10 dic. 2013

Mandela, un ejemplo de vida poco imitado



La muerte de Nelson Mandela ha agigantado su figura. Ya en vida obtuvo los mayores reconocimientos, tanto por lo que hizo como por la forma en que lo hizo. Ha sido una de las figuras públicas mundiales más relevante de los últimos años.

Una de sus características más visibles era, sin duda, su eterna sonrisa. Le dieron una vida dura, cruel. Lo encerraron durante 27 años y no lograron borrársela. Era espontánea, natural. Siempre creí que era fruto de sentirse en paz consigo mismo.

Ahora todos los dirigentes políticos lo alaban, todos dicen que es un ejemplo a seguir. Los ciudadanos también nos sumamos a esas loas.
Si nos paramos a pensarlo un segundo resulta curioso.

Esos políticos que lo ponen de ejemplo no lo imitan en absoluto. Y no hablo de que dejen el poder voluntariamente, cosa imposible, me refiero a que sean coherentes consigo mismos y con los demás, como lo fue Mandela. Lo alaban en otros, pero nunca se lo aplican.

Nelson Mandela fue condenado y encarcelado por luchar contra la discriminación racial. Se trató de un apaño de un gobierno racista y nada democrático.
Nuestros dirigentes no saben lo que es estar condenados. En nuestra democracia los políticos dilatan las causas contra ellos, colocan a amigos en los tribunales que les pueden juzgar y en caso de que algo salga mal, son amnistiados por el gobierno.

Lo de Mandela y sus compañeros fue, entre otras cosas, una injusticia, lo de nuestros imputados y acusados políticos es una indecencia antidemocrática.
A más de uno, de los que le alaban en público estos días, parece que se les olvidó que era negro. Con él no eran racistas. Hay que escucharles hablar de los negros que llegan en patera, de los que sobreviven con el top manta. Algunos de esos políticos son capaces de justificar las cuchillas de las vallas de Melilla sin detenerse a pensar lo que les diría Mandela.
No intento comparar a estos con “Madiba”, eso es imposible.

Los ciudadanos le reconocemos el arrojo, la férrea voluntad por conseguir que en su país no se discriminase a nadie por el color de su piel, ni al negro ni al blanco. Su objetivo era lograrlo por medio de un sistema democrático al modo occidental.

No nos podemos olvidar que Nelson Mandela era un político. Es el ejemplo de que la actividad política no es mala ni indigna, los indignos son algunos políticos. Para nuestra desgracia nos hemos dado cuenta que en España son legión.

Mandela fue capaz a sobreponerse a sus miedos y dar un paso hacia delante con el que contribuyó de forma decisiva a la liberación de su pueblo. Mientras, en nuestras bonitas democracias, la sociedad civil languidece en la indignación.

Durante unos días seguiremos ensalzado a Mandela. Lo haremos, como yo ahora, de boquita y con eso nos quedaremos contentos. Después seguiremos esperando a que nos aparezca un líder carismático que nos conduzca a la salvación.
¿Nos vale con eso?

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Mandela, un ejemplo de vida poco imitado by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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