3 sept. 2011

Comer un bocadillo


¿Cuántas veces habré oído decir que viajar ilustra y enseña? Muchas, muchísimas. Pues tengo que reconocer que es cierto. Yo he aprendido a comer un bocadillo. Se lo aseguro. No, no se sorprendan. Uno piensa que se lo sabe todo -máxime si se refiere a comerse un bocadillo- y resulta que de eso nada. Lo reconozco, hasta hace unos días no sabía hacerlo. Aunque les parezca imposible, creo que se hace necesario un manual o vídeo explicativo para tal menester. He constatado lo equivocados que estábamos la inmensa mayoría de las personas y eso necesita un rápido correctivo. Les cuento.

 Pongámonos en situación. Chiringuito playero atiborrado de gente. Mesas pegaditas unas a otras; tanto que no podías apartar la vista del plato ya que los de al lado te robaban las patatas. Una pareja, hombre y mujer. Él delgadito, camisa blanca con cuellos levantados, labios finos, manos largas y huesudas. Estaba frente a mí. De ella solo pude ver que era asiática con grandes gafas de sol. Ingleses. Ambos los dos piden sendos bocadillos.

 Bocata: una barra de cuarto abierta a la mitad -aclarémoslo todo y digamos que venían en plato- en un lado lomo y en la otra tomate y cebolla. Rocían el tomate con aceite y ahí me dí cuenta de mi enorme ignorancia sobre los modales a la mesa. Cualquier españolito abría cerrado el bocadillo y le hubiese endiñado bocados a diestro y siniestro hasta casi morderse los dedos. Pues van estos dos y tenedor y cuchillo en ristre, pedacito a pedacito, van dando cuenta de lo que podría haber sido un suculento manjar. Primero empezaron por el tomate y la cebolla, después se pasaron al lomo.

 ¡Que pena! Se estaban perdiendo la mezcolanza de sabores y texturas; el pringue entre los dedos y la explosión de sabores en la boca. Estaban convirtiendo un bocadillo en algo sórdido y anodino. Para más inri él lo empujaba con una triste y solitaria caña, ella, aún más pudorosa, con agua. Aunque no me extraña su forma de comer, prácticamente no se hablaron y cuando lo hicieron parecía más una conversación de confesionario que una comida de chiringuito playero. Tampoco hubo una sonrisa.

 Tengo que viajar más y sobre todo pulirme. No estoy preparado para andar por el mundo.
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Comer un bocadillo by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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