25 mar 2026

El viaje de Julio Llamazares en recuerdo de su padre y una guerra


  La Guerra Civil española sigue estando presente en vida política del país. Hablar de ella es abrir una puerta por la que entran las pasiones enfrentadas y desenfrenadas. Hay quienes afirman que lo sucedido el 18 de julio de 1936 fue un acto de patriotismo para salvar a España del gobierno de la  República. Esta es, desde luego, una opinión política alejada de la realidad. Lo sucedido en ese día fue un golpe de Estado contra un gobierno legítimo que estaba sacando adelante algunas de las leyes más progresistas del momento. Asimismo, se estaban llevando a la práctica unas reformas estructurales que los sectores más conservadores de la sociedad española no estaban dispuestos a aceptar ya que eso supondría la perdida de unos privilegios que consideraban sagrados. La bibliografía sobre la Guerra Civil española es enorme, varios miles de títulos, hay quienes hablan de  cerca de cincuenta mil libros. Son ensayos políticos, militares, pero también novelas, memorias…      
  Sigue siendo un tema muy atractivo que desde hace años está sometido a un revisionismo histórico. Se trata de una corriente política, que no histórica. Intentan blanquear el golpe de estado y quieren equiparar las responsabilidades entre ambos bandos. Cuando se habla de lucha fratricida, que la República estaba destruyendo España, que en los dos lados se cometieron barbaridades,  etc. etc. están intentando justificar el golpe y luego la sangrienta dictadura franquista. Eso es manipulación y no Historia.
  La mayoría de los que la padecieron ya no están con nosotros para relatarnos sus vivencias en aquellos terribles días.  Esa guerra, y la posterior represión, hicieron que durante cuarenta años no se hablara de lo sucedido, solo tenían voz los ganadores. Con la llegada de la democracia muchos de los participantes en ella no quisieron recordar lo que les pasó, ni siquiera en familia. Eso es lo que le pasó a Julio Llamazares y que nos narra en El viaje de mi padre, su última novela.
  Su padre, Nemesio Alonso, se presentó voluntario para guerrear en el bando de los golpistas. «Fue a la guerra como voluntario, sí, porque, si no habría ido a infantería, a ser carne de cañón» eso afirmó Julio Llamazares. No tengo información para decir lo contrario. Al tiempo que Nemesio lo hizo su amigo, Saturnino Díez, que le acompañó en ese trance y después a lo largo de su vida. Llamazares se lamenta de no haber preguntado más a su padre y de no escucharle cuando le contaba alguna cosa. Tras su muerte será Saturnino quien le relate algunas de las vicisitudes que sufrieron, aunque el paso de los años borró algunos recuerdos.
  Los nuevos reclutas fueron asignados al cuerpo de radiotelegrafistas, algo tendría que ver el presentarse voluntarios, imagino. Fueron destinados al frente de Teruel, a donde los trasladaron por tren desde León. Llamazares quiere hacer el mismo recorrido que realizó su padre para ir al frente, pero lo hace en coche. Parte de la red ferroviaria quedó fuera de uso hace años.
  El territorio que recorrió el autor cambió mucho desde que lo hizo su padre, que fue la primera vez que viajaba. En la década de los treinta del siglo pasado los pueblos de ese trayecto estaban habitados por un número importante de vecinos. La guerra y el posterior éxodo hacia las ciudades, a partir de finales de los años cincuenta, despoblaron ese inmenso territorio, que hoy incluimos en eso que llamamos la España vaciada. Hay otra diferencia notable, la climatología. Aquellos fríos inviernos, que helaban hasta los huesos, ya no son tan duros. Inició el viaje en enero de 2024. Salió desde las montañas leonesas hasta el Mediterráneo. Lo hizo de dos veces, una en invierno y otra en verano con el fin de sentir los rigores climáticos que sufrieron su padre y su amigo Saturnino. No fue lo mismo.
  La batalla de Teruel, en la que participaron ambos amigos, fue una de las más duras de la guerra. La intensidad del frío hizo que la ya de por sí dureza de la batalla fuese más agónica.
  El viaje de mi padre es más que una novela sobre la Guerra Civil y las posibles vivencias del padre y su amigo en ella. Es un recorrido por un territorio despoblado en el cual la esperanza para seguir habitándolo cada día se reduce un poco más. A lo largo del texto se producen encuentros del autor con alguno de los escasos moradores de esos pueblos que ahondan en el sentimiento de abandono y en el que el recuerdo de la guerra pervive en los mayores. Cuando ellos se vayan no quedarán recuerdos ni personas. Como dice Julio Llamazares es un territorio «al que le sobran recuerdos y le falta presente».
  Quiero terminar con un párrafo del autor que recoge un pensamiento con el cual me identifico: «Cuesta pensar que en estos parajes ahora desiertos miles de hombres combatieran y murieran en un tiempo en el que la sinrazón se impuso en un país envenenado por el odio, como ahora vuelve a estarlo poco a poco por el empeño de unos españoles a los que se les ha olvidado, parece, nuestra historia reciente, tan reciente que la vivieron y la sufrieron nuestras familias, con nuestros padres y abuelos como protagonistas» (pág. 308).
  El viaje de mi padre es una novela de viajes con mucho más que la descripción de unos paisajes y acontecimientos. Se lee muy bien y da que pensar. Se la recomiendo.

 

 

 

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