El Día del Libro ¿para qué?. Se trata de un
objeto incómodo de manejar, sobre todo en la cama. Coge polvo. Sus cubiertas y
páginas con el tiempo amarillean y se quedan feos. Ocupan mucho espacio, claro,
cuando tienes miles, cosa infrecuente. A lo largo de la Historia han dado
muchos quebraderos de cabeza, tantos que algunos lectores impenitentes la
perdieron. Han sido, los libros, causa de disputas, ¿entonces a qué viene
celebrar un día especial para ellos?
A finales del 2025 una que se dice influyente
– ya sé qué queda más chic influencer, pero paso- dijo que no le gusta leer
libros y que «no eres mejor persona por leer». Vale, le doy la razón, pero tal
vez se puede ser más tonta por no hacerlo.
Se montó el follón en las redes sociales.
Pues no sé porqué, con darse un paseo por ellas se comprueba que el nivel de
comprensión lectora y de escritura es el qué es. Vamos, muy pobre en gran
medida.
Si nos remitimos al estudio Hábitos de
lectura y compra de libros en España 2025 de la Federación de Gremios de
Editores de España, da la sensación de que somos un país de lectores
impenitentes. Veamos. El total de lectores en cualquier soporte es del 69,8%.
Quienes viajan regularmente en metro, por ejemplo, podrán comprobar que la mayoría
del pasaje va leyendo libros en su móvil, ¿a que sí? Pues eso.
Vayamos a otros datos de ese estudio.
El total de lectores frecuentes es del 51,5%.
Puntualicemos. Lee todos o casi todos los días el 32,1%. Vaya, el bajón es
importante. Quienes leen una o dos veces por semana son el 19,4%. No parecen
datos tan excelentes, ¿verdad?
Más datos.
Entre los lectores ocasionales, leen una vez
al mes un 6,9%. Que lean alguna vez al trimestres son un 7,8%. No son datos
para dar saltos de alegría.
El total de no lectores es de un 33,8%. Sin
comentarios.
Por muchas vueltas que le demos los datos son
malos y la realidad peor. No sé ustedes, pero en mi entorno no abundan los
lectores, independientemente de su nivel académico.
Como éramos pocos llegó Gabriel Rufián y la
lió. Su señoría dijo: «Yo prefiero llenar TikTok que bibliotecas» Y se quedó
tan pancho. Me cae bien, sabe lo que tiene que decir para generar polémica y
aplausos en las redes sociales, pero en esta ocasión se pasó de frenada.
Comparar las bibliotecas, públicas añado, con
la red social TikTok significa no diferenciar entre lo importante y lo
accesorio. No se solivianten, me gustan y uso las redes sociales. Esa red podrá
tener los millones de seguidores que quiera, pero eso no resta un ápice la
trascendencia y relevancia de la más pequeña de las bibliotecas públicas.
Mientras haya un solo lector que acuda a esa biblioteca la esencia del ser
humano estará presente en este mundo cada día más desnortado. Las bibliotecas
públicas, los libros que albergan, son el reducto inexpugnable del conocimiento
que hemos atesorado tras miles de años de evolución. Reducir nuestra vida a
TikTok es renunciar a la capacidad de pensar de manera individual, sin
cortapisas ni imposiciones, en libertad.
La afirmación de Rufián, en este caso, es tan
efímera e intrascendente como la inmensa mayoría de los mensajes que nos llegan
por esa vía. No se me ocurriría equiparar a todo TikTok con un solo libro, con
uno solo. El acto de escribirlo y después leerlo supone un esfuerzo intelectual
del que carece esa red que dicen «social», no me refiero a la complejidad
técnica.
La afirmación de Rufián puso al libro en las
redes, como también lo hizo la «equivocación» de Pablo Motos y Sonsoles Ónega
respecto al IVA de los libros. Suponíamos que esta gente estaría mejor
informada, pues no. Si no saben que el IVA de los libros es el 4% ¿qué sabrán
de temas de más enjundia?
No estoy en contra de las redes sociales,
pero a la vista está el uso, el mal uso que de ellas se hace. Las redes sociales se alimentan de mentira y
bulos. Son las causantes de que haya hikikomoris de las redes. Los hikikomori son aquellas personas,
mayoritariamente jóvenes, que se recluyen en sus hogares y evitan todo contacto
social por más de seis meses. Se trata de un fenómeno originado en Japón.
La lectura de libros, aun siendo una
actividad solitaria, provoca la estimulación de nuestro cerebro, motor de
nuestra humanidad, pero es más que ese alimento cerebral, alborotan nuestros
sentimientos, cualidad de la que carecen el resto de los animales. Los libros
nos inundan de imágenes, que son diferentes en cada lector, todo lo contrario
que TikTok que nos lo da todo enlatado. Las redes sociales nos llevan al scrolling,
ya saben, el pasar a lo loco las páginas digitales sin pausa para fijarnos
en nada, con un libro eso no se puede hacer, afortunadamente.
Sin libros no existiría ni TikTok ni el resto
de los avances tecnológicos. Desde luego que en internet hay información muy
seria y se ha convertido en la gran biblioteca virtual, pero esa no es la que
se consume normalmente, donde esté la carnaza que ofrecen las redes que se
quité lo demás.
No quiero dejar de lado la gran ocurrencia
que han tenido, no sé quien, de celebrar el Día del Libro en Asturias regalando
libros y una rosca, eso sí, dulce o salada. Quieren que ese día internacional
pase a denominarse San Xurde. ¿Esto les suena? Miren, ya que nos ponemos
copiones identitarios yo propongo que en vez de rosca, dulce o salada, se
regalen bollos preñaos, como el que se hace por el suroccidente con chorizu
y tocín, redondo, grande y sabroso.
Para algunos, no tantos, el Día del Libro son
todos los días. Su consumo no atonta, todo lo contrario.
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