educada. ¿Qué piensa esa gente? No lo sé. Soy incapaz de comprender esas actitudes. No es que no piensen en los demás, ¡no piensan ni en ellos mismos ni en los suyos!

  Son incapaces de utilizar mascarilla, lavarse las manos de forma regular o mantener la distancia física necesaria y ¿con ellos queremos cambiar el qué? Asaltaron las calles en tropel, no hablemos de las terrazas de los bares, se montaron fiestones y no sé cuántas cosas más, ¡cómo para cambiar nada!

  Los cambios sociales necesitan tiempo – las revoluciones son otra cosa – y sobre todo deseo mayoritario de cambiar. Tiene que existir una confluencia de intereses comunes que inclinen la balanza hacia ese lado, que sirva para presionar a los partidos políticos y  les obligue a modificar sus prioridades.

  Nada de eso se está produciendo. No hay el más mínimo interés por alterar esta realidad que en teoría gusta a muy pocos. El personal quiere volver a la situación anterior, como si no hubiese pasado nada. Pues han cambiado muchas cosas. Lo primero, y más importante, los muertos. Ha sido terrible y siguen muriendo. En segundo lugar, hemos comprobado las deficiencias de nuestra forma de vida, en todas sus facetas. No importa, se comportan como niños con una perreta: ¡quiero volver a la normalidad! Y lo dicen totalmente convencidos.

  Los picaros y los sinvergüenzas están sacando provecho de la situación. Bueno, esos siempre lo hacen. Los idiotas eran, son y seguirán siéndolo. Estaban muy a gusto y quieren volver a aquella vida cuanto antes. Lo quieren ya. Total, son otros los que se mueren. ¡Sálvese quien pueda!

  Nada va a cambiar. Pequeñas transformaciones a lo sumo. Volveremos a las andadas.

Licencia de Creative Commons
Para qué vamos a cambiar by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

4 may 2020

Luchadores por la libertad

  Estoy sorprendido al ver la proliferación de luchadores por la libertad. Aguerridos y solidarios defensores de ese bien común se baten en las redes sociales. Me conmueven.

  El empleo de un lenguaje bélico ha llevado a la tropa a creerse que estamos en una guerra. Pues lo siento por sus ardores guerreros pero no. La pandemia del Covid-19 es una enfermedad a la que se combate con avances científicos y médicos. Una guerra es otra cosa.

  La última guerra que tuvo este país llamado España fue la terrible Guerra Civil. ¡Guerreros de la nada, aprendan de la Historia! Querer asimilar lo que está pasando a una guerra es escupir sobre los muertos de las guerras y los fallecidos por este coronavirus. Ni unos ni otros se merecen ese desprecio.

  Muchos de esos belicistas son los que hacen ese llamamiento a luchar por la libertad. Una libertad arrebatada por el Gobierno al decretar el confinamiento. Tiemblo de emoción al escucharles.

  En la segunda quincena de marzo nada se escuchaba, debían estar afilando las espadas. Luego los tambores de guerra se empezaron a oír en la lejanía y hoy golpean nuestros oídos. Los más osados están dispuestos a ponerse al frente de las huestes para derribar a los pérfidos gobernantes y… ni ellos saben para qué. Lo que tienen claro es que han recortado su libertad de movimientos. Se les olvida darnos la receta para frenar  los contagios y liberar los hospitales. Primero la libertad y luego ya hablamos. ¿Y sí esos adalides ingresan en la UCI? ¿Y sí se mueren? Habrán dado su vida por ese bien superior que es la libertad.

  España es una dictadura. Por eso no pueden decir lo que piensan. ¡Estudien la Historia de España! Se sorprenderán que durante la dictadura franquista cualquier disidencia, incluida la verbal, se pagaba con unas buenas palizas, la cárcel o el paredón de fusilamiento. Igual que hoy. Estos luchadores se cagarían por la pata abajo, como lo haríamos la mayoría, en aquellas circunstancias. Lo más curioso de estos nuevos campeadores es que sus batallitas las han librado por su pellejo.

  Tienen como instigadores a gentes como los integrantes de la Asociación de Periodistas y Analistas por España (APAE), asociación creada a imagen y semejanza de otra creada en 1994. Esta APAE dice defender la libertad de expresión, de opinión, al Estado de derecho, la Constitución y la unidad de España. ¡Ahí es nada!

  ¿Y quienes son esos guerreros de APAE? Pues entre ellos se encuentran Alfonso Merlos, sí ese, Alfonso Rojo, Javier Negre, Cristina Seguí… Juan Carlos Guirauta. Ah, ¿pero este hombre no era de Ciudadanos?

  Paralelamente a esos combatientes hay una disputa en medios jurídicos sobre la aplicación del Estado de Alarma y lo que algunos entienden como conculcación de derechos fundamentales. Eso es otro tema. No está mal que se haga y que lleguen a conclusiones que sean beneficiosas para todos.

  Esos autodenominados luchadores por la libertad desprecian a todos aquellos que dieron con sus huesos en la cárcel o perdieron la vida por la Libertad. Son unos mezquinos.

Licencia de Creative Commons
Luchadores por la libertad by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

1 may 2020

Una parejita chachi piruli

  Son una parejita que me tiene enamorada. Guapos, jóvenes, listos como el hambre. Lo tienen todo todo. Son ideales de la muerte.

  Él, con esa prestancia, ese saber estar me tiene loquita. Es un hombre de palabra bien dicha, aunque a veces sea un poco más sincero de lo que me gustaría. Se lo perdono, demuestra que tiene carácter. Aunque mira tú, esa barbita que se dejó últimamente… también se lo perdono. Siempre va muy aseadito. Es una monada. Y por si esto fuera poco, ¡lo listo que es! Está estudiao. Tiene carrera, sí mujer, esa que salen abogados y además después hizo una maestría de esas. Para todo eso tiene que ser muy inteligente. ¡Y es tan joven! Seguro que sus papás están muy contentos. Es un cielo de niño. Me dolió mucho cuando dijeron todas esas mentiras sobre sus estudios. ¡Hay gente muy mala y envidiosa!
  Cuando lo veo hablar me quedo boba. Qué suelto lo hace y ¡cómo le aplauden! Se merece eso y mucho más. Le deseo todo lo mejor.

