Las guerras culturales no son algo
novedoso. Tal y como entendemos hoy este concepto tiene su origen en 1991, con
la publicación del libro Culture Wars: The Struggle to Define America,
del sociólogo James Davison Hunter. Se trata de una estrategia política que
tiene como objetivo polarizar y asentarse unas ideas, conservadoras, en la
sociedad. Entre los apologetas de esa
guerra cultural está Steve Bannon, exasesor de Trump, que ya mantuvo contactos
con Vox en 2017. Bannon afirma que la batalla antes que política tiene que ser
cultural, pues en ello están la extrema derecha y la derecha más extrema.
El reciente viaje a México de la presidenta
de Madrid, Isabel Natividad Díaz Ayuso (INDA) está siendo una escaramuza dentro
de esa guerra cultural. INDA muy dada a meterse en todos los charcos no dudó,
antes de su viaje, en denominar a México como un «narcoestado». Eso es hacer
amigos. Lo sucedido es de sobra conocido, al igual que las hilarantes
explicaciones que está dando ya desde Madrid. Esta esperpéntica historia ha
servido para que se hayan polarizado las opiniones a favor y en contra.
Objetivo cumplido, INDA.
Entre quienes se muestran a favor he leído el
artículo España como coartada, de Paula Álvarez Tamés, en La Nueva
España. Ya de entrada la primera en los dientes. Según la autora de ese
artículo la polémica entre Claudia Sheinbaum e Isabel Natividad Díaz Ayuso es
una estrategia para «convertir a España en un enemigo simbólico útil para
distraer la opinión pública mexicana de problemas mucho más graves y mucho más
actuales». Paula Álvarez es secretaria del Consejo de Españoles Residentes en
el Extranjero del Consulado de Nueva York. ¡Menuda representación! Se le olvida
qué quien inició la polémica fue INDA, no la presidenta de México.
Tras esa entrada tan «cordial» continua
resaltando los problemas que aquejan a México, así habla de homicidios,
inseguridad, narcotráfico. Es evidente que Álvarez Tamés está tomando una
posición política que nada tiene de diplomática.
Pasa más adelante a explicar que la conquista
de México solo fue posible gracias a que una parte de los pueblos indígenas se
aliaron con los españoles contra los mexica, el pueblo más poderoso de
Mesoamérica, y así lograron conquistarlos. Vale, eso fue así, simplificando.
«La colonización española tuvo violencia, explotación y abusos», como ella dice
sería absurdo negarlo, pero… y ahora llegan los paños calientes ya que los
españoles pusieron fin a prácticas brutales, crearon universidades, hospitales…
dice Paula Álvarez. Pues también es verdad, pero de ahí a insinuar o afirmar
que los colonizadores fueron buenos chicos hay un abismo y nunca hay que
olvidar el precio que pagaron los pueblos indígenas.
Claro, no podía faltar la comparación con el
modelo anglosajón de colonización, que tampoco fue nada ejemplarizante, desde
luego, pero este argumento sirve una vez más para intentar limpiar la imagen de
la española.
La afirmación del mestizaje entre españoles e
indígenas tiene mucho de invento. No fue algo espontáneo y fruto de buena
intención, para nada. Si bien es cierto que desde muy pronto hubo mujeres
españolas que se embarcaron hacia los nuevos territorios, su número siempre fue
bajo en comparación con el de hombres. Creo que ese es un motivo suficiente
para entender, en parte, ese mestizaje.
El cierre del artículo tampoco se queda corto
a la hora de insultar a un Gobierno y un país. La autora de tan desafortunado
artículo afirma que: «México merece algo mejor que vivir atrapado en un
resentimiento cuidadosamente alimentado desde el poder. Merece dirigentes
preocupados por resolver los problemas de los mexicanos vivos y no obsesionados
con reescribir eternamente el siglo S. XVI. Porque ningún mexicano teme hoy
salir a la calle por culpa de Hernán Cortés. Pero millones sí viven con miedo
por culpa de los fracasos políticos del presente» ¡Toma ya! ¿Cómo tiene la
osadía de realizar esos comentarios? No tiene precio como incendiaria de las
relaciones internacionales. Flaco favor hace si sus comentarios son siempre así
en el desempeño del cargo que ostenta en el Consulado de Nueva York.
