12 feb. 2013

Dimitir no es pecado


Comentario para Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (12/02/2013)

Menuda la que ha liado Benedicto XVI.
Pero hombre de Dios ¿cómo se le ocurre dimitir? ¿Usted no sabe que con su decisión los políticos españoles ya no sabrán a que clavo agarrarse?

Mire, Santo Padre –y permítame que alguien como yo le trate así- en España, hasta ahora, no ha dimitido nadie. De verdad se lo digo, aquí no dimitió ni dios, y no me refiero a su jefe, no se moleste. Aquí, hasta que no te pillan con la bolsa de basura o el contenedor lleno de billetes, no se va nadie para su casa. ¡Menudo ejemplo ha dado!

Padre Ratzinger, discúlpeme por llamarle así aunque no sea mi padre, entre los políticos españoles estaba muy mal visto eso de dimitir. Siempre encontraron razones para no hacerlo. Uno de sus argumentos más queridos es ese de que no se puede abandonar el cargo sin resolver antes el problema –eso es de cobardes, llegaron a decir. ¿Y ahora qué? ¿Se atreverán a decirlo de usted?

Santidad, su palabra –la de su puesto- tiene mucho predicamento y es aceptada por muchos  políticos de la derecha española como de obligado cumplimiento, también para José Bono –se lo recuerdo- y ahora ¿cómo justificarán ellos el mantenerse en el machito? Desde este momento vamos a ser los otros los que le pongamos como ejemplo. ¡Menudas vueltas da la vida!

En el fondo usted es un rompedor, Sumo Pontífice – que por cierto significa en su origen “constructor de puentes”. Nos tenía engañados. Sí señor, las apariencias engañan.

Pensábamos que por haber dirigido 20 años la Congregación para la Doctrina de la Fe, o dicho en plata y para entendernos, la institución heredera de la Inquisición, usted iba a ser un bastante conservador. Nos preocupaba que usted, Benedicto XVI, habiendo sido el ideólogo que pulverizó a la teología de la Liberación fuera bastante intransigente con muchas de las conductas sociales actuales.

Para serle sincero, Reverendo Padre, que usted levantara la excomunión al obispo británico que niega el Holocausto nos pareció un poco fuerte.

Usted, Padre, llegó ya anciano al papado. Le ha tocado vivir unos momentos duros. Las cuentas del banco Vaticano nunca han estado claras y eso le ha dado muchos dolores de cabeza.
Imagino que la cuestión de la pederastia entre su gente le habrá quitado mucho sueño y mucha salud. Y ya, para rematar, su mayordomo le traicionó.

Esta a punto de cumplir 86 años y es usted un anciano al que los años y el empleo que tiene le han desgastado. No es broma, es usted, Santidad, el representante de Dios en la tierra y eso debe de ser duro. Por lo que dicen su jefe es muy exigente.

Con estos antecedentes pudiera parecer que no iba a tener usted buena prensa, Santidad, pero va y en el último minuto toma una decisión por la cual se redime. Ha tomado una iniciativa que de alguna manera le humaniza. Ha dimitido. Podrá descansar.

Lo que parecía imposible se hizo realidad. Ahora solo nos queda que los políticos españoles tomen ejemplo y cuando sea menester, dimitan.

Por favor, pónganse en cola. No se apelotonen. La ventanilla de las dimisiones está abierta. Tengan un poco de paciencia que son muchos pero les llegará su hora.
Disfruten de la vida y seamos optimistas: alguno se irá.

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Dimitir no es pecado por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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