27 oct. 2018

El camino de La Peregrina


Para aprender Historia hay que leer libros de Historia. Las novelas históricas se sirven de la Historia para enmarcar una narración con más o menos datos fiables. Los autores modifican y alteran la Historia en función de sus necesidades narrativas. Y así podría seguir. Esto viene a cuento de cosas que he leído sobre La Peregrina de Isabel San Sebastián.

Hay quienes afirman que con este libro han aprendido mucho de “historia”. Pues lo siento. Hay quien comenta que utiliza un “lenguaje arcaizante” lo que le aporta riqueza. Pues vale. Hay quien alaba las descripciones del Camino. Pues bien.

No leo mucha novela histórica. La lectura de La Peregrina era casi obligada, atraviesa un territorio y unos lugares que conozco.

Esta narrada en primera persona en forma de diario. La protagonista es Alana, un personaje ya utilizado por San Sebastián. Narra el viaje de Alfonso II el Casto, rey de Asturias, a la “tumba” del apóstol Santiago.

Alana está revestida de unas cualidades muy de hoy. Es ella la que nos aporta datos históricos, como también lo hacen otros compañeros de viaje, con el fin de centrarnos en la época. ¿Son necesarios?

Isabel San Sebastián es una periodista conocida, con unas opiniones también muy conocidas, que en más de una ocasión surgen en la narración. Casualmente Alana se preocupa por los impuestos: … “Me pregunto cómo podrán recaudarse los tributos necesarios para sufragar estas magnas construcciones. ¿Quién los pagará? Van a ser precisos muchos sueldos de oro que no tenemos”.

¿Les suena?

El espíritu de “nación” impregna la narración, sirva de ejemplo:”El Rey aspira igualmente a restaurar el orden legal imperante en la nación visigoda, a salvaguardar su legado cultural, a recuperar en su integridad la Hispania asolada por Muza y Tariq tras la traición perpetrada por los hijos de Witiza”.

¿Así se adquieren conocimientos históricos? O tal vez sea así: “Vikingos, mi señor. Los invasores que aterrorizan a los cristianos de la Britania son vikingos, también conocidos como daneses”.

La realeza infunde no solo visión de Estado si no también de futuro: “Si en el futuro han de transitar otros peregrinos por aquí –decía don Alfonso- sería bueno señalizar el itinerario convenientemente. Marcar las mansiones y mutaciones, además de ir creando hospederías donde poder alojarlos. Claro que eso llevará tiempo…”.

Por lo que se refiere a las descripciones del paisaje o los edificios son tenues esbozos que no identifican lugar concreto. Uno que conozco muy bien es Santa María de Obona, solo tiene de distintivo que lo menciona por su nombre. Da por buena la existencia de ese monasterio en ese tiempo, cosa que no está demostrada. Aunque es cierto que en notas aclara un poco la cuestión.

Lo mismo me sucede con el resto del camino hasta llegar a tierras gallegas.

La novela aporta información gastronómica y nos habla de “pan blanco de trigo” o “sidra por escanciar”. E incluso de “ese guisandero”. Tal cual. O de formas de vida: “pastores trashumantes”. En fin.

En un momento de la narración los “peregrinos” pasan hambre, pero hambre hambre. Y…”A medida que bajábamos, en los pastos ralos de nuestro alrededor he empezado a ver algunas vacas rubias, paciendo con sus terneros recién paridos enganchados a la ubre. A diferencia de nosotros, ellos sacian su apetito a voluntad. Tienen la despensa siempre a mano”. Y siguen de largo con el hambre horadando sus estómagos. ¿De verdad?

Cuando en la página 190 hace referencia al puerto de La Mesa no se equivoquen. La Mesa es una parroquia del concejo de Grandas de Salime que no tiene nada que ver con el Puerto de La Mesa que atraviesa, entre otros, los concejos de Belmonte y Somiedo para llegar a tierras de León. Si ustedes introducen en Google Puerto de La Mesa les saldrá este último que no tiene nada que ver con el Camino Primitivo que intenta describir la novela.

Según avanza la narración Alana me sorprende cada vez más: “En la lengua antigua de los vascones, de sonidos silbantes y vocales abiertas…”

Me estoy alargando y al final incido sobre lo mismo.

Mucho anacronismo, descripciones sencillas, un final pobre, desangelado. Una novela plana. La leí por mi cercanía al Camino y al acabar me quedé plof.

Finalizo como empecé: Para aprender Historia hay que leer libros de Historia.

Ya saben, no me hagan caso. Léanlo y tendrán su opinión. Lo podrán encontrar en su biblioteca pública o librería preferida.

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El camino de La Peregrina by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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