No ha sido la única que ha salido en defensa
de los desmanes lingüísticos de INDA, son insultos, para hablar con propiedad.
Hay un revisionismo histórico que no tiene la
intención de aportar más luces a la Historia, se trata de un revisionismo
ideológico que pervierte la Historia y que tiene como objetivo provocar esas
guerras culturales.
Resulta absolutamente absurdo y manipulador
analizar la Historia con la visión actual, tanto de las ideas, principios, la
moral o la ética, es un anacronismo. La Historia hay que comprenderla, incluso
criticarla, pero nunca juzgarla. Las circunstancias, el contexto en el que se
producen los hechos es fundamental para su comprensión. No hay que hacer recaer
la culpa en unos u otros, se trata de comprender los motivos que causaron
determinadas actuaciones.
Me parece una incongruencia, por ser
moderado, que se reclame perdón por comportamientos de hace tres o cuatro
siglos. Es, sin duda alguna, un intento de manipular y apelar a un nacionalismo
identitario. Lo mismo sucede con aquellos que justifican los desmanes y
barbaridades cometidas hace siglos comparándolos con los de otros países o los
beneficios que puedan haber existido.
No hay duda de que las colonizaciones fueron
nefastas para los pueblos colonizados. Esos territorios no solo fueron
explotados, si no que supuso la pérdida de culturas milenarias, aunque algunas
fueran muy violentas. A esto se suma la descomunal mortalidad, bien provocada
por las guerras de ocupación, bien por la transmisión de enfermedades
desconocidas. Para América se habla de que el 90 % de la población indígena
desapareció como consecuencia de la colonización.
El fenómeno de la colonización duró hasta
finales de la II Guerra Mundial y se prolongó, en África y Asia, hasta la
década de los sesenta del siglo pasado. La descolonización trajo severas
consecuencias para los países que se vieron abandonados prácticamente a su
suerte. Se crearon fronteras arbitrarias, pensemos en la creación del estado de
Israel o la separación entre la India y Pakistán. Los colonizadores
desmantelaron las escasas industrias que habían servido para esquilmar los
recursos de esos países y no les apoyaron en nada. Actualmente hay un
neocolonialismo económico que sigue impidiendo el desarrollo de esos países
englobados en el Tercer Mundo, a los que siguen explotando sus recursos, sobre
todo minerales, y que a su vez son consumidores de lo que nos sobra, en muchas
ocasiones se lo venden en malas condiciones, incluidos los medicamentos.
Los países del «Primer Mundo», no deja de ser
un eufemismo, nos sentimos muy ofendidos cuando los ciudadanos de esos estados
emigran hacia los nuestros con el fin de huir de las guerras, consentidas e
incluso fomentadas desde los nuestros, o sencillamente buscan tener una vida
digna. No tenemos pudor y vergüenza y los despreciamos o sencillamente hay
desaprensivos que los explotan ahora en nuestros países.
Las ultraderechas continuarán sus guerras
culturales ya que les están dando unos réditos electorales muy importantes, han
alcanzado el gobierno de varios países. Una de las últimas batallas que han
planteado es la que enfrenta a pensionistas y jóvenes, está calando también
este mensaje.
Mientras tengamos personas como INDA que han
demostrado hasta el hartazgo su ignorancia, maldad y falta de humanidad y que
son apoyadas mayoritariamente no habrá forma de tener unos debates sosegados en
la sociedad. No les interesa, detrás de esas guerras culturales está el control
del poder, de los medios de comunicación y como siempre, el dinero, pero ellos
hablan de patriotismo.
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