28 sept. 2015

Naturalezas en estado puro



Me dolió. No grité de milagro. Un desgarro se produjo en mi interior. Seguí caminando. No pude remediarlo y miré hacia atrás. Al fondo, como un símbolo fálico, el faro.

La playa estaba repleta de caminantes, jóvenes y no tanto – los más -. Es una babel andante. Cuerpos orondos - muchos -, algunos escultóricos y los más atocinados.

La gama cromática es amplia y con ella se puede determinar el número de paseos dados por la playa.

La escasez de ropa permite ver defectos y virtudes orgánicas. Muchas cicatrices atestiguan batallas ganadas a las enfermedades. En otra liga están las pieles que asemejan a una pared llena de grafitis. Hay brazos y piernas que sabemos que están ahí porque soportan un ingente amasijo de pinturas.

No deja de asombrarme, y seguro que se han fijado, en nuestra permisividad en zonas donde hay mucho guiri.  

Donde hay una zona nudista la convivencia entre textiles y naturistas es perfecta. A nadie molesta que el personal tome el sol o pasee en pelotilla. Eso sí, las gentes de nuestro hogar patrio somos más mirones.

Tetas más grandes o más pequeñas. Tetas a las que la gravedad puede. Tetas que son todas iguales y solo cambian los kilos de polímero inorgánico derivado del polisiloxano que lleve encima – para entendernos del tonelaje de silicona que contenga -. A estas recauchutadas no les afecta la gravedad.
Morena, morena, morena, rubia, morena, morena. Luego me fijo en su cabeza: rubia, rubia, rubia, rubia, rubia, rubia. La prueba del algodón.

Cuando les toca a ellos, además de la curiosidad no puedo dejar de comparar. Ayyyyy, uuyyyy. Hay comparaciones odiosas.

Se ven campanillas, badajos -¡y qué badajos!-. Inhumano. ¿Silicona? Creo que no, maldita sea. Esos, los del badajo, van con la cabeza bien erguida. ¡Serán prepotentes!
No puedo evitarlo, sigo comparando. Cuando, por fin, veo una guindillita me alegro y me siento mejor. Soy un desalmado.

Yo no tengo la culpa. Yo paseo por la playa, me topo con naturalezas en estado puro y la curiosidad me puede. ¿Van ustedes a decirme que nunca, nunca han echado una miradita?
Oigan, que quede claro, no tengo ningún problema en enseñar mis insignificancias.

Me vuelve la imagen a la cabeza y me duele, duele mucho. Aquel hombre tenía un cuerpo de yogur – me niego a hacer propaganda gratuita -. Aquel hombre tenía un badajo-badajo. Aquel hombre tenía un aro que le atravesaba el badajo. ¡Qué dolor!

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Naturalezas en estado puro by Santiago Pérez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.

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