2 ene 2026

Una mujer alejada de la tradición

 


  Kyoko tiene 35 años. Está soltera. Trabaja como secretaria del director de una empresa de cosmética estadounidense ubicada en Tokio.  Kyoko es la protagonista narradora de la novela Una joven en Tokio: No-no-yuri de Aki Shimazaki, traducida por Patricia Orts.
  La autora, nacida en Japón, vive desde hace años en Montreal, Canadá, y escribe en francés. Shimazaki plantea sus obras como novelas cortas que forman una pentalogía, aunque cada uno de los cinco libros se pueden leer de forma independiente.
  Kyoko es una mujer bella, seductora e independiente. Gusta de las costumbres y la moda occidental, que se puede permitir por su elevado salario. Mantiene relaciones esporádicas con hombres casados que no le duran mucho y de los cuales se desprende con facilidad. En este sentido es muy práctica: «Todos mis amantes eran hombres casados, pero nunca he querido que se divorciaran por mí» (pág. 17).
  Mantiene una lucha constante entre el tipo de vida que lleva y las tradiciones japonesas. Los viajes que realiza fuera del país, por trabajo u ocio, marcan sus preferencias vitales. Sus padres, preocupados por su soltería, intentan concertarle un matrimonio de conveniencia a lo que se opone de forma rotunda.
  La propia Kyoko nos explica como debe ser una mujer: «Pero yo opino que no somos flores. Una mujer debe esforzarse por embellecerse hasta el día de su muerte» (pág. 16).
  Kyoko y Anzu, su hermana menor, son muy diferentes. Anzu está divorciada, sin ganas de volver a casarse ni tener relaciones con más hombres, tiene una vida tranquila en el pueblo que la vio nacer dedicándose a la cerámica, para la que tiene una gran sensibilidad. La protagonista habla de su hermana: «Mi hermana me inspira un poco de pena. ¡Sin viajes, aventuras ni estímulos intelectuales! Una vida totalmente vacía. En cualquier caso, la quiero y siempre trato de animarla a que disfrute de su soltería con un amante, tanto si está casado como si no» (pág. 16).
  Dos mujeres dos formas de vivir.
  La propia Kyoko nos cuenta como se desarrolla su trabajo en la multinacional y esboza las diferencias en la forma de entender el trabajo entre los japoneses y los estadounidenses. En estos últimos los beneficios se anteponen a todo.
  El cambio de director de la empresa, por otro estadounidense joven y guapo, hace tambalear unos principios que había llevado a rajatabla hasta ese momento. La relación entre ambos parece que es el detonante para que modifique su forma de ver su vida.
  La novela es corta, 174 páginas, que se leen de un tirón, a lo que ayuda además un buen tamaño de la letra que se agradece. Al final tiene un breve glosario que explica los términos japoneses que utiliza.
  La novela es sencilla, tanto por la historia como por la forma de desarrollarla. Ofrece destellos de que tras esa simplicidad hay más, pero resulta tan minimalista que no sé si la autora pretende que a partir de ahí sea el lector quien se haga una composición más compleja. Las novelas que he leído de autores japoneses, exceptuando a Murakami, son «limpias», por utilizar un término nada literario, y sin complejidades estilísticas. Una joven en Tokio sigue esa línea que en determinados momentos me pareció tan sencilla que me sorprendió. ¿Eso le quita valor? No sé qué contestar.
  Kyoko podría encasillarse en el estereotipo de mujer frívola, aunque por otro lado su lucha por mantenerse emancipada en una sociedad tan tradicional abre las puertas a otras interpretaciones más complejas. De todas formas, el final no deja de sorprender ya que lo que parecía inamovible se derrumbó. ¿Eso significa que al final Kyoko pasa por el aro? No tengo ni idea. Quien sabe. La cabeza dice uno, pero el corazón es demasiado potente y derriba juicios y prejuicios.
  Una joven en Tokio es una novela adecuada para estas tardes de invierno que no apetece moverse del calor del hogar.


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