16 dic 2019

Érase una vez una transición injusta

Publicado en La Nueva España el 16 de diciembre de 2019

  En estos tiempos de posverdad digital y mediática los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa no tienen buena prensa. Las inquietudes, las esperanzas o la rabia se canalizan a través de las redes sociales, fuera de ellas está la cruda realidad. Mejor la vida en una pantalla ¡dónde va a parar!

  En el suroccidente asturiano ese dopaje social nos está afectando especialmente con el proceso de descarbonización y eso que han llamado transición energética.

  No es la única comarca perjudicada, desde luego, pero sí en la que convergen casi todos los males que aquejan a una economía en declive: población envejecida, emigración, malas comunicaciones, escasos servicios públicos, escasa diversificación económica… No, el presente y futuro no es muy halagüeño.

  No soy alarmista. Se trata de leer el Convenio de Transición Justa para los municipios mineros del Suroccidente de Asturias que deja algunas cosas muy claras. En él se reconoce que muchos de los efectos negativos en el empleo eran conocidos desde hace tiempo debido a la necesidad de cumplir con la normativa comunitaria. Dice más, existía un calendario conocido de cierre de las instalaciones por fin de su vida útil.

  Vistas las declaraciones de los responsables políticos parece que se han enterado hace cuatro días. Pues ya ven, mienten. Lo sabían y no hicieron nada. No lo digo yo, que también, lo dice ese Convenio: “Desafortunadamente, el hecho de haber dispuesto de un calendario en muchos casos previsto hace tiempo, no ha servido para desarrollar las medidas de apoyo suficientes”. Así de clarito. Lo sabían y no hicieron nada.

  Ahora vienen los lamentos y las prisas. Bueno, eso de las prisas es relativo.

  Han establecido un cronograma y tienen previsto firmar los convenios de Transición Justa en Asturias entre mayo y septiembre de 2020. Pues vale, pero… El Plan de Acción Urgente para comarcas de carbón y centrales en cierre es para 2019-2021. Me parece que llega tarde. Los convenios cuando quieran arrancar será, como pronto, en el 2021 y mientras ¿qué hacemos?

  El Acuerdo Marco para una Transición Justas de la Minería del Carbón y Desarrollo Sostenible de las Comarcas Mineras – vaya nombrecito de relumbrón – es para el período 2019-2027, vuelvo a repetir, y mientras ¿qué hacemos?

  ¡Ah, sí! Realizarán actividades de restauración medio ambiental. Por cierto, de momento no dieron comienzo.

  Veamos. El plan para la Reestructuración de la Minería del Carbón y Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras debería servir para mitigar la pérdida de empleo y recuperar el valor ambiental del territorio.  Eso de mantener el empleo debiera haber sido prioritario pero “no se había buscado ninguna solución desde las administraciones competentes en los últimos años”. Oigan, que lo dice el borrador del Convenio de Transición.

  Ahora nos cuentan que quieren invertir 163 millones de euros para esas restauraciones. El dinero vendrá vía subvención del Instituto para la Reestructuración de la Minería del Carbón y Desarrollo Alternativo de las Comarcas Mineras y el 25 % lo aportará la comunidad autónoma. ¿Está disponible ese dinero? Pues no lo tengo claro.

  Calculan que se crearán 534 empleos a lo largo de los tres años que durará el proceso, aunque… Primero, serán empleos eventuales. Segundo, no van a ser empleos de tres años para 534 personas. Tercero, al cocer menguará. Cuarto, el número de empleos perdidos no se van a recuperar.

  Hasta aquí lo tengo bastante claro. No hicieron los deberes en su momento y todo lo demás está en el aire.

  Ahora viene la parte más bonita del cuento.

  Al parecer desde Bruselas nos van a llover los cuartos. Que sí, eso dicen.

  Van a compensar a los territorios que pierden empleo en el proceso de descarbonización. De momento se trata de una idea. Hay un borrador en el que se habla de movilizar hasta 35000 millones de euros en inversiones públicas y privadas, a los que optarán cincuenta regiones de la Unión Europea. Este hipotético plan se desarrollará entre 2021 y 2027.

  Pero la cosa no es tan fácil. De ese dinero, 15000 millones saldrán de la UE y los estados que reciban los proyectos, el resto se obtendrá mediante el estímulo financiero a la inversión. Vaya, hay que convencer a las empresas que inviertan. Pues igual no es muy fácil.

  Nos encontramos con otro “inconveniente”. El eurodiputado Jonás Fernández ya avisó que habrá que competir con otras regiones. Hay que presentar proyectos que además de crear empleo luchen contra el cambio climático y ya se verá los que conceden. Vaya, esto se complica.

  Un momento, de esos 35000 millones nada de nada, ahora ya hablan de 100000. Las cifras seguirán bailando. Parece el cuento la lechera.

  Hay otra cuestión que me sorprende. Por estas tierras hablan de las centrales de biomasa como parte de la solución a nuestros problemas y resulta que la Unión Europea no apuesta por ellas. Pues alguien tendría que explicármelo.

  Miren, en el suroccidente asturiano las minas han cerrado, la térmica de Soto de la Barca también y nos cuentan un cuento que no está todavía escrito. Por los borradores que conocemos la historia no tiene pinta de acabar bien. Lo tienen tan claro que han pedido a los vecinos de esta comarca que aportemos ideas. Pues bien. Esto más que un cuento se parece a una película de terror.

  Ahora llámenme derrotista, agorero, pesimista, lo que quieran, pero yo este cuento, visto lo visto, no me lo trago. Siempre nos quedarán las redes sociales.

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