  ¿Y qué me dices de ella? Tiene esa carita, siempre tan risueña. Es muy mona y sencilla.  También está estudiada. Claro, si no de qué iba a estar ahí, por pasear perros desde luego que no.
  Ella también habla muy bien y a veces saca el genio. ¡La paciencia que tiene para aguantar a todos esos! Mira que la insultan y ella siempre con la sonrisa en la boca. ¡Qué buena y guapa! Cada vez que la veo me dan ganas de besarla.
  Estuvo malita, me dio mucha penita. Y a pesar de todo, siguió trabajando. Es muy seria. Fíjate si es responsable que se fue ella solita a un hotel. Prubina. Si no llega a ser por ella no sé que hubiera sido de nosotros.
  Nada más que pudo anduvo de un lado para otro. Un día que sí al aeropuerto, otro al Ifema, otro… era un no parar. ¡Y lo de la iglesia! Eso me emocionó muchísimo. Cómo lloraba. Estaba desconsolada. A mí me entró tal llorera al ver las fotos que mee las bragas. ¡Cómo te lo digo!

  Los quiero tanto que rezo todos los días por ellos. ¿Sabes la pena que tengo? Que no sean pareja. Es una pena. Los dos juntos podían hacer mucho por todos nosotros. Son tan salaos que nos iban a representar muy bien en todos los sitios. ¡Seguro que los recibía hasta el Papa!

  Isabel y Pablo, Pablo e Isabel. Tanto monta, monta tanto Isabel como Pablo. ¿Ves? Dignos herederos de aquellos famosos… sí, mujer aquel Fernando y… bueno ya sabes, esos.

  Mira, y no lo digo yo sola. El otro día oí a Ana y a Jose Mari decir lo majos que son. Jose Mari le contaba a Ana que Pablo e Isabel son muy obedientes. Oye, y eso me gustó mucho. Jose Mari sabe mucho, lo demostró, y tienen que hacerle caso. Estoy muy contenta con que el Presidente les aprecie tanto.

  Bueno, otro día seguimos.

  Una pena, es una pena que no estén juntos, son una parejita tan chachi piruli.

Licencia de Creative Commons
Una parejita chachi piruli by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

30 abr 2020

La insoportable perversión

  Gobierno dimisión. Mentirosos, asesinos, comunistasbolivarianos. Dimitan, son la ruina de España. Esto por lo suave. La derecha y la extrema derecha, cada día se parecen más, lo repiten machaconamente.

  Esa gente tiene serias dificultades de comprensión. A estas alturas no han entendido el significado de pandemia. Miren, el diccionario de la RAE dice lo siguiente: “Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”. ¿Lo han entendido? Sí ¿verdad? Incluso me dirán que lo sabían. Oído y visto lo visto, no lo parece.

  Las derechas y la extrema derecha hablan como si el Covid-19 sólo nos afectase a nosotros.

  Réplica: estás mintiendo. Decimos que el gobierno comunistabolivariano de Sánchez lo está haciendo peor que nadie en el mundo mundial. Y no te olvides del recorte de libertades y de las medidas económicas que nos van a llevar a la ruina. Tiene que dimitir.

  Pues… me entran dudas. ¿Tendrán razón?

  Vale, dimite el gobierno. Consecuencia: ¿Gobierno en funciones? Consecuencia: ¿Hay que nombrar otro gobierno? Consecuencia: ¿Quién lo presidirá y quienes lo integrarán? Consecuencia: ¿Lo harán con el parlamento actual? Consecuencia: ¿Nuevas elecciones? Consecuencia: ¿Ahora o dentro de unos meses? Consecuencia: ¿Respetamos lo que dice la normativa electoral o nos la saltamos? Inciso. Desde la publicación del Real Decreto de convocatoria de elecciones en el BOE y la votación debe medir un plazo mínimo de cincuenta y cuatro días. Consecuencia: Caos total. Consecuencia: Risión del mundo.

  Duda despejada.  

  El Gobierno tardó en tomar medidas. ¿Tendrán razón?
  
  Pues… estoy de acuerdo.

  El Gobierno español, al igual que el resto de los gobiernos del mundo, tomaron medidas de confinamiento tarde. Las razones económicas postergaron la decisión del confinamiento. Repito, en todo el mundo.

  El 19 de febrero, 2500 valencianos se desplazaron a Milán al partido de Champions League entre el Atalanta y el Valencia. El 8 de marzo no solo hubo manifestaciones por ser el Día Internacional de la Mujer, conciertos, cines, teatros, misas… Hasta la extrema derecha celebró un mitin en Vistalegre. En aquel momento acusaron al Gobierno de colocarlos en la disyuntiva de tener que suspender el acto contribuyendo así “a un alarmismo perjudicial” o hacerlo. Al final lo hicieron, eso sí, “tomando las precauciones posibles”.

  ¿Hablamos del viajecito a Milán de uno de los máximos dirigentes de la extrema diestra del cual no dijo ni mú? Fue previo a ese mitin. Vaya.

  El 11 de marzo el Atlético de Madrid se desplazó con 3500 seguidores a Liverpool a jugar otro partido de la Campions League. El Gobierno de Sánchez no lo impidió, Díaz Ayuso tampoco.

  El Gobierno no nos avisó, dirán. Las hemerotecas demuestran que todos quitaron importancia al Covid-19. No mientan.

  En esto del confinamiento podríamos hablar de Gran Bretaña, Estados Unidos, Brasil, y sí, también de Suecia. ¿Qué les parecería sí aquí se hubiesen tomado la decisión de Suecia? ¿Se lo imaginan? Pues eso.

  Para muestra estos botones. Da igual, todo culpa del 8 M.
  
  Duda despejada.

  El material sanitario llegó tarde y mal, repiten machaconamente.

  Pues… es verdad.

  Es imposible tener almacenados millones de test, mascarillas… para atajar inicialmente una pandemia. Eso aquí y en toda tierra de garbanzos. Otra cosa es que España no tenga la capacidad de fabricarlas de manera urgente y adaptarse a las necesidades. Ese es otro problema relacionado con la deslocalización empresarial. De todas formas, los sanitarios las pasaron muy canutas por falta de medios de protección y de atención a los pacientes. Aún siguen con carencias. Eso no es de recibo.

  ¿Pensamos en Gran Bretaña o EEUU y la situación allí?

