12 feb. 2017

¿Quién domina el mundo?


Todos creemos saber quien domina el mundo, Noam Chomsky también y además lo argumenta en su libro ¿Quién domina el mundo?

Son 388 páginas, de las cuales 49 son de notas. Nadie podrá decir que no están bien documentadas sus opiniones, luego compartirlas es otra cosa – y eso allá cada uno -. La estructura del libro no me gustó demasiado e incluso repite argumentos. Así y todo su lectura me hizo reflexionar sobre lo que veo y lo que creo saber.

Noan Chomsky no es un analista político al uso. Los que se informan solo con las noticias de las grandes cadenas de televisión y periódicos no lo leerán, y si lo hacen lo tacharán de cualquier cosa.

Chomsky no es un charlatán de tres al cuarto. Es profesor emérito de lingüística del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Sus contribuciones a la lingüística son reconocidas a nivel mundial. Son muchos los libros y artículos que tiene escritos sobre esta disciplina.

En su faceta como analista político es una de las personas más influyentes del mundo. Se considera anarcosindicalista y es miembro del sindicato IWW (Industrial Workers of the World).

Otro detalle biográfico: sus padres eran judeo-ucranianos emigrados a EEUU. Chomsky nació en 1928 en Filadelfia (Pensilvania).

Estos esbozos biográficos vienen a cuento para poner sus opiniones en un contexto más apropiado. Está en contra de la política militarista y económica de Estados Unidos y de la política del estado de Israel y el trato que da a los palestinos.

El propio autor contesta rápidamente a la pregunta ¿Quién domina el mundo?:

“La era neoliberal de la última generación ha añadido su toque propio a es imagen clásica: los amos salen de las capas superiores de economías cada vez más monopolizadas; las instituciones financieras son colosales y, a menudo, depredadoras; y las multinacionales están protegidas por el poder del Estado y por las figuras políticas que, en gran medida, representan sus intereses”.

Sus opiniones confrontan con las que vienen siendo habituales y por eso parecen más contundentes, lo cual no significa que no sean ciertas:

“En el mundo real, el desprecio de la elite por la democracia es la norma”.

Su discurso crítico es el de un ciudadano bien informado, además de bien formado en lo académico. Noticias periodísticas, informes de organizaciones internacionales nos han dicho cosas como esta:

“Al tiempo que la riqueza y el poder se han concentrado cada vez más, los ingresos reales de la mayor parte de la población se han estancado y la gente se las ha apañado aumentando las horas de trabajo y su endeudamiento, y con una inflación de activos, regularmente destruidos por las crisis financieras que empezaron cuando se desmanteló el aparato regulador, a partir de la década de 1980”.

¿Exageración? ¿No sabemos que los ricos han acaparado aún más riqueza? Cualquier organismo podría suscribir esta afirmación de Chomsky.

Una de sus grandes preocupaciones, que manifiesta de forma rotunda, es la del calentamiento terrestre y con él los riesgos para el ser humano como especie:

“El riesgo sistémico del sistema financiero puede ser cubierto por el contribuyente, pero nadie va a venir al rescate si se destruye el medio ambiente. Que debe destruirse es casi un imperativo institucional. Los dirigentes de las empresas que impulsan campañas de propaganda para convencer a la población de que el calentamiento global de origen humano es un fraude liberal comprenden muy bien la gravedad de la amenaza, pero deben maximizar el beneficio a corto plazo y la cuota de mercado. Si no lo hacen ellos, otros lo harán”.

Una inmensa mayoría de la población está de acuerdo con esta aseveración, los científicos no tienen dudas. Solo los lelos, y gentes como Trump, dudan de ese peligro.

