1 may. 2017

La naturalidad de Derecho natural


Hay libros con los que me identifico, no soy el único, desde luego. Pues eso me ha pasado con Derecho natural de Ignacio Martínez de Pisón.

La época que describe, años setenta y ochenta del siglo pasado, nos pilló con la misma edad – bueno, él es un poco más viejo – y tenemos una percepción bastante similar de la misma.

La novela me resultó cercana. Al principio puede confundir y clasificarla como una novela casi costumbrista, histórica, social o vayan ustedes a saber. Pues no. Pues sí. Es todo eso. No es nada de eso. Es Derecho natural. ¡Vaya pérdida de tiempo intentar clasificarla!

En la sencillez, fruto de que Pisón escribe muy bien, se ve aquella España del final de la dictadura y principios de la democracia, mustia, oscura en la que la felicidad – si eso era posible – era imaginada y ansiada pero en la que la realidad no lo ponía nada fácil. Ese mismo deseo social de cambio y aspiraciones se veía en las familias. La de Ángel, el protagonista, también. No podía ser de otra forma.

Las apariencias engañan.

La transición política trajo consigo modificaciones en las relaciones sociales y familiares. La España franquista tan ordenada entró en erupción. La vida y las diversidades se hicieron visibles. Lo que la dictadura intentó matar solo consiguió hibernarlo.

La política, la incipiente independencia de las mujeres, el alejamiento de la asfixia patriarcal,  el acceso de hijos de clase baja a la universidad,  el nacionalismo, las drogas o la farándula, todos estos ingredientes, están en Derecho natural. Y por supuesto Demis Roussos. Dicho de otra forma, España vuelve a la vida en esos años, tras la muerte del dictador. Lo anterior era, para la mayoría, una cuestión de supervivencia, nada más.

Anhelos y frustraciones conviven en la novela y tal y como lo hacen en la vida. Sin estridencias Martínez de Pisón refleja muy bien esos años ilusionantes. El narrar en primera persona da a lo contado una mayor cercanía y verosimilitud. No se equivoquen no es una novela amable, lo es en la forma, nada más, en el fondo es dura y triste. Con esa tristeza que da la perspectiva del tiempo: sin rencor y sin olvidar nada.

Y no falta el amor entre hombres y mujeres, padres e hijos. No, realmente no es amor. Es la búsqueda del amor y como tal está llena de tropiezos. La relación de los padres de Ángel se basa en la resignación, casi sumisión, de Luisa, su madre. Acabará rebelándose sin perder la inseguridad que les inculcó el franquismo a las mujeres.

Por su parte, Ángel (hijo) se enamoró de un imposible: Irene. Toda una vida dedicada a ese amor y… llegado a este punto les recomiendo que se lean el libro.

Lo dicho, una novela en apariencia tierna pero que en absoluto lo es. Me identifiqué con ella en muchos momentos y me atrapó. No tengan dudas, léanla.

Ya saben, disponible en su biblioteca pública o en su defecto librería preferida.

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