7 feb. 2013

Injusto empobrecimiento



Hay expresiones que calan de forma inmediata entre la gente. Unas veces son frases tontas, intrascendentes; en otras ocasiones, van cargadas de sentido. La de injusto empobrecimiento puede pasar a los anales de la memez y del descaro.

La frase, mencionada en el recurso contra la fianza exigida a Urdangarin por el caso Nóos, ha causado una cierta inquietud ciudadana.

Urdangarín, hijo de un expresidente de la Caja de Ahorros de Vitoria y Álava y de una aristócrata de origen belga, no se puede decir que haya pasado penurias. De balonmanista profesional pasó a yerno real. ¡Menudo calvario! Pobrecito.

Fue nombrado vicepresidente primero del Comité Olímpico Español, puesto desde el que parece que logró jugosos contratos. Lo tuvo que dejar. ¿Motivo?

Tras una ardua búsqueda, el INEM  le consiguió un puesto en Telefónica. Por esa empresa anduvo zascandileando, tanto lo debió hacer que se lo llevaron a Washington. Según dicen por ahí le pagaban 1,5 millones de euros más otros 1,2 millones en retribuciones en especie y, en caso de despido,  4,5 millones de nada.

¿A que eso del injusto emprobrecimiento ya va cuadrando? No me extraña que recurra todo lo que haya que recurrir. Ese juez tiene muy mala folla. Mira que querer fastidiarle los ahorrillos que con tanto esfuerzo logró. Yo le recomendaría que fuese preparando el recurso ante el Tribunal de La Haya.

No puedo imaginar que ahora, por unas acusaciones falsas de un despechado, pueda empobrecerse. No se lo merece. No se puede consentir: es yerno real. ¿Ya no cuenta la clase?

El desvalido Urdangarín se compró un palacete, con su consorte real, por 5,8 milloncejos de nada, de los de 2004. Eso sí, con hipoteca, como todos. La Caixa les cubrió casi el 100 %. ¡Qué tiempos aquellos! ¡La ilusión que les hizo comprar su casita! Se pensaron hasta el último detalle y tardaron dos años de rehabilitarla y decorarla. ¡Y ahora pueden perderla! No hay derecho.
Ya habían tenido otro pisito. Lo vendieron por 1,2 millones.

El afán de emprendimiento cuajó tanto en el exjugador que se compró otra casita en Terrassa. ¿Se imaginan quien les dio la hipoteca? Pues sí, la Caixa. Y en estos préstamos no tuvo nada que ver que la hija real trabajase en esa entidad bancaria. No señor, no tuvo nada que ver.

Dado su espíritu inquieto adquirió un terrenito en Bergara. Poca cosa, no se vayan a creer que quería hacer la competencia a la Alba. Unos 30.000 metros.
Tenía alguna inversión por ahí. Calderilla. No se preocupen que no eran 22 millones ni barbaridades por el estilo. El trabajo honrado no da para tanto, no.

Al ser  duque em-Palma-do tenía que demostrar su gratitud a la tierra y se compraron no uno, sino dos apartamentos en la isla. Oigan, y lo hicieron con otra hipoteca. Eso es tener suerte. Algunos no consiguen ni una y ellos…¿Saben quien se la concedió? … Pues no, listillos, no fue la Caixa, se lo dio el BBVA. Mal pensados.

Por favor, ¿y es a este esforzado emprendedor al que quieren empobrecer? Así no se puede sacar el país adelante. Lo de siempre: el que asoma la cabeza todo dios a pisársela. Tramontanos, que somos un país de tramontanos.

¿Y el disgusto real? Pobre hombre. A estas alturas de su vida, cuando lo que esperaba era una plácida vejez, vamos y le damos este disgusto. Ahora le viene todo junto: un elefante por aquí, corinnas por allí…Entre todos lo vamos a matar.

Estoy seguro que al final todo se arregla. ¿Pueden ustedes imaginarse un vis a vis entre Urdangarín y su consorte real? Yo no. Pues eso.

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Injusto empobrecimiento por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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