21 jul 2012

Me falta algo




Qué le vamos hacer, las rutinas forman parte de nuestra vida. Salimos todos los días a la misma hora con los bártulos a cuestas, y nunca mejor dicho. Nos situamos en el mismo metro cuadrado de playa y nuestros vecinos de parcela siguen pautas similares. Casi hacemos ademán de saludarnos, pero no, todavía no hay suficiente confianza. Con una tímida sonrisa libramos el trance.

Un día más el sol cumple. Gracias, bonito. Mis huesos agradecen su presencia. Todo perfecto. Pues no. Hay algo que me reconcome. No lo puedo evitar,  me falta algo. ¡No hay chiringuito playero! Como lo oyen. No me digan qué no es una desgracia.
El lento transcurrir de las horas las cubro con lecturas ligeras, bañitos, paseos y…¡Dios! me faltan las cañas y la tapita. No lo puedo aguantar. Esto es maltrato al veraneante. ¿Dónde se vio esto?

Abro la bolsa térmica y le doy un buen trago a la litrona. ¡Qué tristeza! En estos momentos me acuerdo de algunos chiringuitos. La boca se me hace cerveza. Las cañas frías, mejor aún, heladas. La tapita obsequio de la casa. Perdonen, tengo que darle otra vez a la litrona. Uno, que es bien educado, en esas situaciones pedía otra cañita y una tapita, de las de pagar. Tortillita de camarones, pescaito frito, un poquito de jamón. Disculpen nuevamente, tengo que enjuagar las lágrimas en otro trago. ¡Qué recuerdos más dolorosos!
Para rematarla, de tanto abrir la bolsa la cerveza se me calentó. Maldita sea.

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Me falta algo por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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