2 ene. 2014

Las despedidas de año


La Nochevieja es especial, reconozcámoslo. Tiene unos rituales que ninguna otra noche ofrece. Nos gustarán las fiestas navideñas o no, participaremos de ellas o no, pero todos sabemos lo que toca esa noche.

Cena pantagruélica: en casa o de cotillón. Algo de marisco en ellas no puede faltar. Si estamos en el dulce hogar, repaso a las cadenas de televisión para comprobar quien va a dar las campanadas. Ya sabemos que el reloj de la Puerta del Sol es un invitado.

Tras la importante decisión de elegir la televisión, a las doce menos cinco empiezan las carreras para tomar el último bocado y comprobar si están las doce malditas uvas. Ya hay quien se come uvas pasas y este año han promocionado lo suyo las mandarinas. Incluso hay quien se traga aceitunas. Bueno, el caso es comerse doce de lo que sea.
No se preocupen, el año que viene, en el mes de octubre, habrá un concurso televisivo dedicado a comerse doce sandias, melones o tortillas francesas con el fin de ir animando el consumo. Ya verán, al tiempo.

Con las uvas todavía en la boca, empieza la ronda de besuqueos. Entre el pringue de los langostinos, turrones y demás, casi nos quedamos pegados unos a otros. Eso sí, solemos ser prudentes y las bocas las mantenemos cerrada, no vaya a ser que intercambiemos las uvas de una a otra.

Primera bronca del año: ¡Cómo que no metiste El Gaitero en la nevera! ¿A quién se le olvidó? ¡Sois un desastre! Anda, tómalo y no seas repunante.

Los más jóvenes se levantan raudos para acicalarse.

¡Ayyyy! ¿Quién me lo iba a decir? ¡No me lo puedo creer! Ellas se ponen de tiros largos, o cortos, vamos, como para ir de boda. Ellos, ellos…se ponen traje. Sí, se ponen traje. ¡De verdad! se ponen traje. Y corbata. ¡Corbata! Diecisiete, dieciocho, veinte años y todos… Y este año la cosa subió de tono. Ellos, ellos…más de uno de ellos, se puso…pajarita. Han leído bien, pa ja ri ta.
¡Lo que hace Hollywood!

Luego, si uno se queda en casa, las opciones pasan por el zapping y los primeros juramentos del año o la conversación hasta que el sueño venza. Todavía hay quienes desempolvan el bingo o las cartas y con la ayuda de espirituosos las horas pasan.

Si la alternativa son los bares de copas o discotecas, pues ya se sabe, más besos, saludos, cartera vacía y ropa con olores varios. Al día siguiente una resaca de caballo.

Los más osados, ya con los pájaros cantando, no le harán ascos a unas sopas de ajo, unos churros o unas patatas fritas, huevos y chorizo. Y si hay que empujarlo con un poco de vino pues se pide una botella.
Esos todavía besarán a cuantos encuentren de camino.

Los prudentes se levantarán con el día amanecido sobradamente y pueden que se topen con algún extraño sentado a la mesa de la cocina. Será un vago recuerdo de aquella imagen impoluta que salió de casa recién dadas las campanadas.

Toca encender la tele. Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Este año con Barenboim. Sin partituras, a pelo. Muy guapo, como siempre. Ya se sabe, propina de El Danubio Azul y la Marcha Radetzky. Mientras esta última sonaba Daniel Barenboim fue saludando a todos los músicos. Buen detalle.
La diseñadora del vestuario de los bailarines fue Vivienne Westwod. Ahí es nada. Una  británica asociada a la estética punk y New Wave para vestir uno de los espectáculos más glamurosos del año.


Oigan, y esto del glamour no es broma.

Por un día muchos nos acercamos a la música clásica. Pero claro ¿a quién no le gusta este concierto? Un teatro especialmente engalanado. La gente de etiqueta, los músicos de diario. Vistas de una ciudad bonita. Bailes y salones de ensueño. Flores. Todo perfecto. Pero lo que marca la diferencia es un detalle, algo que no vemos en ningún otro momento en televisión. Solo por su presencia creo que vemos el concierto. Indica algo muy, muy especial: los anuncios de Rolex. Eso es clase.

Al finalizar ya sabemos lo que nos espera, ponemos malas caras, tendremos que comernos las sobras. Ufff, se revuelven las tripas solo de pensarlo.
Luego, toca siesta y a esperar todo un año. Tranquilos, mientras el cuerpo aguante, repetiremos.

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Las despedidas de año by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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