16 sept. 2010

Políticos sí-sí


Ya está aquí. La fiesta, electoral, ha comenzado. A partir de ahora podremos ver a políticos -los serios- pero también a personajillos, a mentirosos, a los corruptos y a toda una retahíla de buscavidas que intentan hacerse un hueco en una lista electoral. La mansedumbre, la pleitesía y los halagos se verán recompensados. Cuatro años de sumisión dan para mucho a esa caterva de candidatos que ensucian la vida política.
Son las cosas de la democracia, o eso dicen.

Las apariciones en los medios de comunicación son cosa obligada. Prometer grandes proyectos es de manual. Aparecer en lugares hasta ahora olvidados, imprescindible. Saludar, estrechar manos, besar niños y señoras mayores, las jóvenes no, que puede parecer lo que no es o se puede notar demasiado. Sonrisas, muchas sonrisas. Mejorar la indumentaria, más aseaditos, peinaditos y maquillados –mujer u hombre, da igual- la imagen ante todo.

Todos son normales. No se cansan de repetirlo: soy una persona normal y corriente. Lo puso de moda ese expresidente que nos avergüenza cada vez que habla. Qué manía. Pero sino queremos políticos corrientes, los queremos buenos. Lo que les pasa a muchos de estos es que no comprenden, faltaría más, que corriente y mediocre va muchas veces unido, sobre todo en su caso.

Empezarán a restregarnos sus logros. Nos hablarán de inversiones en infraestructuras, sobre todo aquellas grandiosas y que llevan una gran firma detrás. Se vanagloriarán de esos edificios megalómanos que han resultado carísimos de hacer y que aún lo van a ser más de mantener. Se alabarán de los fastos realizados, aunque no hablarán de lo nefastos que resultan para las arcas públicas.
Aplausos por favor, se lo merecen.

Algunos ya saben que no van a continuar y entonces… se tira la casa por la ventana. Tienen que dejar un buen recuerdo y sí para eso hay que realizar cuatro días de fiestas a lo grandón, pues se hacen. Qué más da, lo pagan los trabajadores de la función pública.
La crisis no existe cuando nos estamos jugando la reelección. Vamos hombre, por unos euros arriba o abajo se va a poner en peligro la victoria del partido. Faltaría más.
Ahora empieza el último empujón de la legislatura. A saber: hacer de todo y gastar todo, que se vea que se hacen cosas. Tras ganar las elecciones ya se verá si era necesario o no.

La cosa está clara. El alcalde de turno pide a su gobierno autonómico y este, a su vez, al central. Todos a pedir. Hay que ofrecer algo gratis, lo que sea. Por cierto, ¿cómo se puede pensar a estas alturas que algo es gratis? Menuda estupidez.

Ahora es el momento, todos a visitar a los alcaldes. Señor alcalde, yo quería que me arreglará el camino delante de casa. Sí. Señor alcalde, yo quería una luz. Sí. Señor alcalde, yo quería un puesto de trabajo para mi hija. Sí. Señor alcalde, esa carretera es muy importante para nosotros. Sí, no te preocupes hablo con el gobierno y ya verás. Sí, sí, sí, sí.
A todo que sí. Gastar, gastar. Todo es necesario, imprescindible. Hace mucho tiempo que nos hemos embarcado en el sí.
Por haber los hay que han pretendido abrir nuevas vías y al final han acabado aplicando viejas y trasnochadas recetas. Qué pena y dolor.

Aún siendo la cosa muy seria habrá que tomárselo con humor. Esperemos tener suerte y que los que no sabemos si suben o si bajan, los indolentes, los casposos, corruptos y mentirosos se queden donde les corresponde: en su casa.

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