  No está mal recordar que las autonomías siguen manteniendo sus competencias y que podían y pueden hacer compras por su cuenta. Díaz Ayuso miente. La Comunidad Valenciana, por ejemplo, sin tanta historia lo hizo. ¿Llegaron todos los aviones de Ayuso? ¿Lo de los 50 millones de euros se aclaró?
  Lotes de mascarillas defectuosas llegaron con los pedidos del Gobierno central pero también con los de la Junta de Andalucía y los de la Comunidad de Madrid. Vaya, vaya.

  ¿En qué quedamos, pueden comprar o no las comunidades? Sí.

 Ahora mucha protesta por unas mascarillas defectuosas – con toda la razón - pero ¿qué dicen de las que se hacen en las casas? ¿Se las damos a los sanitarios?

  Duda despejada.

  Las medidas económicas, graznan las derechas y la extrema derecha, son un desastre.

  Pues… ya se verá.

  De momento no sabemos si son buenas o malas. El tiempo lo dirá. Lo que está claro es que muchas de esas medidas no son para ayudar a bancos y grandes empresas y eso les molesta profundamente. Una renta mínima para los más desfavorecidos es una limosna injusta y perversa. Eso dicen esas gentes.

  Pienso en gente como Marcos Quinto tomando decisiones y se me ponen los pelos como escarpias. Mejor aún, Díaz Ayuso decidiendo las medidas económicas que hay que tomar. Eso me pone, vaya que sí. Díaz Ayuso ya dijo cual es la solución: el ladrillo. Volver a la construcción desaforada. Ni por encargo les salía así.

  No necesito más. Duda despejada.

  Podría seguir, pero ¿para qué?

  Pienso en los gobiernos de la comunidad de Madrid, Murcia y Andalucía y me dan escalofríos. PP, Ciudadanos, con la colaboración estelar de la extrema derecha están que se salen. Sus seguidores les aplauden en todos los rincones del solar patrio y yo…

  Duda despejada.

  Lo del gobierno es otro cantar. Ya llegará su oportunidad. Van a tener que explicar mucho.

  Ahora vengan y cuéntenme un cuento.

Licencia de Creative Commons
La insoportable perversión by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

28 abr 2020

No contamos ni para las estadísticas del bicho

  Vuelvo repasar la lista que veo en la prensa. Pues no, no estamos. Venga, otra vez más. ¡No estamos! Ni el azar nos tiene en cuenta. Y no se trata de repartir algo bueno, que en esos casos ya sabemos que nunca nos toca nada. Me refiero al estudio de seroprevalencia que se empieza a realizar en toda España.

  El Ministerio de Sanidad y el Instituto de Salud Carlos III, con el apoyo del Instituto Nacional de Estadística, y en colaboración con las comunidades autónomas son los encargados de ese estudio que servirá para conocer el número de personas infectadas y el porcentaje de la población española que ha desarrollado anticuerpos.
  Habrá quienes exijan que se amplíe al cien por cien de los españoles, en caso contrario no aceptarán los resultados.

  A lo que iba. En total se han seleccionado 36000 hogares toda España, en Asturias 960. El azar, repito, bueno y unos criterios previos, determinaron los domicilios que se incluyeron en el estudio. Pues ni esa suerte tenemos en el Suroccidente asturiano.

  Oigan, que en Asturias entraron siete de las ocho áreas sanitarias que tenemos, y sólo se quedó fuera el Área Sanitaria II. A los despistados les recuerdo que esta área está integrada por los concejos de Allande, Cangas del Narcea, Degaña, Ibias y Tineo. Comarca envejecida, despoblada y ninguneada donde las haya.

  Tenemos la maldición de los olvidados, no contamos ni para lo bueno ni para lo malo. No hay peor cosa.
  
  No podemos echar la culpa a nadie, ha sido la casualidad. Vale, pero a perro flaco todo son pulgas.

  ¿Qué puede pasar? Pues que toda Asturias tendrá una idea aproximada de la incidencia del virus menos el suroccidente. ¿Eso es bueno? Me parece a mí que no. La ignorancia es mala consejera. Con la desescalada el peligro de contagios masivos es muy real. La probabilidad se incrementará en aquellos lugares donde menos inmunizada o concienciada esté la población. Nosotros no tendremos ni idea, iremos a ciegas por esa senda. Esos datos deberían contribuir a responsabilizarnos aún más. Al final, nos  vamos a creer que el vino de Cangas o el Chosco de Tineo nos libran del bicho. Pues va a ser que no.

  ¡Qué manía, siempre quejándonos! Psss, pues ya ven. No pasa nada, una más. Unas veces la incompetencia, la mayoría, otras el azar, pero eso sí, jodidos siempre los mismos.

  Un aplauso para nosotros.

Licencia de Creative Commons
No contamos ni para las estadísticas del bicho by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

26 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (41)

  Dicen que la edad nos vuelve cascarrabias e intransigentes. Me lo aplico. Por más vueltas que le doy no entiendo a mucha gente, no soy capaz.

  No entiendo a aquellos que desde que se levantan lo único a lo que se dedican es a rastrear la porquería que deambula por las redes. No contentos con ello la propagan como verdades absolutas. No contrastan. Son incapaces de realizar el más mínimo esfuerzo por comprobar la veracidad de lo que comparten. Recurren a "informaciones" obtenidas en oscuras cavernas o emitidas por personajes que se revuelcan en los más pútridos lodazales.
  Se apuntan a cualquier conspiración que pase ante sus ojos. Ahora dicen uno y un rato más tarde lo contrario. Están tan ciegos que no se dan cuenta de las contradicciones en las que caen. Me provocan una sonrisa agridulce.

  Entre gentes afines a la derecha y la extrema derecha se estila aprovechar cualquier argumento con tal de destripar al Gobierno.

  Una de las últimas es la de comparar la situación de Portugal o Grecia con la de España. Abominan de todo lo que huela a socialismo, pero no dudan en alabar las actuaciones del gobierno de António Costa, el presidente socialista portugués. Ahora lo hacen con el tema de la pandemia y antes con cuestiones varias relacionadas con las medidas económicas e incluso con la educación.
  Me resulta curioso. Perdonen,  no piensen que me brota el chovinismo, carezco de él, pero me parece increíble.
  Recuerdo a las gentes de las derechas y la extrema derecha española que Rui Rio, presidente del Partido Socialdemócrata (PSD), partido conservador y primera fuerza de oposición en Portugal, remitió una carta los militantes de su partido en los que les decía que en estos momentos "no es patriótico" atacar al Gobierno y llamaba a la unión del país.
  De esto no quieren saber nada.

