15 nov. 2011

Las facturas que pasa la crisis



Comentario para el programa Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (15/11/2011)

Ni el gobierno islandés,  ni Papandreu en Grecia, Berlusconi en Italia, Sócrates en Portugal, Radicova en Eslovaquia, Cowen en Irlanda o Zapatero en España han resistido los envites de la crisis económica. Y si quieren que sea sincero, no me dan ninguna pena.

Pero la crisis no solo se ha llevado por delante a estos primeros ministros, poco a poco está terminando con lo que veníamos denominando sociedad del bienestar. Con aquello de que las soluciones que se han tomado son las únicas que se podían tomar, los dirigentes políticos se han quedado tranquilos, sobre todo los socialdemócratas, y sencillamente no han hecho nada. Bueno, ellos no pero Merkel y Sarkozy vayan sí lo han hecho. Qué digo, ellos tampoco, los bancos de sus países y los poderes financieros sí. Bancos alemanes y franceses tienen una gran parte de la deuda griega, italiana o española y por lo tanto cuanto peor para nosotros mejor para ellos. Ya saben, por aquello de la compra de deuda de estos países y la prima de riesgo.

Hablando de estas sanguijuelas, parece ser que en EEUU unos 157 bancos se declararon en quiebra en 2010 ¿cuántos en Europa? Aquí no se ha caído ninguno. Los hemos mantenido a todos y los infames de sus dirigentes además de arruinar a su banco y fastidiarnos a todos tienen la santa jeta de adjudicarse sueldos multimillonarios y planes de pensiones de infarto. Perdónenme la expresión y permítanme un desahogo: son unos cabrones.

Aquí no acaba esto de la crisis. Nos han incrementado los años de vida laboral y de cotización, subido el IVA y los impuestos indirectos, nos han metido un miedo en el cuerpo que no se cuando lo sacaremos, y mientras, algunos haciéndose aún más ricos.
Ya saben: no se puede hacer otra cosa. Habrá que reformar aún más el mercado laboral, léase fastidiarnos más y producir más por menos dinero. Tenemos que olvidarnos del trabajo estable y estar dispuestos a ser flexibles, es decir, a cambiar varias veces de profesión a lo largo de la vida laboral, todo ello por el bien de nuestros descendientes. Menuda gracia. Por el camino que vamos, a las generaciones futuras les vamos a dejar una vida que nunca hubiésemos deseado para nosotros. No van a tener que agradecernos nada y nosotros sí que tendremos mucho de lo que avergonzarnos.

Al paso que vamos al poder político, el elegido por todos los ciudadanos, no le va a quedar ni un ápice de autonomía. Se han bajado los pantalones ante el poder económico, que tiene nombres y apellidos, y ahora se les están dando a nuestros políticos por ahí. Y en todo esto no hay nada más que unos paganinis, los de siempre, nosotros.
Que no nos engañen, la cosa sigue mal porque quieren acabar con los servicios públicos, quieren reducir el Estado a un mero policía que vele por sus intereses y a la mayoría de los ciudadanos convertirnos en meras máquinas que les proporcionen más riqueza.

Cuando los Estados han dejado de cumplir una de sus funciones básicas que  no es otra que la de controlar a los mercados, a las grandiosas multinacionales, a los grandes bancos, se ha descontrolado absolutamente todo y el capitalismo más salvaje ha surgido nuevamente. Pero no se preocupen, esto pasará. Nos olvidaremos de que cinco millones de parados las han pasado canutas y dentro de un par de años empezarán a reconducirse las cosas. La economía volverá a unos índices razonables, la deuda de nuestros países estará en manos de cuatro y tendrán gobiernos títeres y dentro de doce o quince años volveremos a caer en otra crisis. No es nada nuevo, el capitalismo tiene ciclos de recesión y otros de expansión y en estos últimos especula hasta el más tonto. Y como para muestra vale un botón solo tenemos que recordar nuestra burbuja inmobiliaria: nadie se atrevió a pincharla. 

Dentro de un tiempo tendremos otra la burbuja y nadie se atreverá tampoco a reventarla. Pero eso sí, ahora la pagamos nosotros y la que venga, si estamos aquí para verla, también la pagaremos.
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Las facturas que pasa la crisis por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

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