23 ago. 2018

Franco y los franquistas redivivos

La última guerra civil española, su prolongación con el fin de exterminar al “enemigo”, una posguerra sangrienta, una férrea dictadura con el mantenimiento de la pena de muerte hasta su final tienen a un mismo causante-protagonista: Franco.

La figura del dictador, cuarenta y tres años después de su muerte, sigue siendo reverenciada por una parte de los españoles. Unos lo hacen por haber sido sus cómplices, otros por ser estómagos agradecidos y el resto por ignorancia supina.

Desde hace unos años se ha ido produciendo un revisionismo histórico en torno al franquismo. La falta de unos mínimos conocimientos históricos favorece que esas opiniones hayan calado en una parte de la población.

El transcurso del tiempo ha vuelto olvidadizos a quienes sufrieron la dictadura, la inmensa mayoría de la población. Lo peor de todo es que hay jóvenes que se han creído las mentiras que les han transmitido y piensan que la etapa franquista fue la mejor de nuestra historia. No tienen ni idea de cual fue la realidad.

No voy a entrar en cuestiones políticas, económicas o sociales. Sí quiero hacer referencia a esa mentira que recorre cada dos por tres las redes sociales,  y me refiero al tema de la protección social a los trabajadores, que atribuyen al franquismo.

La Constitución republicana de 1931 recoge lo siguiente en su Art. 46:

“El trabajo, en sus diversas formas, es una obligación social, y gozará de las leyes. La República asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna. Su legislación social regulará los casos de seguro de enfermedad, accidentes, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes y especialmente la protección a la maternidad; la jornada de trabajo y el salario mínimo y familiar; las vacaciones anuales remuneradas; las condiciones del obrero español en el extranjero; las instituciones de cooperación, la relación económico-jurídica de los factores que integran las producción, la participación de los obreros en la dirección, la administración y los beneficios de las empresas, y todo cuanto afecte a la defensa de los trabajadores”.

¿Se enterarán de una vez? No creo, no leen. Si lo hicieran igual se encontraban con muchas sorpresas.

El Art. 47 de esa misma constitución dice:

“La República protegerá al campesino y a este fin legislará, entre otras materias, sobre el patrimonio familiar inembargable y exento de toda clase de impuestos, crédito agrícola, indemnización por pérdida de la cosecha, cooperativas de producción y consumo, cajas de previsión, escuelas prácticas de agricultura y granjas de experimentación agropecuarias, obras para riego y vías rurales de comunicación. La República protegerá en términos equivalentes a los pescadores”.

Hasta la década de los años 60 los indicadores económicos de España no alcanzaron las cifras de los años de la República. Cuando la economía empezó a mejorar,  a base de enormes sacrificios, la industria española no pudo asumir la creciente mano de obra y millones de ciudadanos tuvieron que emigrar. Y no es cierto que todos los que tuvieron que salir lo hicieran con todos los papeles en regla. Otra mentira asumida por muchos.

De la inmigración ni hablamos. La extrema derecha inyecta bulos de forma continua que están siendo admitidos como verdades por gentes de toda clase y condición, incluidos personas que se dicen de izquierdas. No, mejor no hablamos de inmigración-emigración, xenofobia y racismo, que siempre van de la mano.

Por cierto, en el franquismo no se habla de ciudadanos ya que ello implica, como hoy lo entendemos, derechos civiles y políticos en una sociedad democrática. Hasta los más recalcitrantes franquistas de hoy pondrían el grito en el cielo si se les quitara alguno de esos derechos. Es más, se aprovechan de ellos para intentar volver a esa ansiada dictadura.

La penetración de ideas de extrema derecha, y de más allá, en la sociedad europea y española es verdaderamente alarmante. El desmadre económico provocado por la falta de regulación de los mercados, la globalización desbocada, los recortes sociales y económicos, la pauperización de la clase media, los rescates a grandes bancos y empresas han cabreado tanto a los ciudadanos cualquier populista tiene su público. Con las redes sociales se están hinchando.

Los más extremistas de la derecha están encontrando unos aliados perfectos en esa derecha que se dice centrista y democrática. En momentos de crisis económica y social siempre ha sido así, no es nada nuevo.

La prevista retirada de los restos de Franco del Valle de los Caídos está animando a salir a la luz a aquellos que siendo franquistas lo disimulaban. Ya no se esconden. Siguen estando en el ejército, en la iglesia y en los partidos políticos.

Y tenemos la Fundación Francisco Franco. Su función es perpetuar la memoria de un traidor – había jurado fidelidad a la República –,  de un golpista, de un dictador. La fundación está subvencionada por el erario. No paga impuestos.

Llevados por esta ola extremista aprovechan la ocasión y vuelven a poner en la palestra política cuestiones como el aborto. ¡Y lo hacen gentes del Partido Popular! Desempolvan argumentos reaccionarios y están encantados. ¡No hay nada cómo volver a los orígenes! Siguen instalados en la caverna.

Y todo esto no hizo más que empezar. La derecha lleva muy mal lo de perder el gobierno y utilizan cualquier medio para volver a recuperarlo, aunque sea a costa de retroceder más de cuarenta años. Están cayendo en un populismo muy peligroso.

El desconocimiento de la Historia de España es tan grande que es imposible racionalizar el debate con los populistas de extrema derecha – vale, con todos los populistas -. La derecha de este país, el PP, no puede seguir justificando y disculpando al franquismo. Ser de derechas no implica defender a un dictador, a no ser… Sean de derechas, no franquistas.

Durante cuarenta años este país fue franquista por la fuerza, hoy muchos lo son por “devoción”. Mal vamos.

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