  También comparan la situación de Grecia y la de España. Claro, el país heleno tiene unas mejores coberturas sanitarias y sociales. Ah, no, es cosa de sus dirigentes. Los nuestros un puñetero desastre y aquellos unos linces.
  Tiremos de memoria. Cuando llegó al poder Alexis Tsipras con Syriza los apocalípticos de derecha y extrema derecha nos avisaron de lo que iba a pasar en España. Grecia era ejemplo permanente de todo lo que no se debía hacer, honor que se disputaba con Venezuela. Cuando Tsipras aceptó la senda marcada por la Unión Europea se acabaron los comentarios. Y así hasta ahora.

  No tengo certezas, nadie las tiene, bueno, la derecha y extrema derecha sí. En ningún país el virus se ha comportado de igual forma ¿o sí? Tampoco en todos los países se contabilizan los fallecidos de la misma forma.

  Miren, en Alemania "en su contabilidad no entran, sin embargo, personas que hayan muerto por coronavirus pero de las que no haya constancia sanitaria, como ancianos que haya fallecido en sus casas o personas que en los primeros momentos de la crisis fallecieron sin acceso a un test, puesto que no se realizan test pos mortem" ¿Saben de dónde proviene esta información? Del ABC. 

  Están cargados de odio. Destilan odio. Escupen odio.

  El colmo de los despropósitos es que están pidiendo la dimisión del Gobierno. ¡Hay que ser imbéciles! Así de claro. En estos momentos es lo que nos faltaba. A nadie en su sano juicio se le ocurre tamaño despropósito.

  Hoy han salido a la calle los niños acompañados por adultos. La imagen de una parte del personal no ha mejorado a mis ojos. Ha sido, en demasiados casos, un desastre. Las imágenes que hemos podido ver no vaticinan nada bueno.
  Sabemos que el virus depositado en las superficies contagia, pues nada, los niños salen cargados de juguetes que restriegan por todos los lados. Los conciliábulos entre adultos me provocan tristeza y decepción. Llevamos 23190 muertos, cifra oficial. No lo parece o no les importa. Cuando permitan las salidas, dicen que el próximo día 2 mayo, esto va ser la hostia. En las localidades que apenas han tenido contagios el virus se va a cebar de lo lindo.

  O nos mentalizamos de llevar mascarilla y de mantener la distancia social o esto no se acaba en un año. Vamos a seguir desayunando todos los días con muchos muertos. Quién sabe, un día puedes ser tú, que te pasas todo por el forro, o peor aún, puedo ser yo por tu puta culpa.

  Cuando esto se normalice un poco quiero saber  el motivo o motivos de la cifra tan terrible de muertos. El Gobierno tendrá que dar cuenta pormenorizada de lo sucedido. Científicos independientes y de toda solvencia tendrán que analizar hasta el último detalle y darnos sus explicaciones. Sánchez y su gobierno tendrán que aclararlo. Igualmente, tendrán que explicar el número de sanitarios contagiados. Esas cifras son de escándalo. Van a tener mucho que explicar, no les quepa la menor duda. Seré de los primeros en exigírselo.

  Hasta que llegue ese momento, los tócamelos están mejor guardándose su odio descerebrado. Los patriotas de la muerte recójanse en su velatorio y déjennos en paz a los demás.

  Este puñetero bicho no va a desaparecer por decreto del Gobierno. O nos cuidamos individual y colectivamente o nos va a llevar por delante.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (41) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

24 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (40)

  El control y la crítica política al gobierno son algunas de las obligaciones de la oposición política en una democracia. No hay excusa para que no lo hagan, es su derecho y obligación.

  España no es una excepción a esa regla democrática. Otra cosa bien distinta es el uso que realiza la oposición en este país. Y no me refiero a todos los partidos, existen diferencias apreciables entre ellos. Partido Popular, la extrema derecha, JxCat  y la CUP se desmarcan por su beligerancia. Su comportamiento bronco y agresivo se ve reforzado por la utilización espuria de redes sociales y medios de comunicación afines.

  No, los demás no son unos dechados de virtudes, incluido el Gobierno. Visto lo visto les están haciendo buenos esos aguerridos defensores de la libertad, la democracia y la verdad. Oigan, y no se les llena la boca a esa gente de extrema derecha y sus adláteres.

  El Gobierno español la ha fastidiado en muchas cosas. La crisis sanitaria, y lo que venga, es nuevo para todos. Con esto no quiero decir que haya que tener manga ancha con Sánchez y su gobierno, para nada. ¿Podemos comparar con otros países? Pues sí. Hay que partir de un par de realidades: las medidas han llegado tarde en la inmensa mayoría de los países del mundo y han estado supeditadas a la economía. En segundo lugar, no hay una receta única para hacer frente a la pandemia.

  Podemos fijarnos en Boris Johnson y en algunas de las medidas que tomó su gobierno. El primer ministro británico hizo caso omiso a las indicaciones de los expertos. Johnson era partidario de la inmunidad colectiva. En la segunda quincena de febrero comunicó a los británicos que debían estar tranquilos, que todo estaba controlado. Tan claro lo tenía que se fue con su chica quince días a una mansión campestre en Kent.
  Los sanitarios británicos denunciaron la falta de equipos de protección. Mientras eso pasaba, las empresas del país vendían equipos de protección a Alemania, España e Italia. El ejecutivo británico rechazaba sus ofertas de ayuda.
  Al final el propio Boris se infectó y parece que ahora ve la situación de otra manera.

  Echemos una ojeada a la actuación de Trump en Estados Unidos. La última ocurrencia fue la inyectar desinfectante o aplicar luz solar en el cuerpo para vencer la Covid-19. Perdonen, pero ¿se imaginan a cualquier presidente o primer ministro de la UE diciendo eso? Anteriormente había propuesto el uso de cloroquina, aún sin saber sus efectos. El desprecio de Donald Trump a la ciencia es notorio.
  Sin ningún pudor afirmó que en abril, con la llegada del calor, el virus moriría.
  El presidente Trump es especialista en echar balones fuera. No dudó en culpar de mala gestión a la OMS.
  En todo momento antepuso, y así sigue, la economía. Son los diversos estados los que están tomando las decisiones de confinamiento y las medidas a tomar.
  El virus se está cebando entre negros y latinos. Tardaremos en saber el número de fallecidos. En estos momentos compruebo que ya han contabilizado 50000 muertos.

