8 feb. 2015

Carthage de Joyce Carol Oates y dos más



No sé a ustedes pero a mí hay libros que me cuesta leer. Y no es que no me gusten, es que me resultan duros. Son esos libros que hay que tomar en dosis pequeñas. Son esos libros que estoy a punto de dejar muchas veces y que, sin embargo, acabo leyendo. No puedo abandonarlos. Duelen y no los repudio.

Eso y más me ha pasado con Carthage de Joyce Carol Oates.

Son 530 páginas de crudeza. No hay concesiones.
Es de esos libros que me ha taladrado. Sin saber muy bien cual es el motivo hay lecturas que me producen desasosiego. Este es uno de ellos.
No puedo explicarlo o me resulta difícil hacerlo.

Carthage me desorientó en un principio. Poco a poco la trama va adquiriendo vida. La primera página ya es un anuncio de lo que vendrá más tarde. Pero eso yo no lo sabía, claro.

La historia es cruda. Las motivaciones sicológicas de los personajes son complejas e incluso inesperadas. No son lo que parecen o no lo muestran hasta casi el final.
Los vericuetos por los que nos conduce Joyce Carol Oates son sórdidos. La putrefacción social y personal está presente en toda la obra. ¿O es la miseria humana lo que recoge en su estado más puro?

La frase que recoge Oates de W. H. Auden tal vez resuma la idea que trasciende a la obra: “Estamos en la tierra para ayudar a otras personas. Pero para qué están aquí las otras personas, eso no lo sabe nadie”.
¿Será nihilismo o antropología psicológica?

Una parada.

Me pongo con Órdenes sagradas de Bejamin Black. Tengo que relajar.
Sí, tengo la costumbre de leer varios libros a la vez.
El forense Quirke en acción. La verdad es que no me puso. Me lo leí de dos tirones y me faltó algo.
No, esta vez Benjamin Black no me puso.

Vuelta a Carthage.
La visita de Cressida a la cárcel, al sistema penitenciario americano, produce claustrofobia, aversión, repugnancia.
No da un respiro.
La guerra en Iraq, la enfermedad, ninguna miseria se queda fuera.
El avance por las páginas me produce cierto morbo. ¿Hasta dónde podrá llegar? Me tiene pillado. No lo puedo dejar.

Otro respiro.

Me paseo por El baile de los penitentes de Francisco Bescós. No había leído nada suyo. En 2014 ganó el XXVII Concurso Internacional de Relatos Policíacos de la Semana Negra de Gijón con Hombres de negocios.

Pues ahí están sus 410 páginas. Una de picoletos.
La Grande, Lucía Utrera, teniente de la Guardia Civil es la protagonista, además de madre y casada con un inglés.
La trama se desarrolla en Calahorra y el final resulta insulso, fruto de la casualidad no de una urdimbre bien tejida.
Le sobran páginas. Descripciones que no aportan nada. Bueno, me lo leí.

Vuelta a mi calvario.

No aguanto más. Tengo que acabar Carthage. No paro. No hay más interrupciones.
Sin final feliz. Termina con los deseos de una Cressida que vuelve a estar obsesionada.
¿Aprendió algo después del daño que causó? Eso a gusto del consumidor.
Ya ven, las aventuras de un lector.

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Carthage de Joyce Carol Oates y dos más by M. Santiago Pérez Fernández is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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