30 nov. 2011

Alfredo, gracias



Los encuentros de Rajoy copan todas las noticias de los informativos. Todavía no suelta ni prenda de los recortes. Sabemos que van a ser morrocotudos y parece que no preocupa demasiado al personal. Tampoco es de extrañar, para eso le votaron. Si los que están en funciones lo hicieron a conciencia, y dicen que no fue bastante ¡anda que no nos espera nada!
El sueño empieza a cebarse en mí. Y para no variar, el puñetero teléfono viene a sacarme de ese primer    momento maravilloso.

-          Buenas noches ¿Santiago?

-          Sí.

-          ¿Qué tal estás? Soy Alfredo.

-          Hola… hola… bien, gracias… ¿y tú?

-          Bien, cansado. Ya sabes, después de todo el ajetreo y lo que se nos viene encima. Nada, que ahora estaba en casa tranquilamente y me acordé de ti. ¿Qué te parecieron los resultados?

-          Hombre…

-          Venga, dime lo que piensas.

-          El palo fue muy gordo. Más de lo que esperábamos, pero eso no quita para que todos te demos las gracias por el esfuerzo que has realizado. Otros en tu lugar no se si se hubiesen empleado tan a fondo. Sabías que la derrota estaba cantada y así y todo…

-          Venga, no fue para tanto. Estoy seguro que otros en mi lugar hubiesen…

-          No se, no se. De verdad, gracias pero…

-          Pero…dime, dime.

-          Alfredo, no puedes seguir. Tienes que pasar a un segundo plano. Tú y los demás. Es hora de repensar seriamente hacia donde queremos ir. No se puede continuar así y se requieren caras nuevas. A todos los niveles. De abajo hacia arriba.

-          ¿Y desaprovechamos la experiencia de muchos compañeros?

-          Nada de eso. Están en los parlamentos regionales, en el nacional, es hora de que las ejecutivas, a todos los niveles se renueven y aprovechen vuestra experiencia. Tienen cuatro años para aprender. Lo primero, la renovación ideológica profunda y dejarse de liberalismos baratos. Eso ya sabemos a donde nos conduce y perdóname, pero todos vosotros y tú también, los permitisteis.

-          Hicimos lo que pudimos y lo que había que hacer.

-          Vale, pero mira como salió. Y no me refiero solo a los resultados, sino a que nada ha mejorado, todo lo contrario.

-          Lo estoy pensando, no tengo claro que decisión voy a tomar.

-          Si no te retiras nadie lo hará. Todos querrán mantenerse en el puesto y así será imposible cualquier intento serio de cambio, además no sería creíble.

-          La situación es complicada. No podemos tirarlo todo por la borda y no participar en las medidas que hay que tomar. Se necesita experiencia.

-          Vale, pero eso no implica que no se produzcan cambios profundos. Ya te lo dije antes. O soltáis amarras o vamos a permanecer en dique seco mucho tiempo. Ahora que eso sí, no vale cualquiera. Hay mucho listo por ahí suelto que quiere aprovechar la ocasión para trepar. Mirarlos con lupa, no es oro todo lo que reluce.

-          Al final va a resultar que no os vale nadie.

-          No Alfredo, no es eso. Lo que queremos muchos es que quienes nos representen tengan, de verdad, una carta de presentación limpia. Que nos sintamos orgullosos de ellos y desde luego que haberlos los hay. Queremos defender un programa que no sea liberal. Un programa que no deje en manos de la derecha valores que son de todos. Queremos defender los impuestos directos como forma de mantener el estado del bienestar y no que esté basado en los impuestos indirectos. Queremos que se luche contra el fraude fiscal. Estamos cansados del todo gratis y de genialidades como ordenadores para todo el mundo, cheques bebés y zarandajas de ese tipo. Queremos…

-          Ya, ya. Es muy fácil decirlo pero a la hora de gobernar hay que torear con muchos intereses, con…

-          Desde luego pero no a costa de ser marionetas en manos de bancos y especuladores…

La conversación se alargó durante bastante tiempo y fue tomando un tinte cada vez más utópico e incluso demagógico. Eran tonterías. Me di cuenta de que estaba totalmente alejado de la realidad y él, Alfredo, tan pragmático, tenía razón. Yo, pobre iluso, estaba una vez más viviendo en el país de Jauja.
De pronto noté un cosquilleo intenso en el brazo. Lo empecé a sacudir enérgicamente y desperté. Me había quedado dormido.



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Alfredo, gracias por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

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