  Como pueden ver son pequeños detalles. Pasemos a Suecia. En ese país han optado por tomar unas medidas radicalmente opuestas. Han mantenido abiertas las escuelas, cafeterías, bares, restaurantes, etc. El Gobierno ha pedido a los ciudadanos actuar de manera responsable y mantener la distancia social. El número de fallecidos es el más alto de los países nórdicos. Hay una pequeña diferencia con respecto a otros países. Suecia tiene poca población; más de la mitad de los hogares suecos están habitados por una sola persona y además en Suecia trabajan más personas desde casa que en cualquier otro lugar de Europa. Bueno, hay otro detallito: son disciplinados. Igual que los españoles o italianos ¿a que sí?

  Vayamos a Brasil. El presidente Jair Bolsonaro se pasa el virus y el confinamiento por el arco de triunfo. Desde el primer momento se negó al aislamiento social, son los Gobernadores los que lo decretan según su criterio.
  Bolsonaro sale a la calle, se fotografía con todo bicho viviente y se da baños de multitudes. Todo sea por la economía. No se hacen pruebas ni hay datos de fallecidos.
  Destituyó a su ministro de Sanidad, de profesión médico, porque no le gustaban sus propuestas de confinamiento.

  Subamos hacia México. Allí Andrés Manuel López Obrador pidió a los mexicanos que lleven consigo amuletos y estampitas de santos y vírgenes para evitar el coronavirus.
  Obrador llegó a decir que el coronavirus le vino al país "como anillo al dedo"  para afianzar los objetivos de su gobierno. Recomienda el encierro voluntario.

  Estas pinceladas ilustran las cualidades de los dirigentes de esos países.

  Un hombre de firmes determinaciones es el presidente filipino Rodrigo Duterte. Decretó una estricta cuarentena y dio un aviso: "Mis órdenes a la policía y a los militares es que si hay problemas y hay algún momento en el que deben responder y sus vidas están en peligro, tiren a matar".
  ¿Será del gusto de la extrema derecha española esa medida? Mejor no contesto.

  Un caso muy alabado es el de Corea del Sur, similar al de Singapur, Taiwán, Japón o Hong Kong. En Corea los ciudadanos se compran el test y si dan positivo se lo paga el Gobierno. Es cierto que también desde el sistema sanitario se hacen un número de test muy importante.
  La población tiene sus movimientos controlados ya que están monitorizados y al parecer resulta muy eficaz para controlar los contagios. ¿Lo aplicamos en España? Pues no sé yo. Las broncas que hay ahora mismo con el recorte de libertades, la intromisión del gobierno en la vida privada de los ciudadanos, la censura y no sé cuántas cosas más que dicen la derecha y extrema derecha, no lo veo yo muy claro.
  Miren, los asiáticos están acostumbrados a usar mascarillas y a la distancia social, por aquí ni de coña. No me digan que escasean. Ni los que las tienen las ponen. Por otro lado, ya tienen experiencia en epidemias: en 2003 anduvo suelto el Sars y en 2015 el MERS.

  Podríamos hablar de la cobertura sanitaria de España y la de esos países. No, lo dejamos.

  El Gobierno podría ir poniéndose las pilas de una puñetera vez. La han jodido un montón pero la oposición del PP y la extrema derecha es inaceptable, impresentable, e improcedente.

  Ahora saquen a relucir esto, aquello y lo demás allá. Sigan demostrando su patriotismo propagando bulos, mentiras y diciendo que somos la mayor mierda del mundo.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (40) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

23 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (39)

Pasados no sé cuántos días, he dejado de llevar la cuenta, creo tener algunas certezas. Vamos, empiezo bien. ¿Tengo o no tengo certezas? No sé, creo tenerlas. Mejor lo dejo.

Primera. Todavía se desconocen muchas cosas del Covid-19.

Segunda. No hay ninguna certeza de cuándo se empezó a expandir por España y cómo.

Tercera. No se decidió el confinamiento antes por cuestiones económicas. En todos los países ha sido así.

Cuarta. La sanidad pública no estaba preparada para una pandemia de estas características. Aunque sus efectos hubieran sido menores tampoco lo estaría. Años de recortes se han notado.

Quinta. Las residencias de mayores tienen gravísimas deficiencias.

Sexta. España es un país desindustrializado. La deslocalización empresarial resta capacidad de respuesta a las necesidades del país.

Séptima. La apuesta desmesurada por el turismo la estamos pagando y lo seguiremos haciendo.

Octava. La clase política española, en su mayoría, no da la talla para gestionar los recursos públicos.

Novena. Médicos, enfermeras y resto del personal sanitario no son héroes. Son trabajadores honestos y responsables. Día a día se enfrentan a la enfermedad y la muerte. Sí ahora son esos héroes entonces lo son siempre. Ellos no se creen tales, pero tampoco son esos malvados cómo en ocasiones los han pintado muchos de los que hoy les aplauden.

Décima. Las redes sociales revelan la verdadera cara de muchos ciudadanos. La propagación de bulos y mentiras demuestra la escasa cultura democrática que tenemos como sociedad e individuos.

Undécima. Los medios de comunicación, en número considerable, no distinguen entre noticia y opinión. Sus dependencias y sometimientos son evidentes.

Duodécima. Las medidas económicas tomadas por el Gobierno van a llenar las arcas de los desaprensivos.

Decimotercera. Los nacionalistas carecen de empatía fuera de su mundo.

Decimocuarta. Los líderes de los partidos políticos españoles tienen un ego desmadrado. Muestran una absoluta incapacidad para dialogar, no digamos para llegar a acuerdos.

Decimoquinta. La extrema derecha carece de cualquier tipo de ética.

Decimosexta. La probabilidad de un cambio importante en nuestra forma de vida tras el confinamiento es escasa.

Decimoséptima. Los contagios seguirán produciéndose durante mucho tiempo. La vacuna tardará en llegar.

Decimoctava. En las decisiones que se están tomando cada día pesa más la economía.

Decimonovena. Tras terminar el confinamiento nadie seguirá haciendo mascarillas en su casa.