Por lo que se refiere su país, a los dirigentes políticos y económicos, simplemente los disecciona. Resalta aspectos que pueden pasar más desapercibidos para una parte de los ciudadanos pero que condicionan sus vidas:

“…el declive estadounidense es autoinfligido en buena parte…El espectáculo ha llegado a atemorizar incluso a los patrocinadores de la charada. A los poderes empresariales les preocupa ahora que los extremistas a los que ayudaron a poner en el Gobierno decidan derribar el edificio en el que se basa su riqueza y sus privilegios, el poderoso “Estado niñera” que sirve a sus intereses”.

Los primeros días del gobierno de Trump confirma esta afirmación.

Otro de los asertos del profesor Chomsky que nadie discute es el siguiente:

“Aunque la crisis del déficit se ha fabricado pensando en la salvaje guerra de clases, la crisis de la deuda a largo plazo es grave y lo ha sido desde que la irresponsabilidad fiscal de Ronald Reagan convirtió a Estados Unidos de principal acreedor en principal deudor del mundo triplicando la deuda nacional  y elevando las amenazas a la economía que aumentaron con rapidez con Georges W. Bush”.

¿Acaso se nos olvidaron las consecuencias de estas medidas neoconservadoras en el mundo? No creo, las seguimos padeciendo en estos momentos.

El triunvirato Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Karol Józef Wojtyla logró instaurar un nuevo orden mundial en el que las políticas más reaccionarias se han instalado no solo en los gobiernos, también en una parte no desdeñable de la sociedad mundial. Con la llegada a la presidencia estadounidense de Donald Trump la situación empeorará de una forma que aún no atisbamos.

Las armas nucleares son otra de las “obsesiones” de Noam Chomsky:

“La conclusión principal es que Estados Unidos debe mantener el derecho a dar el primer golpe, incluso contra Estados no nucleares. Además las armas nucleares siempre deben estar preparadas porque “proyectan una sombra sobre cualquier crisis o conflicto”.

Una vez más Chomsky resulta exagerado ¿verdad?

La primera edición de este libro, en España, es de octubre de 2016, antes de las elecciones presidenciales en EEUU. El análisis de la política de su país es certero, la evidencia de los resultados lo confirma:

“Desde los tiempos del presidente Ronald Reagan, el liderazgo del partido ha caído hasta tal punto en los bolsillos de los muy ricos y del sector empresarial que solo puede atraer votos movilizando sectores de la población que antes no habían sido una fuerza política organizada. Entre ellos están los cristianos evangélicos extremistas, que, probablemente, ahora votan republicano en su mayoría; restos de los antiguos estados esclavistas; nativistas que están aterrorizados de que “ellos” nos roben nuestro país, blanco, cristiano y anglosajón; y otros que convierten las primarias republicanas en un espectáculo alejado del carril central de la sociedad moderna, aunque no del carril central del país más poderoso de la historia del mundo”.

¿Les suena? Si es que este análisis lo he escuchado en los telediarios.

Permítanme que les extraiga otra reflexión de ¿Quién domina el mundo?:

“Ambos partidos se han desplazado a la derecha durante el período neoliberal de la generación pasada. Los demócratas de la corriente principal son ahora lo que se denominaba “republicanos moderados”. Entretanto, el Partido Republicano se ha desplazado bastante fuera del espectro y se ha convertido en…”insurgencia radical”.

Eso no solo ha sucedido en EEUU, Europa es un buen reflejo de ese escoramiento hacia la derecha.

Otro de los temas del libro son las relaciones estadounidenses con el mundo árabe y con Israel. Le dedica mucho espacio. Está radicalmente en contra de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos. La injerencia estadounidense en los países del Golfo Pérsico no sale tampoco bien parada. ¿Es por eso Noam Chomsky un radical? ¿Hablamos de Irak o Siria? ¿Hablamos de su gran aliado Arabia Saudí?

La radicalidad de Chomsky se encuentra en su discurso coherente, bien informado, sin concesiones a ese fraude de lo políticamente correcto.

Ya saben, léanlo y háganse su opinión. Disponible en bibliotecas públicas y librerías.

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