20 nov. 2013

El desprestigio del Prestige





Diez años de investigación judicial. Nueve meses de juicio. Tres  acusados. La vista oral costó millón y medio de euros. 2.000 kilómetros de costa y más de 1.000 playas contaminadas. Treinta millones de euros gastados en un pleito fallido en Nueva York. Una factura de más de cuatro mil millones de euros que nadie va a pagar. Un país indignado una vez más. Nadie es responsable de nada.

Ya tienen suficientes pistas para saber que me refiero a la sentencia del Prestige.
Los ciudadanos españoles nos hemos quedado a cuadros. Nadie es responsable de una de las mayores tragedias medioambientales de España.

La verdad es qué estábamos avisados. La sentencia iba a ser…como fue. No, no me las doy de adivino. Fue público.Lo dejo claro Juan Luís Pía en el mes de julio de 2013. ¡Oigan! y no es uno cualquiera. Para quien no lo recuerde: es el presidente del Tribunal que enjuició el caso. Vamos, que sabía de lo que hablaba.

En pleno verano el magistrado ya dijo que “es obvio que hay más gente implicada en el siniestro, tanto responsables políticos como no políticos”. Ya puestos a decir, dijo: “faltó mucha gente entre los acusados”. Fue aún más claro y entre los ausentes citó a los “responsables políticos” de la gestión de la catástrofe y a los directivos del “entorno del barco”. Para rematar mencionó, como el que no quiere la cosa, que estas ausencias iban a influir en la sentencia.

El magistrado no quiso pillarse los dedos, y con toda la razón, y afirmó que el juicio era “desmesurado, un sinsentido” además de carísimo, claro. Ya saben, un millón y medio de euros.

Ya puestos a clarificar, Juan Luís Pía, repito que presidente del Tribunal que juzgó el caso, destacó que el pleito fallido que el Gobierno español intentó en Estados Unidos “perjudicó enormemente”. El coste de esta intentona, repito, fue de treinta millones de euros.

Estas declaraciones a la prensa nos pasaron desapercibidas a la inmensa mayoría de los ciudadanos. Ahora no valen lamentaciones. El juez avisó con tiempo.

A todo esto les recuerdo que hubo tres acusados, jubilados los tres: el exdirector de la Marina Mercantes, el capitán del Prestige y su jefe de máquinas. No hubo forma de sentar a la empresa armadora ni a la firma que expidió el último certificado de navegabilidad.

Todos nos acordamos de los voluntarios limpiando las playas. Gentes de toda España se desplazaron a la costa gallega para realizar una gran muestra de solidaridad. Mientras eso sucedía, hubo quienes se dedicaron a otras cosas y dejaron frases para la historia.

No nos olvidamos como el vicepresidente del Gobierno en aquellas fechas, don Mariano Rajoy, hablaba de unos “hilillos de plastilina que ascienden verticalmente”.

Su jefe de filas, don José María Aznar, también citó a los “hilos que salen del barco pero que quedan inmediatamente solidificados”

Rajoy, que parece que en aquella época hablaba más que hoy siendo presidente, aseguró que “no hay ningún peligro de que la marea negra alcance a las Rías Bajas”. Pueden ustedes comprobar que lo de este hombre no es de ahora, ya venía de lejos.

El siempre anecdótico don Miguel Arias Cañete, por aquel entonces ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, nos ilustró con una de sus clarividencias: “la rápida intervención de las autoridades alejando el barco de las costas ha permitido que no temamos una catástrofe ecológica”.

¡Ah! tampoco nos olvidamos de que Ana Botella salió con aquello de que la culpa era del barco.

El mejor de todos don Francisco Álvarez Cascos, ministro de Fomento, estaba tan tranquilo que mientras el barco se hundía él estaba de caza.

Bien, pues ninguno de estos ilustres personajes dimitió en aquella época. Ninguno pidió disculpas por la nefasta gestión que realizaron y ahora están más contentos que unas castañuelas.
Los ciudadanos gallegos han salido a la calle. Los españoles hemos alucinado una vez más y estos mentirosos ahí siguen y encima se pavonean.

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El desprestigio del Prestige by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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