5 feb. 2013

Presencia intuida



Su presencia se percibe con mucha antelación. No sabes definir muy bien qué es, pero hay algo que te dice que está ahí. Se intuye.

El silencio lo llena todo y, sin embargo, barruntas que ocupa ese espacio cercano que no ves. No es algo corpóreo, es más bien una esencia que se propaga por el aire y que pone tus sentidos en estado de alerta.

No sientes miedo. No hay nada que temer. Un escalofrío te recorre el cuerpo y no te asusta. Sabes lo que te vas a encontrar y a pesar de ello sigues adelante. Una inspiración profunda hace que un regusto amargo inunde tus papilas gustativas. No es nada tóxico, desagradable sí. Te imaginas que así deben saber los metales a los que cubre una vieja y rancia pátina.

No es la primera vez, no será la última. La reincidencia no atenúa la sensación.

Te paras. Miras hacia delante y… te dan ganas de darte media vuelta e irte. No puedes, no debes. Un paso tras otro te conduce a lo inexorable. La tensión te enerva. Queda poco. Sabes que el golpe del encuentro te va a trastornar. Quedarás noqueado.

Estás tan cerca que esa presencia intuida se transforma en un efluvio sólido, consistente.

Das la vuelta a la esquina y el tufo te echa para atrás. Te sonrojas, no de ira, sino por tener la respiración contenida. Otro día más el hedor lo inunda todo.

Joder, sabemos que el agua sirve para beber pero algunos no saben que también para lavarse.

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