27 mar. 2017

La gran esperanza socialista

Fotografía Europa Press

Cinco caras que forman parte de la vida política reciente de España. Bueno, ella es más “nueva”. Los otros cuatro – hombres - han cortado el bacalao desde 1982 - uno llegó un poco más tarde. Dos de ellos fueron semidioses, hay quienes no les han bajado del pedestal. No les niego su inicial capacidad de transformar este pobre, atrasado y nada demócrata país. Luego vendrían otros tiempos y el ala más liberal campó a sus anchas y estos se pasaron a ella.

Boyer, Solchaga, Solbes, Salgado tienen en común su liberalismo económico. Todos ellos acompañados de otros no menos liberales: Rubio, Rojo, Ordóñez. La política económica española desde la Transición no ha cambiado de manos. La política parece que tampoco.

Aquellos años de mejora social y económica, y me refiero a tiempos anteriores al pelotazo del ladrillo patrocinado por Aznar, nos ilusionaban. Nos creímos que estábamos acortando las distancias con alemanes, franceses, ingleses… Todo se quedó reducido a un patético espejismo. No solo no nos acercamos, sino que nos hemos alejado aún más.

La Europa que contribuía al desarrollo español se ha convertido en la gran enemiga. El euro ha pasado de ilusionar a muchos a ser denostado por demasiados.

Globalización, crisis económica, paro, delincuencia, emigración ilegal se achacan a Europa. Nadie se acuerda de que las políticas liberales de los últimos años, llevadas a cabo por los neoconservadores – los conservadores de siempre – son las que generan las desigualdades y convierten a los gobiernos en marionetas.

Y de esas políticas y sus consecuencias están aflorando los populismos. La extrema derecha se mueve muy bien en este lodazal.

Los partidos de la derecha están encantados. Como siempre. Los socialdemócratas han callado, consentido y muchos han probado las mieles del dinero.

Advenedizos del tres al cuarto han ido ocupando espacio político dentro de los partidos socialistas a la par que cargos públicos. Gentes sin ideología, sin escrúpulos, que no han tenido pudor ni vergüenza han gobernado a base de encuestas y de pufos. Ahí siguen. Haberlos haylos en todos los partidos, solo que en unos me duelen mucho y en otros es lo de siempre.

Vuelvo a la fotografía.

El pasado no puede, ni debe, esconderse. Tampoco es para inmolarse. Pensar que Susana Díaz, con el apoyo del pasado, creará ilusión para el presente y futuro inmediato me parece un mal cálculo.

Las deserciones en las filas socialdemócratas son considerables. El abandono de los votantes y simpatizantes es notorio y se nota elección tras elección. Nada les hace moverse. Ellos, los socialistas, siguen impertérritos.

Cambiaron a Rubalcaba por el aún más liberal Sánchez. Una vez más se lanzaron en loas a favor de su dirigente. Entraron, otra vez, en la espiral de aceptar lo que les decían los de arriba. Hoy, muchos ya no se acuerdan de quién es ese Pedro Sánchez reconvertido en izquierdista de pro.

Casi nadie se para a analizar los discursos. Los candidatos lo reducen todo a eslóganes vacíos que son digeridos con fruición por una cohorte de acólitos.

El PSOE lleva a la deriva mucho tiempo y desde diciembre de 2015 entraron en barrena y ahí siguen.
Se cargaron a las bravas, los barones, a Pedro Sánchez. Susana Díaz se convirtió en la gran muñidora. Tras ella, quedó claro, Felipe González y los gerifaltes de los 80.

El espectáculo que ofrecieron fue terrible. Una enorme tristeza abatió a muchos ciudadanos – no me libré de ella -. El tiempo ha pasado y nada ha mejorado. Todo lo contrario.

Patxi López, al fin, da el paso adelante. Quiere convertirse en el gran conciliador. Susana Díaz lleva meses, con la colaboración de la gestora, urdiendo los mimbres necesarios. En su lenguaje diría cosiendo el partido, aunque ¿cómo se puede coser lo que se podó?

Han contado los garbanzos y creen tener la mayoría: Susana Díaz dice que se presenta.

El IFEMA de Madrid se llena de conversos. Allí están para arroparla Rubalcaba, González, Zapatero y Guerra entre otros.

No hay duda, el gran cambio se avecina. La ilusión volverá a recorrer España como en 1982. Solo hay que mirar la fotografía. Su alegría inunda mi corazón, el de todos.

Creo que vuelven a equivocarse. Aún no han tocado fondo. No me alegro.

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