5 feb. 2013

Tiempo de transgresión



Comentario para Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (05/02/2013)

Estamos a punto de alterar el orden establecido. En breve daremos rienda suelta a lo que llevamos dentro y seremos libres para ponerlo todo patas arriba. Podremos transgredir todas las conductas y que se preparen aquellos que nos han hecho la vida imposible. Es tiempo de ajustar cuentas. Es tiempo de carnaval.

Las máscaras saldrán a la calle para someter a escarnio a cualquiera que se haya destacado por su maldad o estupidez. Me parece a mí que este año la casta política se va a llevar la palma.
En estos momentos de aflicción el recurso a la burla y la sátira, esencia de los carnavales, es una buena válvula de escape. Y eso vale para un día, para el resto del tiempo solo queda aplicar la ley y los principios democráticos.

El antroxu, antruejo, antroido o antruido, que así se denomina según las zonas de Asturias, estuvo muy arraigado en nuestra tradición hasta los años treinta del siglo pasado. En 1937 fue prohibido y se quedó  reducido a algo muy marginal. Es lo que tienen las dictaduras: bromas las justas. Del respeto a las críticas no hablamos.
Aunque bien pensado, algunos demócratas tampoco son muy dados al escrutinio público. Digo más, les aterran las explicaciones y huyen despavoridos de las ruedas de prensa.

En los pueblos la fiesta se reducía al martes por la tarde y eran los jóvenes los que se apuntaban a la diversión. Las máscaras, los tiznados de cara y la utilización de todo tipo de ropas viejas conformaban el disfraz.

 En la actualidad, la carnavalada se reparte en varios días e incluso  semanas después del martes gordo siguen celebrándose fiestas de disfraces, que en la mayoría de las ocasiones son comprados. La implantación de esta moda está ligada a intereses económicos y no tiene nada que ver con la tradición.

En las aldeas eran corrientes las representaciones de comedias bufas en las que la vida local era la fuente de inspiración. La música de gaitas y tambores e incluso las campanas no podían faltar. Las mascaradas de Pola de Allande, Os Reises, son un buen ejemplo de cómo eran y cómo se celebraban.
Hoy no es necesario echarle mucha imaginación, la realidad tiene tanta chunga que con copiarla es suficiente. Una máscara de Rajoy será suficiente motivo para la cuchufleta.

Este momento del año servía de catarsis entre vecinos pero también entre pueblos. En muchas zonas era tradición tirar a los vecinos de un pueblo cercano un cesto de paja ardiendo como provocación. La cosa no solía acabar muy bien y los contendientes se empleaban a fondo para solventar la disputa.
No sé si esta tradición sigue manteniéndose en algún lugar. En el suroccidente tengo entendido que se realizaba en el concejo de Íbias.
No se apuren, no se nos va a ocurrir tirar un cesto ardiendo a los bancos. Aunque metafóricamente ya lo hemos hecho.

En las ciudades la celebración era un poco distinta. Las partidas de enmascarados recorrían las calles y amén de las coplas y  los dichos burlescos se entretenían en arrojar huevos contra las gentes y los edificios. Las huevadas debieron ser muy serias en Oviedo, ya que allá por 1882 prohibieron su uso en las ordenanzas municipales.
En Avilés y Gijón tampoco escasearon los huevos.
No faltaban, para los más pudientes, los bailes de salón. En estos no se quebrantaba ninguna norma social. Faltaría más.

Una costumbre urbanita arraigó con el tiempo en los pueblos: el entierro de la sardina. El acto suponía una parodia de apariencia litúrgica en la que el acto final, muy simbólico, era, y es, el achicharramiento del pez.

Tras la muerte del dictador, las máscaras volvieron a la calle. La importancia adquirida por esta fiesta es tal que en muchos lugares es día festivo. Los disfraces no tienen comparación en cuanto a sofisticación, pero la finalidad es la misma:  trastocar el orden establecido por una horas.

Indisolubles del carnaval son las farturas.
Antaño la comida nunca sobró en las casas de los campesinos, pero llegado el carnaval se tiraba la casa por la venta. En esas fechas se comía lo mejor y lo más valorado. A ello contribuía que la matanza del cerdo estaba reciente.
No hay que olvidar que tras el martes de carnaval se inicia la Cuaresma, días de ayunos, abstinencias y había que hacer acopio de reservas.

En el suroccidente los cachelos con carne de cerdo no podían faltar. La caratmietsa era y es plato obligado por tierras de Tineo. De postre, frixuelos.
Un menú carnavalero podría ser muy similar al que este próximo fin de semana se podrá degustar en las vigésimo quintas jornadas gastronómicas de Tineo, compuesto por potaje de berzas con huesos de butietso, Chosco de Tineo y frixuelos o arroz con leche.

Por unos días seremos los ciudadanos los que pongamos el mundo del revés y los que nos riamos de los políticos, banqueros, curas, empresarios y demás, ellos ya tienen el resto del año para burlarse de nosotros.

Disfruten de la vida y ya saben que la cuaresma está a la vuelta de la esquina así que acérquense a Tineo y degusten un buen pote de berzas.

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Tiempo de transgresión por M. Santiago Pérez Fernández se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

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