29 ene 2026

Recuerdos

 

  Miro hacia atrás y veo un largo camino, hacia adelante ya es una incógnita. Sin darme cuenta sobrepasé la edad en la que mi padre murió.
  Hoy los más mayores dirán que soy joven, para el resto, a no ser que seamos quintos – los milenial y generación alfa ir al diccionario – dirán que soy mayor tirando a viejo.
  La verdad es que no soy capaz de incluirme en una categoría. Si pienso en la edad cronológica soy talludito. Si pienso en la mental en ocasiones parezco un crío y en otras un viejo viejo. Por cierto, viejo es una palabra desterrada para referirse a uno mismo y son pocos los que la utilizan. Físicamente, por mucho que me empeñe, no me puedo engañar, el armazón está jodido.
  Da igual las vueltas que le de, tengo los años que tengo y ya está. ¿Tiene cosas buenas? Además de más experiencias, se supone, en demasiados casos es mucho suponer, adquirimos sabiduria. Pues no sé, viendo y escuchando a algunos no me lo acabo de creer. En el terreno personal puedo afirmar que tengo más experiencia, faltaría más, como todos. Lo de sabiduria quiero creer que si, pero no soy muy objetivo.
  Puedo poner en la balanza positiva que el tiempo me ha permitido leer más y… La verdad es que no se me ocurre nada que no sean común a todos los mortales.
  Hay algo que me pone en la edad que me corresponde, los recuerdos. Me asaltan hechos, circunstancias sin venir a cuento. Aparecen de pronto y ahí se quedan. Los que más resqueman tardan un tiempo en irse. Los arrincono, pero los puñeteros vuelven.
  ¿Muchos remordimientos? Pues… No maté, no robé, ¿es suficiente? No. Hay comportamientos, frases, actitudes en las que seguro que hice daño, algunas sin querer, otras queriendo. De estas últimas no me arrepiento, para qué les voy a engañar.
  ¿Me han herido? Si. En algunas ocasiones no fue nada premeditado, otras no las olvido por su maldad.
  Es curioso como funciona la cabeza. Está estudiado, pero no por ello, tal vez por desconocimiento personal, deja de sorprenderme. Cuestiones puntuales las rememoro sin venir a cuento, o eso creo. Se manifiestan con nitidez aunque tengan mucha solera. Algunas duelen, vuelven a doler, y la noche no ayuda a disolver ese rescoldo de dolor.
  Luego están esas evocaciones placenteras que nos empeñamos en recrear una y otra vez. No siempre es posible. Por muchas ganas que ponga en el intento se escabullen como agua entre las manos. Personas, viajes, libros llenan esos momentos de algo parecido a la felicidad, que a saber que es. Viajes y libros no decepcionan, no puedo decir lo mismo de las personas. Eso mismo pueden decir de mí.
  Son personas las que dejan un mal sabor de boca que nunca termina. Son mala gente. Las hay, vaya que las hay, y para mí desgracia conozco a algunas. Con ellas lo peor es haber confiado en ellas alguna vez, o muchas, y en un momento concreto demuestran lo hijos de perra que son. ¿He sido uno de ellos? Según a quien se lo pregunten. Hay quienes me odian por cuestiones políticas, mis opiniones públicas les molestan. ¿Me recordarán alguna vez? No, no pierden el tiempo. Se lo agradezco.
  Los recuerdos forman parte de lo que somos, pero ¿nos dejan dormir? No siempre. No debemos recrearnos en ese dolor enfermizo que provoca, por ejemplo, ese amor perdido que nunca nos correspondió.
  Si la cosa va bien tendré oportunidades de volver a cagarla, arrepentirme y rememorar mis meteduras de pata.

 

 

 

 

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