Vigésima. Tras el confinamiento no habrá aplausos a las ocho de la tarde.

Vigesimaprimera. Toda la solidaridad y buenismo se irá por la taza del váter.

Vigesimasegunda. Lo ahorrado en el confinamiento se pulverizará en un pispás.

Vigesimatercera. En los meses de diciembre y enero habrá un repunte de nacimientos.

Vigesimacuarta. Tras el confinamiento desaparecerán todos los epidemiólogos.

Vigesimaquinta. La fiebre futbolera rebrotará.

Vigesimasexta. El personal tendrá que comprar ropa ya que la que tiene no le cabrá. Habrá colas en las peluquerías y demás establecimientos de aseo personal.

Vigésima séptima. Los perros no saldrán tanto a la calle.

Vigésima octava. Las ventas de papel higiénico, lejía y harina disminuirán.

Vigésima novena. Seguiremos votando a los mismos.

Trigésima. La desescalada supondrá el contagio de muchas más personas. Es la única forma de inmunizarse. Seguirá habiendo muertos, no todo el mundo lo soportará. No podemos estar confinados permanentemente. La vacuna tardará en llegar. La presión sobre el sistema sanitario ha disminuido y es hora de ir pasando a esa fase de transmisión más o menos controlada. No hay que engañarse.

Podría seguir, estas son algunas de esas certezas que creo tener. Ustedes tendrán las suyas así que pueden ir completando su listado. Al final, igual ninguna se confirma. Bueno, de la trigésima estoy convencido.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (39) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

21 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (38)

  El silencio se rompe a las ocho de la tarde. El resto del día algún coche estropea la mudez. Los escasos viandantes son siempre los mismos. En las casas apenas se escuchan a los vecinos.

  Nunca conocimos nada igual. ¿Se nos estará entristeciendo la vida?

  Cuando llegue el deshielo una voracidad desconocida nos impulsará a arrancar placer a dentelladas. Y sin embargo, llevamos inoculado el miedo. Un futuro insondable nos remite a terrores milenaristas.

  La esencia del ser volverá a ser tema de estudio para unos pocos, la mayoría transitaremos desde el desconcierto a la desesperada inanidad. Discursos apocalípticos se enfrentarán a vanas utopías y mientras deambulamos entre ellos, la vida se nos va. Los cementerios están repletos de muertos que ya no esperan ni la muerte. No hay prisa. ¿Tú la tienes? Yo no. Abracemos un deseo y vivamos. Bebamos otro sorbo de esperanza.

  Salgo del ensimismamiento. Hace un rato que dejé de ver la calle. Otro vino. La botella está vacía. ¿Qué, hace otro vino? Hace. Me levanto por otra. Sirvo una generosa copa. Salud. Bebo. Sigo con lo mío.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (38) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

20 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (37)

  Hay quienes opinan desde la suficiencia, otros lo hacemos desde la duda. Unos lo hacen, opinar, para convencer,  otros para reflexionar. Algunos sentencian sin apelación, otros criticamos desde la incertidumbre, la perplejidad y la desconfianza en nosotros mismos.
  Qué quieren que les diga, eso de la infalibilidad no es una de mis cualidades. Así y todo tengo la osadía de opinar.

 En ocasiones recelo de mis apreciaciones sobre los políticos. ¿Soy mejor que ellos? ¿Más inteligente? Nunca he vivido de la política, eso al menos me diferencia. Lo de la inteligencia depende de con quién me compare. 

  La situación que estamos viviendo y las actitudes de los políticos no contribuyen a que mejore mi opinión sobre ellos. No encuentro donde asirme. La prevalencia de la política partidista, e incluso personal, destaca sobre cualquier otro aspecto. Lo público, en este caso nuestra salud, la siguen supeditando a sus intereses.

  Miren, les voy a poner dos ejemplos.

  Sánchez y Casado tuvieron hoy una entrevista telemática. No eran capaces de ponerse de acuerdo en la hora. Uno que a las once, el otro a las doce. ¿No es ridículo a la par que vergonzoso? Se comportan como niños caprichosos.  

  Segundo ejemplo. Maritxell Budó, portavoz del Govern catalán, dijo que “con una Cataluña independiente no habría habido ni tantos muertos ni tantos infectados”.

  Este es el pan de cada día. ¿Cómo podemos transigir ante tanta imbecilidad?

  Ahora que lo pienso, viendo lo que ronda por las redes sociales tampoco me extraña. Paralelamente, hay personal supermajo. Hay mogollón de ciudadanos inteligentes, atinados, que a poco que se busquen se topan. Hay que desbrozar las redes, los medios y la política. Hagamos un esfuerzo y a todos nos irá mejor.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (37) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

19 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (36)

  Se me han venido encima los muertos. Veinte mil muertos. Más de 20000 muertos.

  Desde ayer estoy aún más desolado. Todos los días, obsesivamente, compruebo el número de fallecidos y contagiados, el sobrepasar los 20000 muertos ha sido demoledor. 20000 muertos.

  Las cifras son frías, no veamos  números, son personas. Personas que tienen familiares que no han podido darles la despedida. Son miles y miles de llantos que inundan las casas de una tristeza descorazonadora.

  Perdonen por el ejemplo que voy a ponerles. Piensen en el campo de futbol de Vitoria, el Mendizorroza, o en el Nuevo Estadio de los Cármenes, de Granada, ninguno de ellos tiene capacidad para tanto muerto.

  Los vivos estamos preocupados por nuestro presente y por el futuro, para 20000 ya no hay futuro. No va a ser fácil. Muchas cosas deberían cambiar, no podemos volver a la situación anterior. Seguimos con más de 500 muertos diarios y la economía va ocupando más espacio en nuestros pensamientos.
  No olvido a aquellos a los que la situación anterior dejó en la estacada; a los que tenían un sueldo de miseria y ahora están sin trabajo. No los ignoro, pero han muerto más de 20000 personas, más de 500 al día. Eso me pesa sobremanera.
  
  Los muertos podrían ser de mi familia, podría ser yo.

  La vuelta a la normalidad me da miedo. Muchos apenas respetan el confinamiento o cada vez que salen se saltan las mínimas normas de protección personales. La salida, aunque sea escalonada, va ser caótica. Cuando eso suceda, seguiremos contando muertos.

