28 sept. 2010

Cien años bien llevados


Ahí está, sentada en una silla de ruedas. Cara luminosa, pelo blanco y pocas arrugas. Pendientes, collar de perlas y unos broches adornan su chaqueta con encajes. Está elegante. Es elegante.
Se llama María Mercedes Sánchez Fuentes. Vive en la Residencia de Ancianos “El Mirador” de Tineo y ha cumplido cien años, aunque no los aparenta, ni esos ni muchos menos. Escucha con atención pues el oído se ha puesto un poco duro. Con un pequeño esfuerzo no se le escapa nada. De la vista anda perfectamente. Lee a distancia sin ningún problema.

Son cien años que le han dado para mucho. Nació en Nueva de Llanes, allá por 1910, y tuvo otros cuatro hermanos, aunque uno falleció siendo niño. Fue una de esas niñas que no pudo ir a la escuela pero eso no le impidió aprender a leer y escribir. Eso sí, lo tuvo que hacer sola pasados los treinta años.
Ya desde niña no lo tuvo fácil. Su padre falleció a los 42 años, de silicosis, y con ocho años tuvo que encargarse de la familia mientras su madre se iba a trabajar. Ella misma tuvo que ponerse a servir en casas desde muy joven, aún recuerda su primer sueldo: 20 céntimos.

En 1932 tuvo que irse a Madrid, destino de tantos asturianos que buscaban más oportunidades. Allí la encontró la Guerra Civil que la hizo emigrar en un convoy de la Cruz Roja con destino a Marsella. No se libra ni del hambre.
Pero no todo fueron desgracias. Una ajetreada epopeya personal la trae de regreso a España y al finalizar la guerra regresa a Madrid. Entra en el servicio de la casa del hijo del Marqués de Romanones, donde pasaría catorce años y en ella conocería al que sería su marido, José Conde, asturiano de Cangas del Narcea. Su futuro marido tuvo que esperar por ella seis meses, tiempo en el que Mercedes estuvo en Londres en calidad de doncella.
La vida le sonríe un poco y pasa a encargarse de una portería en el Paseo de las Delicias, en Madrid, en la cual permanecerá 24 años. Mientras, José, su marido trabaja de sereno. El matrimonio no tiene hijos.

Los años pasan y la vida les va pasando factura. El 12 de noviembre de 1995 ingresan en la Residencia “El Mirador” de Tineo y a los tres meses su marido fallece.
El tiempo transcurre y también los años para Mercedes. No le gusta el bullicio, prefiere la soledad y la tranquilidad. Le gusta leer, hacer crucigramas y cuidar sus plantas.

El personal de la residencia elaboró una presentación fotográfica con instantáneas de su vida y Mercedes, con las manos entrelazadas, volvió a revivir momentos y personas de su dilatada existencia. Su cara, la que solo lava con agua y jabón, brilló un poco más.
Feliz centenario Mercedes.

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Cien años bien llevados by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

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