24 oct. 2010

Lavado de cara


Nuestra casa es el lugar en el que nos encontramos más cómodos, normalmente. La tenemos al gusto de nuestras posibilidades. La mantenemos limpia, la reparamos cuando es necesario. En una palabra: la cuidamos. Lo hacemos porque es la nuestra y la compartimos con la familia. Queremos que continúe siendo agradable y la aseguramos para que siga siendo firme, la dejadez solo conduce a su ruina.

En muchas ocasiones es uno de los miembros familiares el que está pendiente de estas cosas. El resto de los moradores confía en él y en su buen hacer y criterio. Cuando los gastos que se van a ocasionar son importantes, entonces todos hablan sobre la reparación a realizar, su coste y su forma de pago. Tras la puesta en común, se hace la obra o se espera. Todos de acuerdo. La decisión de uno solo podría acarrear el desastre para la familia. Eso venía siendo así y la cosa funcionaba pues todos eran copartícipes de las decisiones importantes y cuando había que apretarse el cinturón se sabía cual era el motivo, que no era otro que el mantener la casa en pie, firme y bonita. Pero eso eran viejas formas de entenderse y había que buscar nuevas vías.

Cuando se posee una morada en la que cobijarse, en la que se ha puesto toda la ilusión y le salen algo más que desconchones, te duele. Cuando el tejado ya no cumple su función y tienes los suelos llenos de calderos para recoger el agua, la cosa ya es seria. Sí además la cimentación sobre la que nuestra casa se ha sustentado durante años y años empieza a desmoronarse, entonces la cosa es muy preocupante.
El responsable del mantenimiento tiene mucha culpa, la inmensa mayoría, pero los moradores de la casa también tienen la suya. Hay momentos en que una mano de pintura no es más que un lavado de cara y eso solo alegra el ojo unos días, después las lluvias se cuelan por todos los lados y el suelo que pisamos se tambalea.

Somos los que vivimos en la casa los responsables de que nuestros amigos acepten nuestras invitaciones a visitarnos. Si no lo hacen no les echemos la culpa a ellos, tal vez sea que no les gusta la invitación ni lo que les ofrecemos.

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Lavado de cara by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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