25 ene 2021

El viejo lector del diccionario de inglés

 

Sin motivo aparente, me vino a la cabeza el recuerdo de aquel viejo lector del diccionario de inglés. El paso de los años, demasiados, han borrado los detalles.

Muchas tardes, cuando llegábamos a la biblioteca, allí estaba él. Digo llegábamos pues mi amigo Pedro y yo éramos de los habituales. Las primeras veces, desde la distancia, nos parecía una situación peculiar. Era el único viejo de la sala de consulta, el resto de los inquilinos éramos jóvenes universitarios.

El primer día no fuimos capaces de descubrir qué voluminoso libro estaba consultando. Más adelante comprobamos que era un diccionario de inglés. Siempre el mismo. El hombre, con persistencia, fijaba la mirada en las páginas. De vez en cuando levantaba la vista y observaba todo lo que sucedía a su alrededor. Cuando se topaba varias veces con los ojos del jovenzuelo de turno, sentado frente a él o a sus lados,  iniciaba la fase de acercamiento. Inicialmente era una explicación sobre su fijación con el diccionario. No soy capaz a rememorar los detalles, luego ya pasaba a cualquier tema.

Ahí comenzaba una lucha titánica entre el viejo por mantener la conversación y el joven por rehuirla y continuar a lo suyo. Nosotros también caímos en su celada. En los primeros minutos le seguíamos la charleta, pero ante su perseverancia intentábamos rehuirle. No era fácil, él tenía experiencia y había librado muchas batallas.

Tras un par días de escaramuzas buscábamos un sitio fuera de su alcance. No éramos los únicos. Desde el puesto alejado contemplábamos, partiéndonos de risa, como unos tras otros iban cayendo en las redes de aquel viejo los tiernos universitarios.

Aquel hombre formaba parte de la sala de estudio.

Pasado un tiempo, lo empezamos a echar de menos. Nunca más lo volvimos a ver. Si la memoria no me engaña, creo que nos dijeron que había fallecido.

Lo recuerdo con ese cariño que da el tiempo pasado. Nunca nadie le faltó al respeto, o al menos no lo vimos. Tal vez era un viejo que necesitaba el calor de aquella sala y el de aquellos jóvenes que éramos. Nunca supimos nada de su vida, sólo era un viejo que leía un diccionario de inglés en la biblioteca pública Jovellanos de Gijón.

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