13 dic. 2016

Panegírico del nacionalismo vasco


El arte de expresar por escrito sentimientos, emociones, vivencias, anhelos, realidades o invenciones puras y duras lo denominamos literatura – siempre que esté bien escrito -. Hay escritores que conciben sus obras como un compromiso social, otros como una expresión íntima y quienes crean con un puro afán de entretener. Existen tantas motivaciones como creadores.

Kirmen Uribe en La hora de despertarnos juntos decidió irse hacia el campo de la idealización política. La novela se publicó simultáneamente en cuatro idiomas: euskera, castellano, catalán y gallego.

La obra es un panegírico del nacionalismo vasco. Para ello se sirve de las figuras de Txomin Letamendi, Karmele Urresti, Manu Sota o el lehendakari Agirre – los más relevantes -. Sus hagiografías – de tal se pueden tildar – confluyen en un objetivo: exaltar el nacionalismo vasco.

La intensidad, la implicación del autor en el desarrollo de la novela hacia la consecución de ese encumbramiento de lo vasco eclipsa las virtudes literarias. Seguro que las tiene y muchas.

El sentimiento de ser diferentes, de ser grandes luchadores por la libertad – la suya – de ser íntegros, honrados, fiables, familiares, católicos inundan las páginas. El franquismo tuvo en las gentes del PNV a su gran enemigo – eso se desprende de la narración de Uribe -.

No voy a recordar los movimientos opositores al franquismo en el resto de España – pocos pero haberlos los había – y tampoco a los maquis que se mantuvieron por los montes de la península hasta la década de los 50, algunos hasta los años 60. Hubo más gentes que dieron su vida por la libertad y no eran nacionalistas.

No entra en las divergencias políticas dentro del nacionalismo. Eso no importa. Si menciona el nacimiento de ETA y la senda de sangre que deja tras de sí. Apenas se toca.

“Poco después regresaría a Euskadi, al comienzo de una complicada época que marcaría a sangre y fuego los siguientes cincuenta años”.

Las apelaciones al nacionalismo sobrepasan el aspecto literario y se convierte en llamamiento político:

“Creo que nosotros, los propios vasos, somos los que tenemos que empezar a caminar solos, sin mirar tanto hacia fuera, creer en nuestras propias posibilidades como pueblo”.

Literatura al servicio de una causa política. Oigan, que me da igual. Kirmen Uribe escribió y los lectores leemos e interpretamos La hora de despertarnos juntos como nos da la gana.

Hay una reflexión de Uribe que quiero recoger ya que me parece muy interesante:

“¿Cómo fue posible que pasáramos de un clima propicio a un infierno de indiferencia? ¿También a las conciencias las atraviesan ejes que temblaron y transformaron nuestra moral? ¿Por qué no supimos como individuos y como sociedad predecir lo que ocurriría los siguientes cuarenta años? ¿Por qué no reaccionamos ante la espiral de violencia y muerte? ¿Por qué no detuvimos a tiempo aquella inercia sin sentido? ¿Por qué nos callamos? ¿Por qué negamos el sufrimiento ajeno? ¿Por qué nos volvimos la mayoría un poco de piedra, como las estatuas medievales de la iglesia de Ondarroa?
No me siento capaz de contestar a ninguna de estas preguntas y creerme que mi respuesta vaya a ser la correcta”.

Grandes preguntas, sin duda.

Cuando los pueblos se encargan de marcar diferencias, de señalar identidades diferenciadas están levantando fronteras mentales. Cuando un pueblo se cree elegido y se encomiendan a un dios o a un objetivo político sagrado acaba enfrentándose a sus vecinos. Cuando un pueblo exalta sus virtudes siempre es en contraposición con otro pueblo.

Cuando eso sucede los pueblos se vuelven insensibles. Nada es más importante que ellos. Sus deseos, sentimientos y ambiciones están por encima de cualquiera.

Tal vez esa sea una de las posibles explicaciones.

Las guerras, los enfrentamientos entre los pueblos siempre se han disfrazado con sentimientos nacionalistas. Se mata y se muere por una nación, un dios. ¡Qué ironía! La realidad es que se mata y se muere por dinero.

¿Me gustó? No puedo responder. Se lee bien pero la carga nacionalista es tan potente que yo, que no soy nacionalista, no lo pude leer como una novela. Mi lectura fue en clave también política y contrapuesta a la de Uribe.

Eso sí, les recomiendo que lo lean y saquen sus conclusiones. Estas fueron algunas de las mías.

Ya saben, disponible en bibliotecas públicas y librerías.

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