1 mar. 2017

Para los que no tienen dudas, Elogio de la duda


“Lo que caracteriza y hace atractivo al ensayo es el carácter subjetivo del discurso, que el centro de atención y el lugar de donde fluye el pensamiento que se expresa en el ensayo sea el yo”.

Está claro ¿verdad?

“Lo que hace del ensayo una manera atractiva y cercana de hacer filosofía es que el autor, al hablar de lo que quiere hablar, se retrata a sí mismo”.

Para que no queden dudas.

Y para que nadie malinterprete lo dicho:

“Pero incitar a pensar no equivale a persuadir sobre una tesis que uno espera ver compartida. Al contrario, al moverse en el terreno de la opinión y dejar claro que es así, lo único que esperamos es que se remuevan las conciencias rígidas y los pensamientos esclerotizados”.

Más transparente imposible.

Pues estas cosas las dice Victoria Camps en el Elogio de la duda. Estas y muchas más, todas muy interesantes.

¿Un libro de filosofía? ¡Un libro de filosofía! Por favor, un libro de filosofía noooooo. Pues sí. Un libro asequible, un libro para pensar.

Ya, lo estoy arreglando. Sí, me hizo pensar. Me hizo dudar, aún más.

Me gustó.

Da igual que aparezcan filósofos como Platón, Spinoza, Hume, Nietzsche o Wittgenstein, y lo que cada uno sepamos de estas gentes y sus pensamientos, la exposición de Victoria Camps es sencilla, lo cual no quiere decir que no sea rigurosa, que lo es.

La autora se moja. Habla con conocimiento, con mucho conocimiento, pero no esconde sus opiniones:

“…lo que más nos divide es la falta de competencia y de buen hacer de los gobernantes que crean capillas y facciones partiditas, que impiden, en lugar de propiciar, la construcción de lo que ha de ser el bien común, que se embrollan en debates absurdos sobre cuestiones que tienen poco que ver con las necesidades de las personas”.

Hay cuestiones que separan a los ciudadanos de forma casi irreconciliable, Camps lo tiene claro:

“Lejos de forzarnos a dudar muchas cosas, la religión o la política constituyen un impedimento para la discusión razonable y civilizada”.

Nadie negará que no piensa ¡faltaría más! y por esa misma razón todos nos creemos en posesión de verdades absolutas. Craso error según Victoria Camps:

“Pensar es una idea clara del ser racional, en efecto, pero del pensar no se deduce solo la existencia, sino la complejidad del pensante, que incluye la duda”.

Hale, nuestras seguridades a la basura.

Sin entrar en grandes disquisiciones pone de manifiesto sus pensamientos sobre cuestiones de rabiosa actualidad – menuda gilipollez  esta expresión -:

“Las posiciones extremas bordean el fanatismo, fruto del anhelo de agarrarse a creencias fuertes y sólidas. Se las llama porque, entre otras cosas, ejercen un magnetismo fácil en la gente que tiene poco que perder y está predispuesta a reconocer enemigos que la subyugan y son los causantes de la situación miserable en que se encuentran”.

Más sentido común imposible. Claro, directo, pensado.

El lenguaje de la profesora Camps es tan directo –repito–,  sus ideas están expuestas con tanta claridad que resulta difícil rebatirlas. Yo, desde luego, no. Por dos razones: no tengo suficientes argumentos, ni conocimientos para ello y, en segundo lugar, porque estoy de acuerdo con ella.

Es un libro en el que se pueden subrayar un montón de frases, de pensamientos. Muchas de ellas atañen a nuestra realidad, la que vivimos-sufrimos:

“Si la libertad ha de tener limitaciones para el bien común, ¿qué impide frenar el enriquecimiento indebido y poner coto a las tremendas desigualdades salariales?

No conozco a Victoria Camps, pero me da la impresión de que es una cachonda, y lo digo por irónica –joder, que todo hay que aclararlo-, vean:

“La democracia es un régimen mediocre, pese a ser el mejor de los regímenes posibles. Mediocre porque las decisiones se confían a las opiniones de intelectos limitados, que están lejos de ser omniscientes”.

¿Tiene chunga o no?

Podría seguir. Son tantas las reflexiones que me parecieron interesantes y que me gustaron pero ahí está el libro. Recomiendo su lectura a quienes quieran pensar y dudar:

“La duda es el principio de la crítica, de la deliberación, del examen de uno mismo”.

Disponible en bibliotecas públicas, las que tengan dinero para comprarlo, y en librerías.

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