Ya está, ya hemos visto lo que han dado de si
las elecciones autonómicas en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía.
Para unos, el PP, no han salido como esperaban, ganaron en todas ellas, pero en
todas necesita a Vox, al que querían dejar de lado, al menos eso decían y
deseaban.
La convocatoria de esas elecciones no fue
algo decidido por cada uno de los presidentes autonómicos, para nada, se
trataba de una estrategia que tenía dos objetivos, uno de ellos, como queda
dicho, era la desembarazarse de Vox y lograr gobernar en solitario en esas
cuatro autonomías, no lo lograron. La otra, la más importante, es que se
trataba de desgastar al gobierno de Pedro Sánchez con una catarata de derrotas
que le pusieran en mayores aprietos y que le llevaran a convocar elecciones
generales. No les ha salido muy bien. No solo eso, si no que Vox se hace más
fuerte y tiene al PP bien cogido. Los condicionamientos de Vox para pactar los
nuevos gobiernos están haciendo que el Partido Popular se escore aun más a la
extrema derecha llegando a aceptar la propuesta populista y demagógica de
«prioridad nacional», que, reconozcámoslo, tiene muchos seguidores entre los
ciudadanos.
Gran parte de la estrategia de los candidatos
del PP ha sido cargar contra el Gobierno y el Presidente, dejando en planos
secundarios, en demasiadas ocasiones, los temas autonómicos que les afectan. El
voto al Partido Popular se mantiene firme independientemente de lo que les
pase. Los incendios y su gestión en Castilla y León no les pasó factura, como
tampoco lo hizo la gestión sanitaria en Andalucía. Tal parece que hagan lo que
hagan la vara de medir de los ciudadanos no es la misma que utilizan para enjuiciar,
y castigar electoralmente, a los partidos de izquierda. En gran medida, creo
que es comprobable fácilmente, los medios de comunicación tienen mucho que ver
en esa percepción ciudadana, como también lo tienen las redes sociales, a las
que hasta hace poco desde la izquierda no se les prestaba demasiada atención.
Dicho esto me río ya que fue una de las cuestiones que mencionó la candidata
socialista en Andalucia, María Jesús Montero, para disculpar los malos
resultados.
Todo parecía indicar que esas, las
anteriores, eran las razones del PP, pero… Estamos viendo como en las
negociaciones y en los gobiernos autonómicos la presencia de Vox no alarma a
los ciudadanos como lo hacia no hace tanto tiempo. Vox y sus propuestas se han
normalizado, ¿sería esa la idea que se esconde detrás de tanta convocatoria
electoral? Todo indica que hay muchas probabilidades de que el Partido Popular
gane las siguientes elecciones generales, pero va a necesitar el apoyo de Vox,
así lo dicen todas las encuestas y extrapolando los resultados autonómicos,
aunque no es muy fiable, sí que indica una tendencia muy clara. PP y Vox
llegarán a gobernar. Feijóo y los suyos lo saben, claro que lo saben. Las
siguientes elecciones generales es la última oportunidad de Núñez Feijóo, de no
llegar a la Moncloa ya conoce el camino. En estas condiciones nada mejor que la
presencia de Vox en las instituciones para su normalización para cuando llegue
el «momento Feijóo» a nadie extrañe los acuerdos a los que van a llegar. No es
descabellado, a las pruebas me remito. El PP ya dio por buena la «prioridad
nacional» y todas las propuestas que le realiza la extrema derecha. De ahora en
adelante, Vox se va a ver como otro partido más que accede a las instituciones
democráticas, cierto que accede desde unas elecciones democráticas y con unas
negociaciones democráticas, pero sus planteamientos y propuestas no tienen nada
de democráticas o muy poco. Lo que no se puede dudar es que Vox es el elemento
más distorsionador y generador de enfrentamientos en nuestra sociedad. Sus
intervenciones públicas, incluidas las que realizan en el Congreso de los
Diputados y en el Senado, son incendiarias e incluyen ataques personales sin
cortarse a la hora de insultar. El PP se ha sumado a esas escaramuzas broncas y
mal educadas.
No tengo dudas de que la normalización de la
extrema derecha es uno de los objetivos que persigue el PP de Feijóo, se juegan
mucho. El argumento disculpatorio ya lo saben, ¿verdad?, Pedro Sánchez negoció
con Bildu. Vistas las actuaciones y propuestas de Vox y Bildu en el Congreso de
los Diputados ¿cuales les parecen más relevantes para los ciudadanos? A la
vista está, no hay más ciego que el que no quiere ver.
Hablar de estas elecciones autonómicas y no
hacerlo del PSOE no tendría mucho sentido.
Los resultados de los socialistas no es que
hayan sido malos, no, han sido peores, excepto en Castilla y León donde
mejoraron un poco, poco, en las otras comunidades fue penoso, especialmente en
Extremadura. Contra todo pronóstico, o no tanto, el PSOE presentó en esa
comunidad a un candidato que ya estaba quemado antes de iniciarse la campaña.
Su presencia en las listas fue absurda, ¿qué se pretendía o qué favores le
debían? Su candidatura fue avalada por Ferraz, como siempre, que es quien tiene
que dar el visto bueno. El poner a dos ministras como cabeza de lista en Aragón
y Andalucía fue otro error descomunal. También sería un error monumental el
poner de cabeza de lista en Madrid al ministro Óscar López.
Las imposiciones de Pedro Sánchez les han
llevado a unos estrepitosos resultados, tendría que hacérselo mirar. Algunos
opinadores profesionales afirman que con esas candidaturas quiere controlar el
partido. No me atreveré a decir lo contrario, aunque me parece un error
gravísimo como estrategia política. Tener en contra a la mayoría de los
gobiernos autonómicos es un mal negocio. En demasiadas ocasiones cometen unos
errores tan grandes que no acabo de comprender su estrategia y sentido. No es
que yo lo diga, a la vista está.
Tras el resultado en Andalucía empiezan a
aparecer barones que alzan la voz. Uno de esos es Adrián Barbón, Presidente de
Asturias, para quien «los proyectos políticos que son capaces de hacer un
discurso de identidad, de orgullo de identidad, de reivindicación de la propia
identidad tienen buenos resultados». Hace tiempo que no se esconde para soltar
cosas como esta. ¿Cómo marida el socialismo con el nacionalismo identitario? El
problema igual radica en que el PSOE se ha alejado de muchos de los principios
socialdemócratas o no ha sabido adaptarlos a la realidad para irse por una
senda que cada vez menos ciudadanos comprenden.
Un candidato autonómico tiene que estar
pegado al territorio en el cual quiere gobernar, pero de ahí a hablar de
identidad y no de clases hay un trecho abismal. En un mundo cada vez más
tecnológico oír discursos identitarios comprendo que puede atraer a una parte
de la sociedad y desde luego hay que preservar las esencias e historia que
compartimos, pero no podemos caer en la tentación de hacer de la identidad el
ideario político. En el caso de Barbón mezcla además religión, con Covandonga
al frente, entre esos signos de identidad, al modo y manera que lo hacia el
nada honorable Jordi Pujol. Y ya sabemos que el Presidente de Asturias tiene en
su mesita de noche un rosario. ¡Ya le vale!
En este mundo internacionalizado e
intercomunicado son las extremas derechas quienes hacen frente común ante una
izquierda timorata que ha renunciado a llamarse socialista o izquierdista para
denominarse progresista. La izquierda deja de lado el relato ilusionante para
basar su estrategia en la frialdad del dato. Hay una frase que decía Eduardo
Galeano que tuvo un sentido hoy perdido: «La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos
más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar».
No hay comentarios:
Publicar un comentario