20 nov. 2012

Adiós Jana, adiós




Comentario para el programa Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (20/11/2012)



Hoy no voy a hablarles de parados, crisis, huelgas, bancos o similares. Hoy quiero recordar a Jana, nuestra perrita. Se trata de algo muy personal pero deseo, si me lo permiten, compartir algunos de mis recuerdos con ustedes.
La vida la agotó. No pudo más y tras algo más de catorce años nos dijimos adiós.

Lo primero que hemos notado es que la casa es más grande. Era pequeña y sin embargo su presencia parecía llenarlo todo.
Llegábamos a casa y allí estaba esperándonos. Siempre alegre. Su casi rabo se movía a gran velocidad demostrando así su alborozo. Hasta que no la acariciábamos no se separaba de nuestras piernas.
A la hora de la comida se sentaba al lado de Carmen y no le quitaba los ojos, redondos y negros, de encima. Si veía que no le caía nada comenzaba a emitir unos suaves sonidos que más bien parecían un ronroneo. Al tiempo se acompañaba con un baile de sus patas delanteras. Cuando el ansía le podía emitía un ladrido corto, seco y en tono bajo. Llegados a este punto Carmen no aguantaba más y le daba un pedacito de lo que fuera. Le gustaba de todo. No le hacía ascos a la fruta, el pan, la carne o el pescado.

Su tamaño no le impedía ser muy fuerte y resistente. Dábamos largos paseos. Juntos nos recorrimos la Sierra de Tineo en muchas ocasiones. Allí me alertaba de la presencia de los corzos. Cuando los veía no tenía ningún pudor y salía disparada tras ellos. Al cabo de un rato regresaba tan satisfecha como si hubiese cazado uno.
El Camino de Santiago, el monte Armayán o la ruta del Esva eran otros de nuestros escenarios preferidos. Muchos domingos, bien temprano, nos poníamos en camino los dos solos y juntos disfrutábamos de la caminata y del tentempié.

Siempre estaba de buen humor. Bueno, siempre no. No me perdonaba el llevarla a cortar el pelo. Suponía unas dos horas de “abandono” en sitio extraño y al recogerla poco caso me hacía. Lo peor era al llegar a casa. Durante un buen rato me ignoraba totalmente. Era la manera de demostrarme su enojo. El paso de los años suavizó el enfado, pero solo lo suavizó.

Había momentos hilarantes. Las “encarnizadas” peleas entre Carmen y Jana acababan en dolores de barriga de tanto reírnos. También le gustaba defenderme. Si alguien intentaba “pegarme” allí se encontraban con la aguerrida Jana para protegerme. Nunca me cupo duda de que a su lado estaba seguro.
Echaré de menos las siestas dominicales en el sofá en las que Jana se ponía encima de mí o se apretujaba a mi lado y dormíamos a pierna suelta. Eso hasta que nos reñían por roncar.

A lo largo de catorce años nos acompañó en nuestras vacaciones y nos acordamos de la primera vez que pisó la arena de una playa. Sus alocadas carreras nos hicieron pasar un buen rato.
Así podría seguir durante mucho tiempo. Todos estos años dieron lugar a infinidad de anécdotas y risas. Jana nos hizo reír y eso no tiene precio.

No se crean, nunca dejamos de pensar que era un animal, pero era nuestra perrita y formaba parte de la familia. Tanto que hasta nuestros sobrinos le regalaban algún juguete por Reyes.

Así eran las cosas. Ahora la echamos mucho de menos. Sabemos que con el tiempo se pasará el dolor que hoy sentimos y se atenuará. Siempre tendrá un lugar en nuestro recuerdo y corazón.
Se llamaba Jana, era nuestra perrita y la queríamos.

Disfruten de la vida y recuerden, por favor, que un perro no es juguete.





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Adiós Jana, adiós por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

2 comentarios:

  1. Lo siento mucho, es una gran perdida pero el dolor se atenuara

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  2. Lo siento mucho. Lei una vez que el único inconveniente de un perro era vivir menos años que nosotros. Me imagino el vacio en casa, aunque me duele solo imaginarlo. Un abrazo

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