7 may. 2013

Curiosidades de nuestra democracia



Comentario para Cangas del Narcea en la Onda, de Onda Cero Radio (7/05/2013)

Ya deberíamos tener claro que somos una democracia bastante imperfecta. Nos faltan, aún, muchos hervores y sobre todo práctica democrática.

Los españoles cuando nos empeñamos en algo parece que nos lo tomamos muy a pecho y que nos vamos a comer el mundo, luego la cosa va flojeando y perdemos fuelle. Reconozcámoslo, nos falta constancia y perseverancia en algunas ocasiones. En el ejercicio de convivencia democrática dejamos bastante que desear como sociedad.

Oyéndonos hablar no hay nadie que aprecie más la libertad que los españoles. Si para refrendar esta opinión hay que poner encima de la mesa el levantamiento contra los invasores franceses, pues se pone. En esos momentos de exaltación no nos acordaremos de la cantidad de veces que nos hemos liado a garrotazos. Mucho menos recordaremos que no hace tanto tiempo en este país se lloró a un dictador sanguinario. Pero ahora somos demócratas hasta el tuétano y que no venga nadie a darnos lecciones. Que no se les ocurra.

Cuando se nos calienta la vena sacamos a relucir la transición y luego hinchamos pecho. Ahí tenéis, le decimos al mundo. No recordamos que fue un pacto producto del miedo a un nuevo enfrentamiento entre españoles. ¿Era necesario en ese momento? Sí, soy de los que piensan que fue necesario. Pero tampoco es para tirar voladores. Hoy todavía estamos desbrozando esa transición y no hemos terminado. Dos ejemplos: el PP no ha condenado el franquismo y la Ley de la Memoria Histórica levanta ampollas.

Las democracias añejas han logrado unos consensos importantes en cuestiones que aquí se revisan cada vez que cambia el gobierno. Educación, sanidad, derechos sociales, libertades individuales se modifican en función del color político.
Ahora estamos asistiendo a una oleada de cambios que nos están retrotrayendo a los inicios de aquella transición.

Cuestiones que solo estaban en el argumentario de la curia católica, como son el aborto o los matrimonios entre personas del mismo sexo, han vuelto a ponerse en la palestra política por mor de quienes confunden la fe -cuestión privada- con la política -cosa pública.

Otra de las peculiaridades de los políticos hispanos es que siempre encuentran justificación para todo lo que hacen. Es más, sus partidos los protegen hasta límites que sobrepasan lo sensato y prudente. Aquí no dimite nadie.

Han llegado a la impostura democrática de creer que el ganar unas elecciones les da patente de corso para modificar su programa electoral, mentir y engañar. La oposición tampoco se queda a la zaga en esto.

Los demócratas dan explicaciones, las que les piden y hasta las que no. En España hace ya mucho tiempo que se implantaron los comunicados y ahí seguimos. Ruedas de prensa las mínimas, no vaya a ser que a los “plumillas” se les ocurra preguntar algo. La gran bufonada de la presencia ectoplasmática de nuestro presidente de gobierno fue de antología.
Me imagino que los sátrapas del mundo ya habrán visionado ese vídeo.

Otro de los signos distintivos de nuestra joven e imperfecta democracia es la obsesión que tienen algunos de intentar convertir en asunto de Estado sus vergüenzas y chanchullos personales.
Unos iban bajo palio y otros subían a Montserrat.

Últimamente hay quienes desean que el Rey asuma papeles que no le corresponden y eso no es constitucional y por lo tanto no es democrático. Y no digo yo que sea él quien lo pretenda. ¡Dios me libre y guarde a su majestad muchos años!
Vale, dejémoslo en que se trata de un anacronismo, pero por favor, que mantengan él y su prole las formas.

No podemos tildar de democráticas a las leyes que van en contra de los ciudadanos. No se pueden justificar las que provocan seis millones doscientos mil parados ni las que exprimen a la mayoría de la población. No es democrático que unos pocos acaparen la inmensa mayoría de la riqueza de España y otros se encuentren en la desesperación de la nada.

Ya para terminar, en una democracia los tribunales no pueden tardar años en emitir sus veredictos o el fraude fiscal ser algo normal o que las grandes fortunas estén exentas prácticamente de tributar. No, eso no es una buena democracia.

Tenemos que seguir aprendiendo a ser demócratas y eso solo se consigue con el debate abierto, directo y la fiscalización ciudadana de todos los servicios públicos y sus servidores.
Ya está bien de endogamias.

Leyes, formas, transparencia, libertades públicas y privadas son consustanciales a la Democracia. Si falta alguna de ellas, algo falla.

Disfruten de la vida y recuerden, por favor, que más allá de la democracia hace mucho frío.

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