  Las disputas políticas me parecen pueriles. 20000 muertos. Los presidentes autonómicos quieren demostrar su valía e independencia. 20000 muertos. Los alcaldinos hacen gestos absurdos y ridículos. 20000 muertos.

  Ahora están presionando para que los niños puedan salir a la calle. 20000 muertos.

  Sobre el Covid-19 hay muchas dudas científicas. De momento, se piensa que la transmisión se realiza con las secreciones respiratorias si entran en contacto con la nariz, ojos o boca de otra persona. Incluso el virus se queda durante horas o días en las superficies de los objetos que por tocamientos pueden infectar a otros.

  A los niños les afecta en menor medida, pero son transmisores. Va a ser imposible que muchos no se contagien y que a su vez lo transmitan a su entorno más cercano. Hasta ahora han estado protegidos en sus casas y tal vez eso explique su escasa incidencia en los niños. Imaginen por un momento, me asusto solo de pensarlo, que esa salida signifique contagios severos y… Por favor, no, no, no.
  Colegios, abuelos, parques infantiles… servían de válvula de escape. Los niños se adaptan a todo. Lo estamos viendo. ¿Serán los padres los que les trasmiten ansiedades?

  Lo diré claramente, ¿y sí los contagios devienen en muertes? Terrible.

  La precipitación puede llevarnos a una tragedia aún mayor. Reconozco que me asusta esa posibilidad. Espero, con todo mi corazón, equivocarme. Son tantas las incógnitas que extremar las medidas me parece lo más prudente.

  Recuerden, más de 20000 muertos.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (36) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

17 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (35)

  Estoy preocupado. La tensión laboral, emocional y la responsabilidad que pesa sobre nuestros políticos están minando su salud. La situación es tan preocupante que probablemente tengan que declarar el estado de alarma. Ellos, pilar de nuestra sociedad, no pueden flaquear y ver mermadas sus facultades por enfermedades profesionales. ¡Es un asunto de Estado!

  Permítanme un breve recuento de algunos de los males por los que se ven asediados. Verán cómo también se alarman.

  Entre sus males destaca el afán de protagonismo. Les sale por los poros, las cagadas por la boca. Podemos poner como ejemplo a…todos. Se montan la película, la dirigen y la protagonizan.

  Nada les perturba. Lo nuevo, y mortal, de la situación no les induce a cambiar. No es extraño, padecen de ombliguismo crónico. Esa afección provoca, en los casos más graves, severos procesos de estupidez. Estos varían en intensidad y duración.

  No son los únicos males que les aquejan.

  Los líderes - en grado superlativo, los aspirantes a la zaga - sufren de forma dolorosa una enfermedad denominada mitomanía, también conocida como enfermedad de los mentirosos. De esta no se libra ni el más humilde de los concejales. Es más, los partidos políticos tienen escuelas de verano en las que les instruyen para sobrellevar la mitomanía sin pudor ni vergüenza. La nota media de los alumnos sobrepasa el notable. Muchos alumnos han grabado a fuego, en sus partes más íntimas, dos palabras: necesidad irremediable.

  Los más conspicuos y recalcitrantes suelen verse afectados por otra pandemia, de fácil pronóstico pero de complejo tratamiento: la crematomanía. Nombre feo que designa a una enfermedad muy extendida pero poco reconocida: el deseo de acumular dinero y riquezas. Entre la clase política se denomina derrochador a aquel que paga más de dos cafés.

  Una afección de la que no libra ni uno es del síndrome de Hubris. Y cuando digo que no lo libra ninguno es ninguno. También se le conoce como la enfermedad de los que creen saberlo todo. No dudan jamás. En caso de flaqueza les brota la mitomanía.

  En los últimos tiempos los especialistas están intentando definir y darle nombre a un trastorno que tiene ciertas similitudes con el síndrome de Diógenes, aunque con unos matices propios del gremio político. Tienen una propensión patológica a acumular votos y mientras más votos obtienen, más porquerías amontonan.

  Los políticos profesionales son gente con una sensibilidad especial. Esa emotividad pude inducirles indisposiciones que podrían asimilarse, salvando las distancias, al síndrome de Münchausen. En esas situaciones de zozobra en vez de buscar atención médica anhelan el contacto con las masas y se montan un mitin. Es tal el subidón que reciben que les puede durar meses.

  Hay casos extremos, son menos frecuentes pero haberlos haylos. No se trata aquí de hacer un recorrido exhaustivo de los males que aquejan a la casta política. Dada la profesionalización de la actividad estos trastornos están en fase de estudio y de definición. De momento, los profesionales de la salud están equiparando esos males a enfermedades ya conocidas, pero, aseguran, es algo transitorio.

  Dado el número tan elevado de miembros de este sector profesional y las afecciones que padecen, ya hay varias universidades elaborando contenidos para instaurar una nueva titulación. Esas universidades abrieron un periodo de prescripción y en el plazo de una hora se completó.

  Nadie podía pensar que ahí teníamos un nicho de empleo. No hay mal que por bien no venga.

  Por nuestro bien, cuidemos de su salud.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (35) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

15 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (34)

  Ya ha pasado más de un mes de confinamiento y lo que nos queda. Apenas leo o escucho las noticias. El Facebook no lo toco desde hace más de dos semanas y Twitter de refilón, me da escalofríos. Es demencial.

  Los medios de comunicación, hasta ahora, se cuidaban de mantener separadas las noticias de las opiniones, al menos lo intentaban. Eso se acabo. Las ideologías chorrean desde las páginas de los periódicos, las palabras en las radios o las imágenes en las televisiones. La mayoría publican con un objetivo claro, cada uno el suyo, y no es el de informar.

  La independencia económica apenas existe en el mundo de la comunicación y eso se nota más que nunca. Intereses económicos y políticos pringan las “noticias”.

  Los medios vinculados a la derecha y extrema derecha están desmadrados. Han entrado en barrena. Recurren al morbo, la mentira y el miedo con absoluto descaro. Son fieles súbditos del Partido Popular y de la extrema derecha. Con la muerte, la desesperación y el miedo forman sus titulares. Todo ello está presente en la sociedad, pero ellos han convertido en su bandera estos males y desgracias. Lo hacen con un único objetivo: desgastar al Gobierno.

  Desde el otro bando – sí, han logrado que volvamos a los bandos – no es que defiendan a capa y espada a Sánchez y sus ministros, pero si lo hacen es de forma más comedida. Dedican una parte importante de sus recursos a desmentir bulos. En ese “bando” hay intereses más variados.

