11 abr. 2017

¡Acabemos con los impuestos directos!

Desde la aparición del género homo la socialización es consustancial a la evolución. De una sociedad muy básica hemos llegado a una compleja y muy reglamentada en la que la convivencia está predeterminada en gran medida.

Las leyes inundan todos los ámbitos de nuestra vida y hemos llegado al punto en que el legislador, en su ansia de abarcarlo todo, se le ocurre una de las mayores barbaridades: “La ignorancia no exime del cumplimiento de la ley (ignorantia iuris non excusat)”.

Ya sé que esto proviene del derecho romano pero no me digan que no es absurdo. Sí hay algo que ignoro no puedo, desde la estricta razón, ser culpable de incumplimiento. Máxime cuando nuestros pater patriae se empeñan en promulgar montones de leyes, reglamentos, decretos y demás maraña legislativa que resulta inabarcable para cualquier hijo de madre – menos mal que ningún experto en leyes leerá esto -.

La Historia nos demuestra que todo ese barullo legislativo tuvo siempre una finalidad: proteger al rico y poderoso. ¿Alguien lo duda?

El entramado legal y económico favorece que algunas personas se enriquezcan de forma rápida y desmesurada. No tiene que ver con el esfuerzo personal en la inmensa mayoría de las ocasiones. Las enormes fortunas son fruto de la usura, la explotación, el robo o la muerte. Nadie se hace asquerosamente rico sin esos ingredientes.

Es curioso que la gente denigre a la Casa de Alba, a la familia Botín o ya más reciente a Amancio Ortega, por poner tres ejemplos de sobra conocidos. ¿Qué tienen todos ellos en común? La acumulación de riqueza y poder. Y eso no se les perdona. Repasen la historia de estas gentes y verán cómo no todo son luces.

A partir del siglo XVII – sé que esto no es exacto y dándole un manotazo a la Historia para abreviar - una todavía incipiente burguesía desea cambiar las reglas de juego y hacerse un hueco en eso del poder. Los impuestos que establecen los nobles – holgazanes terratenientes en la mayoría de los casos – tienen acogotados a esas gentes dinámicas y quieren modificar las reglas de juego. Luego vendrán las revoluciones burguesas, el colonialismo, las guerras mundiales y el denominado estado del bienestar. Pido mil perdones por el atraco a la Historia.

Es tras la II Guerra Mundial cuando algunos estados empiezan a repartir la riqueza de otra manera que consideran más justa para el conjunto de la sociedad – y hablo de forma más generaliza -. Aquello de los impuestos directos progresivos y en función de la riqueza individual parece lo más justo. Es aceptado por la inmensa mayoría de los ciudadanos,  excepto, claro está, por los más ricos.
Paulatinamente los poseedores de las grandes fortunas van cogiéndole el tranquillo a eso de las nuevas democracias y se vuelven a infiltrar en los poderes ejecutivos y legislativos - siempre con testaferros, ellos no se manchan las manos -. Aunque la verdad es que nunca habían abandonado los resortes del poder.

Los paraísos fiscales surgieron a diestro y siniestro – más bien a siniestro -. Y para rematar la faena y poner sus dineros a buen recaudo se inventaron eso de la globalización. ¡Ahora échenles ustedes un galgo!

Los asquerosamente ricos llevan años hablando de la injusticia y lo dañinos que son los impuestos directos. Sus lacayos, los políticos de turno, han modificado las leyes al antojo de los señoritos y han utilizado todos los resquicios legales para seguir beneficiándose. ¿Cómo se pueden explicar si no la pervivencia de los paraísos fiscales? ¿Y las SICAV?

Todavía hay quienes se creen la patraña de que si se aprieta con más impuestos directos a los ricos sacaran el dinero del país. ¿Me pueden explicar dónde está entonces? ¿Les recuerdo que España es el país que más billetes de 500 euros acapara?

Ya va siendo hora de que nos caigamos del guindo.

La gasolina que pagamos tiene una parte muy importante destinada a impuestos. No es la única: luz, gas, electricidad, basura, bebidas alcohólicas, libros, cine, teatro, comestibles… Nos cabreamos muchísimo con cada una de las subidas de los impuestos indirectos, luego nos alegramos cuando el gobierno de turno nos dice que nos va a bajar el IRPF, el impuesto directo. Sí, ese que pagamos en función de nuestros ingresos y patrimonio.

Pero vamos a ver ¿cómo cojones se piensan que pagamos la sanidad, educación, las infraestructuras…? Para los más ricos resulta mucho más beneficiosos, infinitamente más, que el reparto de los costes que acarrea nuestra forma de vida se reparta de forma igual entre todos. ¡Carajo, que eso les beneficia a ellos! ¿Es tan difícil de entender? Pues parece que sí.
Pues bien, luego quéjense de las subidas de la gasolina, el copago farmacéutico o … ¡Joder, ya les vale!

Miren, la última es el tema de las herencias. Y no vuelvo a eso de la acumulación de la riqueza y cómo se logra.

No hablo de cómo gastan los políticos nuestros impuestos, ese es otro debate. No hablo de las diferencias impositivas entre comunidades autónomas, ese es otro debate. Hablo del reequilibrio social para evitar que las desigualdades se incrementen como lo están haciendo. ¿Acaso alguien duda de esa realidad?

Aún poniéndonos en el caso de Asturias, una de las comunidades donde más se pagaba hasta ahora, ¿quién de ustedes conoce a alguien que herede más de 200.000 euros? Joder, yo de oídas. Esa gente no está en mi círculo. Un piso, comprado por un trabajador, y unos pequeños ahorros no llegan a esa cifra ni de coña.

Pues bien, he visto gentes firmando para abolir el impuesto de sucesiones. Gentes que nunca jamás verán ni heredarán esos 200.000, ya ni les hablo de 300.000 euros. Los que tienen enormes fortunas se están frotando las manos. Los pobres, sí los pobres, están de acuerdo en que los ricos no paguen.

¡Joderrrrr!

Vi en un periódico a una señora terriblemente enfadada y diciendo que la habían atracado: tuvo que pagar, creo recordar, unos 480.000 euros por su herencia. Se lamentaba, desde luego, la puedo entender. Lo que la buena señora no nos dijo es cuanto heredó. ¡Ya quisiera yo pagar esa cantidad algún día!

Queremos servicios públicos de calidad, cada vez más y mejores, y no queremos pagar impuestos directos. ¡Cojones, que alguien me explique cómo! Y no me vengan con cuentos que ya estoy muy harto de ellos.

Miren, los más fervientes y aguerridos defensores de la anulación de este impuesto ya han reconocido que habrá que realizar recortes o sacar el dinero de otros lados. ¿De dónde? ¡Pues de los impuestos indirectos, hostia!

Hale, sigan pidiendo menos impuestos directos, los ricos de verdad, los de siempre, se están riendo de nuestra estupidez. Luego laméntense en el bar de lo mal repartido que están las cosas.

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