21 oct 2026

Es fácil diferenciar a un pastor de un lobo, no siempre

 


  Aviso a navegantes, este artículo no trata del Canis lupus, va de la empresa más longeva de la humanidad y de cómo se accede a su dirección. Vamos, que trata de la Iglesia católica y de como eligen al papa, y de eso va El pastor y los lobos de Santiago Roncagliolo.

  El libro recoge el ascenso de Robert Francis Prevost al papado. No es un ensayo. Se trata de un libro de no ficción contado como si fuera una novela de intriga en la que el autor introduce reflexiones personales y nos cuenta algunas cosas muy íntimas, y traumáticas, de su vida. Así nos cuenta Roncagliolo que intentó ser sacerdote cuando tenía veinte años, pero los jesuitas no lo aceptaron. A pesar del tiempo pasado me da la sensación que el tema religioso le sigue pesando. Vean una afirmación que realiza: «La fe en Dios es necesariamente la creencia en algo que nunca podremos probar. No podemos demostrar que existe un ser omnipotente y tiene un plan. Pero tampoco que no. Por eso los regímenes políticos ascienden y caen, pero el catolicismo lleva en pie más de dos siglos».

  Robert F. Prevost nació en Chicago. Es un sacerdote agustino. En 1982 fue enviado como misionero al Perú donde vivió varios años. Tiene también la nacionalidad peruana. Llegó a ser prior de los agustinos.

  El pastor y los lobos recoge los casos de pederastia que se produjeron en el Perú y de los grupúsculos que dentro de la Iglesia católica se comportan como mafias. Con esos poderes en la sombra se tuvo que enfrentar Prevost en su estancia en el país. Destaca la lucha, pues de tal se trató, entre Prevost y el Sodalicio de Vida Cristiana, grupo, aunque podemos decir secta, fundada en Perú por Luis Fernando Figari en 1971. Dos periodistas, Paola Ugaz y Pedro Salinas, investigaron el Sodalicio y descubrieron que fue acusado de pederastia por varios jóvenes. Prevost investigó las acusaciones y puso la información a disposición del papa Francisco. Una semana antes de fallecer Francisco disolvió el Sodalicio. Estos hechos convirtieron a esa organización en enemiga de Robert Prevost, tanto que intentaron por todos los medios que no fuese nombrado papa, incluidas calumnias que fueron comprobadas por orden de Francisco y no encontraron nada en su contra.

  El Sodalicio, aunque disuelto oficialmente, conserva un gran poder, sobre todo económico que no ha podido ser desmantelado. Según Roncagliolo mantenían una relación de apoyo mutuo con el Opus Dei.

  En el libro también se menciona a otro depredador sexual, Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo.

  Estas son algunas de las cosas que cuenta Santiago Roncagliolo.

  El autor dice que Prevost es un hombre que sabe escuchar y es poco dado a dar explicaciones, pero por ello no deja de actuar. En palabras del autor, Prevost «nunca se imponía. Tampoco se cansaba. Escuchaba mucho y trabajaba en silencio».

  La elección como papa de Robert Prevost no fue sencilla. Los enemigos que se creó, no por su voluntad, en Perú pusieron toda la carne en el asador para impedirlo, como dije anteriormente. No fueron los únicos en su contra, incluso desde EEUU hubo quienes torpedearon la elección.

  Roncagliolo deja claro el papel fundamental que ejerció el papa Francisco para que Prevost fuera su sucesor, así dice: «Para asegurar su legado, Francisco había mantenido una ingente creación de cardenales, un quince por ciento más de los que había en 2013. muchos de los ciento treinta y tres que llegaron para votar no hablaban italiano, ni siquiera habían tenido tiempo de conocerse entre sí».

  A la vista de esto, parece que tuvo más que ver en la designación de Robert Prevost Francisco que el Espíritu Santo. No se trata de una frase que me invento, el autor del libro afirma que la elección de León XIV había comenzado a gestarse siete años antes, durante el viaje del papa Francisco a Chile. En todo caso, el Espíritu Santo no puso ninguna objeción.

  Santiago Roncagliolo cuenta algunos de los escarceos que hubo dentro del cónclave, que aunque se supone que las reuniones son secretas, siempre acaba saliendo parte de los debates a la prensa.

  El autor contrapone la figura de Juan Pablo II con algunos detalles de sobra conocidos como la cruzada de ese papa contra los teólogos de la liberación. Nos recuerda la canonización súper rápida del fundados del Opus Dei o la protección a Marcial Maciel. Tampoco tuvo empacho Juan Pablo II en salir al balcón junto al sanguinario dictador Augusto Pinochet.

  Santiago Roncagliolo toma partido, vena si no: «Dentro de las muchas alternativas, yo escojo creer que Prevost es un hombre bueno, que ha dedicado su vida a atender a gente que sufre, pero un hombre al fin y al cabo. Y la iglesia católica es una institución humana, contradictoria como las demás, igual de débil y de fuerte, tan capaz de lo mejor como de lo peor».

  No hay duda de sus ideas y afinidades.

  El libro se lee como una novela, es entretenido y como en el fondo no dejan de ser cotilleos sobre curas pues miel sobre hojuelas.


 

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