  Que los medios tengan su ideología es normal. Su línea editorial marca, desde siempre, el terreno en el que se mueven. Perfecto. Otra cosa es la falta de un mínimo de rigor y la utilización maniquea de mentiras. Hay titulares, fotografías y noticias repulsivas, mezquinas, indignantes, miserables.

  Las redes sociales están plagadas de bots (programas informáticos que repiten mensajes) creados para confundir y engañar. Luego están los bellacos que desde el anonimato insultan y mienten. Por último tenemos a los que se ganan la vida con la intoxicación, esos son profesionales de la mentira. Algunos de ellos los podemos ver en las televisiones.

  El Covid-19 nos ha traído enfermedad, muerte y penurias; desde algunos medios de comunicación y las redes sociales incertidumbre, miedo y desconfianza. No es un panorama muy halagüeño.

  Las intoxicaciones informativas han adquirido rango presidencial con Donald Trump. Millones de voceros se hacen eco de sus demenciales tuits en todo el mundo. ¡Qué tristeza!

  Ha llegado el momento de inducir el miedo al futuro económico y en ello están. Cada día son más las noticias en ese sentido. Claro que me preocupa la situación de los trabajadores, pero cuidado, los errores, que se producirán, se traducirán en muertes.

  La crisis de 2007 no preocupó a los poderes financieros y empresariales. Afectó a los más débiles y contaron con el apoyo de los gobiernos. Los más fuertes se beneficiaron de los saldos que salieron al mercado. Ya se sabe que en épocas de crisis es cuando las grandes fortunas se hacen más grandes. La crisis la pagamos los trabajadores. En esta ocasión es distinto.

  Ya estuvo bien, ahora toca pensar en el beneficio que no en los trabajadores.

  La paralización de las empresas, a nivel mundial, les preocupa y son conscientes que los estados no pueden subvencionarles como ellos quisieran. En esta ocasión tienen que repartir con los ciudadanos. Los datos de pérdidas los establecen con los parámetros de antes de la pandemia, pues igual tendrían que cambiarlos. No nos engañemos, los preceptos económicos y todo lo que los rodea son un invento humano, no una ley inmutable.

  Tendríamos que modificar muchas cosas y entre ellas todo lo referente a la producción de bienes y servicios, la distribución de la riqueza, la sociedad del bienestar, los servicios públicos, la deslocalización empresarial, los beneficios, controlar el crecimiento destructivo, preservar de forma activa el medio ambiente o acabar con la desigualdad por razón de sexos, por ejemplo.

  Deberíamos aprovechar para cambiar nuestra forma de vivir, pero eso no va a pasar, desgraciadamente.

  Por primera vez, sabemos lo que es sufrir una epidemia. Esas cosas sólo pasaban en África o países del Tercer Mundo, pues ya tenemos una muestra de lo que han sufrido y sufren. No será la última vez, llegarán más pandemias. Tuvimos avisos y no les hicimos caso: gripe aviar, Ébola, gripe A, gripe porcina, sida… La globalización también es eso.

  Las disputas políticas y los intereses económicos se unen a la pandemia y de ahí puede salir cualquier cosa.

  Si fuéramos sensatos llevaríamos a cabo modificaciones en nuestra forma de vida, en caso contrario estaremos abonando el terreno, aún más, a la extrema derecha y los populistas. Joder, la Historia está ahí.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (34) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

14 abr 2020

Divagaciones coronavíricas (33)

  Tengo mi maleta preparada. Solo podemos llevar una. Me asomo a la terraza y entreveo movimiento en los edificios de enfrente. Ya tenía ganas de que llegase la Gran Trashumancia. En una hora pasarán a recogerme. No hay cambios. Nos embarcarán por ciudades, distritos y calles. Me toca de los últimos. Tengo tiempo. Me acuerdo de Euro, mi última novia virtual. La llamo. Está a punto de terminar. Nos saludamos con cariño. Le propongo un rato de sexo, acepta. Nos despedimos y quedamos en contactar cuando lleguemos a Tierra de la Luz.

  Espero que el transbordador sea cómodo y rápido. La última vez nos metieron a tres millones en una antigualla. Comprendo que no es fácil trasladar a la población al sur, pero el Collegium Pontificum tenía que controlar estas cosas. Han mejorado la rapidez de la Gran Trashumancia, en una semana realizaremos el traslado. Somos más diecisiete mil millones.

  Es un alivio dejar el frío norte. Estos últimos seis meses han sido duros. El Covid-5467.3456 no se propaga con las bajas temperaturas y eso nos tranquiliza. Desde hace cien años sabemos que cada seis meses muta, cuando sale el sol, y es cuando tenemos que migrar. El calor lo vuelve letal. En el sur, en Tierra de la Luz, la temperatura es agradable, pero no tanto como para encabronar al covid.

  Cuando lleguemos todo estará desinfectado. Las brigadas de esterilización son eficaces. Desharemos la maleta y ya instalados. Me gusta vivir allí, en el norte hace demasiado frío.

  Me han ofrecido un ascenso. No sé si lo aceptaré. No me apetece pasar mi jornada laboral en una granja de trabajo. Aunque si me niego el comisario de barrio me puede mandar a un apartamento más pequeño. Creo que aceptaré el puesto. No me vendrá mal, hace tres años que no tengo contacto físico con nadie fuera de la trashumancia. Mi trabajo de programador de nivel 3 en la sección de reciclaje de basuras es muy absorbente.

  Se me está ocurriendo que podía solicitar un permiso de tres días para recorrer algunos sitios de Tierra de la Luz. Quién sabe, tal vez podría establecer una relación estable. No me hago ilusiones.

  Todavía falta media hora para salir. Conecto las noticias. Un grupo de coviepidemiólogos están contando los últimos avances. Los tres mil seiscientos canales están retransmitiendo lo mismo. Menos mal ya terminan. ¡Ahora empiezan los opinadores! No entiendo que no hayan abolido la profesión. Finalizo la conexión.

  Ya es la hora. Cojo la maleta. Abro la puerta. Frente a mí está Euro, acaba de cerrar la puerta de su apartamento. Nos sonrojamos. Sonreímos.

Licencia de Creative Commons
Divagaciones coronavíricas (33) by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.